Introducción
Las ideas básicas de esta conferencia surgieron de las inquietudes presentadas por los miembros
del grupo de discusión ‘Víctor Flores Placencia’. Tanto en cursos básicos de lógica formal como
de lógica informal (pensamiento crítico, razonamiento crítico o como quiera llamárseles), uno de
los primeros ejercicios que se le presentan al alumno, y que causa insufribles dolores de cabeza
tanto en ella como en el profesor, es el de identificar argumentos. No sé ustedes, pero si los
asistentes a tal grupo son buena indicación, no soy sólo yo quien sufre cada vez que tenemos que
pasar por este tipo de ejercicios. Lo cual es sorprendente, desde cierto punto de vista, en tanto
que reconocer argumentos es una de las habilidades lógicas básicas. Y uno podría decir que de la
práctica lógica debe surgir cierta experiencia que facilite el proceso. Sin embargo, pese a los
años que he dedicado al análisis lógico de argumentos (tanto de manera formal como informal),
sigo teniendo problemas cada vez que debo responder a las preguntas ‘¿hay aquí un argumento?’
y ‘¿cuál es?’ Y el problema, como en la mayoría de los casos de preguntas básicas dentro de una
disciplina, es que detrás de estas aparentemente simples preguntas, hay una difícil y profunda
pregunta filosófica sobre el quehacer mismo de la disciplina. En este caso, la cuestión no es otra
sino la que da título a mi conferencia: los alcances mismos de la lógica. Detrás de la pregunta
por si algo es un argumento o no, se esconde la más profunda pregunta de si eso es o no
susceptible de análisis lógico. El propósito de esta plática, pues, es el de compartir con ustedes
algunas reflexiones acerca de qué es lo que hacemos y no hacemos los lógicos, lo que podemos y
no podemos, pero más que nada lo que aún nos queda por hacer como lógicos.
1. El Argumento Paradigmático
El concepto de argumento en lógica no es un concepto cerrado y bien definido (como
probablemente tampoco lo sea ningún concepto científico), sino un concepto abierto y de límites
vagos. En su centro, contamos con ciertos casos paradigmáticos. Estos casos paradigmáticos
tienen ciertas características importantes, las cuales, en su conjunto y sin embargo, no nos sirven
para definir la extensión del concepto. Esto debido a que hay pocos casos que de hecho
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satisfacen estas características. Un argumento paradigmático es un fragmento discursivo
compuesto de una serie de afirmaciones expresadas en oraciones del lenguaje científico o
natural, las cuales juegan, unas el papel de premisas y otra el de conclusión. El argumento nos
convence racionalmente de aceptar la conclusión, es decir, de tomarla como verdadera, en base
de las razones expresadas en la conclusión, las cuales han de ser aceptables de manera previa.
Este asentamiento previo de las premisas se da, ya sea porque son compartidas por el
interlocutor, o porque son evidentes en sí mismas. Las premisas nos dan razones suficientes para
aceptar, de manera racional, la conclusión, porque la verdad de esta última (la conclusión) se
sigue de manera (lógicamente) necesaria de la verdad de las primeras (las premisas). De esta
manera, estamos seguros de que la conclusión es verdadera si las premisas son verdaderas y el
argumento es lógicamente válido. Además, la única información relevante para juzgar la validez
del argumento es su forma. Así, cualquier otro argumento de la misma forma lógica será
lógicamente válido si éste lo es.
Sin embargo, reitero, si en la lógica nos dedicamos solamente a estudiar la validez lógica de este
tipo de argumentos, tendríamos un reducido campo de acción. Afortunadamente, los alcances de
la lógica van mucho más allá de estos casos paradigmáticos de argumentación. Sin embargo, la
lógica también tiene sus raíces bien puestas en este tipo de argumentos. Mi propósito en esta
plática es explicar como las así-llamadas extensiones de la lógica son precisamente eso:
extensiones del caso paradigmático de argumento lógico. La idea es sencilla, nótese que en este
tipo de caracterización se mezclan diferentes elementos: dialécticos, inferenciales y otros. Si
relajamos algunos de ellos, tendremos una concepción más amplia de la lógica. En otras
palabras, si extendemos nuestro caso paradigmático en una dirección u otra, nuestra teoría y
práctica lógica amplía su campo de aplicación.
2. Las tres Dimensiones de la Lógica
Primero, desde el punto de vista dialéctico, en su caso paradigmático, un argumento es un
instrumento del convencimiento racional en el que la información fluye por canales lógicoinferenciales.
El convencimiento racional es producto de un proceso inferencial que es inducido
sobre el escucha o interlocutor. No es suficiente darle al escucha del argumento la suficiente
información para garantizar la verdad de la conclusión. En otras palabras , no es suficiente que se
le den las premisas del argumento, aún cuando éstas sean suficientes para obtener la verdad de la
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conclusión. Es también necesario llevarlo a hacer la inferencia de premisas a conclusión. Esto es
claro en tanto es posible que el escucha posea ya la información contenida en las premisas, es
posible que ya conozca la verdad de las premisas, y sin embargo, no sepa que de ellas se sigue la
conclusión. Por lo tanto es necesario que aprenda esto, es decir, que aprenda que la conclusión se
siga de las premisas que se le han dado (que se han hecho salientes). Este tipo de conocimiento
extra no está contenido en las premisas (ni en la conclusión y, por lo tanto, ¡demuestra que el
argumento no está constituido meramente de premisas y conclusión!), sino que se produce por el
proceso mismo de inferencia. Es algo que se debe hacer, algo que debe suceder para que se de el
convencimiento racional que se busca con la argumentación. No es suficiente que la información
este ahí, sino también que fluya de las premisas a la conclusión, de lo que se sabe a lo que no se
sabe. Ahí es donde la validez lógica cobra importancia. Sólo en casos de argumentos válidos la
información fluye de manera natural de premisas a conclusión. El flujo de información está
garantizado por la validez del argumento. Asentimos racionalmente a la conclusión del
argumento precisamente porque ella se sigue de las premisas. La relación lógica de consecuencia
sirve, digamos, de "puente" para el flujo de la información entre premisas y conclusión.
Ahora sí podemos reconocer las tres dimensiones de la argumentación que anuncié con
anterioridad. Por un lado, la argumentación tiene un objetivo dialéctico, que es la convicción
racional, un mecanismo inferencial que produce tal convicción y una relación de consecuencia
lógica que lo garantiza, es decir, que garantiza que tal inferencia produzca tal convicción.
Racionalidad, Inferencia y Lógica se unen así en el proceso y la actividad argumentativa. A mí
me parece un cuestión más bien ociosa, sino es que tonta, el preguntarse cuál de estas tres
dimensiones es la más importante, pues es claro que las tres están íntimamente ligadas. Sin
embargo, sería también tonto ignorar que la discusión de hecho existe al interior de la lógica y su
filosofía. Se encuentra de manera implícita cada vez que tratamos de definir a la lógica como la
ciencia del razonamiento, la argumentación, la inferencia, o cualquiera que sea nuestra parte
favorita del caso paradigmático. También se encuentra de manera explícita en discusiones acerca
del carácter formal de la lógica (es decir, si la lógica informal es lógica o no) y en el viejo debate
psicologismo/anti-psicologismo. En lo que resta de la conferencia trataré de explicar los puntos
de vista desde los cuales se han planteado las diferentes posiciones respecto a que es la lógica (y,
en consecuencia, como dije al principio, que es un argumento) invitándolos a escucharlas no
como facciones en disputa –como si habláramos de una guerra territorial al interior de la
Las ideas básicas de esta conferencia surgieron de las inquietudes presentadas por los miembros
del grupo de discusión ‘Víctor Flores Placencia’. Tanto en cursos básicos de lógica formal como
de lógica informal (pensamiento crítico, razonamiento crítico o como quiera llamárseles), uno de
los primeros ejercicios que se le presentan al alumno, y que causa insufribles dolores de cabeza
tanto en ella como en el profesor, es el de identificar argumentos. No sé ustedes, pero si los
asistentes a tal grupo son buena indicación, no soy sólo yo quien sufre cada vez que tenemos que
pasar por este tipo de ejercicios. Lo cual es sorprendente, desde cierto punto de vista, en tanto
que reconocer argumentos es una de las habilidades lógicas básicas. Y uno podría decir que de la
práctica lógica debe surgir cierta experiencia que facilite el proceso. Sin embargo, pese a los
años que he dedicado al análisis lógico de argumentos (tanto de manera formal como informal),
sigo teniendo problemas cada vez que debo responder a las preguntas ‘¿hay aquí un argumento?’
y ‘¿cuál es?’ Y el problema, como en la mayoría de los casos de preguntas básicas dentro de una
disciplina, es que detrás de estas aparentemente simples preguntas, hay una difícil y profunda
pregunta filosófica sobre el quehacer mismo de la disciplina. En este caso, la cuestión no es otra
sino la que da título a mi conferencia: los alcances mismos de la lógica. Detrás de la pregunta
por si algo es un argumento o no, se esconde la más profunda pregunta de si eso es o no
susceptible de análisis lógico. El propósito de esta plática, pues, es el de compartir con ustedes
algunas reflexiones acerca de qué es lo que hacemos y no hacemos los lógicos, lo que podemos y
no podemos, pero más que nada lo que aún nos queda por hacer como lógicos.
1. El Argumento Paradigmático
El concepto de argumento en lógica no es un concepto cerrado y bien definido (como
probablemente tampoco lo sea ningún concepto científico), sino un concepto abierto y de límites
vagos. En su centro, contamos con ciertos casos paradigmáticos. Estos casos paradigmáticos
tienen ciertas características importantes, las cuales, en su conjunto y sin embargo, no nos sirven
para definir la extensión del concepto. Esto debido a que hay pocos casos que de hecho
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satisfacen estas características. Un argumento paradigmático es un fragmento discursivo
compuesto de una serie de afirmaciones expresadas en oraciones del lenguaje científico o
natural, las cuales juegan, unas el papel de premisas y otra el de conclusión. El argumento nos
convence racionalmente de aceptar la conclusión, es decir, de tomarla como verdadera, en base
de las razones expresadas en la conclusión, las cuales han de ser aceptables de manera previa.
Este asentamiento previo de las premisas se da, ya sea porque son compartidas por el
interlocutor, o porque son evidentes en sí mismas. Las premisas nos dan razones suficientes para
aceptar, de manera racional, la conclusión, porque la verdad de esta última (la conclusión) se
sigue de manera (lógicamente) necesaria de la verdad de las primeras (las premisas). De esta
manera, estamos seguros de que la conclusión es verdadera si las premisas son verdaderas y el
argumento es lógicamente válido. Además, la única información relevante para juzgar la validez
del argumento es su forma. Así, cualquier otro argumento de la misma forma lógica será
lógicamente válido si éste lo es.
Sin embargo, reitero, si en la lógica nos dedicamos solamente a estudiar la validez lógica de este
tipo de argumentos, tendríamos un reducido campo de acción. Afortunadamente, los alcances de
la lógica van mucho más allá de estos casos paradigmáticos de argumentación. Sin embargo, la
lógica también tiene sus raíces bien puestas en este tipo de argumentos. Mi propósito en esta
plática es explicar como las así-llamadas extensiones de la lógica son precisamente eso:
extensiones del caso paradigmático de argumento lógico. La idea es sencilla, nótese que en este
tipo de caracterización se mezclan diferentes elementos: dialécticos, inferenciales y otros. Si
relajamos algunos de ellos, tendremos una concepción más amplia de la lógica. En otras
palabras, si extendemos nuestro caso paradigmático en una dirección u otra, nuestra teoría y
práctica lógica amplía su campo de aplicación.
2. Las tres Dimensiones de la Lógica
Primero, desde el punto de vista dialéctico, en su caso paradigmático, un argumento es un
instrumento del convencimiento racional en el que la información fluye por canales lógicoinferenciales.
El convencimiento racional es producto de un proceso inferencial que es inducido
sobre el escucha o interlocutor. No es suficiente darle al escucha del argumento la suficiente
información para garantizar la verdad de la conclusión. En otras palabras , no es suficiente que se
le den las premisas del argumento, aún cuando éstas sean suficientes para obtener la verdad de la
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conclusión. Es también necesario llevarlo a hacer la inferencia de premisas a conclusión. Esto es
claro en tanto es posible que el escucha posea ya la información contenida en las premisas, es
posible que ya conozca la verdad de las premisas, y sin embargo, no sepa que de ellas se sigue la
conclusión. Por lo tanto es necesario que aprenda esto, es decir, que aprenda que la conclusión se
siga de las premisas que se le han dado (que se han hecho salientes). Este tipo de conocimiento
extra no está contenido en las premisas (ni en la conclusión y, por lo tanto, ¡demuestra que el
argumento no está constituido meramente de premisas y conclusión!), sino que se produce por el
proceso mismo de inferencia. Es algo que se debe hacer, algo que debe suceder para que se de el
convencimiento racional que se busca con la argumentación. No es suficiente que la información
este ahí, sino también que fluya de las premisas a la conclusión, de lo que se sabe a lo que no se
sabe. Ahí es donde la validez lógica cobra importancia. Sólo en casos de argumentos válidos la
información fluye de manera natural de premisas a conclusión. El flujo de información está
garantizado por la validez del argumento. Asentimos racionalmente a la conclusión del
argumento precisamente porque ella se sigue de las premisas. La relación lógica de consecuencia
sirve, digamos, de "puente" para el flujo de la información entre premisas y conclusión.
Ahora sí podemos reconocer las tres dimensiones de la argumentación que anuncié con
anterioridad. Por un lado, la argumentación tiene un objetivo dialéctico, que es la convicción
racional, un mecanismo inferencial que produce tal convicción y una relación de consecuencia
lógica que lo garantiza, es decir, que garantiza que tal inferencia produzca tal convicción.
Racionalidad, Inferencia y Lógica se unen así en el proceso y la actividad argumentativa. A mí
me parece un cuestión más bien ociosa, sino es que tonta, el preguntarse cuál de estas tres
dimensiones es la más importante, pues es claro que las tres están íntimamente ligadas. Sin
embargo, sería también tonto ignorar que la discusión de hecho existe al interior de la lógica y su
filosofía. Se encuentra de manera implícita cada vez que tratamos de definir a la lógica como la
ciencia del razonamiento, la argumentación, la inferencia, o cualquiera que sea nuestra parte
favorita del caso paradigmático. También se encuentra de manera explícita en discusiones acerca
del carácter formal de la lógica (es decir, si la lógica informal es lógica o no) y en el viejo debate
psicologismo/anti-psicologismo. En lo que resta de la conferencia trataré de explicar los puntos
de vista desde los cuales se han planteado las diferentes posiciones respecto a que es la lógica (y,
en consecuencia, como dije al principio, que es un argumento) invitándolos a escucharlas no
como facciones en disputa –como si habláramos de una guerra territorial al interior de la