Ryan Jessen es un joven de 33 años que vivía junto a su perra Molly hasta que un día sufrió una hemorragia cerebral.
Llegado el momentos sus familiares se dieron cuenta que era mejor desconectarlo. Una decisión difícil pero en muchas ocasiones la más acertada.
Así fue que la familia de Ryan decidió llevar a Molly para que se despidiera de su dueño y supiera porque nunca volvió a casa.