La vida pasa a veces lento y a veces rápido. Me siento como en una montaña rusa llena de personas que gritan, unas de terror y otras por la emoción, y a pesar de estar rodeada de voces y ruidos me siento tan sola como si cayera en un pozo vacío y sin final. Siento que caigo eternamente y a veces siento que ya es el final, que he tocado fondo, pero me encuentro con que la caída sigue.
Me levanto cada mañana preguntándome si podré soportarlo de nuevo, y si de verdad quiero hacerlo. Quiero enterrarme entre las sábanas y desaparecer, ser un objeto sin vida, salir de este hueco sucio y hediondo que me tiene prisionera. Quiero estar sola pero algo en mí llama la compañía como un bebé hambriento a su madre cansada. Harto a todo el mundo, siento su molestia pero sigo llorando por más, por un poco de cariño, de comprensión. Cada día lo mismo, pierdo el tiempo, algunos momentos de euforia que hacen aún peores a los malos momentos.
Todos creen que saben qué debo hacer. Todos creen que estoy mal, que me domina la pereza, la rebeldía, la indiferencia, el pecado. Todos creen saber quien soy exactamente. ¿Saben ellos lo que es no saber qué hacer ahora? Estar solo, literalmente, y no me refiero a estar sola en casa o en el colegio, no me refiero a no tener compañía, es a estar sola en mi cabeza, que es peor. A nadie le interesa lo que puedo sentir realmente, charlas triviales que a ningún lugar me llevan, miradas confusas, incomprensión, desesperanza.
Quiero irme, irme ahora. Para unos es depresión, y piensan que unos medicamentos y unas terapias pueden hacer lo impensable, pero... ¿Es a caso la felicidad inducida verdadera felicidad? ¿No es más deprimente tener que drogarte cada día para sacar una pequeña sonrisa que la misma depresión en sí?
Entender que tienes un desequilibrio químico en el cerebro cuando lo que sientes es un desequilibrio emocional en el corazón, cuesta mucho, o al menos aceptarlo.
Me levanto cada mañana preguntándome si podré soportarlo de nuevo, y si de verdad quiero hacerlo. Quiero enterrarme entre las sábanas y desaparecer, ser un objeto sin vida, salir de este hueco sucio y hediondo que me tiene prisionera. Quiero estar sola pero algo en mí llama la compañía como un bebé hambriento a su madre cansada. Harto a todo el mundo, siento su molestia pero sigo llorando por más, por un poco de cariño, de comprensión. Cada día lo mismo, pierdo el tiempo, algunos momentos de euforia que hacen aún peores a los malos momentos.
Todos creen que saben qué debo hacer. Todos creen que estoy mal, que me domina la pereza, la rebeldía, la indiferencia, el pecado. Todos creen saber quien soy exactamente. ¿Saben ellos lo que es no saber qué hacer ahora? Estar solo, literalmente, y no me refiero a estar sola en casa o en el colegio, no me refiero a no tener compañía, es a estar sola en mi cabeza, que es peor. A nadie le interesa lo que puedo sentir realmente, charlas triviales que a ningún lugar me llevan, miradas confusas, incomprensión, desesperanza.
Quiero irme, irme ahora. Para unos es depresión, y piensan que unos medicamentos y unas terapias pueden hacer lo impensable, pero... ¿Es a caso la felicidad inducida verdadera felicidad? ¿No es más deprimente tener que drogarte cada día para sacar una pequeña sonrisa que la misma depresión en sí?
Entender que tienes un desequilibrio químico en el cerebro cuando lo que sientes es un desequilibrio emocional en el corazón, cuesta mucho, o al menos aceptarlo.