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La guerra y el mate Argentino en Siria

Offtopic•7/6/2016
En 2009 Siria compró el 67% de la yerba mate exportada por Argentina. La visita del presidente de Siria, Bashar Al Assad, a Argentina no es lo único que hay en común entre ambos países. Argentinos y sirios comparten la afición por el mate, lo cual hace al país de Medio Oriente el mayor importador de la yerba. El doctor Ahmad Ali comenzó a beber mate en su ciudad natal en Siria, Aleppo, cuando tenía 10 años y desde entonces nunca lo ha dejado. "Para nosotros el mate tiene un componente social importante. Siempre cuando recibimos a un amigo cercano le ofrecemos mate. Pero si recibes a alguien que no es cercano y no hay intención de pasar mucho tiempo con ellos se le ofrece café. Con la familia y amigos, en cambio, nos podemos quedar bebiendo mate por varias horas", le cuenta a BBC Mundo este sirio radicado en Londres, quien cada vez que viaja a Siria se trae más de siete paquetes de yerba mate en su equipaje. La introducción del mate en Siria se habría iniciado con la gran inmigración de ese país hacia Argentina que se registró entre los años 1850 y 1860, según relata el gerente de la Cámara de Comercio Argentino Árabe, Pablo Fodaro. "Estos inmigrantes se arraigaron en todo el territorio y con los años se acostumbraron a tomar mate. Cuando muchos de ellos regresaron a sus tierras, llevaron consigo esta costumbre. Compartieron la infusión con sus parientes y amigos y, con el paso del tiempo, los sirios se convirtieron en consumidores habituales de mate", agrega Fodaro. Mayor importador Tan común es el mate para los sirios, que hoy son el primer país de destino de la yerba argentina. Siria fue el mayor importador en valor y volumen, con 71.2% y 67% respectivamente, del total exportado por Argentina en 2009. Tomar mate se ha vuelto tan normal que sentimos que es nuestro. Lo bebemos en pequeños vasos de vidrio, tradicionales para el té, y con la bombilla Sanaa Bishani, estudiante siria Otros mercados relevantes para la exportación de mate argentino son Chile, Estados Unidos, España, Brasil y Uruguay, aunque todos en menor proporción, agrega un informe publicado por el Ministerio de Agricultura de Argentina. "Ciertamente Siria se mantiene como el mercado destino más relevante de la yerba mate argentina", dijo a BBC Mundo la ingeniera Patricia Parra, autora del informe. El estudio de mayo de 2009 afirma además que las importaciones de yerba mate de Siria provienen actualmente en su totalidad desde Argentina. Para los sirios el mate está tan arraigado en su cultura que algunos incluso piensan que es una costumbre propia de Medio Oriente. Así relata la estudiante Sanaa Bishani, proveniente de Tartous, la ciudad donde más mate se bebe. Al-Swaida, cerca de Damasco, y Al-kalamoon son otras dos ciudades conocidas por el mate. "Tomar mate se ha vuelto tan normal que sentimos que es nuestro. Lo bebemos en pequeños vasos de vidrio, tradicionales para el té, y con la bombilla. Cada uno tiene su propio vaso. Para mí es algo diario, una rutina. Bebo mate cuando estudio, con mi familia nos sentamos a tomar mate después de las siete, con mis amigos. En Siria nos juntamos a tomar mate", expresa esta siria de 25 años. Incluso en la playa venden mate al mismo tiempo que venden jugos o helados, agrega. Barato Sanaa el mate incluso le ha traído algunos problemas. "Generalmente cuando vuelvo (a Londres) de Siria traigo conmigo unos 25 paquetes de mate. Una vez en el aeropuerto de Heathrow abrieron mi maleta y se encontraron con 50 paquetes, porque además llevaba mate para mi familia y amigos. Ante la sorpresa del oficial de inmigración tuve que explicar todo lo que sabía del mate argentino", cuenta Bishani. Siria se mantiene como el mercado destino más relevante de la yerba mate argentina Patricia Parra, autora de informe del Ministerio de Agricultura de Argentina El doctor Ali indica que en Siria el mate es barato y se encuentra en todas las tiendas. "Siempre donde hay té y café, también se vende mate", afirma. Cada paquete de 250 gramos tiene un valor entre 25 y 30 libras sirias, un precio inferior a US$1. Tanto Sanaa como Ahmed esperan ir algún día a Argentina y tomar mate allá. Mientras tanto, dice Sanaa con su mate en la mano, toda Siria habla de la visita del presidente a ese país. Tal vez la presidenta Cristina Fernández debería considerar que la mejor forma de agasajar a su par sirio es invitándolo a tomar mate. Eso sí, cada uno en su propio mate… al estilo sirio. En Siria, el mate es la bebida de la rebelión y un botín de guerra. Llevado desde la Argentina, pasó de ser un privilegio de los ricos a infusión favorita de los rebeldes ALEPPO, Siria.- Si los sirios les regalaron a los argentinos figuras que entraron en los libros de historia, incluso un presidente, los rioplatenses correspondieron con el mate. A mediados del siglo XX, en uno de los tantos altibajos de la economía argentina, retornaron a Siria muchos hijos y nietos de quienes habían emigrado hacía un tiempo. El destino determinó que, con los años, el mate se haya convertido ahora no sólo en una "infusión rebelde", sino también en un botín de la guerra que desgarra al país. Aquellos inmigrantes que regresaron a Siria desde América del Sur lo hicieron con todo el bagaje cultural de los campos, los montes y los puertos. Al principio, el mate que trajeron con ellos no fue más que una moda de las clases más acomodadas, una forma de marcar diferencias con los sectores que no podían pagar el costo de este producto, importado desde las remotas tierras de un continente de cuya existencia sólo había una prueba disponible: la yerba que llegaba en las bodegas de los navíos a los muelles de Tartus y Latakkia. La minoría alauita se hizo del poder en 1970 con los golpes de Estado puestos en marcha por uno de los suyos, Hafez al-Assad, padre de Bashar, actual presidente sirio . Con esto, esa minoría adquirió los hábitos de los ricos, y en sus reuniones, el mate ganó carta de legitimidad al lado de las bebidas tradicionales. Las revoluciones, sin embargo, son hechas para igualar. Y el mate, antes un lujo, ahora es una bebida esencial para el descanso de los combatientes opositores. "Cuando conquistamos posiciones del ejército, además de armas y equipo, capturamos las provisiones de yerba de la oficialidad alauita", cuenta Mahmoud, un combatiente de 25 años que integra las filas del Ejército Libre Sirio (ELS). Mahmoud y otros rebeldes están reunidos en su pequeño local cuartel antes de que caiga la temprana oscuridad del invierno, en el barrio de Salaheddine. Varios de ellos estuvieron combatiendo antes en las primeras barricadas, hechas con escombros, muebles y restos de autos, frente a los soldados de Bashar al-Assad. Algunos son francotiradores, una especie que, además de hostigar a otras, sostiene guerras particulares que demandan precisión, energía e interminable paciencia, entre azoteas, ventanas y agujeros abiertos en las paredes. Los que arriban más tarde encuentran a sus compañeros de la katiba Al-Waed (unidad militar La Promesa) orando. " Mohammedun resulullah (Mahoma es el profeta de Dios)", repiten. Llega el momento de relajarse, de intercambiar historias. Delgado, Ibrahim se quita la campera negra, saca un cigarrillo y se sienta. De 28 años, es uno de los mayores del grupo. Se acomodan en tres sillones, viejos y sucios. Dejan descansar las armas sobre el piso, los cañones entre las manos. Las miradas buscan a quien se va a encargar de prepararles una bebida; ése es Walid. En unos vasos pequeños sirve café. En otros, apenas más grandes, té. Y en los mayores, de vidrio, con asa y bombilla, yerba mate. El que quiere mate recibe un recipiente individual. No circula entre los combatientes, como tampoco lo hacen el té ni el café. No es difícil imaginarlos en las llanuras argentinas, alrededor del fuego, por la noche, después de un duro día e igualmente armados. Aquí en la ciudad, se escuchan los morteros y los fusiles, se huele la basura y la descomposición de la muerte. En el campo abierto, a ellos los acompañarían los rumores de las vacas, el aroma del cuero y la leve fetidez del estiércol. Además del placer intrínseco de beber mate, disfrutarlo es una temprana victoria insurgente, un botín de guerra que simboliza la fuerza de los sublevados. Hassan y Gawad aceptan posar para la cámara con fusil, vaso, bombilla y yerba. Detrás de ellos, está la guerra: el barrio de Salaheddine, en Aleppo, convertido en ruinas. Con sonrisa de anuncio publicitario, Hassan muestra el paquete del producto: bella caligrafía árabe. Lo da vuelta, y la etiqueta está en castellano. La marca es Kharta Khadra. Otra leyenda dice: "Origen: Argentina".
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