Resumen lvl 5: Nuestra consultora en #Sexlife, Paula Puebla, nos cuenta qué son los ecosexuales: aquellos que se excitan con la naturaleza. ACÁ podés escuchar la nota.
La ecosexualidad no es filia ni fetichismo. Tampoco es lo mismo que ser vegasexual o sexetariano, que consiste en optar por no mantener relaciones sexuales con alguien que coma animales. Significa hacerle el amor al planeta. No solo de forma genital sino gozando de los estímulos de la naturaleza con los cinco sentidos.
Los ecosexuales son aquellos que tratan la naturaleza como a un amante. Como un ser que nos acoge y nos alimenta, pero también nos proporciona amor. Por eso hay que cuidarlo y rendirle pleitesía. "Sería tomar conciencia de nuestro entorno y de cómo este es realmente sexy y excitante: el acariciar un musgo húmedo, el mirar como sube la marea y golpea contra las rocas, el masturbarse sobre una roca caliente, notar el calor de la arena ardiente sobre tu espalda, hacerse una paja imaginando lava en erupción", enumera Elena/Urko, activista de género no binario y mitad del colectivo Post-Op, grupo de investigación sobre postporno "desde una perspectiva queer feminista".
La iniciativa proviene de Beth Stephens y Annie Sprinkle. Estas dos artistas estadounidenses introdujeron la ecosexualidad en 2008, pero hasta 2011 no crearon el movimiento, un híbrido entre arte, ecologismo y sexo. Desde entonces, cuando definieron sus bases con un manifiesto, la pareja se ha casado con la tierra, ha iniciado una ruta promocionándolo, ha dado conferencias y ha rodado un documental llamado Here come the ecosexuals (Aquí vienen los ecosexuales). En su página web hablan de "un encuentro entre el arte, la teoría, la práctica y el activismo" y se describen como "acuófilos, terrófilos, pirófilos y aerófilos". "Abrazamos los árboles sin pudor, masajeamos las tierra con los pies y hablamos eróticamente a las plantas. Nadamos desnudos, somos adoradores del sol y observadores de las estrellas", dicen, entre muchas otras cosas.
Esta inclinación sexual también puede ser terminante a la hora de tomar decisiones en su vida sexual o amorosa. Al elegir pareja o tener relaciones esporádicas, tienden a fijarse en si la otra persona es respetuosa con el medio ambiente o si las condiciones del encuentro no dañan nuestro entorno.Y no hablamos, nimuchomenos, de dejar de usar métodos anticonceptivos como los preservativos, cuyo consumo asciende a los 750.000 al año, según la web veoverde.com, ni de cuestionarse cómo reciclar la parafernalia onanista y sexual, sino de evitar, por ejemplo, el gasto innecesario de energía en los momentos de intimidad. Para ello, Greenpeace ya elaboró un decálogo de prácticas sexuales 'ecofriendly', en el que incluyeron algunos consejos como no hacer el amor con la luz encendida, compartir ducha o usar afrodisíacos orgánicos, entre otros.
La tendencia ha vuelto a recuperar cierto protagonismo últimamente gracias a la Ecosexual Bathhouse, una instalación artística promovida por los performers IanSinclair y Loren Kronenmyer. Situada en el jardín botánico Victoria de Melbourne (Australia), el 'baño público' consistía en interactuar sexualmente con los objetos, gemir con ellos, frotarse con margaritas o césped y después limpiarse en una sauna "sin sentirse culpable".