Tratamientos Paliativos.
Cuando se diagnóstica una grave enfermedad a un paciente, puede suceder que la persona sufra un bajón y llore, o como en el caso de Raphael enloquezca y se comporte violentamente, después la enfermedad se estaciona, o evoluciona favorablemente, en el caso del conocido cantante, gracias a un trasplante, pero… ¿Que ocurre y cómo debe de actuar la Sanidad Pública cuando a pesar de los tratamientos la enfermedad persiste y el paciente poco a poco muere? ¿Es un derecho de las personas el poder elegir el morir de muerte asistida y dignamente?
_*_
Hoy son muchos los testimonios que certifican que una Unidad de Tratamientos Paliativos en los hospitales ayuda a cruzar los umbrales de la muerte, familiares de enfermos ya fallecidos aseguran que sin esos profesionales no hubieran podido soportar el peso añadido al dolor por la perdida del ser querido, a poder soportar el sufrimiento que produce la impotencia ante la muerte, que al ver a sus seres queridos preparándose para esa verdad absoluta, como de hecho lo es la muerte, les ha servido a ell@s para poder percibir ese triste episodio de forma diferente.
A la impotencia que sufren l@s desahuciad@s de la vida, se le añade el disimulado sufrimiento de sus seres querid@s, y de forma independiente de la edad, una persona terminal necesita un tratamiento diferente y especial, un tratamiento en donde la eutanasia sería el punto final, una muerte dulce y asumida ayuda mentalmente a la persona enferma, pero a la futura salud mental de la familia, aún mucho más.
-**-
La eutanasia no es tan solo una inyección letal, eso es precisamente el arma que suelen esgrimir quienes se posicionan en contra de ese derecho que provee de una muerte digna, la eutanasia es una terapia destinada al enfermo, pero también al familiar, y las personas que forman las Unidades de Tratamientos Paliativos, aparte de especialistas de las enfermedades físicas, de voluntari@s, están formadas por doctores especializados en comportamiento de l@s individu@s y en Salud Mental.
Cuando la persona enferma percibe que es tratada como alguien que sufre, y no como una enferma reconduce de forma mucho más positiva su enfermedad, la eutanasia nos prepara para esa asignatura pendiente que tod@s tarde o temprano tendremos que aprobar, la ley no es obligatoria, sino optativa, aquellas personas que no lo deseen pueden seguir muriendo como se ha hecho siempre, sufriendo, y con miseria añadida.
_***_
La iglesia católica cómo era de esperar se siente agredida, dicen que aplicar la eutanasia a una persona desahuciada que lo pide es un atentado a la vida, para el catolicismo las enfermedades, la vejez y la muerte han sido gruesas cadenas labradas durante siglos eslabón a eslabón para expiar los pecados en vida, y no está dispuesta a que las rompa para siempre la medicina.
La muerte aún estando siempre presente es algo que nunca nos afecta a nosotr@s, sino a l@s demás, quizá sea por eso que cuando no llega de forma fulminante, sino lenta, nos llenamos de miedo, y se produce un desequilibrio en la mente que nos hace sufrir, la Unidad Paliativa independientemente de las creencias religiosas nos enseña a morir, un hecho tan dramático cómo natural, pues nacemos para morir, la muerte nos iguala a tod@s, y de la misma manera que se aprende a vivir, también alguien debe prepararnos, ayudarnos, y enseñarnos a morir.
-****-
Personalmente creo que aquell@s profesionales que se acogen a códigos éticos y a la conciencia para negar ese derecho de muerte asistida actúan como los cancerberos de los valles de lágrimas, de las culpas y del dolor, y un@s personajes así no deberían de estar cuidando a enferm@s, sino en sus respectivas parroquias haciendo penitencia.
Cuando el derecho a una muerte digna y asistida por profesionales sea una realidad, la sociedad y la evolución habrán subido otro escalón.
Carta de un Enfermo Terminal.
Hoy entre mi cama y la ventana que hay frente a ella hay más distancia, miro el cielo azul y se que ya nunca caminaré debajo de él, hoy a amanecido de forma diferente, como en otras ocasiones al abrir los ojos he pensado que todo era un sueño, pero hoy al comprobar de nuevo la realidad no he sentido un nudo en la garganta, no he sentido miedo ni ganas de gritar, una apacible quietud movía mi corazón y mi alma, hoy no me pesa haber luchado, no me siento vencido, caído, ni derrotado, tan solo pienso que he llegado al final de mi vida, y que gracias a la Unidad de Tratamientos Paliativos lo haré sin sufrimiento y en paz.
Hoy ya no me pregunto ¿Por qué a Mí? Hoy ya no me siento diferente sino tan solo uno más, una sombra dentro de millones de sombras que fueron y que hoy ya ni existen, que ni son, ni están, hoy después de casi tres años de lucha contra lo inevitable he llegado al final, hoy he respirado hondo sin añoranza, sin lamento, sin miedo, pero con mucha paz.
La vida de este hombre de cincuenta años, transcurría entre su familia, su trabajo y su hogar, era un hombre feliz, dentro de los márgenes y comillas que tiene siempre la felicidad, hasta que un día de repente se cruzó un tumor difícil en su camino, un tumor maligno que todos sus sueños e ilusiones arrojó a un negro e insalubre mar, sin las Unidades de Tratamientos Paliativos, ni él ni su esposa, lo hubieran sabido soportar, la eutanasia no es un asesinato como algun@s personajes suelen afirmar, la Eutanasia es un derecho a disponer de nuestra propia vida, el poder decidir el momento adecuado y asistido para poner un final. Atrás se deben de quedar para siempre todos esos sufrimientos medievales de las culpas, de los rezos, y permitir a una persona que sufre el poder terminar, y asistida por profesionales que reconduzcan las dudas, los miedos, y lo que bajo mi punto de vista es lo más importante, esa ansiedad que generalmente embarga a l@s enfermos, y que se intensifica cuando se es terminal.
Hay veces que me pregunto:
¿Cuantos millones de personas sufrieron en los años ochenta la impotencia del SIDA, cuanto tuvieron que sufrir mientras veían que se les iba la vida?
Personas jóvenes que de repente enfermaban, prematuramente envejecían, para terminar muriendo en los hospitales de cualquier ciudad, ya entonces también me preguntaba….
¿Cuántas de esas personas tuvieron que soportar tortura, dolor, demencia, impotencia e indignidad?
Que junto a su enfermedad sin posibilidad de sanación, no dejaban de ser miserias añadidas.
Escribir de la muerte siempre es triste, y sin embargo vivimos rodeados de ella, hoy la muerte es la gran protagonista del globo, tod@s algún día dejaremos de respirar, y la eutanasia debe de estar incluida dentro de los derechos que engrosan la libertad, para que cuando alguien la requiera libremente la pueda utilizar, aquell@s que crean que va en contra de sus valores morales que se mueran como quieran, pero que dejen a aquell@s que pasamos de latigazos y de cilicios, morir dignamente y en paz.
Nota:
No deja de ser otra paradoja que la iglesia católica tan acostumbrada a pisar derechos condene la eutanasia y a quienes la facilitan, la eutanasia no se aplica como la obediencia debida de las dictaduras, sino cuando una persona enferma lo pide y la necesita. Hay quién dice que la iglesia católica ya no es la misma que torturaba y quemaba bruj@s en el medievo, alegan que l@s católic@s han evolucionado, pero las matanzas de Latinoamérica, las persecuciones de comunistas, y todas esas abominaciones que aparecen junto a todos los dictadores del siglo XX nos muestra lo contrario, la iglesia católica no puede nunca evolucionar, su poder radica en el oscurantismo, la miseria y el engaño, con esos atributos nunca hay evolución.
Conclusión:
Ante una enfermedad agresiva tod@ enferm@ tiene la obligación de luchar por su vida, por él, por ella, o por su familia, pero cuando una enfermedad gana la batalla y el enfermo se convierte en un terminal, o como en el caso de Ramón Sanpedro, en un muerto en vida, debe de estar recogido su derecho de poder terminar, y es la Sanidad Pública quién debe de poner a su servicio la eutanasia, o lo que es lo mismo, una muerte digna y asistida, es por eso que el gobierno español debe de forma urgente legislar. La muerte siempre es liberadora, pero una cárcel de sufrimiento, de indefensión y de miseria es la enfermedad sin cura, sin esperanza de sanar.
“Son millones de nombres, de caras, de vidas arrancadas de su hogar, millones de ilusiones para siempre enterradas”.
Evangelina Sobredo.
PD:
Dedicado al escritor de cartas Abrahán Méndez Ramos, fallecido tras luchar varios años contra una terrible enfermedad.
-**+**-
No den puntos no me interesan , solo opinen y si quieren me siguen .
Saludos.
Cuando se diagnóstica una grave enfermedad a un paciente, puede suceder que la persona sufra un bajón y llore, o como en el caso de Raphael enloquezca y se comporte violentamente, después la enfermedad se estaciona, o evoluciona favorablemente, en el caso del conocido cantante, gracias a un trasplante, pero… ¿Que ocurre y cómo debe de actuar la Sanidad Pública cuando a pesar de los tratamientos la enfermedad persiste y el paciente poco a poco muere? ¿Es un derecho de las personas el poder elegir el morir de muerte asistida y dignamente?
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Hoy son muchos los testimonios que certifican que una Unidad de Tratamientos Paliativos en los hospitales ayuda a cruzar los umbrales de la muerte, familiares de enfermos ya fallecidos aseguran que sin esos profesionales no hubieran podido soportar el peso añadido al dolor por la perdida del ser querido, a poder soportar el sufrimiento que produce la impotencia ante la muerte, que al ver a sus seres queridos preparándose para esa verdad absoluta, como de hecho lo es la muerte, les ha servido a ell@s para poder percibir ese triste episodio de forma diferente.
A la impotencia que sufren l@s desahuciad@s de la vida, se le añade el disimulado sufrimiento de sus seres querid@s, y de forma independiente de la edad, una persona terminal necesita un tratamiento diferente y especial, un tratamiento en donde la eutanasia sería el punto final, una muerte dulce y asumida ayuda mentalmente a la persona enferma, pero a la futura salud mental de la familia, aún mucho más.
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La eutanasia no es tan solo una inyección letal, eso es precisamente el arma que suelen esgrimir quienes se posicionan en contra de ese derecho que provee de una muerte digna, la eutanasia es una terapia destinada al enfermo, pero también al familiar, y las personas que forman las Unidades de Tratamientos Paliativos, aparte de especialistas de las enfermedades físicas, de voluntari@s, están formadas por doctores especializados en comportamiento de l@s individu@s y en Salud Mental.
Cuando la persona enferma percibe que es tratada como alguien que sufre, y no como una enferma reconduce de forma mucho más positiva su enfermedad, la eutanasia nos prepara para esa asignatura pendiente que tod@s tarde o temprano tendremos que aprobar, la ley no es obligatoria, sino optativa, aquellas personas que no lo deseen pueden seguir muriendo como se ha hecho siempre, sufriendo, y con miseria añadida.
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La iglesia católica cómo era de esperar se siente agredida, dicen que aplicar la eutanasia a una persona desahuciada que lo pide es un atentado a la vida, para el catolicismo las enfermedades, la vejez y la muerte han sido gruesas cadenas labradas durante siglos eslabón a eslabón para expiar los pecados en vida, y no está dispuesta a que las rompa para siempre la medicina.
La muerte aún estando siempre presente es algo que nunca nos afecta a nosotr@s, sino a l@s demás, quizá sea por eso que cuando no llega de forma fulminante, sino lenta, nos llenamos de miedo, y se produce un desequilibrio en la mente que nos hace sufrir, la Unidad Paliativa independientemente de las creencias religiosas nos enseña a morir, un hecho tan dramático cómo natural, pues nacemos para morir, la muerte nos iguala a tod@s, y de la misma manera que se aprende a vivir, también alguien debe prepararnos, ayudarnos, y enseñarnos a morir.
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Personalmente creo que aquell@s profesionales que se acogen a códigos éticos y a la conciencia para negar ese derecho de muerte asistida actúan como los cancerberos de los valles de lágrimas, de las culpas y del dolor, y un@s personajes así no deberían de estar cuidando a enferm@s, sino en sus respectivas parroquias haciendo penitencia.
Cuando el derecho a una muerte digna y asistida por profesionales sea una realidad, la sociedad y la evolución habrán subido otro escalón.
Carta de un Enfermo Terminal.
Hoy entre mi cama y la ventana que hay frente a ella hay más distancia, miro el cielo azul y se que ya nunca caminaré debajo de él, hoy a amanecido de forma diferente, como en otras ocasiones al abrir los ojos he pensado que todo era un sueño, pero hoy al comprobar de nuevo la realidad no he sentido un nudo en la garganta, no he sentido miedo ni ganas de gritar, una apacible quietud movía mi corazón y mi alma, hoy no me pesa haber luchado, no me siento vencido, caído, ni derrotado, tan solo pienso que he llegado al final de mi vida, y que gracias a la Unidad de Tratamientos Paliativos lo haré sin sufrimiento y en paz.
Hoy ya no me pregunto ¿Por qué a Mí? Hoy ya no me siento diferente sino tan solo uno más, una sombra dentro de millones de sombras que fueron y que hoy ya ni existen, que ni son, ni están, hoy después de casi tres años de lucha contra lo inevitable he llegado al final, hoy he respirado hondo sin añoranza, sin lamento, sin miedo, pero con mucha paz.
La vida de este hombre de cincuenta años, transcurría entre su familia, su trabajo y su hogar, era un hombre feliz, dentro de los márgenes y comillas que tiene siempre la felicidad, hasta que un día de repente se cruzó un tumor difícil en su camino, un tumor maligno que todos sus sueños e ilusiones arrojó a un negro e insalubre mar, sin las Unidades de Tratamientos Paliativos, ni él ni su esposa, lo hubieran sabido soportar, la eutanasia no es un asesinato como algun@s personajes suelen afirmar, la Eutanasia es un derecho a disponer de nuestra propia vida, el poder decidir el momento adecuado y asistido para poner un final. Atrás se deben de quedar para siempre todos esos sufrimientos medievales de las culpas, de los rezos, y permitir a una persona que sufre el poder terminar, y asistida por profesionales que reconduzcan las dudas, los miedos, y lo que bajo mi punto de vista es lo más importante, esa ansiedad que generalmente embarga a l@s enfermos, y que se intensifica cuando se es terminal.
Hay veces que me pregunto:
¿Cuantos millones de personas sufrieron en los años ochenta la impotencia del SIDA, cuanto tuvieron que sufrir mientras veían que se les iba la vida?
Personas jóvenes que de repente enfermaban, prematuramente envejecían, para terminar muriendo en los hospitales de cualquier ciudad, ya entonces también me preguntaba….
¿Cuántas de esas personas tuvieron que soportar tortura, dolor, demencia, impotencia e indignidad?
Que junto a su enfermedad sin posibilidad de sanación, no dejaban de ser miserias añadidas.
Escribir de la muerte siempre es triste, y sin embargo vivimos rodeados de ella, hoy la muerte es la gran protagonista del globo, tod@s algún día dejaremos de respirar, y la eutanasia debe de estar incluida dentro de los derechos que engrosan la libertad, para que cuando alguien la requiera libremente la pueda utilizar, aquell@s que crean que va en contra de sus valores morales que se mueran como quieran, pero que dejen a aquell@s que pasamos de latigazos y de cilicios, morir dignamente y en paz.
Nota:
No deja de ser otra paradoja que la iglesia católica tan acostumbrada a pisar derechos condene la eutanasia y a quienes la facilitan, la eutanasia no se aplica como la obediencia debida de las dictaduras, sino cuando una persona enferma lo pide y la necesita. Hay quién dice que la iglesia católica ya no es la misma que torturaba y quemaba bruj@s en el medievo, alegan que l@s católic@s han evolucionado, pero las matanzas de Latinoamérica, las persecuciones de comunistas, y todas esas abominaciones que aparecen junto a todos los dictadores del siglo XX nos muestra lo contrario, la iglesia católica no puede nunca evolucionar, su poder radica en el oscurantismo, la miseria y el engaño, con esos atributos nunca hay evolución.
Conclusión:
Ante una enfermedad agresiva tod@ enferm@ tiene la obligación de luchar por su vida, por él, por ella, o por su familia, pero cuando una enfermedad gana la batalla y el enfermo se convierte en un terminal, o como en el caso de Ramón Sanpedro, en un muerto en vida, debe de estar recogido su derecho de poder terminar, y es la Sanidad Pública quién debe de poner a su servicio la eutanasia, o lo que es lo mismo, una muerte digna y asistida, es por eso que el gobierno español debe de forma urgente legislar. La muerte siempre es liberadora, pero una cárcel de sufrimiento, de indefensión y de miseria es la enfermedad sin cura, sin esperanza de sanar.
“Son millones de nombres, de caras, de vidas arrancadas de su hogar, millones de ilusiones para siempre enterradas”.
Evangelina Sobredo.
PD:
Dedicado al escritor de cartas Abrahán Méndez Ramos, fallecido tras luchar varios años contra una terrible enfermedad.
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No den puntos no me interesan , solo opinen y si quieren me siguen .
Saludos.