La ansiedad es una emoción universal. Es una reacción instantánea ante
el peligro y se manifiesta mediante un conjunto de respuestas psicológicas y fisiológicas.
Existe un problema serio de ansiedad, cuando los síntomas
provocan un malestar importante o un deterioro en las relaciones familiares,
sociales, laborales o de otras áreas importantes de la persona que lo padece.
Los factores que participan en el desarrollo de un trastorno de ansiedad,
pueden ser biológicos, psicológicos o circunstanciales.
Muchas personas experimentan desajustes cerebrales. Otras
enfrentan dificultades de adaptación, conductas aprendidas, experiencias
traumáticas, ansiedad colectiva o ciertas predisposiciones.
La ansiedad también puede ser provocada por factores
secundarios como el consumo excesivo de cafeína, alcohol y otras drogas.
Ciertas enfermedades médicas también causan trastornos de ansiedad.
Es fundamental que el paciente se someta a una evaluación profesional,
debido a que los padecimientos de ansiedad tienen diferentes modalidades de
aparición en cada persona y pueden confundirse con otras enfermedades o trastornos.
Estos trastornos se clasifican en:
ansiedad generalizada, fobia específica, fobia social, estrés postraumático,
agorafobia, ataques de pánico o angustia y trastorno obsesivo-compulsivo.
Enseguida explico brevemente cada uno de ellos.
Ansiedad generalizada
La ansiedad generalizada está asociada con preocupaciones crónicas,
excesivas y aprensivas que son muy difíciles de controlar.
Por ejemplo, miedo a que algún familiar o la misma persona que sufre
este trastorno, puedan tener un accidente, enfermarse o morir.
Este temor implica anticipar desastres todo el tiempo, mostrarse
excesivamente ansioso por la salud, el dinero, la familia o el trabajo,
aún cuando no existan motivos para hacerlo.
Este comportamiento mantiene al paciente en un estado enfermizo,
que dura casi todo el día y afecta la calidad del sueño por la noche.
A diferencia de las fobias, la ansiedad es constante, no se limita a un evento
específico y no se presenta exclusivamente en forma de crisis.
Este trastorno puede presentar síntomas como:
nerviosismo, irritabilidad, impaciencia, fatiga, inquietud, dificultad para
concentrarse, tensión muscular, tics, temblores, dolor de cabeza, movimientos
en las piernas, incapacidad para relajarse, alteraciones del sueño, sudoración,
taquicardias, mareos, problemas gastrointestinales, sequedad en la boca, mareos,
respiración agitada y una sensación de tener un nudo en la garganta.
Fobia específica
Es frecuente que se confunda la fobia con el miedo. Sin embargo,
son dos conceptos diferentes. El miedo es una respuesta emocional normal
ante el peligro, mientras que la fobia es una forma especial de miedo, es una
reacción desproporcionada, fuera del control de la persona, por lo que se hace
indispensabel la evitación total del objeto o de la situación estresante.
Las personas pueden tener fobia a un objeto o a una situación determinada.
Aunque la lista es larga, las fobias más frecuentes son:
a la obscuridad, a las alturas, a las arañas, a los espacios cerrados, a conducir
en carretera, a los perros, a los pájaros, a la muerte, a la sangre, a los payasos o al agua.
La fobia no es solo miedo al extremo, es un miedo irracional.
La persona puede comprender que su angustia no tiene sentido, pero
el enfrentar el evento causante de la fobia, puede provocarle un ataque de pánico.
Fobia Social
La fobia social es un miedo intenso de llegar a sentirse humillado en
situaciones sociales o colocarse en una situación vergonzosa frente a los demás.
La persona tiene la idea de que es incompetente. Exagera sus errores y puede
temer a la gente no allegada. Su fobia se manifiesta con una excesiva ansiedad cuando
tiene que hablar con una autoridad o cuando tiene que aceptar una invitación.
Estos individuos no necesariamente son tímidos, pueden sentirse
cómodos con otras personas, pero en situaciones especiales pueden sentir ansiedad.
Aunque comprenden que sus temores son irracionales, experimentan una
gran aprensión antes de enfrentarse a la situación que temen y tratan de evitarla.
Cuando pasa el evento estresante, la sensación desagradable continúa con la
preocupación acerca de lo que los demás hayan pensado de ellos.
Los tipos de fobia social más comunes son: hablar en público, asistir a
fiestas, comer fuera de casa, hablar por teléfono o escribir en presencia de otros.
Trastorno por estrés postraumático
Consiste en una condición estresante que sigue a un evento de terror.
Quienes lo padecen tienen recuerdos y pensamientos espantosos de su
experiencia y se sienten emocionalmente paralizadas.
Este trastorno lo padecen los sobrevivientes a las guerras, secuestros,
asaltos, accidentes graves, desastres naturales, violaciones o tortura.
El evento que desata este trastorno puede ser algo que se vio o algo que se vivió.
Las personas vuelven a vivir el trauma en forma de pesadillas y
recuerdos inquietantes. Pueden tener problemas de sueño, depresión,
indiferencia, entumecimiento o sobresaltos. Pueden perder el interés por cosas
que antes les gustaban y les causaban alegría. Además, les cuesta trabajo sentir afecto.
El ver cosas que les recuerdan el incidente, puede ser molesto. Evitan
lugares o situaciones que les traen a la mente esas memorias.
El trastorno puede provocar depresión, ansiedad o abuso de substancias.
Se irritan fácilmente y en casos severos, los afectados pueden tener
dificultad para trabajar o para socializar.
Los eventos ordinarios pueden traer el trauma a la mente e iniciar recuerdos
retrospectivos o imágenes intrusivas. Un recuerdo retrospectivo puede hacer que
la persona pierda contacto con la realidad y vuelva a vivir el evento de manera muy vívida.
La ansiedad postraumática puede hacerse crónica si no se atiende.
Agorafobia
La agorafobia es tener miedo al miedo. Quienes padecen este
trastorno, temen a las situaciones que puedan generarles ansiedad.
Entre estos temores están:
miedo a vivir una crisis de pánico, desmayarse, sufrir un infarto,
perder el control, morir,hacer el ridículo, etc.
El trastorno se genera por haber tenido alguna experiencia negativa.
La persona, al evitar situaciones parecidas, desarrolla un mecanismo de
aprendizaje que permite que el problema persista.
La agorafobia está relacionada con el temor intenso a los espacios
públicos en que pueden presentarse aglomeraciones y suele desarrollar
otras fobias como anuptafobia, claustrofobia, acrofobia, fobia social, etc.
Al agorafóbico, le provoca ansiedad el hecho de salir de casa, quedarse
solo, usar el transporte público, ir de compras o al cine, estar en restaurantes,
hacer deporte, viajar, estar en lugares públicos, etc.
Esta conducta representa un doble problema porque el aislamiento genera más ansiedad.
Ataque de pánico
Quienes padecen trastornos de pánico, experimentan
sensaciones súbitas de terror sin motivo.
No pueden anticipar cuando les va a ocurrir,
por eso tienen una continua preocupación y angustia de que
en cualquier momento se va a presentar otro ataque.
Cuando llega un ataque de pánico, lo más probable es que la
persona sufra palpitaciones y se sienta sudoroso, débil o mareado.
Puede sentir cosquilleo o entumecimiento físico y posiblemente se
sienta sofocado o con escalofríos. Puede experimentar dolor en el pecho o ahogo.
La persona puede, en realidad, creer que está sufriendo un ataque
al corazón, que está perdiendo la razón o que está al borde de la muerte.
El ataque puede ocurrir a cualquier hora y dura de dos a diez minutos.
Un trastorno así, si no se atiende, puede llegar a causar invalidez.
El trastorno de pánico puede engendrar fobias relacionadas
con lugares o situaciones donde los ataques de pánico han ocurrido.
Por ejemplo, si la persona experimenta un ataque de pánico en un elevador,
es posible que llegue a sentir miedo de subir a los elevadores.
Existe un alto riesgo de que estas personas desarrollen un trastorno
de agorafobia. Sin embargo, un tratamiento oportuno
puede detener el progreso de la enfermedad.
Trastorno obsesivo-compulsivo
El trastorno obsesivo-compulsivo, se caracteriza por conductas
ansiosas que son muy difíciles de controlar. Quien lo padece, puede tener
pensamientos o imágenes persistentes de una necesidad urgente de celebrar ciertos ritos.
Una persona puede estar obsesionada con los gérmenes y se lava
las manos muchas veces. Puede estar lleno de dudas y sentir la necesidad
de reconfirmar las cosas una y otra vez. Puede pasar largos períodos de tiempo
tocando las cosas, contando o estar preocupado por el orden, la limpieza y la simetría.
Muchos adultos con este problema de salud, reconocen que lo
que hacen no tiene sentido, pero no pueden evitarlo. Sin embargo,
muchas personas no comprenden que su comportamiento no es normal.
Algunas personas con un trastorno obsesivo-compulsivo, también
sufren de trastornos alimenticios.
Duelo
El duelo es un proceso sentimental doloroso y duradero,
mediante el cual una persona enfrenta una pérdida
importante en su vida.
Una pérdida importante puede ser la muerte de un ser querido,
la ruptura de una relación sentimental, la ausencia de una persona significativa,
cesar o cambiar de trabajo, un fracaso personal, irse a vivir a otro país, etc.
Los procesos de duelo varían de acuerdo al tipo de pérdida.
Algunas situaciones son muy complejas y dolorosas, por ejemplo,
cuando la muerte es súbita, cuando el fallecido es muy cercano y sobre
todo cuando muere un hijo, independientemete de su edad.
Las reacciones pueden variar a cada momento. Las personas experimentan
sentimientos entrecruzados de tristeza, dolor, desesperanza, coraje, etc.
Algunos autores afirman que el duelo puede durar hasta dos años.
En mi opinión, pienso que el duelo puede durar toda la vida. Es decir, que la
pérdida puede perdurar a través del tiempo, lo que cambia es que las personas
aprendemos a vivir de la mejor manera posible, a pesar de las circunstancias.
Cuando las personas no pueden sobreponerse, padecen
trastornos, enferman con frecuencia, se declaran incapacitados para trabajar o
las alteraciones afectan su actividad física y psicológica de manera importante,
es recomendable que busquen un acompañamiento terapéutico.
Tendencia suicida
Ante un evento suicida, consumado o frustrado, tanto los familiares
como la pareja y el sobreviviente, quedan con un severo daño psicológico.
El acto de quitarse la vida tiene significados distintos.
Dependiendo del contexto, el hecho de provocarse la muerte puede
representar un pecado, un delito, una solución a los problemas, un acto
heroico, una forma honorable de morir, un acto cobarde o un sinónimo de impotencia.
Sin embargo, solo se considera suicidio cuando el motivo es morir sin más.
Por ello, los hombres bomba y los mártires no se consideran suicidas,
dado que actúan en nombre de una creencia.
Tampoco son suicidas los que se sacrifican por otros en casos
de emergencia, ni los soldados que mueren en una guerra, ni cuando la
muerte es causada por una sobredosis accidental de drogas o medicamentos.
Las señales suicidas que requieren de una atención psicológica inmediata son:
la ideación suicida, la tentativa, el suicidio frustrado y los suicidios parciales.
La ideación suicida significa tener pensamientos de muerte.
La tentativa o gesto suicida, se caracteriza por la impulsividad
y el uso de métodos letales, sin fines reales de quitarse la vida.
En un caso así, no existe la voluntad de morir, más bien es una
forma de pedir ayuda o un intento para lograr un beneficio secundario.
El suicidio frustrado es haber intentado quitarse la vida y no haberlo logrado.
El suicidio parcial representa las automutilaciones o la sitofobia (no comer).
En otros casos, las personas pueden tener ideas suicidas y no lo han
manifestado ni se lo han contado a nadie. Se entregan al alcoholismo y a las
toxicomanías, practican conductas de alto riesgo, quizás aleatorias (ordalías), que
consisten en actos casi suicidas que dependen de la suerte. Otros se arriesgan por
medio de la conducción temeraria de vehículos motorizados.
En otras circunstancias, el suicidio puede ser inducido por un trastorno mental,
siendo principalmente la enfermedad lo que provoca el suicidio y no la lógica del individuo.
Las características de personalidad juegan un papel importante en el comportamiento
suicida. Se ha comprobado, que la gente con tendencias suicidas, tiene dificultades para
resolver problemas, su pensamiento es dicotómico (todo o nada) y son poco flexibles.
Exhiben un bajo umbral para el dolor, tienen una red social limitada
y experimentan un estrés intenso constantemente.
Bajo esta perspectiva, el comportamiento suicida es visto como un
comportamiento aprendido, enfocado a la resolución de problemas y empleado
cuando el individuo siente que no tiene otra opción.
Los factores de riesgo que se observan en la conducta suicida son:
enfermedades mentales, aislamiento, agresividad, impulsividad, un comportamiento
suicida familiar, un intento suicida previo, la ruina financiera y las adicciones.
Angustia
Los trastornos afectivos o del estado de ánimo, incluyen
todos los tipos de depresión y el trastorno bipolar.
Es normal que todas las personas podamos estar tristes o contentos algunas veces.
Sin embargo, los trastornos del estado de ánimo son algo más profundo.
Los desórdenes del estado de ánimo, son los problemas que atendemos
con más frecuencia en el consultorio. Las causas pueden ser biológicas o psicológicas
y, tanto los niños, como los adolescentes y los adultos, pueden desarrollar éstas
alteraciones en algún momento de su vida.
Los motivos biológicos, radican en la herencia genética o en un desequilibrio
químico del cerebro. Los factores psicológicos, pueden ser acontecimientos estresantes
como la ruptura de una relación, la muerte de un ser querido y otras situaciones
que generan sentimientos profundos de tristeza.
Existen niveles para cada trastorno que van desde leves a moderados o graves.
Por ello, es importante someterse a una evaluación que permita determinar que
tipo de trastorno padece el paciente y así elaborar el tratamiento adecuado.
Se empieza a sospechar que existe un trastorno del estado de ánimo
cuando los síntomas provocan un malestar significativo, que se refleja en el
deterioro de la persona y de sus relaciones sociales, familiares o laborales.
Según la edad y el tipo de alteración del estado de ánimo, las personas pueden
presentar síntomas diferentes. A manera de orientación y sin fines diagnósticos,
puedo decirte algunas características de los trastornos del estado de ánimo.
Depresión
La depresión es una enfermedad que implica cambios en el humor,
en el pensamiento y en el comportamiento. La diferencia entre un sentimiento
normal de tristeza y una depresión, es la magnitud de los cambios de humor, la duración
y los efectos que produce. Si los síntomas provocan dificultades para trabajar, ir a la
escuela o mantener relaciones sanas con otras personas, ya hablamos de indicios de
una alteración que puede tornarse seria.
Las señales que pueden indicar un trastorno del estado de ánimo son:
sentimientos persistentes de tristeza, desesperanza, desamparo, baja autoestima,
sensación de ineptitud, culpabilidad excesiva, deseos de morir, hipersensibilidad, desinterés
en actividades que antes se disfrutaban, dolores frecuentes de cabeza o de estómago, disminución
en la cantidad de actividades cotidianas, sensación de vacío, llanto frecuente, enlentecimiento
corporal, lapsos de irritabilidad, pérdida o aumento de peso y apetito, dormir mucho o no
poder conciliar el sueño, pérdida de energía y disminución de la capacidad para
pensar, decidir o concentrarse.
Trastorno bipolar
El trastorno bipolar es una enfermedad marcada por cambios extremos
en el estado de ánimo, el pensamiento, la energía y el comportamiento.
Es conocido como trastorno bipolar, porque el estado de ánimo de una persona
puede cambiar drásticamente de la euforia a la depresión y viceversa.
Al igual que la depresión y otras enfermedades graves, el trastorno bipolar
puede afectar de manera negativa en las relaciones del paciente, ya sea con la pareja,
los familiares, las amistades o los compañeros de trabajo. Tanto hombres como mujeres,
de cualquier edad, pueden desarrollar esta enfermedad.
Mas allá de cualquiera de nuestras posturas, este documental sirve para reflexionar.
La Psiquiatría: Industria de la Muerte
el peligro y se manifiesta mediante un conjunto de respuestas psicológicas y fisiológicas.
Existe un problema serio de ansiedad, cuando los síntomas
provocan un malestar importante o un deterioro en las relaciones familiares,
sociales, laborales o de otras áreas importantes de la persona que lo padece.
Los factores que participan en el desarrollo de un trastorno de ansiedad,
pueden ser biológicos, psicológicos o circunstanciales.
Muchas personas experimentan desajustes cerebrales. Otras
enfrentan dificultades de adaptación, conductas aprendidas, experiencias
traumáticas, ansiedad colectiva o ciertas predisposiciones.
La ansiedad también puede ser provocada por factores
secundarios como el consumo excesivo de cafeína, alcohol y otras drogas.
Ciertas enfermedades médicas también causan trastornos de ansiedad.
Es fundamental que el paciente se someta a una evaluación profesional,
debido a que los padecimientos de ansiedad tienen diferentes modalidades de
aparición en cada persona y pueden confundirse con otras enfermedades o trastornos.
Estos trastornos se clasifican en:
ansiedad generalizada, fobia específica, fobia social, estrés postraumático,
agorafobia, ataques de pánico o angustia y trastorno obsesivo-compulsivo.
Enseguida explico brevemente cada uno de ellos.
Ansiedad generalizada
La ansiedad generalizada está asociada con preocupaciones crónicas,
excesivas y aprensivas que son muy difíciles de controlar.
Por ejemplo, miedo a que algún familiar o la misma persona que sufre
este trastorno, puedan tener un accidente, enfermarse o morir.
Este temor implica anticipar desastres todo el tiempo, mostrarse
excesivamente ansioso por la salud, el dinero, la familia o el trabajo,
aún cuando no existan motivos para hacerlo.
Este comportamiento mantiene al paciente en un estado enfermizo,
que dura casi todo el día y afecta la calidad del sueño por la noche.
A diferencia de las fobias, la ansiedad es constante, no se limita a un evento
específico y no se presenta exclusivamente en forma de crisis.
Este trastorno puede presentar síntomas como:
nerviosismo, irritabilidad, impaciencia, fatiga, inquietud, dificultad para
concentrarse, tensión muscular, tics, temblores, dolor de cabeza, movimientos
en las piernas, incapacidad para relajarse, alteraciones del sueño, sudoración,
taquicardias, mareos, problemas gastrointestinales, sequedad en la boca, mareos,
respiración agitada y una sensación de tener un nudo en la garganta.
Fobia específica
Es frecuente que se confunda la fobia con el miedo. Sin embargo,
son dos conceptos diferentes. El miedo es una respuesta emocional normal
ante el peligro, mientras que la fobia es una forma especial de miedo, es una
reacción desproporcionada, fuera del control de la persona, por lo que se hace
indispensabel la evitación total del objeto o de la situación estresante.
Las personas pueden tener fobia a un objeto o a una situación determinada.
Aunque la lista es larga, las fobias más frecuentes son:
a la obscuridad, a las alturas, a las arañas, a los espacios cerrados, a conducir
en carretera, a los perros, a los pájaros, a la muerte, a la sangre, a los payasos o al agua.
La fobia no es solo miedo al extremo, es un miedo irracional.
La persona puede comprender que su angustia no tiene sentido, pero
el enfrentar el evento causante de la fobia, puede provocarle un ataque de pánico.
Fobia Social
La fobia social es un miedo intenso de llegar a sentirse humillado en
situaciones sociales o colocarse en una situación vergonzosa frente a los demás.
La persona tiene la idea de que es incompetente. Exagera sus errores y puede
temer a la gente no allegada. Su fobia se manifiesta con una excesiva ansiedad cuando
tiene que hablar con una autoridad o cuando tiene que aceptar una invitación.
Estos individuos no necesariamente son tímidos, pueden sentirse
cómodos con otras personas, pero en situaciones especiales pueden sentir ansiedad.
Aunque comprenden que sus temores son irracionales, experimentan una
gran aprensión antes de enfrentarse a la situación que temen y tratan de evitarla.
Cuando pasa el evento estresante, la sensación desagradable continúa con la
preocupación acerca de lo que los demás hayan pensado de ellos.
Los tipos de fobia social más comunes son: hablar en público, asistir a
fiestas, comer fuera de casa, hablar por teléfono o escribir en presencia de otros.
Trastorno por estrés postraumático
Consiste en una condición estresante que sigue a un evento de terror.
Quienes lo padecen tienen recuerdos y pensamientos espantosos de su
experiencia y se sienten emocionalmente paralizadas.
Este trastorno lo padecen los sobrevivientes a las guerras, secuestros,
asaltos, accidentes graves, desastres naturales, violaciones o tortura.
El evento que desata este trastorno puede ser algo que se vio o algo que se vivió.
Las personas vuelven a vivir el trauma en forma de pesadillas y
recuerdos inquietantes. Pueden tener problemas de sueño, depresión,
indiferencia, entumecimiento o sobresaltos. Pueden perder el interés por cosas
que antes les gustaban y les causaban alegría. Además, les cuesta trabajo sentir afecto.
El ver cosas que les recuerdan el incidente, puede ser molesto. Evitan
lugares o situaciones que les traen a la mente esas memorias.
El trastorno puede provocar depresión, ansiedad o abuso de substancias.
Se irritan fácilmente y en casos severos, los afectados pueden tener
dificultad para trabajar o para socializar.
Los eventos ordinarios pueden traer el trauma a la mente e iniciar recuerdos
retrospectivos o imágenes intrusivas. Un recuerdo retrospectivo puede hacer que
la persona pierda contacto con la realidad y vuelva a vivir el evento de manera muy vívida.
La ansiedad postraumática puede hacerse crónica si no se atiende.
Agorafobia
La agorafobia es tener miedo al miedo. Quienes padecen este
trastorno, temen a las situaciones que puedan generarles ansiedad.
Entre estos temores están:
miedo a vivir una crisis de pánico, desmayarse, sufrir un infarto,
perder el control, morir,hacer el ridículo, etc.
El trastorno se genera por haber tenido alguna experiencia negativa.
La persona, al evitar situaciones parecidas, desarrolla un mecanismo de
aprendizaje que permite que el problema persista.
La agorafobia está relacionada con el temor intenso a los espacios
públicos en que pueden presentarse aglomeraciones y suele desarrollar
otras fobias como anuptafobia, claustrofobia, acrofobia, fobia social, etc.
Al agorafóbico, le provoca ansiedad el hecho de salir de casa, quedarse
solo, usar el transporte público, ir de compras o al cine, estar en restaurantes,
hacer deporte, viajar, estar en lugares públicos, etc.
Esta conducta representa un doble problema porque el aislamiento genera más ansiedad.
Ataque de pánico
Quienes padecen trastornos de pánico, experimentan
sensaciones súbitas de terror sin motivo.
No pueden anticipar cuando les va a ocurrir,
por eso tienen una continua preocupación y angustia de que
en cualquier momento se va a presentar otro ataque.
Cuando llega un ataque de pánico, lo más probable es que la
persona sufra palpitaciones y se sienta sudoroso, débil o mareado.
Puede sentir cosquilleo o entumecimiento físico y posiblemente se
sienta sofocado o con escalofríos. Puede experimentar dolor en el pecho o ahogo.
La persona puede, en realidad, creer que está sufriendo un ataque
al corazón, que está perdiendo la razón o que está al borde de la muerte.
El ataque puede ocurrir a cualquier hora y dura de dos a diez minutos.
Un trastorno así, si no se atiende, puede llegar a causar invalidez.
El trastorno de pánico puede engendrar fobias relacionadas
con lugares o situaciones donde los ataques de pánico han ocurrido.
Por ejemplo, si la persona experimenta un ataque de pánico en un elevador,
es posible que llegue a sentir miedo de subir a los elevadores.
Existe un alto riesgo de que estas personas desarrollen un trastorno
de agorafobia. Sin embargo, un tratamiento oportuno
puede detener el progreso de la enfermedad.
Trastorno obsesivo-compulsivo
El trastorno obsesivo-compulsivo, se caracteriza por conductas
ansiosas que son muy difíciles de controlar. Quien lo padece, puede tener
pensamientos o imágenes persistentes de una necesidad urgente de celebrar ciertos ritos.
Una persona puede estar obsesionada con los gérmenes y se lava
las manos muchas veces. Puede estar lleno de dudas y sentir la necesidad
de reconfirmar las cosas una y otra vez. Puede pasar largos períodos de tiempo
tocando las cosas, contando o estar preocupado por el orden, la limpieza y la simetría.
Muchos adultos con este problema de salud, reconocen que lo
que hacen no tiene sentido, pero no pueden evitarlo. Sin embargo,
muchas personas no comprenden que su comportamiento no es normal.
Algunas personas con un trastorno obsesivo-compulsivo, también
sufren de trastornos alimenticios.
Duelo
El duelo es un proceso sentimental doloroso y duradero,
mediante el cual una persona enfrenta una pérdida
importante en su vida.
Una pérdida importante puede ser la muerte de un ser querido,
la ruptura de una relación sentimental, la ausencia de una persona significativa,
cesar o cambiar de trabajo, un fracaso personal, irse a vivir a otro país, etc.
Los procesos de duelo varían de acuerdo al tipo de pérdida.
Algunas situaciones son muy complejas y dolorosas, por ejemplo,
cuando la muerte es súbita, cuando el fallecido es muy cercano y sobre
todo cuando muere un hijo, independientemete de su edad.
Las reacciones pueden variar a cada momento. Las personas experimentan
sentimientos entrecruzados de tristeza, dolor, desesperanza, coraje, etc.
Algunos autores afirman que el duelo puede durar hasta dos años.
En mi opinión, pienso que el duelo puede durar toda la vida. Es decir, que la
pérdida puede perdurar a través del tiempo, lo que cambia es que las personas
aprendemos a vivir de la mejor manera posible, a pesar de las circunstancias.
Cuando las personas no pueden sobreponerse, padecen
trastornos, enferman con frecuencia, se declaran incapacitados para trabajar o
las alteraciones afectan su actividad física y psicológica de manera importante,
es recomendable que busquen un acompañamiento terapéutico.
Tendencia suicida
Ante un evento suicida, consumado o frustrado, tanto los familiares
como la pareja y el sobreviviente, quedan con un severo daño psicológico.
El acto de quitarse la vida tiene significados distintos.
Dependiendo del contexto, el hecho de provocarse la muerte puede
representar un pecado, un delito, una solución a los problemas, un acto
heroico, una forma honorable de morir, un acto cobarde o un sinónimo de impotencia.
Sin embargo, solo se considera suicidio cuando el motivo es morir sin más.
Por ello, los hombres bomba y los mártires no se consideran suicidas,
dado que actúan en nombre de una creencia.
Tampoco son suicidas los que se sacrifican por otros en casos
de emergencia, ni los soldados que mueren en una guerra, ni cuando la
muerte es causada por una sobredosis accidental de drogas o medicamentos.
Las señales suicidas que requieren de una atención psicológica inmediata son:
la ideación suicida, la tentativa, el suicidio frustrado y los suicidios parciales.
La ideación suicida significa tener pensamientos de muerte.
La tentativa o gesto suicida, se caracteriza por la impulsividad
y el uso de métodos letales, sin fines reales de quitarse la vida.
En un caso así, no existe la voluntad de morir, más bien es una
forma de pedir ayuda o un intento para lograr un beneficio secundario.
El suicidio frustrado es haber intentado quitarse la vida y no haberlo logrado.
El suicidio parcial representa las automutilaciones o la sitofobia (no comer).
En otros casos, las personas pueden tener ideas suicidas y no lo han
manifestado ni se lo han contado a nadie. Se entregan al alcoholismo y a las
toxicomanías, practican conductas de alto riesgo, quizás aleatorias (ordalías), que
consisten en actos casi suicidas que dependen de la suerte. Otros se arriesgan por
medio de la conducción temeraria de vehículos motorizados.
En otras circunstancias, el suicidio puede ser inducido por un trastorno mental,
siendo principalmente la enfermedad lo que provoca el suicidio y no la lógica del individuo.
Las características de personalidad juegan un papel importante en el comportamiento
suicida. Se ha comprobado, que la gente con tendencias suicidas, tiene dificultades para
resolver problemas, su pensamiento es dicotómico (todo o nada) y son poco flexibles.
Exhiben un bajo umbral para el dolor, tienen una red social limitada
y experimentan un estrés intenso constantemente.
Bajo esta perspectiva, el comportamiento suicida es visto como un
comportamiento aprendido, enfocado a la resolución de problemas y empleado
cuando el individuo siente que no tiene otra opción.
Los factores de riesgo que se observan en la conducta suicida son:
enfermedades mentales, aislamiento, agresividad, impulsividad, un comportamiento
suicida familiar, un intento suicida previo, la ruina financiera y las adicciones.
Angustia
Los trastornos afectivos o del estado de ánimo, incluyen
todos los tipos de depresión y el trastorno bipolar.
Es normal que todas las personas podamos estar tristes o contentos algunas veces.
Sin embargo, los trastornos del estado de ánimo son algo más profundo.
Los desórdenes del estado de ánimo, son los problemas que atendemos
con más frecuencia en el consultorio. Las causas pueden ser biológicas o psicológicas
y, tanto los niños, como los adolescentes y los adultos, pueden desarrollar éstas
alteraciones en algún momento de su vida.
Los motivos biológicos, radican en la herencia genética o en un desequilibrio
químico del cerebro. Los factores psicológicos, pueden ser acontecimientos estresantes
como la ruptura de una relación, la muerte de un ser querido y otras situaciones
que generan sentimientos profundos de tristeza.
Existen niveles para cada trastorno que van desde leves a moderados o graves.
Por ello, es importante someterse a una evaluación que permita determinar que
tipo de trastorno padece el paciente y así elaborar el tratamiento adecuado.
Se empieza a sospechar que existe un trastorno del estado de ánimo
cuando los síntomas provocan un malestar significativo, que se refleja en el
deterioro de la persona y de sus relaciones sociales, familiares o laborales.
Según la edad y el tipo de alteración del estado de ánimo, las personas pueden
presentar síntomas diferentes. A manera de orientación y sin fines diagnósticos,
puedo decirte algunas características de los trastornos del estado de ánimo.
Depresión
La depresión es una enfermedad que implica cambios en el humor,
en el pensamiento y en el comportamiento. La diferencia entre un sentimiento
normal de tristeza y una depresión, es la magnitud de los cambios de humor, la duración
y los efectos que produce. Si los síntomas provocan dificultades para trabajar, ir a la
escuela o mantener relaciones sanas con otras personas, ya hablamos de indicios de
una alteración que puede tornarse seria.
Las señales que pueden indicar un trastorno del estado de ánimo son:
sentimientos persistentes de tristeza, desesperanza, desamparo, baja autoestima,
sensación de ineptitud, culpabilidad excesiva, deseos de morir, hipersensibilidad, desinterés
en actividades que antes se disfrutaban, dolores frecuentes de cabeza o de estómago, disminución
en la cantidad de actividades cotidianas, sensación de vacío, llanto frecuente, enlentecimiento
corporal, lapsos de irritabilidad, pérdida o aumento de peso y apetito, dormir mucho o no
poder conciliar el sueño, pérdida de energía y disminución de la capacidad para
pensar, decidir o concentrarse.
Trastorno bipolar
El trastorno bipolar es una enfermedad marcada por cambios extremos
en el estado de ánimo, el pensamiento, la energía y el comportamiento.
Es conocido como trastorno bipolar, porque el estado de ánimo de una persona
puede cambiar drásticamente de la euforia a la depresión y viceversa.
Al igual que la depresión y otras enfermedades graves, el trastorno bipolar
puede afectar de manera negativa en las relaciones del paciente, ya sea con la pareja,
los familiares, las amistades o los compañeros de trabajo. Tanto hombres como mujeres,
de cualquier edad, pueden desarrollar esta enfermedad.
Mas allá de cualquiera de nuestras posturas, este documental sirve para reflexionar.
La Psiquiatría: Industria de la Muerte