Enfermedades de la mente: cuáles son y cómo combatirlas
A lo largo de la historia, la locura no ha sido considerada una enfermedad mental sino una cuestión moral o espiritual. La identificación de la locura como enfermedad es relativamente reciente. Fue a partir de 1790, con los estudios realizados por el médico francés Philippe Pinel, cuando la especialidad de la psiquiatría comenzó a tomarse en serio. En ese momento se empezó a hacer una clasificación científica de los trastornos mentales según sus características.
No existe un acuerdo unánime en cuanto a una clasificación universal de los trastornos mentales.
Clasificación
No existe un acuerdo unánime en cuanto a una clasificación universal de los trastornos mentales. Generalmente, los sistemas de clasificación suelen ser inexactos, y varían según los criterios que se utilicen. Así, en la mayor parte de las clasificaciones se reconocen los trastornos infantiles- como por ejemplo, el retraso mental- como categorías separadas de los trastornos adultos.
También se distinguen entre trastornos orgánicos, que son los más graves y están provocados por una causa somática; fisiológicos, relacionados con una lesión estructural en el cerebro, y trastornos no orgánicos, a veces denominados funcionales, considerados más leves.
En función de la gravedad y de la base orgánica se pueden distinguir los trastornos psicóticos y los neuróticos. La psicosis se caracteriza por una pérdida del contacto con la realidad, y los casos de esta enfermedad son muy escasos. Los casos de neurosis son bastante abundantes en relación con los de psicosis. Sus características son estados de malestar y ansiedad, pero sin llegar a perder el contacto con la realidad. Entre los casos más frecuentes de psicosis encontramos la esquizofrenia, la paranoia y las formas extremas de depresión (como la psicosis maniaco-depresiva). Entre las neurosis, podemos incluir las fobias, la histeria, los trastornos obsesivo-compulsivos, la hipocondría y, en general, todos aquellos que provocan una alta dosis de ansiedad sin que exista una desconexión con la realidad.[
A lo largo de la historia, la locura no ha sido considerada una enfermedad mental sino una cuestión moral o espiritual. La identificación de la locura como enfermedad es relativamente reciente. Fue a partir de 1790, con los estudios realizados por el médico francés Philippe Pinel, cuando la especialidad de la psiquiatría comenzó a tomarse en serio. En ese momento se empezó a hacer una clasificación científica de los trastornos mentales según sus características.
No existe un acuerdo unánime en cuanto a una clasificación universal de los trastornos mentales.
Clasificación
No existe un acuerdo unánime en cuanto a una clasificación universal de los trastornos mentales. Generalmente, los sistemas de clasificación suelen ser inexactos, y varían según los criterios que se utilicen. Así, en la mayor parte de las clasificaciones se reconocen los trastornos infantiles- como por ejemplo, el retraso mental- como categorías separadas de los trastornos adultos.
También se distinguen entre trastornos orgánicos, que son los más graves y están provocados por una causa somática; fisiológicos, relacionados con una lesión estructural en el cerebro, y trastornos no orgánicos, a veces denominados funcionales, considerados más leves.
En función de la gravedad y de la base orgánica se pueden distinguir los trastornos psicóticos y los neuróticos. La psicosis se caracteriza por una pérdida del contacto con la realidad, y los casos de esta enfermedad son muy escasos. Los casos de neurosis son bastante abundantes en relación con los de psicosis. Sus características son estados de malestar y ansiedad, pero sin llegar a perder el contacto con la realidad. Entre los casos más frecuentes de psicosis encontramos la esquizofrenia, la paranoia y las formas extremas de depresión (como la psicosis maniaco-depresiva). Entre las neurosis, podemos incluir las fobias, la histeria, los trastornos obsesivo-compulsivos, la hipocondría y, en general, todos aquellos que provocan una alta dosis de ansiedad sin que exista una desconexión con la realidad.[