Ni bien apenas comenzamos a dudar de la existencia del bien y el mal, se nos presenta otra pregunta: ¿qué es realmente necesario?. Y entonces allí nos acercamos a la costa.
Los amaneceres cada vez son mas cortos a medida que nos hacemos viejos. También lo son las siestas, las tardes y las noches. Lo que antes nos divertía, hoy parece asustarnos.
El abrumador paso del tiempo no es más que una aguda tortura cada día. A medida que se acrecenta la preocupación, nos vamos rindiendo poco a poco al reloj, hasta que éste nos domina completamente. Entonces tomas tu barcaza, elemental y poco estable, y te emprendes a surcar las aguas.
Todo marcha lento pero luego se acelera, y pronto vemos navegando en un mar de circunstancias, problemas y anhelos.
Y luego esa cuestión nos vuelve a atacar sin aviso: ¿qué es realmente necesario?. Navegar por un mar agitado, cruzando formidables oleajes para reencontrarse con la calma, parece ser nuestra destinación. Quizás luego podremos volver a remar con dificultad, omitiendo las cartas y dejándonos llevar hacia el extenso océano.
Los amaneceres cada vez son mas cortos a medida que nos hacemos viejos. También lo son las siestas, las tardes y las noches. Lo que antes nos divertía, hoy parece asustarnos.
El abrumador paso del tiempo no es más que una aguda tortura cada día. A medida que se acrecenta la preocupación, nos vamos rindiendo poco a poco al reloj, hasta que éste nos domina completamente. Entonces tomas tu barcaza, elemental y poco estable, y te emprendes a surcar las aguas.
Todo marcha lento pero luego se acelera, y pronto vemos navegando en un mar de circunstancias, problemas y anhelos.
Y luego esa cuestión nos vuelve a atacar sin aviso: ¿qué es realmente necesario?. Navegar por un mar agitado, cruzando formidables oleajes para reencontrarse con la calma, parece ser nuestra destinación. Quizás luego podremos volver a remar con dificultad, omitiendo las cartas y dejándonos llevar hacia el extenso océano.