Esta es la triste historia de un lince desahuciado.
El título lo dice todo, pero voy a entrar en detalles. Yo estudio en la Universidad Nacional de Córdoba, llevo 2 años en mi carrera de artes y diseño.
(*Oh, esa uni se puede ver)
Allí conocí a una linceña, es bonita la pendeja, piel pálida, bajita y de ojos verdes, más o menos como ésta:
Hasta acá todo bien, el año pasado hablábamos y yo ya sabía que tenía novio porque me lo había dicho, lo que nunca hubiese sospechado es que este hdp le iba a llenar el bombo.
Y bueno, yo veía que estaba media gordita a mediados del año pasado, pero supuse que le pintaba el bajón por ahí y bueh...
Ahora lo que me da una mezcla de risa y depresión es que hacen 2 semanas maso empezó a venir una chica con un carrito; yo me sentaba al lado de ella y veía que se paseaba con el bebé por el curso tratando de calmarlo y pensé ''bueno debe ser una recursante''.
La verdad es que no, no era una puta recursante, era ella, era Bianca, la chica de la que había estado enamorado estos dos años. Y yo le había sonreído todo este tiempo, y yo le había mirado los ojos color menta y nunca me percaté que aquella madre tan bonita podía ser ella.
La había confundido, me había perdido, tal vez estuve pensando en otras cosas sin importancia; por eso nunca me pregunté en dónde estaba Bianca, ¿había abandonado?, quién sabe, ni siquiera la tenía en facebook para preguntarle, porque era un maricón que jamás se atrevió a hablar con ella más que de materias y cosas irrelevantes respecto a la facultad. Así fue, y así es, la había confundido, porque su nuevo rol maternal la había hecho adelgazar, se había cortado el pelo, lucía más radiante; el parto te cambia, te rejuvenece dicen... La confundí... Me perdí...
