Se les ha criticado por su bajo valor nutricional y, en los últimos años, existe fuerte rumor acerca de que su consumo causa cáncer o asma. ¿Qué hay de cierto en ello?
Alimentos prefabricados y comida rápida están invadiendo las mesas de los mexicanos al ofrecerse como medio práctico e higiénico para todas aquellas personas que carecen de tiempo para preparar y degustar platillos que conforman dieta completa. Lo anterior también ha sido aprovechado por quienes sienten flojera o disgusto por cocinar.
En este contexto, las sopas instantáneas ocupan lugar preponderante; tan sólo consideremos que en México al día se consumen más de 4 millones de vasos. Este producto ingresó al mercado nacional a principios de la década de 1990 y, a partir de entonces, su presencia se ha expandido al grado de estar disponible en cualquier establecimiento de abarrotes y autoservicio, incluso en las comunidades más alejadas.
Pese a la gran aceptación que tienen, son altamente criticadas por considerarse poco sanas; así, han ganado el calificativo de “comida chatarra”. “Este término ya está cayendo en desuso, sobre todo en Nutriología, porque la realidad es que cualquier alimento siempre va a contener compuestos que de alguna manera nutren, por ejemplo, carbohidratos, proteínas y grasas”, refiere Gabriela Noriega, licenciada en Nutrición y Ciencia de los Alimentos egresada de la Universidad Iberoamericana.
Y agrega que, sin embargo, muchos de esos comestibles contienen calorías vacías (de poca utilidad), así como gran cantidad de carbohidratos simples, grasas saturadas y/o aditivos, es decir, compuestos que les restan valor dentro de la alimentación saludable y balanceada, y que son responsables de sobrepeso y enfermedades.