La soledad es una cuestión necesaria si uno quiere profundizar, a veces acompañada del dolor pero aparece muchas veces como un cambio renovador. Tal vez era el momento de volver, de sentir que estas solo y acordarte que después de un amor, de momentos felices, y nostalgias reanimadas, que al final de todo eso, el protagonista sos vos. Puedes bajar los brazos, perder la calma, angustiarte sin más como si no hubiera otra opción; pero el que convive con uno todos los días, es uno. Si te desespera mantener un dialogo contigo en tu cabeza, probablemente el mundo te desespere tanto, como un canilla rota perdiendo gota a gota lo que el tanque de la vida tiene reservado para darte. No hay nada malo en volver armarse, buscar pieza por pieza, descubrir si hay algo que no estaba, analizar si funciona o ya es necesario cambiarla. Puesto que somos personas, si no miramos a lo profundo y lo amplio lo que somos y hemos dejado de ser, solo seremos voces sin sentido, pensamientos sin sueños de convertirse en realidad, y tal cual... un delirio. La soledad es una invitación, me animaría a decir que viene acompañado contigo, como si te miraras en un espejo, invitación de apuntar nuevos objetivos, y creo que al final de cuentas, cuando atamos cabos sueltos, nos percatamos que llegó en el momento indicado, con precisión de cirujano para examinar la realidad que a veces nos encargamos de ocultar. Por eso, lo último que me permito decirte, es que, si ponemos bajo un tapete algún hecho real de nuestra vida, nos estamos mintiendo a nosotros mismos, dándole peso al corazón, dándole razones al inconsciente y que estos todas las noches nos acosen.
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Agradezco a los momentos de mi vida que me permitieron comprender esto en su esencia desde el lado menos mas positivo y poco abundado por la mayoría.