




• Hola! Bienvenidos a mi nuevo post de creppypastas, espero que les guste.. 




PESADILLA EN EL SUBTERRANEO
Paula había bebido mas de la cuenta por lo que aquella noche regresaría temprano a casa, se sentía bastante mal y muy mareada pero como era relativamente temprano decidió que en lugar de gastarse su dinero en un taxi, como hacía habitualmente cuando regresaba de la discoteca, aprovecharía que el Metro aún seguía abierto para ahorrarse unos cuantos euros.
El trayecto era largo y las pocas personas que viajaban en su vagón parecían tan cansadas como ella, sólo un grupo de amigos que bromeaban al fondo del tren hacían el suficiente ruido con sus bromas y risas para mantenerla despierta, pero cada vez tenía que luchar con más fuerza para no quedarse dormida. Por desgracia en la siguiente estación tenía que hacer un transbordo así que se bajó y tras caminar por los pasillos de la estación llegó al andén en el que abordaría el metro que la llevaría a casa.
El cartel luminoso avisaba que el próximo tren tardaría seis minutos en llegar, por lo que Paula decidió esperar sentada en uno de los bancos junto al andén. El silencio y la soledad de esa estación provocaron lo inevitable y a pesar de sus esfuerzos se durmió y casi sin darse cuenta se recostó en el banco usándolo como si fuera una cama. Era tan profundo su sueño provocado por la borrachera que cuando pasó el último metro de la noche ni siquiera lo sintió pasar.
Hasta pasada más de una hora no se despertó, por suerte la borrachera parecía haberse esfumado parcialmente tras la cabezadita, pero algo parecía no ir bien. El cartel que avisaba la llegada del próximo tren estaba apagado y al mirar la hora en su teléfono móvil se dio cuenta que eran casi las dos de la mañana.
Asustada empezó a subir las escaleras mecánicas de la estación, que ya estaban apagadas, para salir de allí. La parada en la que tenía que hacer trasbordo era una de las más antiguas, viejas y pequeñas de la ciudad por lo que la sensación de agobio y miedo eran mucho más intensas. Al llegar a la salida la peor de sus pesadillas se hizo realidad. Las puertas estaban cerradas y no había nadie en la estación por lo que por más que gritara nadie podría escucharla desde la calle. Además su teléfono estaba sin cobertura, esas malditas estaciones casi nunca tenían señal y las puertas de cristal herméticamente cerradas la separaban del exterior aún por unos cuentos metros.
Paula no sabía que hacer, miraba a las cámaras de seguridad y hacía gestos esperando que alguien desde algún puesto de control pudiera verla, pero ella misma sabía que eso era imposible, no había nadie controlando las cámaras porque la estación había sido cerrada desde fuera.
¿Cómo era posible que nadie la despertara? ¿No tenían los guardias de seguridad que comprobar que nadie quedara dentro de la estación antes de cerrar?
Su miedo se convertía por momentos en cólera y confusión. Desde luego no podía esperar hasta que a la mañana siguiente abrieran de nuevo el Metro, faltaban más de cuatro horas para que se reiniciara el servicio y si llegaba a casa a las 7 de la mañana su padre probablemente la mataría.
Con la mente aún nublada por el alcohol decidió que lo mejor que podía hacer era caminar por los raíles del tren hasta la siguiente parada. El camino era oscuro y realmente tétrico pero sabía que su destino no estaba muy lejos y gracias a la luz del flash de su teléfono podría alumbrar el camino. La siguiente estación era una de las más importantes, con gran cantidad de líneas y recientemente había sido remodelada por lo que estaba segura que allí podría encontrar a alguien que la permitiera salir a la calle donde abordaría un taxi.
La idea parecía muy buena, pero a la hora de la verdad recorrer aquellos túneles era realmente escalofriante, un silencio casi sepulcral hacía que hasta la más leve de sus pisadas resonaran con el eco de las paredes. Se podían escuchar los chirridos de las ratas y el goteo de algunas zonas en las que parecía que había leves escapes de agua.
Sus pasos eran cortos y se detenía a menudo a escuchar porque sentía como si alguien la observara desde la oscuridad. El miedo la invadía y paralizaba por momentos, pero ya era demasiado tarde para volverse atrás, debía estar casi a mitad de camino cuando unas voces la alertaron. Por un momento pensó en gritar para que supieran que estaba allí pero decidió ser cauta y apagar la luz de su teléfono mientras se escondía en un estrecho pasillo que había en un lateral del túnel.
Mientras permanecía escondida y en silencio pudo ver la figura de dos hombres bastante corpulentos, sus ojos cada vez se adaptaban más a la escasa iluminación de las luces de emergencia que había cada muchos metros en el túnel. Ambos parecían discutir acaloradamente por un cartón de vino y a escasos metros de donde se encontraba Paula comenzaron los empujones y golpes. El más grande de ellos le propinó un puñetazo que tumbó al otro y gloriosamente alzó su trofeo mientras de un trago se bebía casi la mitad del contenido del cartón de vino.
El más pequeño enfurecido sacó un cuchillo de la espalda y se lo clavó repetidamente en el cuello a su rival, realmente se ensañó con su cadáver y a pesar de la poca luz Paula pudo ver con claridad como tenía toda la cara manchada de sangre. Recogió el poco vino que quedaba y se lo tomó de un trago.
Paula estaba temblando del miedo, no se atrevía ni a respirar y desde luego mucho menos a moverse, si estaba lo suficientemente quieta tal vez el vagabundo asesino se iría de allí sin verla. Pero la casualidad no se quiso aliar con ella y justo cuando el asesino se daba la vuelta para marcharse del lugar la batería de su teléfono la delató. Un incesante pitido advirtiendo que la carga estaba a punto de agotarse comenzó a sonar y el vagabundo se giró de inmediato.
¿Hay alguien ahí? Puedo escucharte, ¡Sal inmediatamente o te rajo!
La pobre chica se quedó petrificada y no sabía como actuar mientras el asesino se acercaba a ella. Por instinto decidió tirarle el teléfono con tan mala puntería que este pasó por encima del vagabundo y golpeó la pared del fondo. Él, que todavía no había visto a la chica, escuchó un ruido a sus espalda y se giró, momento que aprovechó Paula para salir de la oscuridad y empujarle a la vez que salía corriendo.
El vagabundo enfureció de tal manera que no dejaba de gritar e insultar a Paula, se levantó y comenzó a perseguirla por los túneles. Ella no era una buena deportista pero el miedo se apoderó de sus piernas y le dio fuerza para correr dejando atrás los zapatos de medio tacón que llevaba aquella noche, sus pies se ensangrentaron mientras corría sobre la gravilla y guijarros del suelo de túnel. Sin embargo el miedo era más fuerte que el dolor y no se detuvo a pesar de que en varias ocasiones estuvo a punto de caerse al tropezar por culpa de la casi total oscuridad de su ruta de huída.
Al llegar a la estación Paula ya había logrado sacar unos cuantos metros a su perseguidor y subió al andén para adentrarse en los pasillos que la llevaban a la salida del Metro. A sus piernas empezaban a fallarle las fuerzas pero no se podía parar a descansar así que casi extenuada subió el último tramo de escaleras.
Lo que vio allí la heló la sangre, la estación estaba al igual que la anterior cerrada y no parecía haber nadie, comenzó a gritar desesperada, a gesticular a las cámaras y golpear las puertas. Pero su perseguidor que conocía a la perfección los horarios y hábitos de los trabajadores del metro ya había subido la escalera y la había cortado toda posible ruta de escape.
El asesino se abalanzó sobre ella y tras inmovilizarla la violó y sometió durante más de una hora. Cuando había saciado todos sus apetitos sexuales sacó de nuevo el oxidado y ensangrentado cuchillo con el que había matado al otro vagabundo y se lo hundió repetidamente en el pecho hasta que Paula dejó de patalear y murió con una horrible expresión de terror en su rostro.
Al día siguiente los trabajadores se encontraron con un surco de sangre que se perdía en la profundidad del túnel, asustados deciden revisar las cintas de vídeo que grabaron esa noche y pudieron observar la desgarradora escena de la violación y asesinato y como el vagabundo arrastraba el cuerpo de Paula dejándolo caer escaleras abajo para de nuevo arrastrarlo hasta la oscuridad de las vías del tren.
La policialocalizo los dos cuerpos pero no encontraron rastro del asesino, del cual se rumora que sigue utilizando los tuneles como escondite.
El trayecto era largo y las pocas personas que viajaban en su vagón parecían tan cansadas como ella, sólo un grupo de amigos que bromeaban al fondo del tren hacían el suficiente ruido con sus bromas y risas para mantenerla despierta, pero cada vez tenía que luchar con más fuerza para no quedarse dormida. Por desgracia en la siguiente estación tenía que hacer un transbordo así que se bajó y tras caminar por los pasillos de la estación llegó al andén en el que abordaría el metro que la llevaría a casa.
El cartel luminoso avisaba que el próximo tren tardaría seis minutos en llegar, por lo que Paula decidió esperar sentada en uno de los bancos junto al andén. El silencio y la soledad de esa estación provocaron lo inevitable y a pesar de sus esfuerzos se durmió y casi sin darse cuenta se recostó en el banco usándolo como si fuera una cama. Era tan profundo su sueño provocado por la borrachera que cuando pasó el último metro de la noche ni siquiera lo sintió pasar.
Hasta pasada más de una hora no se despertó, por suerte la borrachera parecía haberse esfumado parcialmente tras la cabezadita, pero algo parecía no ir bien. El cartel que avisaba la llegada del próximo tren estaba apagado y al mirar la hora en su teléfono móvil se dio cuenta que eran casi las dos de la mañana.
Asustada empezó a subir las escaleras mecánicas de la estación, que ya estaban apagadas, para salir de allí. La parada en la que tenía que hacer trasbordo era una de las más antiguas, viejas y pequeñas de la ciudad por lo que la sensación de agobio y miedo eran mucho más intensas. Al llegar a la salida la peor de sus pesadillas se hizo realidad. Las puertas estaban cerradas y no había nadie en la estación por lo que por más que gritara nadie podría escucharla desde la calle. Además su teléfono estaba sin cobertura, esas malditas estaciones casi nunca tenían señal y las puertas de cristal herméticamente cerradas la separaban del exterior aún por unos cuentos metros.
Paula no sabía que hacer, miraba a las cámaras de seguridad y hacía gestos esperando que alguien desde algún puesto de control pudiera verla, pero ella misma sabía que eso era imposible, no había nadie controlando las cámaras porque la estación había sido cerrada desde fuera.
¿Cómo era posible que nadie la despertara? ¿No tenían los guardias de seguridad que comprobar que nadie quedara dentro de la estación antes de cerrar?
Su miedo se convertía por momentos en cólera y confusión. Desde luego no podía esperar hasta que a la mañana siguiente abrieran de nuevo el Metro, faltaban más de cuatro horas para que se reiniciara el servicio y si llegaba a casa a las 7 de la mañana su padre probablemente la mataría.
Con la mente aún nublada por el alcohol decidió que lo mejor que podía hacer era caminar por los raíles del tren hasta la siguiente parada. El camino era oscuro y realmente tétrico pero sabía que su destino no estaba muy lejos y gracias a la luz del flash de su teléfono podría alumbrar el camino. La siguiente estación era una de las más importantes, con gran cantidad de líneas y recientemente había sido remodelada por lo que estaba segura que allí podría encontrar a alguien que la permitiera salir a la calle donde abordaría un taxi.
La idea parecía muy buena, pero a la hora de la verdad recorrer aquellos túneles era realmente escalofriante, un silencio casi sepulcral hacía que hasta la más leve de sus pisadas resonaran con el eco de las paredes. Se podían escuchar los chirridos de las ratas y el goteo de algunas zonas en las que parecía que había leves escapes de agua.
Sus pasos eran cortos y se detenía a menudo a escuchar porque sentía como si alguien la observara desde la oscuridad. El miedo la invadía y paralizaba por momentos, pero ya era demasiado tarde para volverse atrás, debía estar casi a mitad de camino cuando unas voces la alertaron. Por un momento pensó en gritar para que supieran que estaba allí pero decidió ser cauta y apagar la luz de su teléfono mientras se escondía en un estrecho pasillo que había en un lateral del túnel.
Mientras permanecía escondida y en silencio pudo ver la figura de dos hombres bastante corpulentos, sus ojos cada vez se adaptaban más a la escasa iluminación de las luces de emergencia que había cada muchos metros en el túnel. Ambos parecían discutir acaloradamente por un cartón de vino y a escasos metros de donde se encontraba Paula comenzaron los empujones y golpes. El más grande de ellos le propinó un puñetazo que tumbó al otro y gloriosamente alzó su trofeo mientras de un trago se bebía casi la mitad del contenido del cartón de vino.
El más pequeño enfurecido sacó un cuchillo de la espalda y se lo clavó repetidamente en el cuello a su rival, realmente se ensañó con su cadáver y a pesar de la poca luz Paula pudo ver con claridad como tenía toda la cara manchada de sangre. Recogió el poco vino que quedaba y se lo tomó de un trago.
Paula estaba temblando del miedo, no se atrevía ni a respirar y desde luego mucho menos a moverse, si estaba lo suficientemente quieta tal vez el vagabundo asesino se iría de allí sin verla. Pero la casualidad no se quiso aliar con ella y justo cuando el asesino se daba la vuelta para marcharse del lugar la batería de su teléfono la delató. Un incesante pitido advirtiendo que la carga estaba a punto de agotarse comenzó a sonar y el vagabundo se giró de inmediato.
¿Hay alguien ahí? Puedo escucharte, ¡Sal inmediatamente o te rajo!
La pobre chica se quedó petrificada y no sabía como actuar mientras el asesino se acercaba a ella. Por instinto decidió tirarle el teléfono con tan mala puntería que este pasó por encima del vagabundo y golpeó la pared del fondo. Él, que todavía no había visto a la chica, escuchó un ruido a sus espalda y se giró, momento que aprovechó Paula para salir de la oscuridad y empujarle a la vez que salía corriendo.
El vagabundo enfureció de tal manera que no dejaba de gritar e insultar a Paula, se levantó y comenzó a perseguirla por los túneles. Ella no era una buena deportista pero el miedo se apoderó de sus piernas y le dio fuerza para correr dejando atrás los zapatos de medio tacón que llevaba aquella noche, sus pies se ensangrentaron mientras corría sobre la gravilla y guijarros del suelo de túnel. Sin embargo el miedo era más fuerte que el dolor y no se detuvo a pesar de que en varias ocasiones estuvo a punto de caerse al tropezar por culpa de la casi total oscuridad de su ruta de huída.
Al llegar a la estación Paula ya había logrado sacar unos cuantos metros a su perseguidor y subió al andén para adentrarse en los pasillos que la llevaban a la salida del Metro. A sus piernas empezaban a fallarle las fuerzas pero no se podía parar a descansar así que casi extenuada subió el último tramo de escaleras.
Lo que vio allí la heló la sangre, la estación estaba al igual que la anterior cerrada y no parecía haber nadie, comenzó a gritar desesperada, a gesticular a las cámaras y golpear las puertas. Pero su perseguidor que conocía a la perfección los horarios y hábitos de los trabajadores del metro ya había subido la escalera y la había cortado toda posible ruta de escape.
El asesino se abalanzó sobre ella y tras inmovilizarla la violó y sometió durante más de una hora. Cuando había saciado todos sus apetitos sexuales sacó de nuevo el oxidado y ensangrentado cuchillo con el que había matado al otro vagabundo y se lo hundió repetidamente en el pecho hasta que Paula dejó de patalear y murió con una horrible expresión de terror en su rostro.
Al día siguiente los trabajadores se encontraron con un surco de sangre que se perdía en la profundidad del túnel, asustados deciden revisar las cintas de vídeo que grabaron esa noche y pudieron observar la desgarradora escena de la violación y asesinato y como el vagabundo arrastraba el cuerpo de Paula dejándolo caer escaleras abajo para de nuevo arrastrarlo hasta la oscuridad de las vías del tren.
La policialocalizo los dos cuerpos pero no encontraron rastro del asesino, del cual se rumora que sigue utilizando los tuneles como escondite.

EL INEXPRESIVO
En junio de 1972, una mujer apareció en el hospital Cedro Senai en nada más que un vestido blanco cubierto de sangre. Esto no debería ser demasiado sorprendente, la gente a menudo tiene accidentes cerca y viene al hospital más cercano para la asistencia médica. Pero había dos cosas que causaron a la gente el deseo de vomitar y escapar de terror. El primero, es que ella no era exactamente un humano. Era algo parecido a un maniquí, pero tenía la destreza y la fluidez de un ser humano normal. Su cara, era tan impecable como los maniquíes, sin cejas ni maquillaje. La segunda razón por la cual la gente vomitaba o escapaba de terror, es que ella tenía un gatito apretado en medio sus dientes, sus mandíbulas apretaban de una manera tan fuerte al pequeño gatito al punto donde ningunos dientes podrían ser vistos, la sangre salía a chorro hacia fuera sobre su vestido y en el piso. Ella entonces lo sacó de su boca, lo abandonó y se desmayo.
. A partir del momento ella fue tomada a un espacio de hospital y limpiada antes de ser preparada para la sedación, ella se mostraba completamente tranquila, inexpresiva e inmóvil. Los doctores lo habían pensado mejor refrenarla hasta que las autoridades pudieran llegar y ella no protestó. Ellos eran incapaces de conseguir cualquier clase de respuesta de ella y la mayor parte de empleados se sintieron demasiado incómodos para mirar directamente ella por más que unos segundos. Pero cuando el personal intentó darle el calmante, ella se defendió con la fuerza extrema. Dos miembros de personal que la dominaban con su cuerpo se elevaron encima de la cama para sostenerla, su expresión estaba en blanco. Ella giró sus ojos impasibles hacia el doctor masculino e hizo algo insólito. Ella rió. En cuanto lo hizo la enfermera gritaba y quedando en shock se desmayo, ya que en la boca de la mujer no eran dientes humanos, solo unos puntos largos y agudos.
Era demasiado el tiempo que la mujer tenia los dientes así que al incrustárselos en sus labios no sentía ningún dolor, el doctor la miró fijamente durante un momento antes de la petición ” Qué mierda es usted? ” Ella se libero de los doctores que aun la sostenían espantados, todavía sonriendo. Había una pausa larga, la seguridad había sido alertada y podría ser oída bajando el vestíbulo. Como ella los oyó, se lanzó adelante, hundiendo sus dientes en el cuello del Doctor, arrancando su yugular y dejándole caerse al piso, muriéndose… sobre el piso, él se ahogó sobre su propia sangre. Ella se levantó, su mirada era peligrosa como la vida descolorida de sus ojos. Ella se inclinó más cerca y susurró en el oído del Doctor muerto. “Yo…Soy. Dios.” Los ojos de los demás doctores llenos de miedo la miraron… ella muy calmada alejándose para saludar a los agentes de la seguridad. Cada vez que alguien mira sus dientes, se convierte en su bocadillo.
La enfermera que sobrevivió el incidente la llamó “el Inexpresivo” y nunca más se supo de ella.
. A partir del momento ella fue tomada a un espacio de hospital y limpiada antes de ser preparada para la sedación, ella se mostraba completamente tranquila, inexpresiva e inmóvil. Los doctores lo habían pensado mejor refrenarla hasta que las autoridades pudieran llegar y ella no protestó. Ellos eran incapaces de conseguir cualquier clase de respuesta de ella y la mayor parte de empleados se sintieron demasiado incómodos para mirar directamente ella por más que unos segundos. Pero cuando el personal intentó darle el calmante, ella se defendió con la fuerza extrema. Dos miembros de personal que la dominaban con su cuerpo se elevaron encima de la cama para sostenerla, su expresión estaba en blanco. Ella giró sus ojos impasibles hacia el doctor masculino e hizo algo insólito. Ella rió. En cuanto lo hizo la enfermera gritaba y quedando en shock se desmayo, ya que en la boca de la mujer no eran dientes humanos, solo unos puntos largos y agudos.
Era demasiado el tiempo que la mujer tenia los dientes así que al incrustárselos en sus labios no sentía ningún dolor, el doctor la miró fijamente durante un momento antes de la petición ” Qué mierda es usted? ” Ella se libero de los doctores que aun la sostenían espantados, todavía sonriendo. Había una pausa larga, la seguridad había sido alertada y podría ser oída bajando el vestíbulo. Como ella los oyó, se lanzó adelante, hundiendo sus dientes en el cuello del Doctor, arrancando su yugular y dejándole caerse al piso, muriéndose… sobre el piso, él se ahogó sobre su propia sangre. Ella se levantó, su mirada era peligrosa como la vida descolorida de sus ojos. Ella se inclinó más cerca y susurró en el oído del Doctor muerto. “Yo…Soy. Dios.” Los ojos de los demás doctores llenos de miedo la miraron… ella muy calmada alejándose para saludar a los agentes de la seguridad. Cada vez que alguien mira sus dientes, se convierte en su bocadillo.
La enfermera que sobrevivió el incidente la llamó “el Inexpresivo” y nunca más se supo de ella.

EL CREPPYPASTA ORIGINAL DE RAKE
Durante el verano del 2003, una serie de eventos en el noreste de los Estados Unidos involucrando a una extraña criatura humanoide despertaron el interés de medios locales antes de que un aparente 'apagón informativo' fuera provocado. Muy poca información quedó intacta, pues la mayoría de los registros en línea y escritos de la criatura fueron misteroisamente destruidos.
Primariamente enfocada en el área rural de Nueva York, varios testigos contaron historias de una criatura con un origen desconocido. Hubo un amplio rango de emociones en los testigos; desde terror e inquietud a niveles traumáticos, a un sentido casi infantil de curiosidad y jugueteo. Si bien las versiones publicadas ya no existen, las memorias permanecen aún presentes. Muchos de los involucrados siguen buscando respuestas a lo ocurrido.
En el año 2006, la colaboración acumuló cerca de dos docenas de documentos con fechas entre el siglo 12 y el día actual, a lo largo de cuatro continentes. En la mayoría de los casos, las historias fueron identicas. He estado en contacto con un miembro de este grupo y he podido obtener pequeñas partes del libro próximo a salir.
"The Rake (El Rastrillo)"
Nota de Suicidio: 1964.
"Mientras me preparo para tomar mi vida, siento necesario mitigar cualquier dolor o culpa que pueda provocar mediante este acto. No es culpa de nadie más que de Él. La primera vez, desperté y sentí su presencia. La segunda, desperté y lo ví. La tercera, desperté y escuché su voz, y ví sus ojos. No puedo dormir por terror de lo que pueda pasar la próxima vez que lo encuentre. No puedo despertar jamás. Adiós."
Hallado en la misma caja de madera había dos sobres vacíos dirigidos a "William" y "Rose", y una carta personal sin sobre: "Querida Linnie, recé por ti. Dijo tu nombre."
La entrada de un diario (traducida del Español): 1880
"Experimenté un gran terror. He experimentado el terror más grande. He experimentado el terror más grande. Veo sus ojos cada que cierro los míos. Son huecos. Negros. Me vieron y me perforaron. Su mano mojada. No dormiré. Su voz (texo ininteligible).
El Diario de un Marinero: 1691
"Vino a mí en un sueño. Desde los pies de mi cama sentí una sensación. Se llevó todo. Debemos volver a Inglaterra. No debemos volver aquí por órdenes del Rastrillo."
De un testigo: 2006
"Hace tres años, acababa de regresar de un viaje a las Cataratas del Niágara con mi familia por el 4 de julio. Estábamos exhaustos luego de conducir todo el día, así que mi esposo y yo pusimos a los niños en la cama y nos fuimos a dormir.
A las 4 am, me desperté pensando que mi esposo había ido al baño. Aproveché para jalar las sábanas, despertándolo en el proceso. Me disculpé y le dije que pensé que se había levantado de la cama. Cuando me vió, suspiró y retiró sus pies de la orilla de la cama tan rápido que su rodilla casi me tiró. Me agarró y no dijo nada.
Luego de ajustar mi vista a la oscuridad por medio segundo, fui capaz de distinguir qué causó la reacción. Al pie de la cama, sentado y viéndonos de lejos, había lo que pensé que era un hombre desnudo, o un gran perro sin pelo de algún tipo. Su posición era perturbadora y no natural, como si hubiese sido golpeado por un automóvil o algo así. Por alguna razón, no me dió miedo, pero me preocupó su condición. En este momento, estaba bajo la asunción de que debíamos ayudarlo.
Mi esposo estaba viendo sobre su brazo y la rodilla, doblado en posición fetal, ocasionalmente viéndome antes de seguir viendo a la criatura.
En un movimiento veloz, la criatura rodó al lado de la cama, y se arrastró rápido en una posición similar a la de un cojo a lo largo de la cama hasta que estuvo a poco menos de 30 cm. del rostro de mi esposo. La criatura estuvo silenciosa por 30 segundos, viendo solo a mi esposo. La criatura entonces puso una mano en su rodilla y corrió al pasillo, en dirección a los cuartos de los niños.
Grité y corrí para encender la luz, intentando detenerlo antes de que hiriera a mis hijos. Cuando llegué al pasillo, la luz del cuarto era suficiente como para verlo agachado y jorobado a unos 6 metros a la distancia. Volteó lentamente y me miró, cubierto de sangre. Encendí la luz y vi a mi hija, Clara.
La criatura corrió por las escaleras mientras mi esposo y yo corríamos para ayudar a nuestra hija. Estaba muy lastimada y habló solo una vez más en su corta vida. Dijo "Él es el Rastrillo".
Mi esposo chocó su auto esa noche, mientras intentaba llevar a nuestra hija al hospital. No sobrevivieron.
Como vivíamos en una ciudad pequeña, las noticias llegaron rápido. La policía ayudó un poco al principio, y el diario local tomó mucho interés en ello. Como sea, la historia jamás fue publicada, y la nota en las noticias locales nunca tuvo seguimiento.
Por varios meses, mi hijo Justin y yo nos quedamos en un hotel cercano a casa de mis padres. Después de que decidimos regresar a casa, comencé a buscar respuestas por mí misma. Eventualmente encontré a un hombre en otra ciudad vecina que tuvo una historia similar. Entramos en contacto y comenzamos a hablar de lo ocurrido. Conocía a otras dos personas que habían visto a la criatura que ahora llamaremos El Rastrillo, en Nueva York.
Nos tomó a los cuatro casi dos años de buscar en internet y escribir cartas para obtener una pequeña colección de lo que creíamos que eran registros del Rastrillo. Ninguno dió detalles, historia o seguimiento. Una jornada involucraba a la criatura en sus primeras 3 páginas, y nunca mencionada de nuevo. El diario de un marinero no explicaba nada del encuentro, diciendo que el Rastrillo les ordenó largarse. Fue la última entrada del diario.
Había, como sea, varias instancias en que la visita de la criatura era una en una serie de visitas a la misma persona. Muchas personas mencionaron que el Rastrillo les habló, mi hija incluida en esos testigos. Esto nos llevó a preguntarnos si el Rastrillo nos había visitado anteriormente, antes del último encuentro.
Puse una grabadora digital cerca a mi cama y la dejé corriendo por toda la noche, cada noche, por dos semanas. Oía con interés los sonidos cada día que me despertaba. Para el final de la segunda semana, estaba acostumbrada al sonido usual del sueño mientras oía el audio a 8 veces la velocidad normal (esto me tomó cerca de una hora diaria).
El primer día, oí algo diferente. Hoý una voz aguda, estridente. Era el Rastrillo. No pude escucharlo lo suficiente como para transcribirlo. No había dejado que nadie lo oyera. Todo lo que sé, es que lo oí antes, y ahora sé que habló cuando estaba sentado frente a mi esposo. No recuerdo haberlo oído en ese momento, pero por alguna razón, la voz en la grabadora inmediatamente me lleva de vuelta a ese momento.
Los pensamientos que debieron pasar por la mente de mi hija me hicieron enojar.
No he visto al Rastrillo desde que arruinó mi vida, pero sé que ha estado en mi habitación mientras dormía. Sé y temo que un día despertaré para verlo de pie, viéndome fijamente."
Primariamente enfocada en el área rural de Nueva York, varios testigos contaron historias de una criatura con un origen desconocido. Hubo un amplio rango de emociones en los testigos; desde terror e inquietud a niveles traumáticos, a un sentido casi infantil de curiosidad y jugueteo. Si bien las versiones publicadas ya no existen, las memorias permanecen aún presentes. Muchos de los involucrados siguen buscando respuestas a lo ocurrido.
En el año 2006, la colaboración acumuló cerca de dos docenas de documentos con fechas entre el siglo 12 y el día actual, a lo largo de cuatro continentes. En la mayoría de los casos, las historias fueron identicas. He estado en contacto con un miembro de este grupo y he podido obtener pequeñas partes del libro próximo a salir.
"The Rake (El Rastrillo)"
Nota de Suicidio: 1964.
"Mientras me preparo para tomar mi vida, siento necesario mitigar cualquier dolor o culpa que pueda provocar mediante este acto. No es culpa de nadie más que de Él. La primera vez, desperté y sentí su presencia. La segunda, desperté y lo ví. La tercera, desperté y escuché su voz, y ví sus ojos. No puedo dormir por terror de lo que pueda pasar la próxima vez que lo encuentre. No puedo despertar jamás. Adiós."
Hallado en la misma caja de madera había dos sobres vacíos dirigidos a "William" y "Rose", y una carta personal sin sobre: "Querida Linnie, recé por ti. Dijo tu nombre."
La entrada de un diario (traducida del Español): 1880
"Experimenté un gran terror. He experimentado el terror más grande. He experimentado el terror más grande. Veo sus ojos cada que cierro los míos. Son huecos. Negros. Me vieron y me perforaron. Su mano mojada. No dormiré. Su voz (texo ininteligible).
El Diario de un Marinero: 1691
"Vino a mí en un sueño. Desde los pies de mi cama sentí una sensación. Se llevó todo. Debemos volver a Inglaterra. No debemos volver aquí por órdenes del Rastrillo."
De un testigo: 2006
"Hace tres años, acababa de regresar de un viaje a las Cataratas del Niágara con mi familia por el 4 de julio. Estábamos exhaustos luego de conducir todo el día, así que mi esposo y yo pusimos a los niños en la cama y nos fuimos a dormir.
A las 4 am, me desperté pensando que mi esposo había ido al baño. Aproveché para jalar las sábanas, despertándolo en el proceso. Me disculpé y le dije que pensé que se había levantado de la cama. Cuando me vió, suspiró y retiró sus pies de la orilla de la cama tan rápido que su rodilla casi me tiró. Me agarró y no dijo nada.
Luego de ajustar mi vista a la oscuridad por medio segundo, fui capaz de distinguir qué causó la reacción. Al pie de la cama, sentado y viéndonos de lejos, había lo que pensé que era un hombre desnudo, o un gran perro sin pelo de algún tipo. Su posición era perturbadora y no natural, como si hubiese sido golpeado por un automóvil o algo así. Por alguna razón, no me dió miedo, pero me preocupó su condición. En este momento, estaba bajo la asunción de que debíamos ayudarlo.
Mi esposo estaba viendo sobre su brazo y la rodilla, doblado en posición fetal, ocasionalmente viéndome antes de seguir viendo a la criatura.
En un movimiento veloz, la criatura rodó al lado de la cama, y se arrastró rápido en una posición similar a la de un cojo a lo largo de la cama hasta que estuvo a poco menos de 30 cm. del rostro de mi esposo. La criatura estuvo silenciosa por 30 segundos, viendo solo a mi esposo. La criatura entonces puso una mano en su rodilla y corrió al pasillo, en dirección a los cuartos de los niños.
Grité y corrí para encender la luz, intentando detenerlo antes de que hiriera a mis hijos. Cuando llegué al pasillo, la luz del cuarto era suficiente como para verlo agachado y jorobado a unos 6 metros a la distancia. Volteó lentamente y me miró, cubierto de sangre. Encendí la luz y vi a mi hija, Clara.
La criatura corrió por las escaleras mientras mi esposo y yo corríamos para ayudar a nuestra hija. Estaba muy lastimada y habló solo una vez más en su corta vida. Dijo "Él es el Rastrillo".
Mi esposo chocó su auto esa noche, mientras intentaba llevar a nuestra hija al hospital. No sobrevivieron.
Como vivíamos en una ciudad pequeña, las noticias llegaron rápido. La policía ayudó un poco al principio, y el diario local tomó mucho interés en ello. Como sea, la historia jamás fue publicada, y la nota en las noticias locales nunca tuvo seguimiento.
Por varios meses, mi hijo Justin y yo nos quedamos en un hotel cercano a casa de mis padres. Después de que decidimos regresar a casa, comencé a buscar respuestas por mí misma. Eventualmente encontré a un hombre en otra ciudad vecina que tuvo una historia similar. Entramos en contacto y comenzamos a hablar de lo ocurrido. Conocía a otras dos personas que habían visto a la criatura que ahora llamaremos El Rastrillo, en Nueva York.
Nos tomó a los cuatro casi dos años de buscar en internet y escribir cartas para obtener una pequeña colección de lo que creíamos que eran registros del Rastrillo. Ninguno dió detalles, historia o seguimiento. Una jornada involucraba a la criatura en sus primeras 3 páginas, y nunca mencionada de nuevo. El diario de un marinero no explicaba nada del encuentro, diciendo que el Rastrillo les ordenó largarse. Fue la última entrada del diario.
Había, como sea, varias instancias en que la visita de la criatura era una en una serie de visitas a la misma persona. Muchas personas mencionaron que el Rastrillo les habló, mi hija incluida en esos testigos. Esto nos llevó a preguntarnos si el Rastrillo nos había visitado anteriormente, antes del último encuentro.
Puse una grabadora digital cerca a mi cama y la dejé corriendo por toda la noche, cada noche, por dos semanas. Oía con interés los sonidos cada día que me despertaba. Para el final de la segunda semana, estaba acostumbrada al sonido usual del sueño mientras oía el audio a 8 veces la velocidad normal (esto me tomó cerca de una hora diaria).
El primer día, oí algo diferente. Hoý una voz aguda, estridente. Era el Rastrillo. No pude escucharlo lo suficiente como para transcribirlo. No había dejado que nadie lo oyera. Todo lo que sé, es que lo oí antes, y ahora sé que habló cuando estaba sentado frente a mi esposo. No recuerdo haberlo oído en ese momento, pero por alguna razón, la voz en la grabadora inmediatamente me lleva de vuelta a ese momento.
Los pensamientos que debieron pasar por la mente de mi hija me hicieron enojar.
No he visto al Rastrillo desde que arruinó mi vida, pero sé que ha estado en mi habitación mientras dormía. Sé y temo que un día despertaré para verlo de pie, viéndome fijamente."

Espero y te haya gustado el Post.
• Deja un comentario y Comparte con tus Seguidores. •
• Deja un comentario y Comparte con tus Seguidores. •

