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Analisis: Habra genocidio en Venezuela y te muestro porque

Offtopic12/10/2015
A pesar de los errores y todo, tenemos que captar que actualmente esta lucha de clases no terminara de otro modo que las guerras punicas,  la MUD ha declarado que se reiniciara el genocidio puntofijista, suspendido por la revolucion bolivariana.

Veamos como los discursos creados por genocidas como antonio ledezma y manuelrosales, publicados hasta el hartazgo por lavadores de divisas "gustavo alberto dias vivas"   son similares a los que precedieron el genocidio en Ruanda






Ruanda , las consecuencias del discurso del odio

“Los tutsis no merecen vivir. Hay que matarlos. Incluso a las mujeres preñadas hay que cortarlas en pedazos y abrirles el vientre para arrancarles el bebé”. Este es tan solo uno de los mensajes que se transmitieron en abril de 1994 a través de la Radio Televisión Libre de las Mil Colinas (RTML), en Ruanda , que incitaron al genocidio. "Las tumbas están sólo a medio llenar", repetían desde la emisora.
Al cumplirse 20 años de esa ola de violencia que causó la muerte de 800.000 personas, según cifras de Naciones Unidas, resurge el tema de las responsabilidades de las autoridades extremistas hutus. Los mensajes que alimentaban el odio eran acompañados de comunicados oficiales que justificaban la limpieza étnica.
La RTML fue creada por Ferdinand Nahimana, un intelectual fanático amigo de la esposa del entonces presidente de Ruanda , Juvenal Habyarimana (hutu), cuyo asesinato fue el detonante de la masacre propiciada, inicialmente, por los extremistas hutus contra los ciudadanos tutsis.

La llamada “emisora del odio” llegaba a todos los rincones de Ruanda . La incitación al delito venía acompañada de datos, nombres y señas de los tutsis y hutus moderados a quienes los extremistas hutus llamaban a eliminar.
La identificación se facilitaba porque por años los distintos actores políticos y económicos en Ruanda se habían asegurado de dejar registros que distinguieran a los hutus de los tutsis, cuando en realidad eran parte de una misma familia lingüística con patrones de vida común. “A los tutsis los llamábamos escarabajos o serpientes, y eran nuestros enemigos. No decíamos ir a matar, sino a trabajar. Ir al trabajo era el sinónimo que usábamos, a menudo, para animar a la gente a asesinar”, confesó la locutora Valérie Bemeriki ante la justicia.
La emisora tuvo un complemento en el diario oficialista Kamarampak, que publicó mensajes e informaciones contra los tutsis, específicamente contra el Frente Patriótico Ruandés, liderado por el actual presidente de Ruanda , Paul Kagame, también acusado de genocida por su arremetida contra los hutus, principalmente, los que se asentaron en Zaire (luego República Democrática del Congo) como parte de la escalada del genocidio en la zona de los Grandes Lagos.
Los mensajes, de la radio y del diario oficialista, estaban dirigidos a la población en general y, sobre todo, la campesina. Todo hutu estaba llamado a hacer una labor de patria en el exterminio de los tutsis. Los interhamwe (grupo paramilitar), los militares y vecinos estaban destinados a “trabajar” contra el enemigo común.
Una década después, el Tribunal Penal Internacional para Ruanda condenó a cadena perpetua al editor del diario Kamarampak, Bernard Hategekimanam, por genocidio e incitación pública a cometerlo. La sentencia dejó constancia de que “no se respetó la responsabilidad que conlleva la libertad de expresión y envenenaron las mentes de sus oyentes”, dice el escrito.
Justicia en entredicho. El Tribunal Penal Internacional para Ruanda , instalado en Tanzania, fue establecido para enjuiciar a los máximos responsables de genocidio y otras violaciones graves del derecho humanitario cometidas en Ruanda entre el 1° de enero y 31 de diciembre de 1994. “Hubo una pugna con las nuevas autoridades en Ruanda que decían que por haberse registrado el genocidio allí, dependía de la justicia local impartir justicia con la aplicación de la pena de muerte, y la comunidad internacional abogó porque fuese en un país vecino sin pena capital”, explicó el africanista Mbuyi Kabunda, que calificó de lamentable la actuación de la corte que a la fecha solo ha juzgado a ocho personas.
Se han realizado otros juicios puntuales en otras cortes como el del excapitán hutu Pascal Simbikangwa, sentenciado en Francia a 25 años de cárcel.
Inacción internacional. La ONU se vio sobrepasada por los hechos en Ruanda . La respuesta del organismo fue lenta pues se generó un debate sobre cuándo el sistema internacional debía considerar que se estaba frente a un genocidio y si lo que sucedía en Ruanda respondía a esa tipificación. “El Consejo de Seguridad no estaba dispuesto a describir lo que estaba ocurriendo como un genocidio hasta que transcurrieron semanas. No hubo una voluntad colectiva de la comunidad internacional para poner fin a esta terrible situación”, escribió el periodista británico Adam LeBor en su libro Complicidad con el mal: Naciones Unidas en la era del genocidio moderno. La atención de Occidente estaba centrada en la crisis de los Balcanes.
El entonces secretario general de la ONU, Boutros Boutros-Ghali, dijo: “No es solo un fracaso de las Naciones Unidas, sino también de la comunidad internacional. Se ha cometido un genocidio. Más de 200.000 personas han sido asesinadas y la comunidad internacional aún sigue discutiendo qué hacer”. Posteriormente, Boutros-Ghali acusó a otros actores internacionales como Estados Unidos y Francia, debido a los intereses en la región y su actuación en el organismo.

En los hechos, la misión de Naciones Unidas (Unamir) se retiró luego de que 10 cascos azules fueron asesinados en la residencia presidencial mientras custodiaban a la primera ministra hutu, Agathe Uwilingiyimana, acusada por los extremistas de complicidad. Boutros-Ghali pidió en la ONU que se restaurara la misión, pero la propuesta no tuvo éxito.
Se ha criticado, además, que el Departamento de Operaciones de Paz de la ONU, dirigido entonces por Kofi Annan, negó al comandante de las tropas de  Ruanda , Romeo Dallaire, el permiso para confiscar armas de las milicias hutu antes de que ocurriera el genocidio.
Lo sucedido en Ruanda supuso un cambio en los mecanismos de la organización, ya que antes de 1994 el secretario general sólo permitía que los asuntos del Consejo de Seguridad fuesen presentados por su asesor personal, Chinmaya Gharekhan, lo que supuso más demoras. Después de Ruanda , especialmente durante la secretaría general de Kofi Annan, el Departamento de Operaciones de Paz informa constantemente, de manera directa y sin dilaciones, sobre el progreso de las misiones.  

Ahora_: Empezemos a ver los paralelismos entre el genocidio de Ruanda y el futuro genocidio Venezolano



“Los tutsis no merecen vivir. Hay que matarlos. Incluso a las mujeres preñadas hay que cortarlas en pedazos y abrirles el vientre para arrancarles el bebé”





La población manipulada por años y fuertemente empobrecida se hizo eco de estos llamados. Sobre todo por el achicamiento del Estado como consecuencia de la aplicación de los planes de ajuste estructural y la merma de los ingresos de la agricultura (eran dependientes del café y el cacao) a partir de los años ochenta. “Mucha gente nos dijo que mataban porque la radio se lo pedía”, dijo la policía durante las investigaciones del exterminio.



La incitación al delito venía acompañada de datos, nombres y señas de los tutsis y hutus moderados a quienes los extremistas hutus llamaban a eliminar.








para entender los recientes asesinatos de patriotas venezolanos, es obligatorio leer a la propia MUD, que relata sus planes como ISIS




Ahora, volvamos al pasado mas lugubre, para ver lo que veremos en semanas




“Fui torturado durante el Gobierno de CAP, pero nunca delaté”

Andrés Litvinov tenía 17 años cuando sintió en carne propia las crueldades de la tortura. Su crimen: ser hijo de Doris Francia, una comunista vinculada con los sectores subversivos de la “IV República”



Lamadre de Andrés Litvinov, Doris Francia, se había destacado dentro del mundosindical. Fue editora de un periódico de corte comunista llamado “Ruptura” elcual hacía denuncias a los atropellos contra las luchas obreras de la época delos 60’. Siempre estuvo en una constante persecución por parte de los gobiernosde turno durante los 60, 70 y 80, pero fue durante el primer mandato delpresidente Carlos Andrés Pérez (1974-1979) cuando su seguimiento traspasó lopersonal y arrastró a su familia.



El  18 de enero de 1975, 23 presos políticos sefugaron del Cuartel San Carlos de Caracas. Estos reclusos– de ideologíacomunista – volvieron a conocer la libertad a través de la operación “JesúsAlberto Márquez Finol”, mejor conocida como “El Motilón”. Desde el momento desu fuga la Dirección General Sectorial de los Servicios de Inteligencia yPrevención (Disip) emprendió una incesante búsqueda de los fugitivos y DorisFrancia, al estar vinculada de trato con los fugados, fue perseguida parahacerla delatar (inútilmente) sus paraderos.


Andrésllega a la entrevista directamente de su trabajo. Pide un café y se sienta atomarlo con mucha calma. Son las 7:30 de la noche y desde el establecimiento seven los carros y autobuses que corren por las calles de Caracas. “Yo tenía 17años cuando una tarde más de 20 agentes de la Disip llegaron a la puerta de micasa alegando –sin orden judicial- que debían allanar la casa en busca de losfugitivos y de mi madre”, cuenta el hombre ahora  de 55 años.


Todomarcha bien. Habla con un tono catedrático, como dando clases. La grabadorahace presencia ante sus ojos y la postura de Andrés se corrige. Cruza sus manosy mira con nerviosismo.


El lado débil de la cuerda


- Me veníadiciendo que llegó la Disip a su casa


-Así fue. Allíestaban mis dos hermanos menores, nuestra niñera, el perro y yo. Los policíasentraron a la casa y comenzó un desbarate total. Buscaban de todo en todaspartes. En ese momento mi único interés era tratar de hacerle saber a mi mamá–que estaba próxima a llegar- que la estaban buscando, así que lo único que seme ocurrió fue tomar al perro y amarrarlo en la puerta de la casa –cosa quenunca hacíamos-.


-¿El perro?¿Y eso para qué?


-Yo les dijea los policías que el animal era demasiado feroz y agresivo, pero mi verdaderaintención era que mi madre lo viera y entendiera que algo raro estaba pasandodentro de la casa. Mi mamá llegó, y desde la ventana le pudimos hacer señas delo que estaba pasando dentro, aun así, ella, mi padrastro y una de sus amigas entrarona dar la cara.


Los policíastomaron varias cosas de la casa y a eso de las nueve de la noche nos apresan ami mamá, a mi padrastro, a la amiga de mi mamá y a mí. Nos montaron en unosvehículos civiles y nos llevaron hasta la sede de la Disip en Los Chaguaramos.En ese momento se dieron cuenta que, quizás, el lado débil de la cuera era yo yse ensañaron conmigo.




Me llevarona una oficina y comenzaron a interrogarme. Me exigían que les diera el paraderode los fugados. Me preguntaban si conocía a algunas personas –y me decían losnombres de los presos políticos a ver si yo reaccionaba-. Nada dioresultado.  Seguían las incisivaspreguntas hasta que yo respondí: “No declararé nada. Me atengo al preceptoconstitucional”. Esto causó una reacción en los agentes. Uno de ellos se paródetrás de mí y con velocidad clavó sus manos en mi abdomen y sus dedos buscaroncerrarse en mis costillas. Me zarandeó con mucha fuerza.



-¿Cómoreaccionaste ante ese primer acto violento?


-Me diomucha rabia. Mucha impotencia. Yo sabía que lo que venía iba a ser peor. Deigual manera seguí firme y no abrí la boca sino para decir: “Ahora si es verdadque no voy a decir nada”.


Losoficiales cambiaron a Andrés de oficina y lo subieron a un piso 4. El nuevocuarto tenía una luz tenue, muy baja. Allí un hombre a quien recuerda llamaban“Comisario Francisco” comenzó un interrogatorio intenso que acabó en violencia.


“Sino colaboras te vamos a llevar a los Teatros de Operaciones. Tu sabes que aquíhemos desaparecido gente. Los hemos lanzado de helicópteros”, repetía elcomisario,  “No tengo nada que decir”,contestó el muchacho.


Elcomisario, cansado de no recibir respuesta, miró a sus oficiales y les dijo:“arranquen”, y se retiró del lugar sin decir más. Los policías tomaron aAndrés, le quitaron la ropa y lo colocaron frente a un aire acondicionado atodo dar. El intenso frío hacía temblar su cuerpo desnudo. “¡Habla!”, decían los oficiales. El joven no decía nada.“¿No vas a hablar?”, volvieron a preguntar. ¡Plash! Lanzaron agua congeladasobre él.


-El frío eraterrible. Pero la rabia que me producía me daba fuerzas de soportar lo quevenía.


-¿Quésiguió?


-Me quitarondel aire aun temblando. Uno de los policías tomó un revolver y metió una balaen uno de los orificios del cilindro –o al menos eso hacía entender-. Otro megolpeaba. Luego colocaron el arma sobre mi frente y volvían a preguntarme delparadero de los fugados. Cuando yo decía desconocer de lo que hablaban jalabanel gatillo...


Asímantuvieron a Andrés por un rato. Luego lo golpeaban por los costados de suabdomen. Los oficiales se turnaban, envolvían papel periódico y le daban golpes“secos” en partes específicas de su cuerpo. Las preguntas seguían y seguíanpero no lograban hacer que el joven hablara.


-Un oficialme estaba dando golpes “suaves” con un fajo de papel periódico sobre lasorejas. Primero la derecha, luego la izquierda y así por unas 10 veces. Meaturdió. Luego me dio una patada en la boca del estómago. Me sacó todo el airepor completo, pero eso no era nada. Me siguieron golpeando.


            Según la diputada al ParlamentoLatinoamericano, Marelis Pérez Marcano, durante los gobiernos de los 60’, 70’ y80’ se contabilizan más de tres mil víctimas de torturas, desapariciones yasesinatos. Sin embargo no se ha hecho una investigación completa que demuestrecon precisión y exactitud cuántos desaparecidos, víctimas de torturas yasesinatos ocurrieron durante la denominada “IV República”.


Una bañera inmunda


Luegolevantaron al muchacho y lo llevaron hacia el baño del lugar. Allí había unabañera, pero no era una bañera cualquiera. Algo líquido reposaba dentro. No eraagua.


Andrésentró al umbral y un olor nauseabundo lo invadió. La bañera estaba frente a él.El hediondo olor provenía de ella. Estaba rebosante de un líquido mostaza, comoaceite usado y viejo. Era una mezcla de orines, excrementos y todo tipo deporquería posible. “Métete allí”, le indicaron. “¿Qué? No, no quiero”, contestóel muchacho. “¡Que te metas, nojoda!”, gritó uno de los oficiales y lo empujófrente al putrefacto líquido. Andrés, aun desnudo, metió una pierna y luego laotra dentro de la bañera. Sintió como aquella asquerosa mezcla se impregnaba ensu piel. “Siéntate allí”, le ordenaron. Andrés otra vez se negó. “Siéntate y habla de una vez”, le exigieron. Elmuchacho no dijo nada. “¿Ah, no vas a colaborar?, dijo un oficial robusto quelo tomó por el hombro y lo empujó hacia abajo obligándolo a hundirse en laporquería.


“Dinosdónde están los presos. Dinos eso  yluego te paras te bañas y te vas”, dijo el policía rollizo con un tonotranquilo. “Yo no sé nada”, volvió a recibir como respuesta. La cara del hombrese transformó. Su rostro se arrugó y maldijo entre dientes. Su ira estalló y enconsecuencia colocó su pie forrado con una dura bota sobre la nuca de Andrés ycon mucha fuerza lo hundió por completo en la repulsiva sustancia. “¿No sabesnada?, inquirió y lo volvió a sumergir. “¡Habla!”, gritó el hombre, pero Andrésno habría la boca para decir palabra alguna, solo lo hacía para respirar.


-¿Por cuánto  tiempo estuvieronhaciéndole eso?


-No lorecuerdo con exactitud. Fue algo muy desagradable. Yo estaba impactado perofirme. No iba a decir lo que sabía. La cosa siguió así por un rato. Los golpesnunca pararon. El comisario Francisco regresó y pidió que me sacaran. Así lohicieron, me sacaron de la Disip sin que nadie lo supiera y me montaron en unvehículo. “Deberías colaborar. Mucha gente se ha desaparecido. Los encuentrancon moscas en la boca tirados en un barranco”, decía el comisario Franciscointimidándome.  Yo me asusté, y en esemomento pensé que sí podía ser posible que lo peor pudiera pasar así que lesdije sin estar muy seguro de lo que hacía: “Ok, yo voy a colaborar con ustedes.Pero con una condición, yo necesito asegurarme de que ustedes no han torturadoa mi mamá”. “No la hemos torturado”, dijo el comisario de inmediato.  “Pero a mi no me consta. Si ustedes me dejanhablar con mi mamá y asegurarme de que no ha sido torturada entonces yo colaborocon ustedes”, refutó Andrés.

GENOCIDA Carlos Andrés Pérez 

            Durante este primer gobierno deCarlos Andrés Pérez se habló de persecuciones políticas, encarcelamientosinjustificados, torturas y desapariciones vinculadas a figuras disidentes a suspolíticas. Entre los asesinatos más sonados de la época destaca la del fundadorde la Liga Socialista, Jorge Rodríguez, quien fue encontrado sin vida el 25 dejulio de 1976 en los sótanos de la Disip.




 Rencuentro


Elcomisario Francisco lo vio a los ojos y le dijo: “Bueno, está bien”. Elvehículo recorrió varias zonas de Caracas y luego de varias horas regresaron ala Disip. Llevaron a Andrés al llamado “cuarto de los espejos” –una habitacióndonde vio a su madre a través  de uncristal pero ella no a él-. “Así no. Yo necesito hablar con ella para saber sila torturaron”, soltó Andrés. “¿¡No la ves!?”, espetó el comisario, “¿No la vestorturada o sí?”. “No, pero ustedes me han torturado y golpeado a mi y no tengomarcas ni hematomas. Yo necesito preguntárselo”, dijo el muchacho.


“Ok…solo le puedes hacer tres preguntas. Dime qué le vas a preguntar”, soltó elcomisario Francisco. “Le preguntaré cómo está, si la han torturado y si losdemás están bien”, le dijo el joven. “Ok, mucho cuidado”, terminó el comisario.


            Llevaron a Andrés a otra oficina. Losentaron detrás de un escritorio y lo hicieron esperar custodiado por variosoficiales. La puerta se abrió y su madre, Doris Francia, entró por elladesconociendo que se rencontraría con su hijo.


            “¡Hijo! ¿¡Cómo estás!? ¿Te hicierondelatar?”, fue lo primero que dijo su madre. Andrés negó con la cabeza. Losojos de los oficiales se clavaron en su nunca. Tenía que hacer solo las trespreguntas. “¿Cómo estás?”, empezó. “Yo estoy bien, tú, tú, dime cómo estás tú”,respondió Doris nerviosa. “¿Te han torturado?”, preguntó Andrés. Esa era lapregunta clave. “No…”, respondió su mamá. “¡Pues a mí sí!”, gritó el chicoarriesgadamente.




            Los oficiales saltaron sobre él.Sacaron a su madre de la oficina y la llevaron por la escalera de emergencias.A Andrés lo golpearon salvajemente por lo que había hecho. “¡Están torturando ami hijo! ¡Lo están torturando!”, gritaba Doris sin cesar. Todo el edificio seenteró de lo ocurrido. El comisario Francisco no supo qué hacer frente a loocurrido. Así que llevaron al muchacho a un “tigrito” (celda) en el sótano.


            Doris Francia hizo lo posible porsacar a su hijo de allí. Su esposo, el padrastro de Andrés, logró hacer loscontactos necesarios para alcanzar la liberación cinco días después de suaprehensión.  


-¿Cómo fue estar preso en una celda tan pequeña?


-Fue unaexperiencia terrible… yo a los dos días no sabía si era de día o si era denoche. El espacio era muy reducido, como de un metro por uno y medio.



            Andrés Litvinov, por su parte,participó en las luchas estudiantiles universitarias y de solidaridad con lascausas sociales y políticas. Fue presidente adjunto del centro de estudiantesde la escuela de Biología de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y  hoy en día es partidario de la RevoluciónBolivariana.


escenas peores que estas nos deparan en el futuro, criminales del caracazo y cantaura, junto a criminales como rosales ya ordenaron el genocidio y la unica altenativa es luchar antes de que empieze el genocidio;  resisitir con el heroismo de los heroes de Stalingrado a los genocidas en Venezuela


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