Glauce Baldovin (1928-1995) es una de las figuras mayores de la poesía de Córdoba. Encontró en la poesía un lugar donde sobrevivir a sus abismos y a la locura.
En 1972 obtuvo el premio Casa de las Américas por su libro La Militancia. Glauce había nacido en 1928 en Río Cuarto, residió en Buenos Aires y en la década de 1960 integró la redacción de la revista Hoy en la Cultura.
Sufrió y vivió , como tantos otros, los años de dictadura que acosaron a nuestro país. El secuestro de uno de sus hijos la convirtió en sobreviviente. Y permanecer, ser ella la que escarbara, "en el vientre de la tierra", "tratando de encontrar sus huesos,su ultima lágrima, su corazón de acero"
Su poesía , signo del dolor, furiosa llena de vértigo, de pronto parece estallar en nuestras manos, dejando nos una brasa incandescente. Cuando el arte nace del sufrimiento tiende a volverse grito, necesidad de expresar lo que brota desde la hondura del desasociego, romper los limites, librandoce asi de los padecimientos. Glauce Baldovin hundida en su aislamiento nos grita, pero a la vez parece susurrarnos, acerca su boca a nuestros oídos y musita frases ininteligibles casi aparejadas al silencio, porque para ella El silencio es la violencia
La escritora debió sobrellevar la desaparición de unos de sus hijos a manos de la última dictadura militar, y permaneció mucho tiempo en instituciones psiquiátricas.
Es la arquitecta de "una poesía, unas obsesiones, unos temas y sus modos de tratarlos que se cruzan y se abisman de modo que tocan zonas que expanden a la poesía como experiencia, que nos hacen crecer y que están y miran, siguen haciéndonos mirar y miramos en el horizonte no sé si el pasado o el futuro. O ambos al mismo tiempo", escribió Fernando Bellino acerca de la poeta.
De su voluminosa obra cabe citar los libros Poemas (1986), De los poetas (1991), Libro del amor (1993), Con los Gatos el Silencio (1994), Nuestra casa en el tercer mundo (1995), Poemas crueles (1996), Yo Seclaud (1999) y El rostro en la mano (2006).
-- Biografía
-- Poemas
-- Entrevista
-- Otros
BIOGRAFÍA
Nace en Río Cuarto el 26 de noviembre de 1928 y fallece en Córdoba capital, el 23 de agosto de 1995, donde se habían instalado sus padres, de origen italiano y de filiación anarquista. Cursa estudios en el Colegio Alejandro Carbó, recibiendo el título de Maestra Normal. En su adolescencia se afilia al Partido Comunista. Allí se relaciona con el médico riocuartense que luego sería su marido. En esa ciudad nacen sus dos hijos: Claudio y Sergio. También es el lugar donde conoce a la chacarera Lucía Bertello, en quien se inspirará para escribir “El libro de Lucía” (1967) que aparece editado por el sello Alción en el año 1987 junto con otros dos poemarios: “El combatiente” (1975) y “El fuego” (1977). Todos bajo el título general de “Poemas”.
Su hermano Alcides Baldovín, edita la Revista “Mediterránea”, Glauce, integra el Consejo de Redacción entre 1952 y 1961. A ese hermano le dedica el libro “Yo Seclaud” en 1980, publicado por Argos en 1999.
Luego de su separación marital, se traslada a Buenos Aires. Del vínculo amoroso con un escritor surge “El Libro de Isidro” 1979, publicado por Argos en 1997. Ingresa a la Cooperativa Saavedra perteneciente al Partido Comunista e integra el staff de la publicación: “Hoy en la Cultura”. Se vincula, entre otros, con jóvenes plásticos de entonces, como Seguí y Alonso.
Viaja a Chile, conoce a Violeta y Nicanor Parra, Pablo Neruda, Pablo de Roka, etc. Integra la fracción crítica del comunismo que termina con la expulsión, de esos miembros, en el año 1968. Ella regresa a Córdoba y se emplea como Secretaria administrativa en el Hospital Privado. En el año 1972, escribe su libro de poemas “La militancia” (inédito). De 1975 data “De la violencia, el Terror y el Despojo”, referido a la época de López Rega, mentor de las tres AAA (editado bajo el título general de “Poemas Crueles”, ya que Glauce agregó el poemario “El ángel aherrojado” en 1979.
En 1975, su hijo Sergio es incorporado al servicio militar obligatorio. Al año siguiente, ya instalada la Dictadura Militar, es secuestrado – bajo bandera – y asesinado. Esta situación origina el libro “De los poetas”, editado por Argos en 1991 que es, “un vibrante y dolorido testimonio, un canto ante el horror”. A esta época también corresponde el libro “La promesa postergada”, inédito.
Glauce no deja de clamar por la justicia y la memoria.
La tragedia la conduce, en forma paulatina e irreversible, al alcoholismo y a su internación durante ocho años en el Hospital Berman. De esta experiencia surge el libro “El rostro en la mano” 1990 – Inédito; “El Libro de María” 1983, dedicado a una internada. Antes, había escrito “Y sin embargo el sol”, “Clamor por la intimidad” y “Confesión”, los tres de 1982 e inéditos.
En este nosocomio escribe también: “El libro de la soledad”, 1983, editado por Argos en 1989; “La fotografía” 1984, inédito; “Del amor” 1986, editado por Argos en 1993; “La Paloma” 1987, inédito; “Huésped en el Laberinto” y “Lluvias” ambos de 1988 e inéditos.
Ya fuera del Berman, escribe “Tercer Milenio” y “Vientos”, ambos en 1991- Inéditos. “El asco”, 1992, Inédito – Una selección de estos poemas aparecen en Página 12 – Los poetas de Acá I – Córdoba, 1994; “Los gatos y el silencio” 1993, editado por Argos en 1994 y “Nuestra Casa en el Tercer Mundo” 1994 – editado por Argos en 1995.
Poco antes de su muerte, intentaba reescribir una novela – varias veces anunciada – que no pudo concretar. Su último libro se titula: “Ella, la otra” 1995, Inédito.
POEMAS
Poemas (1986)
Libro de la soledad (1989)
De los poetas (1991)
Libro del amor (1993)
Con los Gatos el Silencio (1994)
Nuestra casa en el tercer mundo (1995)
Poemas crueles (1996)
Libro de maría- Libro de Isidro (1997)
Yo Seclaud (1999)
El rostro en la mano (2006)
Promesa postergada- Huésped en el Laberinto (2009)
Alción editora, Córdoba, 1989
I
Aún no sé cómo llegó a pesar de todos los años transcurridos.
La sentí frente a mí.
Yo tejía una bufanda con agujas de metal blanco
o de un gris casi blanco
y me pidió que siguiera tejiendo.
Quería ver cómo movía las manos.
nunca le pregunté
por temor quizá a la respuesta
o porque estando con ella era tanto lo que teníamos que hablar
tan sugestivo el silencio,
que ese detalle
el por qué, el cómo
perdía toda importancia.
Lo único que recuerdo
y que se repite a diario entre esfumado
entre nebuloso
es que las anémonas violetas que llenaban la jarra de plata
se marchitaron
de pronto
y los pétalos blanquecinos lilas de ceniza
cayeron a la mesa
al suelo.
Se levantó el velo que le cubría el rostro
y sus ojos azules, negros de tan azules,
se clavaron en mis ojos.
Nunca mas hablamos de ello
pero cuando me dijo
después de haber recorrido toda la casa
de haberse detenido en los rincones en las colchas en los espejos
“yo soy tu soledad”
nos abrazamos entre llorando y riendo
nos acariciamos la cabeza
y fue el momento mas tierno del que tengo memoria.
II
Sin embargo supe
desde siempre
que ella vendría alguna vez
y fui preparándole su lugar en la casa.
Bordándole las sábanas
dejando en la alacena un estante para su taza de té
y su vaso para el vino.
Estábamos predestinadas.
Oye, me dice aquel hombre
aquella mujer
hablan de algo que los une o los separa.
Hablan de libertad.
Y sólo nosotras, en este rincón.
Azuladas por el crepúsculo
esfumadas por el silencio
somos libres.
- Sin Título -
La sangre se hace agua y los rios van definitivamente al fondo del alma. Pero es que tengo frio, ¿entienden?, frio en el alma. Como hago para soportar tanto caudal, como para calentarlo. Si estoy sola y asi no puedo detener el goteo de mi sangre. Me estoy muriendo sucia de tristeza. La paloma se fundio en cenizas de ausencias. La otra se a perdido en los espejos multiplicados de tantos otros. Mi azco no tolera mas la acechanza permanente de la muerte. Estoy cansada de retener la mano del que se va otra vez. Y las puertas de mi casa aun se empeñan de abrir paso a la luz para que a travez del poema resucite. El vuelo o la extincion. Esa decision se la dejo a los poetas, mis amigos, los que siempre sacudieron mi piel percudida de esquirlas. Mi vida es una sucesion de naufragios y extravios, mi cuerpo es solo el habitad del grito. Quizas me mantenga viva al sentir dia a dia las ausencias. La palabra es verso y el poema vuela y se eleva de mi mano. Resucitare todas las veces que se convoque al hombre, el que aun se asombra, aun se enternece, aun llora. Me envuelvo de blanco y desde el azul profundo de mis ojos, juro, escribire un poema en la mano de los que quiero , que son todos. Cuando despierten, veran que no les miento. Abran su mano. Los quiero tanto.
-Sin Título-
Aun no se como llego apesar de todos los años transcurridos.
Se sentó frente a mi.
yo tejía una bufanda con agujas de metal blanco
o de un gris casi blando
y me pidió que siguiera tejiendo.
Quería ver como movía las manos.
Nunca le pregunte por temor quizá a la respuesta
o porque estando con ella era tanto lo que teníamos que hablar
tan sugestivo el silencio,
que ese detalle el por que , el como
perdía importancia.
Lo único que recuerdo
y que se repite a diario
entre esfumado
entre nebuloso
es que las anémonas violetas que llenaban la jarra de plata
se marchitaron de pronto
y los pétalos blanquecinos lilas de ceniza
cayeron a la mesa
al suelo.
Se levanto el velo
que le cubría el rostro
y sus ojos azules, negro de tan azules,
se clavaron en mis ojos.
Nunca mas hablamos de ello
pero cuando me dijo
después de haber recorrido toda la casa
de haberce detenido en los rincones,
en las colchas, en los espejos
"Yo soy tu soledad"
nos abrazamos entre llorando y riendo
nos acariciamos la cabeza
y fue el momento mas tierno del que tengo memoria.
-Sin Título-
Vuelvo temprano
Ella me aguarda leyendo el destino en las h ojas de te
bordando paneles con pajaros rosados.
A veces calla
y espera que sea yo quien hable de las ultimas lluvias
de la revolución que avanza.
A veces habla.
Como una bruja que dice que hice en el día
en la noche
y por que lo hice
Aveces callamos las dos
descorremos las cortinas
y miramos en el horizonte no se si el pasado o el futuro.
NUESTRA CASA EN EL TERCER MUNDO
Ed. Argos. Córdoba, 1995.
I
Tan ella en mi yo en ella
que siglos transcurrieron milenios eras geológicas
eras de luz de sombras
de hechizos de quebrantos
sin que tuviéramos necesidad de las palabras.
Pero hoy nuestro corazón palpita
las rodillas nos tiemblan:
finalmente Soledad nuestra casa,
Abrimos la puerta con trémulas manos.
Las paredes blancas
las ventanas que se abren al sol al verde de las plantas
las ramas florecidas entrando con timidez
todo todo todo
TODO
nos da la bienvenida.
Está hecha para nosotras tres
y sólo para nosotros dice la Soledad.
La miro interrogante.
Con sus ojos azul noche muy fijos en los míos
ronroaullando habla:
la Magia
la que sin saberlo hemos ido entretejiendo con la vida
el claror las sombras el odio el amor el silencio.
¿No la sientes?
¿No la has visto en sueños
en la paloma que se nos acercara en la fiereza del cuervo?
Hace tiempo que no somos dos
somos tres en la misma persona
Siento su cálido abrazo rodearle los brazos
y un abrazo fresco vegetal de lluvias
muy adentro.
En las entrañas.
IX
Ordeno los libros me detengo en cada uno lo apretujo
Homero Teócrito San Juan Manrique
Whitman Brecht Rilke Perse
El Popol Vuh Galeano Carpentier
Rulfo Poe Hesse Borges Vallejo.
Que por ósmosis me vayan penetrando.
La Soledad acaricia un sobre saca el papel.
Mientras lee solloza hunde la cabeza en las manos.
Me asomo por sobre su hombro:
es una carta de nuestro hijo secuestrado
fecha abril del setenticinco en las Cataratas
donde me dice
“aquí todo es luz verdor quisiera ser una pantera alada”.
La Magia revuelve hurga en los cajones.
Artera imperativa
pone en mis manos el documento de la Teología de la Liberación
que tanto nos lacera.
Tanta luz dice la Soledad encendiera en estas horas aciagas.
Con su dedo verde nervado la Magia señala un párrafo.
¡Oh pérfida maldita bruja amada!
Comprendo su mensaje.
Llevarlo a la poesía hacerlo de todos salvarnos.
Solidariamente salvarnos.
El miedo
Lo llamé alacrán.
Inocente arácnido que no sabe del veneno ni
la mordedura
No fue culpable de la opresión en el pecho
falsos aquellos tentáculos de acero.
Vive.
Anda por la vida con la libertad que la naturaleza
le concede.
¡oh, pequeño alacrán!
Ven, pósate en mi mano
avanza por el brazo hasta la nuca
rodéame el cuello
baja hasta el pecho
la cintura
los muslos.
Seremos amigos.
No eres el miedo.
Jamás me clavarás en el corazón tu púa.
El miedo puede con nosotros
alacrán
porque hay quienes lo alimentan para someternos
lo elevan
lo disfrazan
lo esparcen
lo venden.
Como densa nube lo hacen sobrevolar la Tierra.
lo inyectan en los huevos, los tomates, la leche,
la lechuga
en las líneas, los colores, los sonidos, las letras.
Hacen té con el miedo
licores
sopas
propagandas
series televisivas.
Lo deslizan en los pañales, los manteles, las sábanas
el velo de la novia
el pañuelo para enjugar la lágrima de la emoción
la de la herida
el luto la mortaja.
Con él construyeron chozas casas
escuelas hospitales.
la cárcel
el manicomio
el laberinto.
LIBRO DE LUCÍA
Alción editora, Córdoba, 1987
III
Ya que desandando el camino
vuelvo a las raíces de la tierra
a sus combatientes
a la recreación del universo.
Y son en mis palabras los símbolos como mi alimento el hierro
porque aquellos capitanes que encontré
aquellos grumetes aquellos marineros
me arrastraron a otras latitudes
me dieron a comer tortugas y serpientes
y viéndome zozobrar dejaron que solo encontrara el equilibrio.
Es en las tempestades donde se calma el corazón
o se naufraga.
V
Mi corazón es un pozo negro y profundo
Tiro una piedra y retumba. Miro y sólo veo tinieblas.
Quiero arrancarme el corazón. Me hace sufrir.
Es débil y está lleno de miedos.
Me prendó en el vestido, muy cerca suyo, un ramito de aromos
para que se calme;
pero sigue llorando.
Enfermo y sólo.
¿Los recuerdos la miseria el futuro?
Sólo él sabe.
Él, tan apretujado, sabe.
Cierro los ojos y lo dejó descansar.
VI
Como un cuchillo recién afilado así es la soledad.
Quiero comer una fruta y se me entierran en la carne
quiero cortar una rodaja de pan y se me produce una herida que sangra.
Como un vapor muy tenue
Como el aliento de los animales en el invierno
así es la soledad.
Y tiñe mi cara de gris
mis manos de gris
Me esfuma.
Hablo y nadie me oye
nadie me ve porque estoy envuelta en la soledad.
X
Está viejo.
Sólo uno que otro domingo lo ato al sulky y me lleva de paseo a
las chacras cercanas.
Está viejo.
Pero sus ojos siguen siendo dulces. Ojos de miel. Ojos de azúcar.
Me presiente.
Cuando yo me le acerco muy quedamente para que él no lo note
vuelve la cabeza y con su hocico me acaricia.
A veces, cuando los tordos le ennegrecen el lomo
me burlo de su cola y de sus crines
cola y crines que cuidé
le digo
cómo se cuidan las cabelleras de las muchachas.
entonces pone su boca junto a mi oído
y algo de alas de vuelos me dice.
siempre nos hemos entendido.
XI
Anoche me soñé niña otra vez, corriendo por campos de alfalfa.
Apareciendo y desapareciendo mi cabeza como un gran pájaro.
Ese sueño me hizo feliz
¡oh querida amiga de ojos mansos
lenta y asombrada hasta de tu propia sombra!
Sé que cuando muges a la hora del angelus
y miras largamente el horizonte
es porque lamentas no ser un toro embravecido
no poder arremeter contra todos los postes.
Arrasar los alambrados.
Paso entonces mi mano por tu hocico siempre lleno de babas
te hablo y me miras
y las dos seguimos esperando.
LIBRO DE MARÍA, LIBRO DE SAN ISIDRO
Ediciones Argos, 1997
Todo lugar es propicio para el amor.
A través de las hojas, girando bajo los árboles, vemos
danzar las estrellas.
Las estrellas predicen el destino.
Nuestros rostros quedan como mascarillas en el río.
Escarabajos de vidrio los ojos.
Con nuestro cuerpo acamamos tréboles y gramillas
y su cuchillo reluciente como una víbora de plata
inmóvil como una raíz milenaria como una uña diabólica
para rasgar la tierra nos protege.
Dice, míralo bien. El cuchillo es un hilo de agua
que vomitan los pastos.
Yo paso mi lengua por él y sé entonces que posee el don
de la magia.
CON LOS GATOS EL SILENCIO
Ediciones Argos, 1994.
II
El silencio cura mis heridas por ensalmo
y de un devastado corazón
de una carne abierta en llagas
hoy se desprende la fragancia de antiguas
primaveras
y se abre la rosa
no la elegida por el ruiseñor
no la cantada por el poeta.
La rosa que ese paciente jardinero
oh gatos
ha hecho florecer bajo la escarcha.
VI
Sus movimientos me incitan
me vuelven a la vida.
Tiemblo.
Palpito.
Y me urge ser mujer
amar sobre la hierba los paredones el asfalto
los puentes que unen a la muerte con la vida.
XII
¿Qué son las heridas
gatos
sino este rasgarse el corazón por dentro
este sangrar aromas y recuerdos
esta necesidad de olvidar
y tener la memoria como espejo?
XIII
Quiero apostar al tres
rojo
enero
y los naipes saltan pares:
dos cuatro seis
marrones como las lombrices
como un garabato estructurado
anteojos
compas
sillas.
Apuesto al siete
amarillo
y tengo los girasoles de Van Gogh en las rodillas.
XV
Amaneceres grises.
Nuevamente la tragedia.
Esquilo Sófocles Eurípides en mis venas.
Alguien
los asesinos
golpean a mi puerta.
Abran gatos
dejen que ellos se encuentren con mis ojos
y por el espanto de tanto dolor
mueran.
Jamás serán llorados
guitados
aullados
como los que tantas madres tuvimos que aullar.
EL ROSTRO EN LA MANO
Ediciones Argos, 2006
La esperanza
Creo en la esperanzade los pueblos.
En la gran naranja jugosa del mañana,
mas no en la esperanza individual
cruel
prostituida
emponzoñada
sabedora de todos los disfraces: tortola mensajera del amor
gallo de veleta que gira segun las brisas arbotantes
un no me olvides brotando en la nuca una mano en espigas y mares.
La esperanza es tan solo una araña sabia en las mas oscuras carcavas
mejor fortificadas
y en el veneno elaborado controlada con tal maestria
que sin matar perpetra la gran agonia:
inventa el milagro de la muerte y la resurreccion cada vez con mas dolor
con menos fuerzas
en un delirio que avanza en linea recta y se transforma en espiral
sin direccion.
Enloquecida.
La Herramienta
Esta hoja de lirio como un bisturí por la escarcha
esta tijera cuyos ojos miran un tiempo sin espacio
-donde todo es fin todo comienzo-
esta laminilla de bronce labrada en arabescos. Afilada. Afilada.
O esta cuchillita de cabo tachonado por un solo clavo
me caben en la mano
y pueden, con dulzura, atravesarme la garganta.
YO SECLAUD
Ediciones Argos, 1999
yo seclaud I
Soy Seclaud
la de dos cabezas y cinco corazones
la que reparte el pan de la alegría
y se somete a los presagios y las maldiciones.
Nada podrá contra mí gallina
de plumas encrespadas
que llora como mujer parturienta
ni los perros que aúllan a la luna.
Él vendrá con la vara de nardos cuajada de abalorios
a inaugurar nuevas conmemoraciones
porque he tallado azules sus ojos en el granito
y he amasado con hierbas olorosas su corazón.
Nadie podrá dañarme.
Resbalarán en mí los conjuros como en el cuerpo de
Las serpientes acuáticas.
Yo, Seclaud, desde la ribera de las cenizas
Y los ungüentos aceitosos
De las cacerolas y los espejos
Veo partir las naves hacia nuevas conquistas.
¡Adelante, viajeros que llevan en los mascarones de proa el mensaje último de los filósofos
la sabiduría de los científicos
los poemas que nos perpetúan!
Yo quedaré cuidando la tierra
los ángeles de manos callosas
las mermeladas.
yo seclaud II
No temo mi rostro gris ni mis manos grises oliendo
a caldo y mazamorra.
La mariposa de alas batientes revolotea alrededor
de las bujías como alrededor de mi corazón
y él duerme con su cabeza en mi vientre.
Pues me alimenté con hierro y con nuez
con aceite de arrayán y miel de alerce para que él
naciera
protegido de las naves perdidas en galaxias remotas.
Yo, Seclaud, de rodillas ante el fogón
conjurando a los dioses del fuego y del aceite
perfumo tu frente con albahaca y con laurel
ya que dado te fue nacer de vientre de mujer
del vientre de la tierra como un bulbo más
entre los bulbos. No hay girasol más luminoso que aquel que florece
en marzo, tardío.
Lo he visto quebrarse contra las lechuzas en su vuelo
derramar los pétalos en la tierra
devorar las verbenas en su hambre de macho cabrío.
Y ahora él es el girasol frente a las ventanas que se
abren al naciente
los pétalos que cubren la desnudez de la tierra
las lechuzas que se prenden en mi hombro
y me transforman en bruja.
Dejemos en la oscuridad la astrología.
En las bóvedas donde yacen los predestinados al Apocalipsis
los devorados por la impaciencia.
Las hechiceras controlan los astros que rigieron
entonces
mezclan sangre de halcón leche de cabra romero
y almizcle
y tiñen los umbrales por donde pasan las novias
y los ataúdes.
Él fue concebido en una noche no premeditada
sin sortilegios ni eclipses
sin piras de alcanfor ni de eucaliptos.
Yo, Seclaud, lo concebí sin presentirlo y eso me aterra.
Porque bajaron las cigüeñas a tomar té conmigo
y yo saqué las viejas tazas anaranjadas
y el mantel de hilo. Son las mensajeras.
Dijeron: cruza las manos sobre el regazo, no hables.
Y de entre sus plumas sacaron una llave.
Deberás abrir las puertas.
Detrás de cada puerta
una revelación espera.
Y siguieron diciendo:
él nacerá en agosto en febrero
y tú deberás conocer los secretos más recónditos.
Comieron la última tartaleta de manzana
y levantaron vuelo.
POEMAS
Ediciones Alción,1986
El combatiente I
Ninguna aventura como arriesgarse en los mares donde se ha naufragado
porque ahí, en las profundidades
han quedado la quilla y el velamen que aun faltan descifrar
ya que todo lienzo todo madera todo hierro
tienen escritas palabras invisibles que nos conducen al suicidio o la gloria
no fui devorado porque las olas me arrojaron a playas desiertas
a terrazas asoleadas donde vi la vida crecer
envolverme
el alcance de la resurrección
estaba muerto cuando me lance a la mar, sin rumbo
muerto cuando deambulaba por las ciudades buscando rejas para fotografiar
para ahorcarme
criptas para esconderme del sol
donde pensé que finalmente encontraría a mis fantasmas
perro llegaron huracanes violentos que desataron mis ataduras
que me envolvieron como un pétalo y me arrastraron más allá
de los límites donde alcanza la memoria el aturdimiento
abrí los pórticos de un territorio desconocido
y me fue dado conocer la luz
el valor de las sombras
El Fuego
I
Soy la Señora del fuego. Regreso de los infiernos donde fui a
apagar la sed que el agua no apagara.
Señora de todos los ardimientos, las fogatas, los incendios
aquí estoy, abrasada mi piel y mi carne: sólo huesos.
Ya que clavada como pira entre las llamas ellas creyeron
devastarme
más sólo transformaron en cenizas mis ramas, mi tronco, y sus
capas protectoras. Hasta mis raíces. Hasta mi albur.
Pero les arranqué el secreto y conservo intacta mi cofia, la protejo
en mis puños para que conserve el calor hasta encontrar tierra
propicia y enterrarla otra vez. Como fue al principio
Prometeo, prendido a mi esternón, así me lo exige. Y yo soy su
sacerdotisa.
El secreto del fuego es el secreto de la humanidad, el de la tierra,
las aguas, los astros.
Es mi secreto. Y he de llevarlo conmigo como bruja que sola fuera
aprendiendo hechizo tras hechizo.
La maga, la yatiri.
Y tendré que cuidarme de las conjuras de aquellos que creen en la
pureza y tienen enmohecido el cerebro y el corazón.
Ya que soy la más pura entre todos los seres pues Él ardió mi
cuerpo pero también ardió mis pecados y mis inhibiciones.
POEMAS CRUELES
Editorial Argos,1996
La Violencia II
Cuando el alacrán se descuelga de las vigas del techo
y cae como una flor carnívora sobre mi cama
nace el miedo.
La violencia.
Y el corazón de aquel niño que fui – el que buscaba el cauce de las savia en las hojas de lirio.
se va replegando
se va endureciendo hasta convertirse en nuez
VII Del terror
De nada nos servirían los escapularios
los escarabajos de oro para conjurar el peligro.
Los ojos de quienes se atrevieron a mirar
la lengua de quienes revelaron el engaño
cuelgan como crespones de las torres.
Ennegrecen las aguas.
La mentira cabalga potros desenfrenados
serpientes de escamas óseas que penetran en nuestras casas y arrasan con pudores cicatrices.
Trizan los pensamientos
desvastan el corazón
- Sin Título -
No es necesario envenenar el agua
cortarce las venas
ahorcarce
El recuerdo de lo que quisimos ser
el acto heroico
ante el cual retrocedimos
la muralla que no derrumbamos
la fortaleza que no construimos
el fuego que dejamos apagar
son suficientes...
La Vida
No es una espiral. Es un círculo.
Cerrado y perfecto.
Fundamentales problemas matemáticos
podrían resolverse con su diámetro
sus coronas
sus trapecios.
Llegaría a saberse si realmente existe vida en
Júpiter
se curaría el cáncer
se daría al zodíaco un lugar prominente.
Pero este es mi círculo.
Cerrado y sin perspectivas.
Lo cuelgo en una cadena alrededor del cuello
y me golpea acompasadamente el corazón.
- Sin Título -
La poeta no pretende crear refugios ni universos imaginarios , sale al choque , nunca deja de enfrentarce a las aves de rapiña, a los mensajeros del pasado:
"Alguien, los asesinos, golpean a mi puerta.
Abran gatos, dejen que ellos se encuentren con mis ojos,
y por el espanto de tanto dolor, mueran."
Para ella escribir es una forma de mantenerce viva, incansable, seguir sin bajar los brazos.
En su obra se puede sentir la necesidad que rige a cada una de las paginas: la del desahogo, la de la memoria y el olvido, y la de una silenciosa esperanza de por fin alcanzar la paz, hechizo que penetrara su alma "como la mansa lluvia penetra la tierra" . La poeta no perdona y menos olvida, y esto la lleva a luchar contra si misma, a batirce con su dolor, con el dragon que dia a dia la enfrenta con fuego y alas, huracanes y tempestades. Por momentos intenta desentenderse de su lucha, porque quiere volver a la vida, le urge "ser mujer ,amar sobre la hierba , los paredones, el asfalto, los puentes que unen a la muerte con la vida" pero el dragon arremete, le hunde la cabeza en la almohada y termina por convertirla "En una araña de setenta ojos, que teje su tela emponsoñada".
DE LOS POETAS
Editorial Argos,1996
Y nosotras
esta pleyade de madres deambulando por las plazas
removiendo los cimientos del orden
hilvanando a golpes de silencio
los barrotes de una carcel avida que espera
bordando con palomas la mortaja que el asesino prepara
para cubrir la esperanza.
Nosotras ...prodijiosamente unidas
dando los ojos a las que quedaron ciegas
las piernas a las sin rodillas
el corazon a la abandonada
¿que fuerza pudiera arrasar nuestra fuerza?
¿que dolor que tortura lograra apaciguarnos?
Nada pudieron las amenazas
Nada el criminal silencio.
Satanás
Quién dijo Demonio que sólo hay siete infiernos?
Son setenta y nueve y después la nada. El silencio donde te meces paciente como un suave gato suave
como las cenizas como la garúa
y sueñas con ser ángel de alas celestes.
Oh, tus locos desvaríos, Diablo! Conminado a vivir en el fuego, a ser la primera imagen del terror y el miedo.
Nadie sabe tu amor por las verbenas los trenes los barcos los corderos
y un alfeñique rosa para tenerlo en la boca mientras sueñas con la lluvia.
Amador de las aguas: tempestades, ríos, rocío. Océanos que por siempre te serán negados
arroyos que la lluvia forma contra las aceras. Tú, que quisieras jugar con naos de papel de seda; mandar con ellas enigmáticos secretos.
Oh, Diablo, oh, Demonio, oh, Satanás!
Qué remanso habrá en mi sangre para que puedas apacentar dulces hierbas, para que goces el ocio y la creación devenga.
-Tanto es tu trabajo con la horquilla siempre a cuestas!-
Ven a jugar conmigo esos juegos tuyos increíblemente absurdos.
Genio de lo diferente, último romántico, transgredamos juntos esta sociedad hipócrita de indiferentes, criminales, tecnócratas.
Un arte
en fuga de muerte.
Queda el lenguaje:
la traza de espuma que él puede alcanzar
sobre la arena del desierto.
ENTREVISTA
Solidaridad, asombro, ternura.
Era una tarde tibia del otoño recién amanecido de 1991 en la que Glauce Baldovín pronunciaba esas palabras como si cada una fuera una poesía en sí misma. “Son los tres sentimientos primordiales del hombre”, decía, mientras el humo de un cigarrillo negro le incendiaba la boca.
Una y otra vez llamaban a la puerta y Glauce la abría con entusiasmo por beber otro sorbo de besos y abrazos. Ese día comenzaba a dictar su taller literario, pero hacía ya un año que un caudal de afecto llegaba hasta su casa. Ella se sentía en andas de la plenitud. “Hoy no estoy viviendo, he resucitado. Por eso me siento feliz. Si vivir es hermoso, resucitar es la gloria”, proclamaba.
Había pasado una larga temporada en el infierno; casi una década internada en el instituto psiquiátrico Berman. Pero no sólo emergió con la vida latiendo con fuerza en sus venas, sino también con varios puñados de poemas, muchos de los cuales han dejado la penumbra y ahora ven la luz en el libro Poesía inédita reunida, editado por la editorial Las Nuestras y que llegará a las librerías en los próximos días.
Aquellos años fueron los de su estigma, aunque pudo salir a la luz y andar bajo su amparo hasta que la vida se le escapó el 23 de agosto de 1995, a los 66 años.
Volvamos a la tarde de otoño.
El derrumbe, contaba, comenzó cuando en 1976, su hijo, mientras cumplía con el servicio militar, fue devorado por el país de las sombras: “No estoy de acuerdo con la palabra desaparecido. Mi hijo no desapareció: lo secuestraron y fueron los militares”, nos decía. Luego, Claudio, su otro hijo, enfermó gravemente. “Estuvo seis meses internado. Lo exoneraron de la universidad y tuvo que irse de Córdoba, pero no pudo seguir estudiando. Tampoco pudo abandonar el país porque no teníamos dinero. Entonces fue que me quebré. En el ’81 me arrojé a la pileta del alcohol. Y digo me arrojé porque nunca había probado una gota”.
–¿Cómo es ese infierno?
–Es la confusión, la locura. Que me perdonen los psiquiatras pero la locura es eso, confusión. En el Instituto Berman me fui haciendo una vida propia y ya había decidido quedarme a vivir allí. Era una irrealidad enferma. Mi mundo fue crear un taller de lectura. Si no hubiese sido por la poesía, por la solidaridad de la gente, hubiera sucumbido.
–¿Cuáles eran las sensaciones que la acosaban?
–El sentimiento de culpa por haber caído en el alcohol y por mi debilidad. Creo que la culpa y el miedo marcan esta civilización monstruosa. Por la culpa y el miedo nos dominan.
Esa mujer que llevaba el infierno en carne viva, era poeta y sonreía a puro verso empecinado.
Desnudez de la existencia
“Glauce Baldovín escribe desde otro lugar: pocos, como ella, lograron con economía de recursos o el uso de recursos tan parcos como el de la comparación o la prosopopeya, una expresión honda, cabal, con riqueza significativa y ajena tanto a la autocomplacencia como a innecesarios desbordes. Definitivamente alejada de la facilidad de lo meramente sensitivo, en su escritura vibra la desnudez de la existencia”, dice Julio Castellanos en el prólogo del nuevo libro. El escritor también afirma que a ella “le estará reservada el destino de hacer que el viejo concepto de poetisa quede en la oscuridad: será nuestra primer gran poeta mujer”.
Es insoslayable la huella que su poesía abrió en Córdoba. Su primer trabajo publicado, El libro de Lucía, data de 1967, según consigna Livia Hidalgo en su semblanza incluida en el libro. Luego le seguirían El libro de Isidro, Yo Seclaud, La militancia. Por ese último, en 1972 debió haber viajado a Cuba para recibir el premio Casa de las Américas (uno de los más valiosos premios a las letras americanas), pero, acaso porque llegó un telegrama a su nombre procedente de aquel país, su casa fue allanada por la Policía y ella detenida, y ese antecedente obró para que le fuera negado el certificado de buena conducta necesario para salir del país. Entonces, la poeta militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores, luego de haberlo hecho en el Partido Comunista.
El sol fue su primera inspiración: cuando tenía 9 años escribió un poema y lo leyó en la mesa de la casa donde vivía junto a sus padres, abuelos y 12 tíos, en su Río Cuarto natal. Recibió su primer gran asalto: en una casa de inmigrantes y trabajadores había florecido la palabra. “Mi casa fue pobrísima, pero rica en historia e imaginación”, nos contaría.
La lumbre de la vocación ya no se apagaría, mientras entregaba su pasión a revistas culturales ( Mediterráneo, Vertical, Hoy en la cultura), aunque en el camino algo se quebraría: a los 28 años se cayó de un caballo y tuvo que pasar varios meses enyesada y en cama. Y fue en esos días, abrumada de silencio, que dejó de creer en los poemas que había escrito. Es que había sufrido demasiado intentando escribirlos: sentía que, para ser consecuente con sus ideas, no podía dejar de nombrar el martillo, la hoz, la paloma, la paz, el hambre. Los rompió uno a uno, sigilosamente, para no llamar la atención.
A partir de entonces, su sensibilidad sería más poderosa que su razón.
Vendrían más trabajos: De los poetas, Libro del amor, Libro de la Soledad, Con los gatos, el silencio, y otros. “Necesito al hombre. Sigo amándolo, odiando al miedo, a la culpa. Amando la solidaridad, el amor, el asombro, la ternura”.
Un legado
La aparición de Poesía inédita reunida, estos puñados de palabras de Glauce Baldovín, es una buena noticia para Córdoba. Acaso ella, sus poemas, sean como dicen los últimos versos de Arte poética:
“Y si esparces luz también de luz te alimentas pues nada hay en tus profecías tan importante como la claridad que lleva a convertirnos en hijos de la aurora. En sus principales combatientes.
Luz en la tierra, luz en los corazones!
Claridad quebrando las tinieblas, claridad en el cerebro!
Es una de tus leyes y el legado para las nuevas generaciones: Sol en la poesía. La poesía vivificando al Sol. ¡Renovándolo!”
Domingo 10 de julio de 1994. Pagina /12
"Ni desaparecido ni detenido Secuestrado", dice con voz de madre de plaza de mayo, con los ojos brillantes y la voz firme. Entonces se acuerda. En el 76 fue secuestrado Sergio y yo recien a fines del 79 pude volver a escribir, hice 20 poemas en homenaje a los secuestrados y el libro se termino alli , pero no se publico. Y despues vino la obediencia debida, el punto final y hasta el indulto, y yo pense que el libro no podia quedarce anclado donde yo lo habia cerrado.
Deje ese libro como primera parte y escribi la segunda que se lla ma Ni olvido ni perdon
Y ese libro fue ilustrado por Carlos Alonso y se publico como De los Poetas
-Escribe desde temprana edad, pero nunca pudo dedicarce exclusivamente a la poesia...
_La pesia no da de comer y aunque la amo profundamente y me ha ayudado a soportar trances muy duros de mi vida, recien ahora que me jubile puedo dedicarle todo el dia y lo hago con mucho placer. Claro que voy a seguir escribiendo, no considero que tenga una obra cumbre. Si creo que soy poeta, porque ese es un oficio como cualquier otro, que hay una predisposicion para escribir para escribir, no lo niego pero si a esa predisposicion uno la trabaja con el oficio de haber leido y escrito mucho, ese oficio de romper y volver a escribir y tacha y volver ha empezar.
La poesia sale de su oscuro rincon
me enfrenta
me mira desde sus ojos sin parpados
y me exije testimonio sobre el hambre
la persecucion
el crimen.
Me conmina
me sentencia
Y antes de esfumarce otra vez
deje en mi mano un afilado puñal
de punta perfecta.
La sangre se hace agua y los rios van definitivamente al fondo del alma. Pero es que tengo frio, ¿entienden?, frio en el alma. Como hago para soportar tanto caudal, como para calentarlo. Si estoy sola y asi no puedo detener el goteo de mi sangre. Me estoy muriendo sucia de tristeza. La paloma se fundio en cenizas de ausencias. La otra se a perdido en los espejos multiplicados de tantos otros. Mi azco no tolera mas la acechanza permanente de la muerte. Estoy cansada de retener la mano del que se va otra vez. Y las puertas de mi casa aun se empeñan de abrir paso a la luz para que a travez del poema resucite. El vuelo o la extincion. Esa decision se la dejo a los poetas, mis amigos, los que siempre sacudieron mi piel percudida de esquirlas. Mi vida es una sucesion de naufragios y extravios, mi cuerpo es solo el habitad del grito. Quizas me mantenga viva al sentir dia a dia las ausencias. La palabra es verso y el poema vuela y se eleva de mi mano. Resucitare todas las veces que se convoque al hombre, el que aun se asombra, aun se enternece, aun llora. Me envuelvo de blanco y desde el azul profundo de mis ojos, juro, escribire un poema en la mano de los que quiero , que son todos. Cuando despierten, veran que no les miento. Abran su mano. Los quiero tanto.
OTROS
GLAUCE BALDOVIN O “LA SEÑORA DEL FUEGO”
Por Julio Castellanos
Glauce Baldovin (1928-1995) es una de las figuras mayores de la poesía de Córdoba. Aunque de concepción inequívocamente “sesen(seten)tista”, su primera publicación es “Poemas”, de 1987, que incluye el conmovedor “Libro de Lucía”, el que con su posterior “Libro de la soledad” (1989) señala uno de los momentos realmente ponderables de la poesía argentina.
Su estética incorpora el poema al curso de lo narrativo: son sus trabajos verdaderas historias (es decir ficciones verosímiles, un poco al estilo del Edgar Lee Master de la Antología de Spoon River). Por lo general, sus libros toman un tema que es paulatinamente desarrollado con un alto contenido de lirismo. Por otra parte, la poeta se concede el derecho a articular enunciados de carácter ideológico o político (al modo de la llamada poesía comprometida) sin permitirse que mácula alguna atente contra la belleza formal del poema.
De su obra, en gran parte aún inédita, se han publicado, desde 1987 a la actualidad, los libros “Poemas” (Libro de Lucía, El fuego, El combatiente); “Libro de la soledad”; “De los poetas”; “Libro del amor”; “Con los gatos el silencio”; “Libro de la soledad” - “Nuestra casa en el Tercer Mundo”; “Poemas crueles” (De la violencia, el terror y el despojo y El ángel aherrojado); “Libro de María” – “Libro de Isidro”; “Yo Seclaud”; “El rostro en la mano”; “Promesa postergada” y “Huésped en el laberinto”.
Alejada de artificios, su poesía recorre líneas precisas por dos carriles fundamentales: el de un discurso en el que predomina una narración de fuerte pero equilibrado tono emotivo de construcción de la subjetividad y el de un cuerpo que transparenta apelaciones de carácter social. Ambos, el campo de la “poesía pura” y el de la poesía “instrumental”, forman en su corpus una entidad sólida. Cada libro es una obra que se abre y se cierra: la voz poética los estructura con una intención (in-tensión) que desarrolla un asunto siguiendo sus ramificaciones, sus expansiones; creando una arborescencia propia.
(…) pocos, como ella, lograron con economía de recursos o el uso de recursos tan básicos como la comparación o la prosopopeya, una expresión honda, cabal, ajena tanto a la autocomplacencia como a los desbordes; alejada de las identificaciones meramente sensitivas.
Todo esto sin transitar por un camino “cerebral”; sin renunciar a lo más genuino de la emoción poética, de la manifestación de esa poesía que muestra una superficie ensamblada por articulaciones profundas; superficie muchas veces temblorosa que trasluce una voluntad comunicativa, en la que es posible el verse del lector, vuelto amable cómplice.
Acaso por aquello de que la poesía es “expresión de la interioridad”, y que es habitual la confusión de interioridad y biografía, es una fácil tentación apelar a las tribulaciones biográficas de un poeta; el hacer de ese acontecer una suerte de herramienta apta para la “explicación” del poema.
En rigor, el poema sólo debe justificarse por sí mismo. Más aún, pareciera que cuando el texto se separa de su ejecutor adquiere su propia carnadura, su verdadero sentido en el bosque simbólico de lo dicho. Y en este sentido trabaja el tiempo, erosionando el cuerpo del enunciante; facilitando, con esta erosión, la construcción de lo escrito como el único cuerpo posible, el único expuesto; puesto fuera del sí mismo, integrado en el discurso de lo otro.
De todas maneras no resulta, en algunos casos, impertinente alguna mención a ese transcurso que llamamos vida. Más, cuando la palabra escrita resulta una suerte de expulsión, de materialidad emanada en la duración de ese transcurrir: es el caso de Glauce, que supo hacer de su historia (de su vida, de su cuerpo) un texto.
Julio Castellanos -poeta y crítico que además de amigo fue editor de algunos de sus títulos- dice a Télam de Baldovin: "Es nuestra primera poeta; la que supera, en particular, la estética de las poetas de origen `cuarentista`. Es una mujer que escribe, pero no desde el lugar secundario de la mujer, dado por la cultura dominante de mediados de siglo".
Asiente Castellanos con tres términos claves en la obra de Baldovin -desgarro, esperanza y desborde- y señala: "Es una poética del desgarro, sí, pero sin `mostraciones` excesivas, sin golpes bajos, sin auto-lamentaciones. En ella hay tanta pérdida como esperanza; amor como odio, soledad como celebración del encuentro".
Y añade: "Por las circunstancias que tuvo que vivir -secuestro de un hijo, militancias, abismos de locura, internaciones, alcoholismo-, debió necesariamente pasar por ciertos
`desbordes`. Pero lo más significativo es su permanente canto a la exuberancia que es la vida; en este `rasgo whitmaniano` habría que indagar".
"Poesía inédita reunida" recoge varios libros inéditos de la autora como "Confesión", "Clamor por la identidad, "La fotografía" y Tercer milenio", a la vez que quedan por fuera otros de sus muchos títulos, entre ellos: "La militancia", "De la violencia, el
terror y el despojo", "El Fuego" y "El libro de la soledad".
Baldovin, al decir de Castellanos, "incorpora a la poesía una expresión en la cual la sensibilidad está `al servicio` del asunto que trata. Su subjetividad, expuesta con enorme lirismo, no opaca al sentido. Es una poesía altamente referencial, articulada desde el yo poético, desde el espacio conjetural de la mirada".
Su principal aporte a la poesía cordobesa "es el de haber logrado contar, sin caer en la ingenuidad de la búsqueda `emocional` del lector. Incorpora al que la lee haciéndolo cómplice, no del tema, sino del asunto poetizado".
Imágenes de destrucción y una atmósfera de pesadilla pueblan los textos de la poeta cordobesa, en un trazo expresionista donde los sentimientos aparecen representados en un escenario fantasmal: plantas carnívoras, sombras, enredaderas amenazantes. También es recurrente en su obra el tema de la locura.
En los años 60, Baldovin vivió en Buenos Aires donde se desempeñó como secretaria en la redacción de la revista literaria Hoy en la Cultura, luego codirigió la revista Vertical. A publicar comenzó tardíamente, en 1987, con su libro Poemas, editado justamente por Castellanos para el sello Alción.
La poeta cordobesa padeció trastornos nerviosos en los 80 -ella habla de años de "confusión"- por lo que fue internada en un neurosiquiátrico, aunque no abandonó la escritura que dio versos como éste: "Anoche/ locura/ la araña tejió tu nombre en mis sesos"; así su poesía se convirtió, interviene Castellanos, en "un hábitat sin el cual su vida quizás no hubiera tenido sentido".
Con pasajes narrativos, versos de tono exaltado o con el fraseo de la oración religiosa, Baldovin escribe como haciendo el balance tras la tempestad y puebla su lenguaje con imágenes contundentes: "Tus rostros!/ Tus innumerables rostros me sobrevuelan… Caravana que miro desde lejos como si se tratara/ de barcos arrastrándose por los desiertos/ de animales de cabellera ondulante…".
Castellanos, se refiere a esa mujer que en la escritura parecía buscar un interlocutor cercano para entablar un diálogo: "Era una mujer de muchas amistades y también con un brillante histrionismo; una simpatía notable; pero su diálogo tendía siempre a lo solitario: buscaba interlocutores atentos".
Hay un clamor en la poesía de Baldovin -el interrogante de cómo seguir viviendo- en una poesía que reúne lírica y épica, y que va de la profunda instancia amorosa e íntima a la coyuntura social; escribe: "¿Quién podría narrar la trágica historia de los secuestrados?".
El editor narra una anécdota: Al llevarle a su casa el libro `De los poetas` (1991), acabado de publicar, en el que vertía su dolor, tuvo una crisis de llanto. En su cama, mientras sostenía en su mano la imagen de Santa Teresita de Lisieux -de la que era devota, como de Lenin- me dijo: `Julio, esto no es poesía, es solamente un grito`.
Y afirma que la compilación que acaba de salir con varias de las obras inéditas de Baldovin "es un enorme libro de poemas que, claro está, guarda todos los gritos".
_
Fragmento seleccionado por Concepción Bertone de un ensayo sobre “Glauce Baldovin en la poesía de Córdoba”, del poeta Julio Castellanos.
"Mi sola culpa dice Glauce Baldovin, es la rebeldia ante una sociedad piramidal, cuadriculada que no acepta en su rebaño oveja descarriada...En una sociedad piramidal el rostro social es una mascara.Y el rostro descarriado la mascara de la mascara al desnudo...Si el hombre tiene un destino ese es el de escapar al rostro y las rostrificaciones.¿Pero, como deshacer el rostro? Glauce en su travesia, traza lineas de fugas: Primero fue el alcohol... Pero el alcohol devino arcangel de la trampa. Segundo: La ilusion de la recuperacion. Y ahora estoy pariendome, dandome a luz a mi misma. ..Tercero la poesia. No me produce alegria escribir, me provoca terror...pero es mi propuesta de vida.Deshacer el rostro no es nada sencillo.Lo impoetante es salir de el, no en el arte, sino en la vida real. Ycuando se hace la luz: ...el goce de la vida es la propia liturgia. Puede uno entonces,ponerse el rostro en la mano...y celebrar el reencuentro. .."