Chernobyl: a 25 años, sigue matando
Después de 25 años de la tragedia en la central nuclear de Chernobyl, una cumbre de la que participaron decenas de países logró juntar los 700 millones de dólares necesarios para fabricar una nueva estructura en torno al reactor que explotó en 1986. Durante todos estos años las fisuras no se sellaron. ¿Cuánta gente más morirá como consecuencia del accidente atómico? ¿Se está recuperando la zona afectada por la radiactividad?
A 25 años del accidente, expertos en energía nuclear monitorean regularmente los niveles de radiación en las inmediaciones de la planta.
Veinticinco años después de la explosión de un reactor de la central de Chernobyl, la cantidad exacta de víctimas sigue siendo tema de debate y millones de personas, según los médicos, sufren aún los problemas de salud derivados de la catástrofe.
Las autoridades ucranianas estiman que unos 5 millones de personas, ucranianos, bielorrusos y rusos, "sufrieron" por esta catástrofe. Buena parte de ellos vive aún en los territorios contaminados.
Para la organización Greenpeace, los efectos de la contaminación radiactiva, cáncer, daños al sistema inmunológico, enfermedades cardíacas, entre otras, podrían causar de 100.000 a 400.000 muertes en esos tres países. Cifras que contrastan con el balance de la ONU, que estimó en 2005 en 4.000 la cantidad de personas muertas por las radiaciones.
Un comité científico de la ONU, UNSCEAR, sólo reconoce los efectos de la radiación como causa de la muerte de 31 operadores y bomberos e imputa a "diferentes razones" la de otros 19 "liquidadores" fallecidos antes de 2006.
Volodymyr Palkin, un ucraniano de 69 años que trabajaba en la central en el momento del accidente, contó que pasa por lo menos dos meses por año en el hospital y que sufrió hemorragias en la garganta y los intestinos.
"Tenía una salud de hierro, hoy tengo unas treinta enfermedades", sostuvo sentado en su cama en una clínica especializada de Kiev. "Tengo dificultad para caminar, mis huesos se desmigajan, tengo problemas de tiroides", agregó.
Tras la explosión del reactor número 4 de la central el 26 de abril de 1986, unos 600.000 soviéticos fueron enviados -desde todo el país- para participar durante meses en los trabajos con el fin de frenar la propagación de las radiaciones, aislar los restos del reactor y limpiar la zona contaminada alrededor de esta central atómica.
La única consecuencia incuestionable de la catástrofe es un fuerte aumento de cáncer de tiroides. El último informe de la UNSCEAR publicado en febrero dio cuenta de 6.000 casos de esta enfermedad, 15 de ellos fatales.
El médico bielorruso Iuri Bandajevski, autor de numerosos estudios sobre Chernobyl, estima que los informes oficiales minimizaron el impacto de la catástrofe por la presión del lobby nuclear. "Durante 25 años, las estructuras estatales hicieron todo por esconder las informaciones en provecho del lobby nuclear, el más poderoso del mundo, que dicta sus condiciones", aseguró.
Bandajevski, que fue encarcelado por acusaciones de corrupción que, según denunció, estaban relacionadas con sus críticas al poder bielorruso, acusó a las autoridades de las ex repúblicas soviéticas de no hacer nada para proteger a las millones de personas que viven en los territorios contaminados.
NATURALEZA EN PELIGRO
Pero los efectos para la salud humana son sólo uno de los tantos problemas que provocó y seguirá causando el accidente. Las emisiones radiactivas -generadas tras la catástrofe nuclear de 1986- siguen siendo un riesgo para el medio ambiente.
Las autoridades ordenaron evacuar una zona de 30 kilómetros alrededor de la central y prohibieron la caza, lo que permitió que castores, caballos salvajes, búhos, águilas y otros animales volvieran a la región. Pero "Chernobyl no es para nada un remanso para la vida salvaje", advirtió Tim Mousseau, profesor de biología en la Universidad de Carolina del Sur, Estados Unidos.
"Hay muchos menos animales e incluso menos variedades de las que se podría esperar" ante la ausencia de implantaciones humanas, subraya el biólogo, autor de un exhaustivo estudio sobre la vida salvaje en la zona de exclusión. Ese trabajo mostró que el número de mamíferos disminuyó y que la biodiversidad de los insectos, incluso abejorros, langostas, mariposas y libélulas, también bajó.
Mousseau y sus colegas capturaron 550 pájaros de 58 especies en ocho sitios diferentes y midieron su cabeza para determinar el volumen de sus cerebros.
Los pájaros que viven en los "puntos calientes", zonas de mayor contaminación radiactiva, tenían cerebros 5% más pequeños que los que viven en zonas donde el nivel de radiación era normal, señaló ese estudio, publicado en febrero. La diferencia es particularmente grande entre los pájaros de menos de un año.
Esa situación "está claramente relacionada con el nivel de contaminación", consideró Mousseau, quien menciona las "consecuencias para el ecosistema en su conjunto" y la necesidad de estudiar el impacto del desastre.
El científico lamentó que el financiamiento de la investigación occidental sobre los impactos de Chernobyl para el medio ambiente se haya hundido y que numerosos estudios de Europa del este jamás se traduzcan al inglés.
http://***/chernobyl-a-25-anos-sigue-matando-n21213.html