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Historias de Terror para No Dormir

Paranormal8/6/2015


¡Este es mi primer Post!

Aqui en contraras unas historias de terror para entretenerte un rato:

La Niña y la Muñeca

La vio por primera vez cuando fue de visita a la casa de Cecilia, una amiguita que estaba muy enferma. La pálida chica abrazaba muy fuerte esa linda muñeca a la que Rosalba no podía quitar los ojos de encima y la cual le dejó como regalo tras su muerte días después.

La pobre niña no sabía que sentir, aunque el presente le había fascinado, la tristeza por perder a su amiga no le dejaba disfrutar. En momentos creía que su deseo de poseer la muñeca había causado la muerte de Cecilia y la culpa la consumía. Sobre todo porque no había alrededor alguien que se preocupa por ella, su propia familia la ignoraba por completo.

A causa de esta soledad, su único refugio fue la muñeca, se convirtió en su compañera, en su amiga, en su todo. Compartía con ella secretos, miedos, frustraciones y problemas en su entorno. Y pronto sucedió algo muy extraño, pues todo aquel que dañaba a Rosalba de algún modo, aparecía muerto, con su rostro destrozado a arañazos. Ni su propia familia estuvo a salvo de este terrible mal, un día al despertar, se dio cuenta que estaba sola en el mundo, pues sus parientes estaban tirados en la cocina ahogados en un charco de sangre.

La pobre niña empezó a llorar y llorar por estar sumida en aquel terrible cuento de terror, en el que todos se marcharon de un modo horrendo, dejándola en el olvido. Sus lágrimas fueron tantas que terminó dormida sobre la mesa. Despertó envuelta en llamas, y extrañamente veía que su cuerpo la observaba sonriente mientras se quemaba.

Todo acabó con una muñeca achicharrada, y dos contentos padres por tener de vuelta a su hija, pues aprovechando el encanto que Rosalba sintió por el juguete, lo acercaron a ella después de meter ahí el espíritu de su moribunda hija, para que en el momento preciso esta hiciera un intercambio y tuviera nuevamente un cuerpo humano.



Habitación 107

Camila no había alcanzado a llegar a casa de sus padres para Navidad, porque su trabajo se lo impedía, tras muchos reproches de sus familiares hizo todo lo posible para estar ahí en vísperas de año nuevo. El camino no era muy largo, solo un par de horas de distancia, las cuales recorrió sin mucho problema, pero se sentía bastante cansada a causa de las tareas que tuvo que adelantar en su empleo para conseguir el permiso de ausentarse un par de días.

Sus hermanas no apreciaron todos sus esfuerzos y aun no la dejaban poner un pie dentro de la casa cuando ya estaban echándole en cara el haber fallado, achacándole cuanto problema pudiesen. La pobre joven no pudo soportar tantas críticas y en unos minutos salió corriendo al motel más cercano. Conocía el camino como la palma de su mano, había vivido ahí toda su vida a excepción de los dos últimos años cuando su trabajo la llevó hasta la ciudad vecina.

El dueño del motel era un amigo de la infancia así que le permitió quedarse sin problema. Después de llorar desconsolada por horas se dirigió al baño para lavarse la cara, justo en el momento de abrir la puerta un olor nauseabundo la hizo olvidar su llanto, era tan fuerte que la hizo caer de rodillas mientras se tapaba la nariz, de inmediato fue hasta la recepción para avisarle a su amigo del estado de la habitación, este acudió amablemente, y encontraron juntos el problema, la regadera estaba sucia, una maloliente agua negra brotaba desde el piso.

El encargado la llevó hasta una nueva habitación y después de revisar que todo estuviera en buen estado, se marchó. Camila entonces fue a tomar un baño, dejó que el vapor invadiera el ambiente, y por unos minutos se olvidó de todo lo sucedido. Estaba disfrutando tanto del agua caliente deslizándose por su cuerpo que no puso atención al rechinido de la puerta al abrirse, cuando quitó el jabón de sus ojos era ya demasiado tarde una sombra se distinguía del otro lado de la cortina, al verse descubierta le saltó encima enrollándola con el plástico. Camila pataleaba y manoteaba llena de desesperación, tirada en el suelo, pero en un momento lo único que podía sentir era confusión, se vio de nuevo parada bajo el chorro del agua abriendo los ojos y con su alrededor intacto.

Entonces no quiso quedarse más ahí, enrollada en la toalla se echó sobre la cama a ver la televisión, una película muy dramática que de nuevo la hizo llorar y al estirar la mano para tomar un pañuelo, sintió como unos dedos fríos intentaban sujetarle el brazo, no tuvo tiempo de zafarse, ¡Estaba Atrapada!, una larga cabellera negra la enrollaba por completo impidiéndole gritar, parecía atrapada en un remolino entre el cual pudo distinguir el pálido rostro de una joven mujer, con los ojos completamente negros y vacios.

Entre el ajetreo una lámpara cayó al suelo y por unos instantes las luces parpadearon, lo cual puso bajo alerta al encargado y fue hasta la habitación, después de tocar la puerta un par de veces pudo escuchar un forcejeo, que lo obligó a entrar sin consentimiento ayudado por su llave de repuesto.

Por un momento no pudo creer lo que veía, estaba parado inmóvil en la puerta, quería correr pero había olvidado cómo hacerlo, por más que lo intentaba ni un músculo obedecía, la pálida dama al sentirse observada liberó a Camila, para dejar que su cabellera flotara por la habitación moviéndose cual serpientes al acecho, cada cabello parecía tener vida propia, extendiéndose por las paredes, invadiendo cada rincón, avanzaban hasta la puerta para atrapar al observador inoportuno.

Parecían perdidos cuando las luces de un auto que apenas llegaba iluminaron de frente la habitación, causándole una molestia y aversión a la chica flotante, que recogió la cabellera tan rápido que nadie pudo verla, solo quedaron atrás su chillidos mientras gateaba por la paredes tratando de esconderse de la luz.

Poco tiempo después se supo que en aquel motel, muchos años atrás, una joven mujer fuereña, se hospedó en la habitación 107 para quitarse la vida a causa de la depresión que sentía de pasar esas épocas de fiesta en soledad. Sin imaginar que el castigo por sus actos seria quedarse atrapada en ese lugar sin poder descansar.



Muñecos de Nieve

Era la primera Blanca Navidad para Armando, después de haber vivido 10 de sus primeros años en una ciudad templada que no permitía si quiera vestir suéter en épocas decembrinas, se sentía muy emocionado de haberse mudado al norte de Estados Unidos junto a sus padres y ahí poder por fin después de tanto tiempo deseándolo, conocer la nieve. El deseo se le cumplió justo en Nochebuena, así que olvidó todos los demás regalos por salir a jugar en la nieve con su padre.

Fueron horas las que pasaron fuera, arrojándose bolas, haciendo angelitos, y por supuesto, muñecos de nieve, tres de ellos, uno para cada miembro de la familia. Cuando estuvieron terminados, su madre le prestó unas bufandas para que pudiera vestirlos, tomaron entonces fotografías y fueron adentro de la casa pues el frio ya era algo intenso. A través de la ventana el pequeño observaba con mucha ilusión aquellos muñecos, la espera le parecía eterna para salir de nuevo a jugar en la nieve. Pasaron así horas hasta que por fin lo enviaron a dormir.

Al siguiente día se puso de pie antes que sus padres, y tuvieron que llamarlo varias veces para que se presentara a desayunar. Por la noche de nuevo hubo que pedirle más de una vez que entrara a la casa, así fue por los siguientes tres días, hasta que el frio cedió y el sol empezó a calentar derritiendo la nieve, deformando a los muñecos. En su desesperación al ver que cada vez eran más pequeños y se veían mas como un bulto, el chico rescató sus cabezas, las hizo más pequeñas al compactar bien la nieve , les formó de nuevo el rostro y fue a esconderlos en el congelador de la cochera donde guardaban la carne.

Conservando sus acciones en secreto, dejó que los cuerpos siguieran derritiéndose. Esa noche se sentía más tranquilo, hasta fue a dormir sin que sus padres lo ordenaran, de cualquier forma la nieve se marcharía, pero el ya había tomado medidas para conservar su gran obra de arte.

Marcaba el reloj las dos de la mañana cuando el pequeño se despertó a buscar una cobija extra, pues el frio había aumentado hasta el punto de hacerle sentir muchas ganas de ir al baño. Al poner los pies en el piso se dio cuenta de que estaba mojado, un charco de agua fría rodeaba su cama, algo intrigado encendió las luces para investigar un poco. El rastro lo llevaba fuera de su habitación, por la escalera pudo ver un poco de nieve, y al llegar al salón se encontró con un gran bulto. Detrás había aun más agua, señalando el camino hasta la puerta principal, el niño se acercó con cierta desconfianza.

Pudo escuchar un ruido débil que rascaba la puerta en la parte de abajo, cuando se asomó por la ventana no había nadie, así que abrió para ver de qué se trataba, al principio no notó nada raro pero al observar el jardín se dio cuenta de que el resto de los muñecos de nieve había desaparecido, en su lugar había huellas de arrastre, cuando se disponía dar paso su pie se atoró con algo y al voltear hacia abajo, vio que una rama le rodeaba la pierna, ¡Era el muñeco de nieve! que lo sujetaba con fuerza mientras intentaba arrastrarse hacia dentro de la casa.

No pudo gritar por la impresión, pero su instinto de supervivencia lo llevó a sacar fuerzas que no conocía y librarse de inmediato para salir corriendo hasta su habitación, por desgracia había olvidado el estado en que se encontraba y resbaló en el charco de agua. Se dio un gran golpe, que le nublo la vista, pero no lo suficiente para impedirle ver que los restos de los otros dos muñecos de nieve estaban escondidos bajo su cama y se movían hacia él, para reclamar sus cabezas.



Un Día Extraño

(Narrado en primera persona)

Anoche no pude dormir, me acosté temprano porque estaba cansado, pero solo di vueltas en la cama, cuando por fin pude cerrar los ojos, la alarma sonó, sentía como si hubiera pasado toda mi vida dormido, no tenía ganas de levantarme aun porque a pesar de que la noche fue calurosa, hoy se siente un frio que llega hasta los huesos, afuera está nublado, por eso parecía más temprano al sonar el despertador, creo que toda la gente se siente igual que yo porque no se escucha el acostumbrado bullicio de las mañanas, hay tres escuelas por mi calle, un parque industrial al lado, es raro que no se escuche ruido, ni siquiera los perros ladran y yo tengo cinco.

Esto no me está gustando algo raro sucede, tampoco se han levantado los demás… pero; ¿Dónde están?, sus camas están vacías, no se ven en el patio, mi madre tiene tos, no puede salir con este frió… me voy a poner una chamarra para salir a buscarlos, puede haberse puesto mal y yo no me di cuenta, mejor les llamo al celular, mmm… lo dejaron en la mesa, tal vez salieron rápido, mejor me doy prisa. ¿Pero qué…?, hay algo baboso pegado en mis zapatos, está bien pegajoso no me deja caminar, que asco, parece un moco gigante. Bueno voy con la vecina, si algo pasó ella siempre se entera porque le piden aventón, ahí está su carro, la puerta de su casa está abierta, nadie responde a mis gritos, voy a entrar. Agrrr, esa cosa babosa otra vez, cae del techo… hay muchos capullos transparentes con algo dentro, voy a abrir uno con ese palo. Ahhh…Ahhh… es el cuerpo de mi vecina embarazada, su piel esta transparente, se le puede ver el bebe dentro, ¿Qué hago?… voy a romper todos los capullos, cielos, cuantos cuerpos, espero no encontrarme a mis padres aquí. Alguien respira, ¿Dónde estás?, tranquila yo te ayudo, estas bien, tu bebe está bien, no te preocupes por nada. Cielos esta vomitando esa cosa verde asquerosa, se mueve, se me sube por el cuerpo, me está atrapando, me envuelve, crece… ¡Me quiere convertir en un capullo!, yo mejor me voy. Apenas pude escapar.

Hay muchos gritos, ¿Qué es eso?, unas monstruos grises, muy corpulentos y obesos están arrancando los capullos de los techos, los llevan arrastrando hasta la mitad de la calle, los abren con las garras, también abren a la gente a la mitad, les sacan una larva dientona… aquel echó a mi hermana en un costal, es mejor que vaya por ella, aun no está trasparente, no tiene nada dentro. Echan gente en un barril enorme, las están machacando con un mazo. No soporto los gritos, se descuidó aquel, ya tengo el saco con mi hermana…

Nos esconderemos entre el techo de la casa, desde aquí pude verse todo, están alimentando a las larvas con la gente machacada, no entiendo nada, no sé qué pasa, pero el sol está saliendo, y ellos se van arrastrando los capullos, con las personas en los costales, y muchas larvas, solo dejaron atrás los cascarones de gente. ¡Qué día más extraño!. No quiero que vuelva a estar nublado nunca más.

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