Según dos físicos, Dorian M. Raymer y Douglas E. Smith, de la Universidad de California (EE.UU.), los auriculares están destinados a terminar con más enredos que el pelaje de un perro de raza poodle. Usando fórmulas matemáticas, los físicos denominaron el curioso enredo como nudos espontáneos.
Si los cables de tus auriculares se enredan mucho o poco, tendrá que ver con la longitud. Es decir, mientras más largos, más probabilidades hay de que terminen en desastre. Aquellos que tienen máximo 46 centímetros de largo, tienen bajas probabilidades de enredarse, a diferencia de aquellos que llegan a medir hasta 1,5 metros de largo.
Longitud + movimiento= perfecto desastre
La longitud de los cables no es lo único que lleva a la conclusión final. Raymer y Smith hicieron unos 3500 intentos con estos aparatos tan útiles y desesperantes, para determinar que hay dos factores que influyen en el enredo. El primero, es el largo, como lo mencionamos, y el segundo es el movimiento.
Al guardar los auriculares en un bolso, cartera, morral o bolsillo, si miden más de 46 cm, también dependerá de qué tanto se agiten mientras no los tengas a la mano. En pocas palabras, los de mayor longitud tienden a moverse más. Por este motivo, Raymer y Smith lo han catalogado como nudos espontáneos. Porque es algo que ocurre sin importar cómo los guardes.
Además de estos cablecitos, los de las computadoras, también terminan así. Sobre todo los de las cornetas, que son largos y finos y por lo general, están expuestos a mayor movimiento que el resto.
La única manera de impedir estos nudos es tener algún objeto específicamente elaborado para mantenerlos en perfecto orden, muchísima suerte –lo dudo– o los auriculares del iPhone 7. Cuando vuelvas a usarlos, recuerda muy bien que la física te está jugando una broma.
Resuelta la duda de millones de personas en el mundo, no queda más que compartir para que lo sepan.