InicioInfoBoris Furman.... Un heroe desconocido.




Soy de Bariloche, y hoy es el cuarto

aniversario del fallecimiento de

DON BORIS FURMAN (si, si, asi con

mayusculas), te lo presento...







Boris Furman, un hombre al servicio de los demás




Boris Furman.... Un heroe desconocido.




Boris Furman mantuvo hasta sus últijos momentos toda la vitalidad que le permitió su físico: una personalidad avasallante, extrovertida, simple, siempre atento a todo. “No soy religioso, no creo mucho en Dios. Pero, por las dudas, me porto bien”, comentó tiempo atrás, en una entrevista que se publicó en el diario La Nación. Don Boris nació en Santa Fe, en 1916, hijo de inmigrantes rusos, de ascendencia judía.


“En Rusia, mis padres eran maestros de escuela. Cuando vinijos a la Argentina, mi padre tenía 26 años. Durante medio día enseñaba hebreo, yiddish y ruso a los chicos, y el resto lo ocupaba hombreando bolsas en el puerto. Era un peón, un hombre fuerte”
recordaba. De su madre le quedó el amor al prójimo, que atesoraba como una herencia sagrada.


“Ella nos decía siempre que hay que pensar en los pobres. ¡Y nosotros éramos tremendamente pobres! Pero insistía y decía que había gente que sufría más que nosotros”
, decía. “Nací en un conventillo. Hice la escuela primaria hasta sexto grado, pero no pude seguir estudiando.Había que trabajar para ganarse el pan. Así, a los 14 años entré de cadete en una sastrería. Limpiaba las vidrieras, los pisos y los baños. Y luego, con una bicicleta, repartía los trajes”. Y de aquellos años le quedó la emoción que vivió cuando le tocó calzarse los pantalones largos.



“Era como ser adulto de repente; entonces pasé a ayudante de vendedor. Al poco tiempo, ya fui vendedor y luego visitador de sastrerías, porque aquel comercio también vendía casimires a los sastres”
, manifestó. A los 22, luego de hacer el servicio militar en Rosario, un viajante de Buenos Aires, vendedor de una casa importadora de casimires y otros insujos para la confección, le dio un crédito, equivalente “a unos 2.000 pesos de hoy” (2002). Fue el inicio de una ascendente carrera comercial, en la que Furman pareció haber planificado minuciosamente hasta qué momento se dedicaría a ganar dinero y cuándo lo empezaría a regalar a los más necesitados.



Con ese préstamo compró su primer stock de telas y se puso a trabajar por su cuenta. “Yo era muy trabajador", recordó Don Boris, "tenía mucha iniciativa y quería llegar a algo”. Más de uno le escuchó decir, con una aritmética muy particular, que hizo su fortuna en 120 años de trabajo: “Claro, porque trabajé 40 años en tres turnos”.


Luego de comenzar en Santa Fe, encontró en Paraná, la ciudad vecina, un mercado ávido para sus productos: “Alquilé un garaje a 5 pesos por mes. De día recorría las sastrerías levantando pedidos, y por la noche preparaba la entrega”. Pero las 15 horas que dedicaba diariamente al trabajo apenas alcanzaban para mantenerse. Entonces decidió probar suerte en Buenos Aires, a pesar de la poca experiencia y el nulo capital. Desde una pensión comenzó a urdir la trama que con el tiempo se tensaría en tela firme. A los pocos años, inauguraba un comercio lueg o legendario: Casimires Rocha.




santa fe




“Importaba casimires de Inglaterra e Italia –recordó-. Tuve hasta 40 empleados”. Con el tiempo, las cosas cambiaron. “Cuando empecé, había 30.000 sastres en todo el país. Hoy son 300. Ninguno aprendió el oficio. Con el tiempo cayó mucho la demanda de trajes a medida, que fueron reemplazados por la confección en serie”.





boris






El intento de adaptación dio frutos parciales. Pero para esa altura, Don Boris había acumulado un considerable capital, al que decidió dar nuevos rumbos. En los 70, con una inversión de alrededor 10 millones de dólares, puso en marcha el Teleférico Cerro Otto, un cablecarril para transportar turistas hasta la cima del cerro sobre el que se recuesta Bariloche. Era un buen negocio, como los que había emprendido. Pero su objetivo principal en la vida estaba logrado y comenzaban a flaquear las fuerzas para dirigir el “circo”, como definía a la labor empresaria: “Hay que andar bien con todos, con el león, el enano y la equilibrista. Y hay que lograr que la cosa marche hacia donde uno quiere. Eso no es fácil y yo ya estaba un poco cansado” explicaba. “Me pasé tres años pensando en cerrar la casa y estuve a punto de hacerlo cuando un yerno me dijo que quería seguir. Entonces se hizo cargo del negocio”, comentó. Hacía tiempo que el teleférico se había transformado en una Fundación y poco antes había comenzado con la panificadora, que sostenía con un aporte mensual.


“Ya podía ponerme a descansar”
. Pero la quiebra del Banco Patricios le manoteó una de sus alegrías. De la noche a la mañana, se esfumó un importante capital y debió cerrar el emprendimiento santafecino. “Yo no soy Onassis... ni la viuda de Fortabat. Soy un bolichero, un empresario chiquito. Con esa quiebra perdí varios millones de pesos, que eran para hacer cosas en favor de la comunidad. Porque eso es lo que más me gusta y me da grandes satisfacciones. Gastar en paseos, viajes, comida y vestimenta... no me interesa. Sólo quiero hacer algo por el necesitado, por la gente humilde que trabaja”. “Desde que nací tengo vocación de servicio –afirmaba don Boris-. Siempre soñé que si un día tenía algún capital iba a hacer algo por el prójimo, por la gente humilde. Yo sé lo que es ser pobre y estar enfermo. Mi madre desde chiquito me inculcó que hay gente más pobre que nosotros, que tenejos que ayudar, dar una mano. Y eso me quedó”.




bariloche




Dos obras








furman



teleferico




El Teleférico y la panificadora fueron las dos grandes obras de bien de Don Boris Furman. Esta última surgió sólo de la intención de ayudar; pero el primero fue resultado de su buen ojo para los negocios. Furman era ya dueño de una fortuna considerable, gracias a Casimires Rocha, cuando a fines de los 60 viajó con un amigo a Bariloche, donde hizo las excursiones de rigor.


En el cerro Catedral se quedó prendado de la estupenda maquinaria que usaba el Cable Carril para llevar pasajeros a las pistas de esquí, y el atractivo que ejercía sobre los tur istas. Luego conoció el cerro Otto y en su cima, a 700 metros por sobre la ciudad y el lago Nahuel Huapi, cayó en cuenta de que esa era “la mejor vista de Bariloche”. ¿Cómo se llegaba hasta ahí? Por un camino sinuoso de 10 kilómetros, con piedras, barro y junto a un precipicio. Había que manejar bien y ser corajudo para llegar, recuerdaba. Apenas bajó del cerro fue a la Municipalidad para gestionar las tierras y montar algo como lo que había visto en Catedral. Pero pasaron dos años hasta que le respondieron que debía dirigirse a Parques Nacionales; nuevo intento fallido: el dueño de la cumbre resultó ser el Ejército Argentino.



Dos años más tarde logró que el entonces presidente de facto Agustín Lanusse estampara su firma en la resolución de venta de las seis hectáreas de la cima. Con ese documento, compró los terrenos necesarios para instalar la base y las torres y viajó a Austria en busca del mejor fabricante para la maquinaria: Rudolf Kienast. De allí en más todo fue rápido. Construyó un teleférico de 42 góndolas, de doble cable y gran seguridad, cuyo servicio inauguró en 1974. En 1976 abrió la primer confitería giratoria de América del Sur. Se tomó cuatro años para pagar los créditos tomados y cuando “ya no debía un solo peso”, creó una entidad benéfica a la que pasó todo el capital y la operación de la empresa: la Fundación Sara María Furman, con los nombres de su madre y de su hermana, respectivamente. Pero no se quedó quieto. En 1989 destinó un millón de dólares para comprar los terrenos y construir el edificio donde abrió la panificadora en la que dio empleo a 12 personas.



Pese a que la panificadora se llamaba también Sara María Furman, no tenía relación con la fundación de Bariloche. Hasta el 2000, produjo 1.200 kilos de pan por día para igual número de familias pobres del barrio obrero Santa Rosa de Lima. Funcionaba con 20.000 pesos por mes que Boris Furman ponía de su bolsillo.


Pero la quiebra del Banco Patricios la hizo sucumbir, en septiembre de ese año. Pese a que fue un golpe fuerte, no se desmoralizó. Siguió trabajando sin descanso para montar en ese edificio una escuela de oficios, para formar –gratis, por cierto- maestros panaderos y pasteleros.




Ayúdenme a ayudar


Las notas que me hacen siempre son muy lindas, pero hablar de mi no sirve para nada. Lo que necesito es que hagan notas del Teleférico, para que venga mucha gente y vaya más plata a los hospitales. Hagan promoción del Teleférico, ayúdenme a ayudar. Este ruego de Furman lo define cabalmente. ¿Cómo negarnos? De modo que, hablejos del Teleférico Cerro Otto: Es un paseo imperdible, no sólo para quien visita la zona por primera vez sino para quienes regresan con la ilusión de recordar otros tiempos y recobrar de un solo vistazo aquel paisaje que atesora la memoria.


La base se encuentra a 5 kilómetros al oeste del centro de Bariloche, sobre la Avenida de los Pioneros. Transportes especiales realiza n gratuitamente el recorrido, aunque los colectivos de línea no cobran el pasaje a los que ya han adquirido la excursión. Desde allí parten continuamente las góndolas para cuatro personas, que llevan a los visitantes hasta la cima.


Allí se encuentra un complejo que ha ido creciendo. Lo primero fue la construcción de una gran confitería circular, cuyo piso, en forma de aro, gira permanentemente con un mecanismo similar al de un reloj. El movimiento es imperceptible, pero en 20 minutos se ha dado una vuelta completa a un paisaje deslumbrante: la cordillera de los Andes, con las nieves eternas del Tronador; el lago Nahuel Huapi con sus islas; el Gutiérrez; el Moreno; la ciudad de Bariloche y la meseta patagónica desfilan como en una proyección.






Don Boris quiso agregar como atractivos una galería de arte con réplicas exactas de tres estatuas de Miguel Angel (el Moisés, el David y La Piedad), un microcine panorámico, una discoteca, senderos para hacer caminatas por el bosque y puestos de venta de artesanías y recuerdos del lugar. Además, el lugar es utilizado como rampa de partida de vuelos en parapente.











La panadería Furman apuesta a la solidaridad e integración


La entidad reabrió sus puertas en Santa Rosa de Lima en Abril de 2009 con el objetivo de capacitar en el oficio a los seis operarios que cumplirán funciones en el lugar. Se repartirán más de 500 kilos de pan por día


“Esto es una maravilla para nuestra zona”, argumentaron los vecinos. “Cumplimos el sueño de Boris Furman, el recordado santafesino que fue el creador de este lugar”, anunciaron las autoridades en el discurso de presentación.


Después de estar casi una década cerrada –debió cerrar sus puertas a fines del 2000, producto de la grave crisis económica que atravesaba el país– y de haber soportado la inundación del 2003, que deterioró gran parte de sus instalaciones, la panificadora vuelve hoy a entregar pan.
“En esta primera etapa se procederá a distribuir lo elaborado a dos instituciones solidarias de la ciudad: Cáritas y Los Sin Techo. Luego, en la medida que se vaya aumentando la producción, se integrará a más entidades”, explicó Pablo Farías, ministro de Desarrollo Social, quien agregó: “También tenemos pensado vender en forma particular para que el proyecto más tarde pueda sustentarse, ya que por el momento se sostiene gracias a los aportes del gobierno”.



En la panificadora se desempeñarán seis operarios. Dos son convictos con régimen de salidas transitorias o laborales que fueron seleccionados por la Dirección de Asuntos Penitenciarios; otros dos son ex presos, elegidos por la Dirección de Asistencia Pos Penitenciaria y los demás son desocupados que participan de programas de capacitación laboral que pertenecen al Ministerio de Promoción Social.








Fuente 1

Fuente 2


fundacion



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