No sabemos con seguridad cuándo comenzó la celebración del nacimiento de Cristo. De la navidad habla Clemente de Alejandría alrededor del año 201. Siglo y medio después por orden de Liberio, obispo de Roma, el 25 de diciembre fue adoptado para celebrar el nacimiento de Cristo. Posiblemente tenía el propósito de unificar los sentimientos cristianos y unir la celebración del nacimiento de Jesús con la fiesta pagana del sol. Esta fiesta se celebraba los fines de diciembre para festejar "la victoria de la luz sobre las tinieblas", o sea el solsticio cuando los días [en el hemisferio norte] dejan de hacerse más breves y comienzan a volverse más largos. Más tarde se notó que esta fecha no puede ser cierta porque en Palestina el tiempo es de lluvia y frío. En ese tiempo, los pastores a los cuales el ángel anunció el nacimiento de Jesús no hubieran podido encontrarse de noche en los campos pastando las ovejas. Hoy día, en muchas partes de la América Latina, las celebraciones duran desde el 16 de diciembre hasta el 6 de enero, pero la fiesta más grande es la de nochebuena el 24 de diciembre. Otros países, especialmente los del Oriente, tienen su mayor celebración el 6 de enero. Por ejemplo los armenios celebran la navidad el 6 de enero, comiendo pescado frito, espinacas cocidas, y lechuga. Creen que María comió espinacas cocidas la noche antes del nacimiento de Cristo. Las costumbres navideñas son tan variadas como los colores del arco iris. No pueden, tener su origen en el relato bíblico del nacimiento del Salvador. Aunque las inventaron y las perpetuaron los hombres, muchas personas han llegado a pensar que son sacrosantas. Es interesante notar que los puritanos de Inglaterra, en sus normas estrictas, prohibieron por decreto de parlamento en 1644 la observancia de la navidad y las muchas costumbres relacionadas a ella. Estimaron los festejos de la navidad como profanación de cosas sagradas. Y las colonias de Nueva Inglaterra (que más tarde llegaron a ser parte de los Estados Unidos) siguieron en gran parte su ejemplo. Hoy día la profanación y la comercialización de la navidad es peor que nunca. Entristece mi corazón al ver el mundo, inclusive a muchos cristianos, encadenados del frenesí de las festividades navideñas. Y el mundo de comercio profana el nombre de Cristo, haciendo de esa época del año una época dorada de negocio. En nuestros días, pocos son los que guardan los mandamientos del humilde Nazareno, pero hay muchos que ganan dinero en su nombre. Muchos celebran su nacimiento, pero rehúsan darle lugar en su corazón. San Nicolás es más popular en esa época que el mismo Cristo. Y los niños que nada saben del Dios hecho hombre, bien saben que recibirán regalos, dulces, y tarjetas. Los que olvidan la cruz del Calvario fácilmente ponen su atención al arbolito de navidad o a los "nacimientos" construidos en cada pueblo y hogar.
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