

Estimados amigos de Taringa: mucho se podría decir acerca de cómo se manifiesta la violencia en el mundo actual, su origen, sus causas y las formas de disuadir su uso y la aplicación de la justicia en caso de que ocurra…
Pero sin entrar en todos estos temas, que darían tema para mucho debate; en este caso nos centraremos en un interesante trabajo que presentó el IPN (Instituto Politécnico Nacional, de México) referente a un medidor visual para detectar cuándo estamos bajo la acción de la violencia, en peligro de ser afectado por ella. Esto puede aplicar a múltiple tipo de relaciones (de pareja, laborales, incluso las cibernéticas). Yo te invito a leer y reflexionar en cómo es tu relación con las personas con las que vives y convives, y corrijas todo aquello que afecta tu sana convivencia, y que busques ayuda si alguna situación empieza a salir de control.
Bueno, para no abundar más, te invito a leer este trabajo. ¡Gracias por tu visita!


La Violencia y el Violentómetro
La violencia constituye uno de los principales flagelos que padece la humanidad desde sus orígenes y se manifiesta de diversas formas: conflictos regionales e internacionales como las guerras, invasiones, ocupaciones territoriales, torturas; pasando por lo más cercano a la realidad actual mexicana: secuestros, robos, asaltos, asesinatos, hasta llegar al ámbito privado en donde suele aparecer en las relaciones de pareja.
El IPN, preocupado particularmente por esta última realidad y con el objetivo de promover y fomentar en su comunidad las condiciones que posibiliten la no discriminación, la igualdad de oportunidades y la equidad entre los géneros, creó en el año 2007 el Programa Institucional de Gestión con Perspectiva de Género.
A través de dicho Programa se abordan nuevos conceptos y se incorporan a la vida cotidiana de la comunidad politécnica; asimismo se toma conciencia de que temas como perspectiva de género, equidad, igualdad, violencia, entre otros, requieren una indiscutible construcción y deconstrucción de paradigmas que la sociedad mexicana carga desde su nacimiento y, por ende, los y las jóvenes.
En este entorno, el Instituto enfrenta la violencia en las relaciones de pareja de su población estudiantil como problemática prioritaria. Para determinar las causas, manifestaciones y estado actual de esta situación se realizó en el año 2009 la investigación Estudio sobre las dinámicas en las relaciones de pareja en la comunidad estudiantil del IPN, a fin de conocer la forma en que los/las jóvenes entablan sus relaciones amorosas, ya que en la actualidad además del noviazgo existen otros tipos de vínculos como los frees, relaciones de parejas y compañeros/as sexuales. Lo común de estos vínculos es que en todos se practican los mandatos y roles de género adquiridos en la infancia, aprendidos y reforzados cotidianamente. “Así los jóvenes inician una relación de noviazgo como hombres, con todo lo que ello implica socialmente, y las chicas lo hacen como mujeres, con todo lo que significa ser mujer en cada cultura” .
La mencionada investigación abarca tres puntos fundamentales en las relaciones de pareja que establecen estudiantes del Instituto Politécnico Nacional: nuevas dinámicas, roles de género y diferentes tipos y manifestaciones de violencia.

Nuevas dinámicas de la relación de pareja
Se entiende por dinámicas de la relación de pareja a la interacción que en la actualidad los/las jóvenes establecen, ya sea como noviazgo, pareja, free o compañeros/as sexuales.
Noviazgo. Es la etapa para construir y desarrollar en forma gradual vínculos amorosos, eróticos y sexuales, compartir ideas, gustos y experimentar; se puede aplicar la regla de la mutua fidelidad. Es transitorio porque puede dar lugar a otro tipo de unión —civil, religiosa, consensuada— o simplemente desembocar en la ruptura.
Free. Vínculos eróticos y sexuales abiertos de común acuerdo, en donde no hay regla de fidelidad y cada parte reconoce que el otro/a es un “amigo/a con derechos”. Cada pareja de frees decide cuáles son o descubre por la vía de la experiencia el contenido de esos derechos que se reconocen mutuamente y abarca desde besar hasta tener relaciones sexuales.
Pareja. Forma de relación que implica un acuerdo legal o consensual entre dos personas para el intercambio erótico-afectivo, haya o no cohabitación; es sostenida por un fuerte vínculo sexual y amoroso.
Compañeros/as sexuales. Es una eventual relación erótica-sexual entre dos personas.
Las niñas de rosa y los niños de azul
Los/las jóvenes representan una multiplicidad de diferentes estilos de vida, de tal manera que la heterogeneidad y complejidad de sus situaciones constituyen un amplio mosaico de formas para entablar, a su vez, las relaciones amorosas. Estas diversas formas dependen de factores como la edad, el sexo, el origen social y la escolaridad, pero también de otras condiciones, como el género.
El género se define como un conjunto de ideas, creencias y atribuciones sociales construidas en cada cultura y momento histórico tomando como base la diferencia sexual. A partir de ello se construyen conceptos de masculinidad y feminidad —que determinan las relaciones entre hombres y mujeres— y define qué es ser hombre y qué es ser mujer como producto de un proceso histórico, lo que deriva en los llamados roles de género. Tal dicotomía marca estereotipos y condiciona las funciones o papeles de ambos sexos, limitando así las potencialidades de cada persona.
Los/las integrantes de una sociedad aprenden desde pequeños/as los comportamientos o roles de género a asumir a partir de la familia, los juegos, juguetes, libros, colores, ocupación del espacio, escuela, medios de comunicación, entre otros. Es así que a las niñas se les regalan muñecas, libros con cuentos de princesas, su vestimenta es predominantemente de color rosa y se les enseña, a medida que crecen y se transforman en mujeres, que deben ser emotivas, débiles, dulces, asustadizas, dependientes, sumisas, subordinadas a la autoridad masculina, consideradas como la expresión del no poder y con menor capacidad frente a los hombres.

Por otro lado, a los niños se les obsequian carritos y juegos de destreza, libros de aventuras, su vestimenta es de color azul y se les enseña, a medida que crecen y se transforman en hombres, que deben ser racionales, fuertes, carentes de sentimientos — “los hombres no lloran” y, si lo hacen, su masculinidad es dudosa—activos, valientes, con capacidad de mando, considerados como los titulares nominales o potenciales de todo posible poder, sabiduría, conocimiento, poseedores de la verdad, entre otros.
En esta línea, cada género “debe” interiorizar las pautas necesarias para saber qué pensar o hacer y satisfacer las expectativas del género al que pertenecen.
Las diferencias establecidas entre hombres y mujeres en nuestra sociedad son vitales para crear expectativas, normas, interpretaciones, así como conductas prototípicas en las relaciones amorosas. Ello es así porque, mientras al hombre se le enseña a convertirse en un “ser para sí”, a tener disposición para las relaciones sexuales, que cada mujer es una conquista y que el amor es sólo una parte de su vida para construir en el futuro una familia, a la mujer se le educa para convertirse en un “ser para otros”, atender al novio o a la pareja y en el matrimonio al marido y a sus hijos/as; se le enseña el amor como único sentido de su existencia, pero como sacrificio u ofrenda al otro, como “depositario de todo deseo”. Esto es lo que permite que en algunas ocasiones en nombre del amor se den situaciones de abuso, maltrato, manipulación, posesión y dependencia, es decir, diferentes tipos y manifestaciones de violencia.

La violencia y sus diferentes tipos y manifestaciones
En términos generales, la violencia es definida como toda acción u omisión producto del uso y abuso en el ejercicio del poder y de la autoridad que ofende, perjudica y quebranta los derechos inherentes de una persona, porque tiene por objetivo causar un daño —ya sea físico, psicológico, patrimonial, sexual o económico—, una lesión, una incapacidad e, incluso, la muerte, tanto en los espacios públicos como privados. Para que se dé la violencia debe existir un “arriba”, en donde está quien ejerce el poder, y un “abajo”, en donde está quien se somete a ese poder, que puede ser real o simbólico.
Si bien varias disciplinas estudian, definen y clasifican la violencia en múltiples y diversos tipos —como el derecho, la sociología, psicología, psiquiatría, medicina, entre otras— gran parte de los/las especialistas coinciden que hay cinco tipos.
Al respecto es preciso acotar que esta misma clasificación acoge la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia en su artículo 6°:
Violencia física. Es la más evidente porque el daño producido, que puede o no provocar lesiones internas, externas o ambas, se localiza en el cuerpo de la persona expuesta a esta situación. En este tipo de violencia puede utilizarse la fuerza física, algún objeto, arma de fuego o punzocortante; incluso sustancias químicas. En el caso de las lesiones internas a veces llegan a diagnosticarse mucho tiempo después de que se ocasionan pudiendo incluso provocar la muerte.
Violencia psicológica. “Es cualquier acto u omisión que dañe la estabilidad psicológica, que puede consistir en: negligencia, abandono, descuido reiterado, celotipia, insultos, humillaciones, devaluación, marginación, indiferencia, infidelidad, comparaciones destructivas, rechazo, restricción a la autodeterminación y amenazas, las cuales conllevan a la persona violentada a la depresión, al aislamiento, a la devaluación de su autoestima e incluso al suicidio” (Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, art. 6°, inciso I). Se manifiesta con expresiones tales como: rebajar, ridiculizar, generar inseguridad, humillar, chantajear, mentir, manipular, hacer comentarios mordaces relacionados con el aspecto físico, ideas, creencias o gustos de la persona violentada, desacreditar intelectual o profesionalmente, intimidar con gritos, gestos o miradas despectivas; con actitudes como el silencio, aislamiento, abandono, marginación y con amenazas de ejercer otras formas de violencia. Las personas sometidas a este clima viven una progresiva debilitación psicológica, problemas de autoestima, frustración, cuadros depresivos y pueden llegar al suicidio.
Violencia sexual. Encontramos la violación como la más evidente, que consiste en la introducción del pene en el cuerpo de la persona, ya sea en la vagina, en el ano o en la boca, mediante el uso de la fuerza física. La penetración vaginal o anal con un objeto o con una parte del cuerpo distinta al pene también es considerada como una violación.
Además se incluyen en esta categoría los tocamientos en el cuerpo de la persona, obligarle a tocar el cuerpo de quien le está violentando y, en general, a realizar prácticas sexuales que no desea, acoso y burlas sobre de su sexualidad.
Violencia económica. Se refiere a la disposición efectiva y al manejo de los recursos materiales, dinero, bienes o valores, de tal forma que los derechos de la persona que vive tal situación son transgredidos, con la finalidad de controlar y someter. “Es toda acción u omisión del agresor que afecta la supervivencia económica de la víctima.
Se manifiesta a través de limitaciones encaminadas a controlar el ingreso de sus percepciones económicas, así como la percepción de un salario menor por igual trabajo dentro de un mismo centro laboral” (Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, art. 6°, inciso IV).
Violencia patrimonial. “Es cualquier acto u omisión que afecta la supervivencia de la víctima. Se manifiesta en: la transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, documentos personales, bienes y valores, derechos patrimoniales o recursos económicos destinados a satisfacer sus necesidades y puede abarcar los daños a los bienes comunes o propios de la víctima” (Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, art. 6°, inciso III). Este tipo de violencia ocasiona daños o menoscabos en los bienes muebles o inmuebles o en el patrimonio y, por lo general, se ejerce por medio de la destrucción, el robo, el despojo, el abuso de confianza y el fraude.
Con todo lo anterior cabe preguntarse: ¿qué sucede en las relaciones de pareja que establecen los/las estudiantes del IPN?, ¿cuáles son las formas en que la violencia se expresa en estas relaciones?, ¿cómo influye el género y una visión excesivamente romántica en las relaciones amorosas para propiciar violencia?

La UPGPG (Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género) ha diseñado el Violentómetro, un material gráfico y didáctico en forma de regla que consiste en visualizar las diferentes manifestaciones de violencia que se encuentran ocultas en la vida cotidiana y que muchas veces se confunden o desconocen.

Es una herramienta útil que permite estar alerta, capacitado/a y atento/a para detectar y atender este tipo de prácticas y no solamente es de gran beneficio para las instituciones educativas, sino también para los ámbitos familiar y laboral. Se divide en tres escalas o niveles de diferentes colores y, a cada uno, una situación de alerta o foco rojo.

Las manifestaciones de violencia que se muestran en el material no son necesariamente consecutivas, sino que pueden ser experimentadas de manera intercalada. Sin embargo, en este material se simula una escala de violencia gradual, en donde se inicia señalando las manifestaciones más sutiles, posteriormente las más evidentes y, en el último rubro, las manifestaciones más extremas.
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