Día de entrenamiento
By
Gabriel Castll
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Gabriel Castll
Aquella noche no dormí nada, estuve en vela reflexionando sobre la no existencia de dios ¡mas nunca llegué a conclusión alguna!. El cansancio hacía presa de mí, mas cuando había estado fumando toda la noche de una de las tantas maravillas de la naturaleza ¡mi cannabis! Mi bella y hermosa vegetación, ¡si! Esas plantas que adornan con su verde vida mí lúgubre habitación.
Fui a la cocina por un poco de agua, algo de alimento que limitara mi viaje al centro de la nada. Bebí, comí y fumé un cigarro para digerir el primer alimento del día ¡pero no era un cigarro normal! Sino la razón de mi existencia ¡mi pasión! ¡mi único amor! ¡mi droga!. Comencé de nueva cuenta con mis reflexiones ¡bendita vida la mía! Pero para desgracia de los intelectuales (luego no tienen que leer) el teléfono sonó, fuí a contestar y con el particular ¡bueno! Que utilizamos los mexicanos (puta madre la de esta patria) transmití el mensaje a cientos de kilómetros, de que estaba a la escucha, del otro lado de la linea una voz no muy varonil, aunque con dejos de aficionado del cruz azul (chemito que habla golpeadito) me dijo:”¡se lo que estas haciendo!, ahora presta y pon atención o te descabezo”, me sentí humillado en mi propio hogar ¡yo que tenía la mano en la pinga! Y aquel que quería hacerme la circuncisión como hacen todos los judíos. ¡lo peor! Que miraban como me chupaba el pitillo, ¡perdooooooooooon! Como fumaba mi inspiración, ¡ya que de pitillo! tengo lo que al burro le cuelga.
Escuché aquel haragán decir una y mil sandeces ¡peores que estas que escribo! Ya estaba por mandarlo a chingar su madre, cuando dijo para que me preocupara, porque deseaba chingarse a la mía:”¡te la voy a hacer cachitos! La aventaremos por allí y nadie reconocerá lo que una vez fue, ¡así que pon atención!. Quiero que compres tiempo aire de teléfono, ¡pero no para tí! Tú te compras un alkatel -y soltó la carcajada el muy hijo de puta- y me envías los códigos con el teléfono que te estoy invitando. Así no sufrirás cuando te la descabece y te quedes sin esa madre que tienes por reina de la casa”. Sentí pánico, mira que una cosa es que pretendan encerrarme por drogo ¡pero otra! Que quieran hacermela cachitos unos jotos de Tamaulipas ¡ni que fuera sinaloense! Luego sin ella, sería toda una señora libertad (el tal palomo) o lo que es peor, una maldito puñal libre (sientete aludido chapita guzmán).
En mi paranoia me creí cuanto aquel dijo que me haría ¡yo cuidandome tanto! Y el que quería quedarse con mi prepucio iba a ser un angelito del norte, ¡un puñalote tamaulipeco!. Quise llorar, pero solo los cobardes lloran, ¡los hombres! Pedimos a mami dinero para pagar a los extorsionadores, mi madre no me proporcionó ni un centavo, por lo que acudí con la novia, a la cual asalté y violé, ya después le dije cuando entre sollozos me insultaba por haberle dado tan duro:”la compu es para empeñarla, no quería subir al you tube el video de nuestro encuentro ¡así que deja de molestar mujer! Y mejor preparame un té para el coraje, que ando muy encabronado”. Salí de su casa que en verdad era casi mi hogar, fui directo a empeñar su mugre, por la cual no me dieron ni para comprar el alkatel. Ya con dinero en mis manos fui directo al soriana a comprar el aire, al menos eso le dije a la dependienta, la que se rió de mí, no porque me percibiera drogado, sino porque creo se imaginó:”éste está todo pendejo y aun así se droga”, me encabroné con ella y quise romperle su madre, pero nada mas de pensarlo me temblaban las patitas.
Salí de allí con unos códigos para tiempo aire de cel, llamé al negro que me pico, mas bien al chango de Tampico y le dí mi numero privado de cel (jajajajajaja), aquel se ofendió ya que estaban escuchando sus amigos y se les hizo muy gracioso que pidiera números de teléfono particulares, cuando estaban extorsionado. También a mí me dio risa, pero de nervios, ya me estaba enamorando de mis captores que hasta le pedí la dirección de su hotel, ¡deseaba ser secuestrado!, aquel ni tardo ni perezoso apresuró a darme las señas del sitio, de inmediato colgué y me dirigí a mi cautiverio.
Llegué a un motel, no era hotel como me había prometido el negro, ¡pero no era uno solo! Había cientos de ellos, todos andaban felices porque traían el fierro ajeno en la mano ¡que eran federales! La verdad si estaban feos, pero se veían bien machotes vestidos de negro. Me invitó a pasar a su habitación, allí me tocó el bulto, sentí que descubrió que había tomado viagra y es que aquel bulto era inocultable. Ya después del manoseo de cajón, me preguntó por mis generales, hasta del tamaño y de cuantas veces la bañaba en espuma. Me cohibí como era de esperarse, uno puede esperar todo de un policía ¡pero eso! ¡si eso! Era exactamente lo que no me esperaba ¡yo deseaba ser para él su hombre cautivo! ¡no su pinche mayate! Jajajajajajajaja...
La verdad es puro cuento que tiene mucho de realidad, lo escribí porque a un compilla lo extorsionaron, que todo sucedió por teléfono y que por andar en su paranoia creyó todo cuanto le decían unos hijos de puta, a los que no les miento su madre, porque su puta madre no tiene la culpa, de haber engendrado a unos hijos de puta, que no tienen... madres entre los pantalones, ya que los verdaderos delincuentes asaltan a mano armada y no andan ocultandose tras disfraces de machos, cuando son todas unas mujercitas tamaulipecas.
¡Aun así me hizo reír todo lo que le pasó! Y pues me hizo volar la imaginación y escribí esta historia en primera persona ((para ponerme detrás de sus zapatos) ya debo de dejar de escribir tanta joteria, no vaya a terminar de narco o extorsionador, peor aun, de presidente de México).