DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO. En la década de 1850, el célebre sanjuanino tenía pelo oscuro y usaba barba y bigote, como lo muestra este dibujo de época.
En noviembre de 1855, el tucumano José Posse envió una enfurecida carta a su dilecto amigo Domingo Faustino Sarmiento. Ocurría que éste había publicado, en el diario porteño "El Nacional", dos cartas remitidas por Posse que, decía éste, "no fueron escritas para El Nacional sino para vos". Las cartas contenían apreciaciones personales y su imprevista edición le había significado, decía, dejarlo "desnudado en plena calle" de Tucumán. Luego de otras apreciaciones, Posse se despedía: "Señor Pelao, no sea tan tilingo en adelante".
Sarmiento, en su respuesta, reconoció "mi falta de discreción con tus cartas", pero explicaba lo que había ocurrido. Como no tenía material para editar en "El Nacional" sobre las provincias del norte, extrajo párrafos de una de las cartas de Posse y los imprimió, "cambiando el tu por usted y suprimiendo lo que aún remotamente pudiese comprometer a nadie".
Hasta ahí, pensaba que no era para reprocharle. Pero al día siguiente "quise publicar una correspondencia sobre educación, y mandé a la imprenta el último pliego de tu carta, rayando con lápiz los tres renglones que me interesaban".
Lo mismo hizo con la que le había enviado otro amigo, el político correntino Juan Gregorio Pujol.
Agregaba: "Imagínate cual sería mi espanto cuando veo publicadas las dos cartas íntegras, pues los cajistas, componiendo en lo oscuro, no habían visto las marcas del lápiz. Si me hubieses hablado de secretos de familia, se habrían publicado. Yo me metí a la cama de pena de este quid pro quo, pero esto no remediaba el mal hecho". Escribió a Pujol para darle una explicación, "y a vos, tan ridículo me parecía el caso, tuve a menos decirte nada, por no explicarte estos detalles que al fin de cuentas mostraban mi habitual negligencia".
En suma, era "obra del acaso, de la estupidez de los cajistas y correctores y de mi abandono. Es toda la satisfacción que puedo darte. Acéptala en su verdadero valor. Escríbeme lo que quieras, seguro de que no tengo la indiscreción voluntaria que las apariencias mostraron".
No era habitual en Sarmiento pedir disculpas. Las que envió a Posse muestran el gran afecto que le tenía.
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