La mediocridad es una costumbre argentina tan nuestra como el dulce de leche y que tanto daño nos hace como país, como ciudadanos y como personas Porque somos de echarle la culpa al otro, aunque seamos transgresores en las acciones,
Cruzamos por cualquier parte de una calle, pasamos el semáforo en rojo con el auto, cuando no hay nadie, tiramos los papeles en la vía pública, nos colamos en las filas del banco, de la cancha o del cine, nos copiamos en los examenes, etc
Somos siempre de usar el primero yo y los demás que se arreglen. Si un auto choca de atrás a otro, aunque sepa que es el culpable, el conductor tratará de hacer un juicio porqué el de adelante frenó. Si un juez/a libera a un delincuente que debería estar entre rejas y este vuelve a delinquir o si devuelven a padres abusadores, sus hijos que luego resultan muertos, siempre tendrán una explicación jurídica que no convence a nadie pero que dentro de la mediocridad que poseen les servirá para zafar.
Si un comisario no asiste a sus vecinos cuando son asaltados y deja la zona liberada, explicando que no hay móviles o no hay nafta, tenemos otro ejemplo. Cuando un funcionario o político usa su cargo para robar o malversar fondos y luego al ser descubierto acude al mediocre argumento de que es una persecución política
Cuando un periodista que se dice comunicador, deja de ser objetivo para favorecer a quien le paga una buena pauta publicitaria o algún cheque bajo la mesa, se convierte en un mediocre de la noticia y pasa a integrar la legión de los mercenarios.
Quizás lo que nos hace falta para crecer como país es un cambio de actitud y de conducta, que en las escuelas en vez de tantas materias, enseñen valores y principios, por lo menos para que los que vengan puedan hacer algo en el futuro. Porque lo único que nos podrá hacer crecer es cambiar de actitud y de conducta. No habrá jamás Presidente, que haga bien las cosas si no las hacemos nosotros y se las exigimos que las haga, pues es muy fácil echar la culpa a los demás de lo que nos pasa, pero nosotros también somos responsables de ello, por no combatir esa mediocridad que nos sumerge como país y no nos deja salir adelante. El cambio está en nosotros, no en los demás, aunque algunos no lo quieran ver así.

Cruzamos por cualquier parte de una calle, pasamos el semáforo en rojo con el auto, cuando no hay nadie, tiramos los papeles en la vía pública, nos colamos en las filas del banco, de la cancha o del cine, nos copiamos en los examenes, etc

Somos siempre de usar el primero yo y los demás que se arreglen. Si un auto choca de atrás a otro, aunque sepa que es el culpable, el conductor tratará de hacer un juicio porqué el de adelante frenó. Si un juez/a libera a un delincuente que debería estar entre rejas y este vuelve a delinquir o si devuelven a padres abusadores, sus hijos que luego resultan muertos, siempre tendrán una explicación jurídica que no convence a nadie pero que dentro de la mediocridad que poseen les servirá para zafar.

Si un comisario no asiste a sus vecinos cuando son asaltados y deja la zona liberada, explicando que no hay móviles o no hay nafta, tenemos otro ejemplo. Cuando un funcionario o político usa su cargo para robar o malversar fondos y luego al ser descubierto acude al mediocre argumento de que es una persecución política

Cuando un periodista que se dice comunicador, deja de ser objetivo para favorecer a quien le paga una buena pauta publicitaria o algún cheque bajo la mesa, se convierte en un mediocre de la noticia y pasa a integrar la legión de los mercenarios.
Y son tantos los ejemplos que harían falta muchas páginas.
Quizás lo que nos hace falta para crecer como país es un cambio de actitud y de conducta, que en las escuelas en vez de tantas materias, enseñen valores y principios, por lo menos para que los que vengan puedan hacer algo en el futuro. Porque lo único que nos podrá hacer crecer es cambiar de actitud y de conducta. No habrá jamás Presidente, que haga bien las cosas si no las hacemos nosotros y se las exigimos que las haga, pues es muy fácil echar la culpa a los demás de lo que nos pasa, pero nosotros también somos responsables de ello, por no combatir esa mediocridad que nos sumerge como país y no nos deja salir adelante. El cambio está en nosotros, no en los demás, aunque algunos no lo quieran ver así.
