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¿Te gustan las niñas bonitas?

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Hablemos de pedofilia...

Desde un punto de vista médico, la paidofilia o pedofilia es una parafilia que consiste en que la excitación o el placer sexual se obtienen, principalmente, a través de actividades o fantasías sexuales con niños de, generalmente, entre 8 y 12 años. A la persona que padece pedofilia se le denomina pedófilo, un individuo de, al menos, 16 años que se entretiene sexualmente con menores de 13 y respecto de los que mantiene una diferencia de edad de, por lo menos, cinco años.



También se puede referir a ella como una desviación sexual en el sentido de que no está orientada a la reproducción, pero tampoco lo está la masturbación. El problema de la pedofilia, por tanto, es que en la inmensa mayoría de los casos no se practica bajo el consentimiento de una de las partes. Históricamente, por ejemplo, la pederastia no estaba asociada necesariamente al abuso. En la Antigua Grecia, por ejemplo, era la simple relación entre un adolescente y un adulto. Así pues, ¿cómo surgió? ¿Por qué se reproduce con tanta virulencia, sobre todo ahora que podemos acceder a casos ocultos como en Irlanda, donde sólo el obispado de Dublín afectó a centenares de niños entre los años 1976 y 2004?



Según el neurólogo holandés Dick Swaab en su libro "Somos nuestro cerebro", la pedofilia puede tener causas diversas:

"Cuando una persona adulta siente de pronto un interés pedófilo, puede deberse a un tumor cerebral en la corteza cerebral temporal o en el hipotálamo. Un cambio de orientación sexual hacia la pedofilia también ha sido descrito tras proceder a una intervención cerebral para curar la epilepsia, durante la que se extirpó la parte frontal del lóbulo temporal. Después puede originarse una desinhibición sexual conocida con el nombre de síndrome de Klüver-Bucy. (…) La pedofilia también puede ser fruto de infecciones cerebrales, la enfermedad de Parkinson, esclerosis múltiple y diversas formas de demencia (entre ellas, la demencia frontotemporal) y traumatismos cerebrales."

pedobear


Sin embargo, estas causas son infrecuentes. Probablemente en la mayoría de casos hay causas genéticas, así como por la interacción entre las hormonas sexuales del feto y el cerebro en desarrollo antes del nacimiento.


El problema para un estudio clínico

Todos los estudios cerebrales que se han realizado con pedófilos han sido en muestras pequeñas y poco representativas, porque, a fin de cuentas, la mayoría de los pedófilos saben controlar sus impulsos, no cometen delitos y tampoco son sometidos a estudio.

"Romper con el tabú de una investigación así podría proporcionar información sobre esos factores y sobre los mejores métodos para controlar los impulsos pedófilos y evitar la reincidencia. De ese modo se ahorraría mucho sufrimiento a todos los implicados. Eso vale también para las mujeres pedófilas. El mito de que las mujeres son inocentes en relación con la pederastia ha quedado obsoleto. El abuso sexual de niños a manos de mujeres suele reducirse a los casos de madres que abusan de sus propios hijos. Las víctimas suelen ser mayoritariamente niñas y con un promedio de seis años de edad. Las madres proceden a menudo de zonas pobres, carecen de estudios y sufren muchos problemas psíquicos, como retardo mental, psicosis y adicciones."


¿Son todos los pedofilos unos pervertidos depredadores de niños?

No, todos no lo son, de hecho, como ya se ha dicho mas arriba, aquellos que incurren en los abusos son una pequeña minoría, el resto simplemente pasan desapercibidos. No están vigilados por la policía. Tampoco levantan sospechas. Viven una vida normal. Los hay solteros, jóvenes, adultos, mayores, casados... ¡incluso con hijos! Pero son pedófilos, y así se reconocen. Con todas las letras.

Y según aquellos pocos que se han atrevido a confesarse como tal, viven con amargura, porque quieren dejar de sentir esa atracción por los menores. Pero no pueden. Tampoco saben cómo. No disponen de ayuda. No saben dónde acudir, en qué terapeuta confiar, qué medicinas tomar. Se sienten atrapados por su enfermedad en una sociedad que no les ofrece más escape que el silencio. “Desearía tener un cerebro que funcionase con normalidad”, confiesa uno de ellos.

Eso sí: nunca han abusado de un niño. Por eso se sienten, como indica el nombre de su asociación “pedófilos virtuosos”. Explica uno de ellos:

“Soy un joven de 20 años que ha estado intentando superar la atracción a chicas jóvenes desde que tenía 13. Las mujeres no me interesan. Desearía con toda mi alma tener un cerebro que funcionase con normalidad. Sé que no puedo actuar conforme lo que siento, pero necesito hablar con un especialista porque no creo que pueda superar esto solo. Pero si hablo con un terapeuta podría denunciarme, porque le tengo que hablar de mi atracción hacia chicas jóvenes. No sé si él podría o no, e incluso no sé cómo conseguir más información. Tampoco puedo hablar con mis amistades del problema que tengo. Pienso mucho en suicidarme. No nos llamamos virtuosos porque seamos mejores que los demás, sino porque no estamos tan mal como el resto”.





Tratamientos para la pedofilia

Las terapias dirigidas a los pedófilos son, por lo general, las mismas que se emplean con los pacientes que presentan parafilias, es decir, tratamientos de carácter psicológico y farmacológico. Desde el punto de vista psicológico, algunos estiman útil una aproximación analítica, es decir, la exploración del inconsciente para comprender por qué se ha creado en la infancia y luego ha arraigado esta inclinación sexual. Otros, en cambio, prefieren trabajar sobre el síntoma a través de una terapia conductual, cuyo objeto es inducir un cambio en los gustos y costumbres. Algunos otros consideran verdaderamente eficaces sólo las terapias a base de fármacos.


Efebofilia, una confusión común

La efebofilia, también conocida como hebefilia, es la condición en la cual personas adultas experimentan atracción sexual hacia adolescentes que ya han pasado la etapa de la pubertad (de 14 a 17 años).

efebofilia

La Chola Moralez en su mejor momento


La atracción hacia adolescentes femeninas cuyo físico corresponde más bien al de una preadolescente (niña, puberta o prepuberta) es conocido como complejo de Lolita. Por definición, estos términos no son sinónimos de pedofilia. No obstante, en los países occidentales se ha usado con frecuencia la palabra pedofilia para referirse a la efebofilia cuando ésta es ilegal, o sea, para referirse a la atracción sexual hacia cualquier persona cuya edad sea menor a la edad de consentimiento sexual.

Debido a que cada cultura y estado define una edad de consentimiento sexual mínima diferente, la ilegalidad del término varía. Por ejemplo, en diferentes naciones musulmanas es aceptado a veces el matrimonio entre adolescentes o entre adultos y adolescentes.

Ver: http://www.telesurtv.net/news/Irak-sera-el-primer-pais-del-mundo-en-legalizar-la-pedofilia-20140331-0023.html

Debido a que de país en país varían las normas para establecer la edad mínima legal en que un adolescente puede sostener relaciones sexuales voluntariamente con un adulto, la efebofilia no es un concepto estandarizado, así por ejemplo, en Argentina 17 y España los 13 años son la edad mínima para la mayoría sexual, mientras en Costa Rica los 15 años, y en México depende de la ley estatal. Además, algunos países establecen edades de consentimiento diferentes para las relaciones heterosexuales y para las homosexuales.

En Estados Unidos la edad de consentimiento varía, dependiendo de los Estados, entre los 16 y los 18 años.

Aún en las jurisdicciones donde es ilegal sostener relaciones sexuales con menores de 18 años si el concepto de adolescencia de Erikson se considera correcto, abarcando la adolescencia entre los 12 y los 21 años, aún en estos lugares sería legal sostener relaciones sexuales con adolescentes en su etapa más tardía (18 a 21 años) o post-tardía (21 a 24 años).

En síntesis la efebofilia no es ilegal en casi ningún país del mundo, aunque es regulada según leyes locales. Mientras que la terapeuta Karen Franklin considera que la efebofilia es una preferencia sexual natural y que una gran mayoría de hombres adultos sienten atracción por mujeres adolescentes, (por lo general menores de 25 años) por lo que no puede ser equiparado con la pedofilia, que es claramente un trastorno sexual.

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