Anímate a contarnos cuál es el mejor dulce que se haya creado. Aquí, te refrescamos la memoria. Un paseo por esos sabores inolvidables de la infancia.
El domingo Los Andes publicó una nota sobre esas golosinas que abundan en las estanterías de los quioscos hace muchos pero muchos años. Así luego de la visita del periodista Carlos Campana a varios negocios se detectó que las monedas de chocolates, las bananitas dolcas (y las rosadas), que las famosas pastillitas "Doris" o D.F.S. y varios chocolates aún dicen presente.
Ahora nos preguntamos: ¿cuál es la mejor golosina para los mendocinos? ¿Te animás a contestar?
Aquí la nota sobre las golosinas eternas:
Unas desaparecieron, otras siguen tan vigente como el primer día. Masticadas por el marketing, las modas o el imaginario, las golosinas escriben una historia íntima detrás de cada generación.
En el quiosco de la esquina
Era típico: cuando papá y mamá nos daban alguna devaluada monedita, salíamos corriendo a comprar a la esquina, al quiosco de don Juan, posiblemente un viejo jubilado del ferrocarril. Allí, en una especie de vitrina, se encontraban las más variadas golosinas: chocolates, pastillas, caramelos, chupetines, turrones, alfajores y chicles. Era el reino de la infancia.
Una vitrina tentadora
Ningún niño que haya transitado por el siglo XX olvidará los caramelos masticables frutales cuyo logo mostraba la carita de un negrito. Tampoco los caramelos confitados de variados gustos que venían en una paqueta cajita parecida a un estuche. ¡Si eran los mismísimos "Sugus"! Claro que con ellos competían los clásicos Media Hora, duros como una piedra, cuyo secreto ingrediente era el anetol, un derivado de la planta que les daba gusto.
Si hablamos de pastillas, no podemos dejar de lado los corazoncitos "Doris" (venían de naranja, limón, mandarina, frutillas y también de menta) que estaban envasados en una cajita -al principio de lata-y eran ideales para llevarlos a la escuela. A pesar de su nombre de fórmula química, las D.R.F también tenían sus fans, pues conquistaban paladares con sus gustos de anís, menta o mentol, ya que fueron pensadas para los fumadores de entonces.
Inmediatamente seguían las ‘Punch’ deliciosas con gustos frutales y la recordada ‘Yapa’ que tenía atractivos dibujos. No podían faltar en esa vitrina los fabulosos chicles Bazooka que traían en su interior una especie de diminuto cómic del personaje.
¡Y ya llegarían los ‘70s, con la revolución del chicle Jirafa, de dimensiones extraordinarias para hacer globos gigantes! Igual, el mundo inflable también alucinó con los "Tatuaje", que traían en su interior un dibujo para adherirse en el brazo. Un tattoo fugaz que se borraba en un par de lavadas.
Bananas y mielcitas...
¿Se acuerdan de las bananitas sueltas? El quiosquero las entregaba en cantidad por sólo uno peso. Ni hablar de las ‘mielcitas’, puro caramelo líquido de variados sabores que se vendía en un sachet o en largas tiras.
Ah, las gallinitas de azúcar... En su vasito de oblea guardaban una pequeña dosis de licor. La empresa que las fabricaba se llamaba "El gordito" y había empezado con este producto en la década del 30. Otro era el Pico Dulce, de Lerithier, más rico por supuesto, pero no causaba la emoción del Topolín.
A la lata, al latero...
Si hablamos de chocolates, aquí todo cambia. Por aquel entonces existía una marca top que era el Aero, un producto ya desaparecido. También existía un legendario chocolate llamado Águila, que alimentó a varias generaciones desde 1880.
Una golosina con forma de banana rellena de una pasta amarilla y casi fluorescente tenía y sigue teniendo el nombre de "Bananita Dolca".
Entonces eran rivales. Hablamos de Tita vs Rhodesia. La primera fue creada por Edelmiro Rhodesia en 1949 y la Rhodesia nació posteriormente, cuando la fábrica ya estaba en manos de Terrabusi. Pero quizá el líder de la nostalgia dulce sea Fel-fort (previo boom de Ricardo Fort) y sus Jack con sorpresa.
Esta golosina nació en 1962 y, durante sus primeros años, ofrecía a los chicos algunos modelos de autos, animales y personajes de dibujos animados, los cuales fueron fabricados de diferentes materiales hasta dar con el plástico duro, que es el utilizado aún en la actualidad. La primera serie de Hijitus (el personaje de García Ferré) llevó al chocolate Jack a convertirse en uno de los productos más populares de la época, agotándose en todos los quioscos.
De esta manera desfilaron los más variados personajes tanto nacionales (como por ejemplo los Titanes en el Ring; Patoruzú; Carlitos Balá) e incluso internacionales (como algunos personajes de la Guerra de las Galaxias; Meteoro; Superman; Batman, entre otros).
Y sí, la mayoría de todos estos productos siguen existiendo hoy en el quiosco de su barrio, a pesar de tantos años. Y, a su manera, a su dulce manera, conectan la infancia de ayer con la de hoy.
El domingo Los Andes publicó una nota sobre esas golosinas que abundan en las estanterías de los quioscos hace muchos pero muchos años. Así luego de la visita del periodista Carlos Campana a varios negocios se detectó que las monedas de chocolates, las bananitas dolcas (y las rosadas), que las famosas pastillitas "Doris" o D.F.S. y varios chocolates aún dicen presente.
Ahora nos preguntamos: ¿cuál es la mejor golosina para los mendocinos? ¿Te animás a contestar?
Aquí la nota sobre las golosinas eternas:
Unas desaparecieron, otras siguen tan vigente como el primer día. Masticadas por el marketing, las modas o el imaginario, las golosinas escriben una historia íntima detrás de cada generación.
En el quiosco de la esquina
Era típico: cuando papá y mamá nos daban alguna devaluada monedita, salíamos corriendo a comprar a la esquina, al quiosco de don Juan, posiblemente un viejo jubilado del ferrocarril. Allí, en una especie de vitrina, se encontraban las más variadas golosinas: chocolates, pastillas, caramelos, chupetines, turrones, alfajores y chicles. Era el reino de la infancia.
Una vitrina tentadora
Ningún niño que haya transitado por el siglo XX olvidará los caramelos masticables frutales cuyo logo mostraba la carita de un negrito. Tampoco los caramelos confitados de variados gustos que venían en una paqueta cajita parecida a un estuche. ¡Si eran los mismísimos "Sugus"! Claro que con ellos competían los clásicos Media Hora, duros como una piedra, cuyo secreto ingrediente era el anetol, un derivado de la planta que les daba gusto.
Si hablamos de pastillas, no podemos dejar de lado los corazoncitos "Doris" (venían de naranja, limón, mandarina, frutillas y también de menta) que estaban envasados en una cajita -al principio de lata-y eran ideales para llevarlos a la escuela. A pesar de su nombre de fórmula química, las D.R.F también tenían sus fans, pues conquistaban paladares con sus gustos de anís, menta o mentol, ya que fueron pensadas para los fumadores de entonces.
Inmediatamente seguían las ‘Punch’ deliciosas con gustos frutales y la recordada ‘Yapa’ que tenía atractivos dibujos. No podían faltar en esa vitrina los fabulosos chicles Bazooka que traían en su interior una especie de diminuto cómic del personaje.
¡Y ya llegarían los ‘70s, con la revolución del chicle Jirafa, de dimensiones extraordinarias para hacer globos gigantes! Igual, el mundo inflable también alucinó con los "Tatuaje", que traían en su interior un dibujo para adherirse en el brazo. Un tattoo fugaz que se borraba en un par de lavadas.
Bananas y mielcitas...
¿Se acuerdan de las bananitas sueltas? El quiosquero las entregaba en cantidad por sólo uno peso. Ni hablar de las ‘mielcitas’, puro caramelo líquido de variados sabores que se vendía en un sachet o en largas tiras.
Ah, las gallinitas de azúcar... En su vasito de oblea guardaban una pequeña dosis de licor. La empresa que las fabricaba se llamaba "El gordito" y había empezado con este producto en la década del 30. Otro era el Pico Dulce, de Lerithier, más rico por supuesto, pero no causaba la emoción del Topolín.
A la lata, al latero...
Si hablamos de chocolates, aquí todo cambia. Por aquel entonces existía una marca top que era el Aero, un producto ya desaparecido. También existía un legendario chocolate llamado Águila, que alimentó a varias generaciones desde 1880.
Una golosina con forma de banana rellena de una pasta amarilla y casi fluorescente tenía y sigue teniendo el nombre de "Bananita Dolca".
Entonces eran rivales. Hablamos de Tita vs Rhodesia. La primera fue creada por Edelmiro Rhodesia en 1949 y la Rhodesia nació posteriormente, cuando la fábrica ya estaba en manos de Terrabusi. Pero quizá el líder de la nostalgia dulce sea Fel-fort (previo boom de Ricardo Fort) y sus Jack con sorpresa.
Esta golosina nació en 1962 y, durante sus primeros años, ofrecía a los chicos algunos modelos de autos, animales y personajes de dibujos animados, los cuales fueron fabricados de diferentes materiales hasta dar con el plástico duro, que es el utilizado aún en la actualidad. La primera serie de Hijitus (el personaje de García Ferré) llevó al chocolate Jack a convertirse en uno de los productos más populares de la época, agotándose en todos los quioscos.
De esta manera desfilaron los más variados personajes tanto nacionales (como por ejemplo los Titanes en el Ring; Patoruzú; Carlitos Balá) e incluso internacionales (como algunos personajes de la Guerra de las Galaxias; Meteoro; Superman; Batman, entre otros).
Y sí, la mayoría de todos estos productos siguen existiendo hoy en el quiosco de su barrio, a pesar de tantos años. Y, a su manera, a su dulce manera, conectan la infancia de ayer con la de hoy.