hola Taringueros aqui les traigo una segunda parte de la guía de superviviencia que he publicado 
para los que no hayan leido la primera parte aqui se las dejo
http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/18434014/Guia-para-la-supervivencia-by-PsicoMaddy.html
Sin más preámbulo vamos allá.
II.- Construcción de un refugio I
La función principal del refugio es protegernos de los peligros de medio ambiente. Un calor
extremo puede producir un síncope o un golpe de calor; por el contrario, el exceso de frío produce
hipotermias y congelaciones. En las zonas pantanosas nos pueden devorar los mosquitos y si nos
calamos hasta los huesos mientras dormimos podemos coger una pulmonía, aparte de la
incomodidad, la ausencia de descanso y el golpe contra nuestra moral que esto supone.
Un buen refugio, además de protegernos de los elementos anteriores, proporciona comodidad,
seguridad y firmeza psicológica.
El tipo de refugio que construyamos dependerá de nuestras necesidades, del tiempo que vamos a
permanecer en ese lugar y de las herramientas de las que dispongamos. Siempre deberíamos
incluir en nuestro equipaje al menos una buena navaja, un cuchillo de monte y una lámina de
plástico de 2x2 metros o similar que ocupa y pesa poco y nos proporciona un techo impermeable.
Si el peso no importa, también podemos incluir un hacha pequeña o un machete.
Emplazamiento
Evidentemente, buscaremos en lo posible un lugar seco y al abrigo del viento, lejos de aguas
estancadas o pantanos para evitar que nos devoren los mosquitos, aunque una fuente cercana o
un pequeño curso de agua sería ideal.
Es aconsejable, para minimizar los riesgos, huir de las orillas de los ríos, pues puede
sorprendernos una crecida, incluso en tiempo soleado, por la rotura de una presa formada de
manera natural a causa de la acumulación de ramas, como sucedió no hace mucho en un
camping español, que quedó arrasado en cuestión de pocos minutos. La gente murió dentro de
sus vehículos y caravanas, que fueron arrastrados por la fuerza de la corriente.Lo mismo se
puede decir de los cauces secos de los ríos, que con una tormenta pueden convertirse en
torrentes antes de que nos demos cuenta.
También se desaconseja acampar bajo los árboles por el riesgo de que nos caiga una rama
encima. Reconozco que yo me salto esta norma con frecuencia, pues los árboles protegen del
rocío. Si decides hacer como yo, fíjate bien que no tenga ramas secas que supongan un riesgo
pata ti. Evita también los lugares con peligro de desprendimiento de rocas o riesgo de aludes de
nieve.
Es importante prestar atención a los alrededores para no darnos cuenta, una vez terminada
nuestra construcción, de que tenemos un hormiguero o un avispero como vecinos.
Tipos de refugios:
Vehículo
Si nos encontramos en una situación de supervivencia real por haber sufrido un accidente y
nuestro vehículo aún está habitable, puede constituir un buen refugio. De lo contrario prestemos
atención al material que lleva dentro y que podría servirnos. Los periódicos son un buen aislante;
si disponemos de ellos utilicémoslos para cubrir las ventanas y protegernos mejor del frío. Si
necesitamos hacer fuego y no disponemos de cerillas ni mechero podemos empapar con gasolina
un trozo de tela, de papel, de esponja de los asientos, etc. y hacer chispas sobre él cruzando los
terminales de la batería. Si quemamos o añadimos aceite de motor al fuego conseguiremos un
humo negro y denso excelente para hacer señales.
Refugios naturales
Son refugios cuya construcción requiere poco o ningún esfuerzo por nuestra parte. Se improvisan
en hendiduras y oquedades de rocas, cuevas, formaciones del terreno y de la vegetación. Una
hendidura en una pared rocosa que nos proteja de la lluvia y el viento y no ofrezca riesgos de
desprendimientos es ideal. Sólo tendremos que preocuparnos de construir un lecho seco y
confortable.
Refugios improvisados
Son los que construimos con los materiales que encontramos en la naturaleza o que llevamos en
nuestro equipaje
.
Refugio con una lámina de plástico
Si disponemos de una lámina de plástico suficientemente grande
podemos improvisar un refugio tendiendo una cuerda entre dos
árboles y colocando la lámina como una tienda de campaña clásica.
En los extremos envolveremos unas piedras que luego sujetaremos
con unas orquillas de madera o las anudaremos y las afirmaremos
con cuerdas y piquetas improvisadas con unos palos de madera
resistente. Si cavamos una zanja alrededor evitaremos que nos
anegue el agua en caso de tormenta.
Refugio con un bote salvavidas
Un bote salvavidas vuelto del revés y elevado por un lateral con ayuda de
unos palos constituye un refugio excelente.
Cobertizo
Es probablemente el más clásico de los refugios de
supervivencia. Utiliza un armazón de madera,
pero si utilizamos uno o dos árboles como columnas nos
ahorraremos mucho trabajo y el refugio
ganará en solidez. En climas fríos utilizaremos un fuego para
calentarnos y un reflector de troncos
detrás para aprovechar mejor el calor. Por ello es importante
tener en cuenta la dirección del viento si no queremos
terminar ahumados. El techo lo cubriremos de materia
vegetal. En algunas zonas es fácil encontrar grandes hojas
con las que construir un techo impermeable ensamblándolas
a modo de tejas. También se pueden improvisar tejas con
trozos de corteza. Si no, un techo de hierba seca y paja, si es
lo suficientemente grueso, también nos proporciona cierta
impermeabilidad.
Refugio con un árbol caído
Hay que cortar algunas ramas para hacer una oquedad en la copa
caída. Es un refugio acogedor y, si el árbol es frondoso, nos
protegerá del viento, pero no de la lluvia.
Refugio con soporte de ramas en forma de A
Es otro refugio clásico y que ofrece mayor abrigo que el
cobertizo. Se construye con un armazón de palos que adoptan
la forma de una tienda de campaña canadiense tradicional o de
una A. Se cubre con una capa de hojas grandes a modo de
tejas, y por encima de éstas una capa de hierba, hojarasca,
ramas que no perforen las tejas para evitar que el viento nos
levante el techo
.
Refugio de tronco
Es un tipo de refugio únicamente apropiado para pasar cortos periodos de
tiempo porque no suele ser muy cómodo, a no ser que el tronco posea un
gran diámetro. Consiste en un sencillo cobertizo que se realiza apoyando una
serie de ramas sobre un tronco caído y cubriéndolas con los materiales
indicados anteriormente.
El lecho
Es una parte fundamental de nuestro refugio. Debe de ser blando, seco, horizontal y caliente
(excepto en el desierto, que será fresco). Esto lo lograremos escogiendo bien el emplazamiento
(huir de zonas con humedad), quitando los palos y piedras que pueda haber en el suelo, y
aislándonos bien de éste con hojarasca, helechos, ropa, etc.
III.- Construcción de un refugio II
(Refugios para condiciones especiales)
Desiertos cálidos
La función del refugio en el desierto es protegernos del sol y del calor. Otros factores importantes
son las tormentas de arena y las, en ocasiones, frías temperaturas nocturnas.
Se recomienda enterrarse en la arena para minimizar las pérdidas de agua y protegerse del
sol. También podemos cubrirnos con una tela de paracaídas si disponemos de ella.
Para construir un refugio o desplazarse escójanse las horas más frescas del día, al
amanecer o al atardecer.
La temperatura suele ser varios grados más baja a unos centímetros por debajo del suelo, por lo
que excavaremos un hoyo que cubriremos con una tela o el material del que dispongamos y que
nos ofrezca sombra
.
Zonas frías y de montaña
Cuando el frío se acerca a valores extremos, el refugio se convierte en el elemento del que
dependerá nuestra supervivencia, y su construcción pasa a ser la principal prioridad.
No debemos olvidar que el viento agrava los efectos negativos del frío.
El propósito fundamental del refugio en zonas frías es retener nuestro calor y el producido por
otras fuentes de calor que podamos emplear. Para eso es necesario que no haya corrientes de
aire y que el refugio no sea grande en exceso. Un refugio pequeño es más caliente y da menos
trabajo que uno grande.
Cueva de nieve
Después del iglú, probablemente sea el mejor refugio para zonas frías. Se necesita una pala u otro
utensilio improvisado (un plato, un palo...) con el que cavar donde haya nieve amontonada. Debe
excavarse una cueva pequeña (cuanto más grande más difícil será de calentar) con un lecho a
unos 40 cm. por encima del nivel del suelo y, si se desea, también podemos añadir una plataforma
para cocinar con un hornillo 30 cm. más alta. No debemos olvidarnos de practicar un agujero de
ventilación en la parte de arriba y otro en el bloque de hielo o nieve compactada que sirva de
puerta. La pala debe guardarse dentro por si es necesario utilizarla para salir por la mañana.
Encendiendo una simple vela en el interior de este refugio conseguiremos que la temperatura
aumente varios grados.
Trinchera
Si no existe suficiente nieve para excavar una cueva, se puede hacer una trinchera y cubrirla con
bloques de nieve compactada o el material que se tenga a mano.
Cobertizo
En las zonas donde no hay mucha nieve y tenemos madera
abundante, podemos construir un cobertizo clásico con el
lado inclinado apuntando en la dirección del viento.
Haremos un fuego y colocaremos un reflector de troncos o
piedras que refleje el calor hacia nosotros.
Iglú
Es el mejor refugio contra el frío. Sin embargo requiere de un previo aprendizaje de la técnica, de
herramientas, (como mínimo un cuchillo) y de varias personas para realizarlo. Sólo merece el
esfuerzo si vamos a pasar bastante tiempo en ese lugar.
Selva tropical
Debido a la gran abundancia de insectos, todo el que se disponga a atravesar una selva debería
incluir en su equipaje una tela mosquitera. Una hamaca es ligera y aísla del suelo. Si no
disponemos de ella quizá tengamos material con el que improvisarla (tela de paracaídas, una
manta, etc...) Un techo sobre nuestra hamaca o nuestro lecho nos protegerá de la lluvia.
El refugio con soporte de ramas en forma de A es muy indicado para protegernos de la lluvia
Plataforma con tela mosquitera
Este refugio nos aísla del suelo y nos protege de insectos. Si se le añade un techo nos protegerá
además de la lluvia. El lecho lo cubriremos con hojas de palmera u otra materia vegetal.
IV.- Qué hacer si nos perdemos
Todo aquel que se aventure a una zona remota o desconocida debe tener la precaución de
procurarse al menos una brújula y mapas de la zona. Tampoco está de más un altímetro y un
podómetro.
Hay que señalar en el mapa nuestro recorrido y relacionarlo con los accidentes geográficos más
significativos (ríos, arroyos, picos de montañas, costas, etc.). Es bueno hacerse una imagen
mental de todo ello.
El miedo es una reacción natural cuando nos perdemos, pero hay que evitar a toda costa que
degenere en pánico. Cuando alguien se da cuenta de que se ha perdido, normalmente no está
muy lejos del camino correcto, pero si comienza a dar tumbos de un lado para otro, a desplazarse
de una manera irracional, agravará su problema. La primera acción, cuando notamos que nos
hemos extraviado, debe ser sentarse y reflexionar tranquilamente buscando todos los indicios y
señales que nos ayuden a situarnos.
Cuando volvamos a movernos para buscar la ruta correcta, debemos dejar algún tipo de marca en
el terreno para asegurarnos de no dar vueltas en círculo inútilmente (filas de piedras o ramas que
indiquen nuestra dirección, cortes en ramas o troncos, etc.).
Si el terreno lo permite, podemos subir a un punto elevado desde el que se domine la zona y
buscar los accidentes geográficos más notables. Si tenemos un mapa y los localizamos en él, no
tendremos problema para situar nuestra posición, como veremos en próximos artículos. Si no
tenemos un mapa, quizá podamos identificar algún rasgo característico del terreno que hayamos
visto antes de perdernos. Si tenemos con qué, debemos dibujar un pequeño mapa de lo que
vemos.
Si sospechamos que estamos muy cerca del camino correcto, debemos buscar una roca, árbol, u
otro accidente cercano que se vea bien desde los alrededores y dar vueltas en torno a él haciendo
una espiral cada vez mayor hasta que demos con nuestro camino.
En caso de haber sufrido un accidente con un vehículo en una zona remota, debemos valorar qué
nos conviene más: esperar a los equipos de rescate al lado del vehículo, que por otra parte nos
ofrecerá refugio, o desplazarnos en busca de ayuda. Normalmente la primera opción suele ser la
más acertada, pues los equipos de salvamento verán mejor a un vehículo que a un hombre
vagando solo.
En todo caso, y aunque decidamos esperar a los equipos de rescate, debemos explorar los
alrededores en busca de recursos (agua, alimento, leña...). Sería trágico perecer de frío por
no saber que a 500 metros había un refugio de montaña.
Cuando abandonemos el refugio para explorar los alrededores debemos prestar mucha atención
al paisaje, girarnos de vez en cuando para ver cómo es en la dirección de vuelta y dejar marcas
bien visibles para poder regresar.
Aumentaremos nuestras posibilidades de rescate si preparamos señales que los equipos de
rescate puedan ver desde el cielo. Debemos tener preparadas hogueras para encenderlas al
mínimo indicio de que se acerca un avión o helicóptero. Echando hierba húmeda por encima o
incluso aceite del vehículo obtendremos una columna de humo visible en la distancia. También
podemos escribir "SOS" en el suelo con rocas o con surcos de tierra si lo hacemos en una
pradera. Estas señales deben de ser lo más grandes posible para que se vean bien desde el cielo.
Si abandonamos el vehículo para buscar ayuda por nuestra cuenta, no debemos olvidar indicar
nuestra dirección por si los equipos de rescate lo localizan.
En el caso de que nuestra situación sea extrema, no sepamos cómo orientarnos ni veamos la
posibilidad de ser rescatados, no debemos desesperar. Busquemos una fuente, un arroyo, nos
conducirá a un río cuyo curso nos llevará antes o después, a una zona habitada.
V.- Técnicas de orientación: cómo orientarse sin mapa ni brújula
Existen varios métodos que nos permiten encontrar el norte con mayor o menor precisión cuando
carecemos de brújula. Los más eficaces son, probablemente, el reloj cuando es de día y las
estrellas de noche y con el cielo despejado.
Método del reloj
Podemos valernos de un reloj de agujas y de la
posición del sol para encontrar el norte con facilidad.
Para ello debemos conocer la hora solar, que en
España y los países de su franja horaria es dos horas
menos en horario oficial de verano y una hora menos
en invierno.
En las zonas templadas del hemisferio norte, si
alineamos la aguja horaria (la pequeña) con el sol, en
la bisectriz que forma esta con la cifra "12" del reloj se
encuentra siempre el sur.
En las zonas templadas del hemisferio sur es la cifra 12 la que debe apuntar hacia el sol, y en la
bisectriz que forma con la aguja horaria, se encuentra el norte.
Por las estrellas
Por la noche, si está despejado, guiarse por las estrellas es
eficaz y sencillo.
En el hemisferio norte del planeta, la estrella polar indica
siempre el norte. Esta estrella es la última de la cola de la osa
menor y, a pesar de que en casi todas las ilustraciones se
muestra como una estrella muy brillante, su luz es tan pálida
que con frecuencia no es fácil de ver. No obstante, es sencillo
Guiarse por la Osa Mayor para localizar el punto donde se
encuentra la estrella polar. Para ello sólo tenemos que prolongar
cuatro veces la distancia que separa las dos estrellas frontales de
la Osa Mayor.
En el hemisferio sur debemos buscar la "Cruz del Sur", una
constelación con forma de rombo o cometa. Si prolongamos la
longitud de la cometa cuatro veces y media, el punto imaginario
que localicemos indicará siempre el sur.
Por el sol
La salida y la puesta del sol también son una referencia. A todos nos han enseñado que el sol sale
por el este y se pone por el oeste. Sin embargo sólo lo hace por el punto exacto en los
equinoccios, o sea, alrededor del 21 de marzo y del 23 de septiembre y si nos encontramos en
terreno llano. El resto del año y rodeados de cadenas montañosas, la referencia es sólo
aproximada.
Por la luna
La luna puede proporcionarnos también una aproximación de los puntos cardinales. Cuando está
en creciente, las puntas señalan siempre hacia el este y cuando está en menguante, hacia el
oeste. Si tienes dudas para saber cuando está de una u otra forma, piensa que la luna "miente".
Cuando tiene forma de "C" de "creciente", en realidad está menguando.
Con la sombra de un palo
Si clavamos un palo en el suelo, marcamos el extremo de la sombra, dejamos pasar quince
minutos y volvemos a marcar el nuevo extremo de la sombra, al unir estos dos puntos, la línea que
obtenemos nos indicará el este y el oeste (el primer punto el oeste y el segundo el este). Al trazar
una perpendicular tendremos el norte y el sur. Este sistema sólo nos permite tener una referencia
aproximada. Cuanto más tiempo dejemos pasar entre la primera y la segunda marca y más
próximos nos encontremos la mediodía, más aumentará su precisión.
Existe otro método más preciso, pero limitado al mediodía.
Clavamos en un terreno llano un palo que proyecte una sombra de unos
30 ó 40 cm. y marcamos el extremo de la sombra. A continuación, con un
cordón de un zapato, una rama u otro método improvisado, trazaremos
una semicircunferencia usando como radio la longitud de la sombra.
Ahora debemos esperar el movimiento del sol. La sombra se irá haciendo
más pequeña a medida que nos acercamos a las 12:00 h. Momento en
que alcanzará su menor tamaño para después volver a crecer. En el
punto en el que la sombra vuelva a alcanzar la semicircunferencia
pondremos una marca. Al unir las dos marcas trazaremos una línea oeste
(primera marca) -este (segunda marca). En la perpendicular se
encontraran el norte y el sur.
Signos naturales
Existen indicios en la naturaleza que pueden darnos pistas sobre la dirección que llevamos. No
son muy precisos, pero en circunstancias excepcionales pueden impedir que perdamos el tiempo
dando vueltas en círculo.
En el hemisferio norte los musgos crecen en las zonas más sombrías y húmedas de los troncos,
que suele corresponder a la cara norte. Si bien esto puede variar localmente a causa de un
microclima particular.
También en las montañas reciben menos sol las laderas orientadas al norte, por lo que
suelen ser más húmedas, de tonalidades más frías y retienen la nieve por más tiempo.
Los anillos de crecimiento de los árboles suelen estar más desarrollados del lado que reciben
más sol, aunque pueden darse factores que alteren este desarrollo.
VI.- El fuego I
En una situación de supervivencia en zonas frías, nuestra vida puede depender de nuestra
capacidad para encender y mantener un fuego. Sin llegar a esos extremos, podremos necesitar
fuego para secarnos, calentarnos, hacer señales a los equipos de rescate y cocinar eliminando los
posibles gérmenes y parásitos de nuestros alimentos.
También, como excursionistas, podemos sentirnos tentados a sentarnos al lado de una hoguera
bajo las estrellas. En este caso debes tener en cuenta las leyes que regulan estas prácticas en tu
país. En España, y más concretamente en Galicia, esta práctica está prohibida durante los meses
más calurosos y severamente penalizada.
En cualquier caso, no debes olvidar que un fuego es muy peligroso, debes seguir todas las
normas de seguridad:
-No hagas hogueras más grandes de lo necesario, son más difíciles de controlar y de mantener.
- Elimina las ramitas y todo material combustible en un radio de dos o tres metros alrededor del
fuego.
- No lo hagas cerca de la maleza o ramas bajas
- Ten siempre cerca un cubo u otro recipiente con agua y/o una rama frondosa para apagarlo
rápidamente si es necesario.
Siempre debemos llevar en nuestra mochila o equipaje, especialmente si vamos a atravesar zonas
inhóspitas, un mechero y/o cerillas en un recipiente impermeable (una caja de carrete fotográfico,
por ejemplo. Lleva también los rascadores) o impermeabilizadas (con esmalte de uñas o parafina).
Si así lo hacemos, nuestras posibilidades de supervivencia aumentarán y no tendremos que
preocuparnos de hacer fuego con medios improvisados.
Preparar, encender y mantener el fuego
Antes de nada debemos decidir donde lo ubicaremos, prestando atención a viento y a la
vegetación, y preparar el lugar eliminando ramas, hierbas, etc.
Es buena idea excavar un hoyo de unos 10 ó 15 cm. y rodearlo con piedras para alojar en él la
hoguera. Cuando deshagamos el campamento, taparemos las cenizas con la tierra que sacamos,
devolveremos las piedras a su sitio y dejaremos todo de manera que nadie pueda notar que
hemos estado allí. (Esta norma es bueno seguirla tanto si hacemos fuego como si no).
Hay que buscar el material combustible: ramas secas de diferentes grosores, la más menuda para
encenderlo y la más gruesa para mantenerlo. No será difícil de encontrar en zonas boscosas y con
tiempo seco. Las crecidas acumulan ramas en las orillas de los ríos y en ocasiones las convierten
en un auténtico filón. Las ramas más bajas de los árboles están, con frecuencia, secas y se
rompen con facilidad. En caso de tiempo húmedo debemos buscar en los huecos de los troncos
secos, que proporcionan madera podrida que arde bien, en zonas resguardadas al lado de rocas,
caminos, grutas. Si no ha llovido demasiado, quizá logremos madera seca simplemente
descortezando las ramas húmedas. Si no, tendremos que coger las ramas gruesas y cortarlas en
pedazos longitudinales para aprovechas las astillas secas que obtengamos. Pondremos la madera
húmeda a secar cerca del fuego.
Para prender el fuego usaremos al principio leña más fina que dispondremos en forma de
"tipi" o de "cobertizo" con ayuda de una roca o un tronco para que el aire circule bien y se
inflame rápido. Por encima de la leña fina la iremos añadiendo más gruesa. Si no
disponemos de suficiente leña fina podemos hacer astillas la más gruesa con ayuda de
nuestro cuchillo.
En la base del "tipi"( izquierda) o del "cobertizo" ( derecha) habremos puesto la "yesca", que es el
material inflamable
que encenderemos. Consistirá en hojarasca, hierba seca, ramitas resinosas de pinos, sus hojas o
agujas, su resina. La madera podrida es una buena yesca en tiempo húmedo, pues suele ser fácil
arrancar las partes externas de los troncos para alcanzar las zonas interiores secas. Algunos
frutos secos, como las nueces, poseen un aceite que les hace inflamables y arden lentamente.
Especialmente útil es la corteza de abedul cortada en tiras, pues se inflama rápido, y arde
despacio y con buena llama. Se puede, incluso, hacer una antorcha improvisada enrollando una
tira de corteza a una vara.
En los lugares donde no hay leña el hombre recurre a otro tipo de combustibles. En los desiertos
se queman los excrementos de los camellos; y en las zonas polares, la grasa de las focas y otros
animales.
bueno hasta aqu la segunda parte. si quieres una tercera parte con más información dejame un comentario D: lo mismo si quieres que hable de un tema en especial.
Dudas,sugerencias y demás....comenten

para los que no hayan leido la primera parte aqui se las dejo
http://www.taringa.net/posts/salud-bienestar/18434014/Guia-para-la-supervivencia-by-PsicoMaddy.html
Sin más preámbulo vamos allá.
II.- Construcción de un refugio I
La función principal del refugio es protegernos de los peligros de medio ambiente. Un calor
extremo puede producir un síncope o un golpe de calor; por el contrario, el exceso de frío produce
hipotermias y congelaciones. En las zonas pantanosas nos pueden devorar los mosquitos y si nos
calamos hasta los huesos mientras dormimos podemos coger una pulmonía, aparte de la
incomodidad, la ausencia de descanso y el golpe contra nuestra moral que esto supone.
Un buen refugio, además de protegernos de los elementos anteriores, proporciona comodidad,
seguridad y firmeza psicológica.
El tipo de refugio que construyamos dependerá de nuestras necesidades, del tiempo que vamos a
permanecer en ese lugar y de las herramientas de las que dispongamos. Siempre deberíamos
incluir en nuestro equipaje al menos una buena navaja, un cuchillo de monte y una lámina de
plástico de 2x2 metros o similar que ocupa y pesa poco y nos proporciona un techo impermeable.
Si el peso no importa, también podemos incluir un hacha pequeña o un machete.
Emplazamiento
Evidentemente, buscaremos en lo posible un lugar seco y al abrigo del viento, lejos de aguas
estancadas o pantanos para evitar que nos devoren los mosquitos, aunque una fuente cercana o
un pequeño curso de agua sería ideal.
Es aconsejable, para minimizar los riesgos, huir de las orillas de los ríos, pues puede
sorprendernos una crecida, incluso en tiempo soleado, por la rotura de una presa formada de
manera natural a causa de la acumulación de ramas, como sucedió no hace mucho en un
camping español, que quedó arrasado en cuestión de pocos minutos. La gente murió dentro de
sus vehículos y caravanas, que fueron arrastrados por la fuerza de la corriente.Lo mismo se
puede decir de los cauces secos de los ríos, que con una tormenta pueden convertirse en
torrentes antes de que nos demos cuenta.
También se desaconseja acampar bajo los árboles por el riesgo de que nos caiga una rama
encima. Reconozco que yo me salto esta norma con frecuencia, pues los árboles protegen del
rocío. Si decides hacer como yo, fíjate bien que no tenga ramas secas que supongan un riesgo
pata ti. Evita también los lugares con peligro de desprendimiento de rocas o riesgo de aludes de
nieve.
Es importante prestar atención a los alrededores para no darnos cuenta, una vez terminada
nuestra construcción, de que tenemos un hormiguero o un avispero como vecinos.
Tipos de refugios:
Vehículo
Si nos encontramos en una situación de supervivencia real por haber sufrido un accidente y
nuestro vehículo aún está habitable, puede constituir un buen refugio. De lo contrario prestemos
atención al material que lleva dentro y que podría servirnos. Los periódicos son un buen aislante;
si disponemos de ellos utilicémoslos para cubrir las ventanas y protegernos mejor del frío. Si
necesitamos hacer fuego y no disponemos de cerillas ni mechero podemos empapar con gasolina
un trozo de tela, de papel, de esponja de los asientos, etc. y hacer chispas sobre él cruzando los
terminales de la batería. Si quemamos o añadimos aceite de motor al fuego conseguiremos un
humo negro y denso excelente para hacer señales.
Refugios naturales
Son refugios cuya construcción requiere poco o ningún esfuerzo por nuestra parte. Se improvisan
en hendiduras y oquedades de rocas, cuevas, formaciones del terreno y de la vegetación. Una
hendidura en una pared rocosa que nos proteja de la lluvia y el viento y no ofrezca riesgos de
desprendimientos es ideal. Sólo tendremos que preocuparnos de construir un lecho seco y
confortable.
Refugios improvisados
Son los que construimos con los materiales que encontramos en la naturaleza o que llevamos en
nuestro equipaje
.
Refugio con una lámina de plástico
Si disponemos de una lámina de plástico suficientemente grande
podemos improvisar un refugio tendiendo una cuerda entre dos
árboles y colocando la lámina como una tienda de campaña clásica.
En los extremos envolveremos unas piedras que luego sujetaremos
con unas orquillas de madera o las anudaremos y las afirmaremos
con cuerdas y piquetas improvisadas con unos palos de madera
resistente. Si cavamos una zanja alrededor evitaremos que nos
anegue el agua en caso de tormenta.
Refugio con un bote salvavidas
Un bote salvavidas vuelto del revés y elevado por un lateral con ayuda de
unos palos constituye un refugio excelente.
Cobertizo
Es probablemente el más clásico de los refugios de
supervivencia. Utiliza un armazón de madera,
pero si utilizamos uno o dos árboles como columnas nos
ahorraremos mucho trabajo y el refugio
ganará en solidez. En climas fríos utilizaremos un fuego para
calentarnos y un reflector de troncos
detrás para aprovechar mejor el calor. Por ello es importante
tener en cuenta la dirección del viento si no queremos
terminar ahumados. El techo lo cubriremos de materia
vegetal. En algunas zonas es fácil encontrar grandes hojas
con las que construir un techo impermeable ensamblándolas
a modo de tejas. También se pueden improvisar tejas con
trozos de corteza. Si no, un techo de hierba seca y paja, si es
lo suficientemente grueso, también nos proporciona cierta
impermeabilidad.
Refugio con un árbol caído
Hay que cortar algunas ramas para hacer una oquedad en la copa
caída. Es un refugio acogedor y, si el árbol es frondoso, nos
protegerá del viento, pero no de la lluvia.
Refugio con soporte de ramas en forma de A
Es otro refugio clásico y que ofrece mayor abrigo que el
cobertizo. Se construye con un armazón de palos que adoptan
la forma de una tienda de campaña canadiense tradicional o de
una A. Se cubre con una capa de hojas grandes a modo de
tejas, y por encima de éstas una capa de hierba, hojarasca,
ramas que no perforen las tejas para evitar que el viento nos
levante el techo
.
Refugio de tronco
Es un tipo de refugio únicamente apropiado para pasar cortos periodos de
tiempo porque no suele ser muy cómodo, a no ser que el tronco posea un
gran diámetro. Consiste en un sencillo cobertizo que se realiza apoyando una
serie de ramas sobre un tronco caído y cubriéndolas con los materiales
indicados anteriormente.
El lecho
Es una parte fundamental de nuestro refugio. Debe de ser blando, seco, horizontal y caliente
(excepto en el desierto, que será fresco). Esto lo lograremos escogiendo bien el emplazamiento
(huir de zonas con humedad), quitando los palos y piedras que pueda haber en el suelo, y
aislándonos bien de éste con hojarasca, helechos, ropa, etc.
III.- Construcción de un refugio II
(Refugios para condiciones especiales)
Desiertos cálidos
La función del refugio en el desierto es protegernos del sol y del calor. Otros factores importantes
son las tormentas de arena y las, en ocasiones, frías temperaturas nocturnas.
Se recomienda enterrarse en la arena para minimizar las pérdidas de agua y protegerse del
sol. También podemos cubrirnos con una tela de paracaídas si disponemos de ella.
Para construir un refugio o desplazarse escójanse las horas más frescas del día, al
amanecer o al atardecer.
La temperatura suele ser varios grados más baja a unos centímetros por debajo del suelo, por lo
que excavaremos un hoyo que cubriremos con una tela o el material del que dispongamos y que
nos ofrezca sombra
.
Zonas frías y de montaña
Cuando el frío se acerca a valores extremos, el refugio se convierte en el elemento del que
dependerá nuestra supervivencia, y su construcción pasa a ser la principal prioridad.
No debemos olvidar que el viento agrava los efectos negativos del frío.
El propósito fundamental del refugio en zonas frías es retener nuestro calor y el producido por
otras fuentes de calor que podamos emplear. Para eso es necesario que no haya corrientes de
aire y que el refugio no sea grande en exceso. Un refugio pequeño es más caliente y da menos
trabajo que uno grande.
Cueva de nieve
Después del iglú, probablemente sea el mejor refugio para zonas frías. Se necesita una pala u otro
utensilio improvisado (un plato, un palo...) con el que cavar donde haya nieve amontonada. Debe
excavarse una cueva pequeña (cuanto más grande más difícil será de calentar) con un lecho a
unos 40 cm. por encima del nivel del suelo y, si se desea, también podemos añadir una plataforma
para cocinar con un hornillo 30 cm. más alta. No debemos olvidarnos de practicar un agujero de
ventilación en la parte de arriba y otro en el bloque de hielo o nieve compactada que sirva de
puerta. La pala debe guardarse dentro por si es necesario utilizarla para salir por la mañana.
Encendiendo una simple vela en el interior de este refugio conseguiremos que la temperatura
aumente varios grados.
Trinchera
Si no existe suficiente nieve para excavar una cueva, se puede hacer una trinchera y cubrirla con
bloques de nieve compactada o el material que se tenga a mano.
Cobertizo
En las zonas donde no hay mucha nieve y tenemos madera
abundante, podemos construir un cobertizo clásico con el
lado inclinado apuntando en la dirección del viento.
Haremos un fuego y colocaremos un reflector de troncos o
piedras que refleje el calor hacia nosotros.
Iglú
Es el mejor refugio contra el frío. Sin embargo requiere de un previo aprendizaje de la técnica, de
herramientas, (como mínimo un cuchillo) y de varias personas para realizarlo. Sólo merece el
esfuerzo si vamos a pasar bastante tiempo en ese lugar.
Selva tropical
Debido a la gran abundancia de insectos, todo el que se disponga a atravesar una selva debería
incluir en su equipaje una tela mosquitera. Una hamaca es ligera y aísla del suelo. Si no
disponemos de ella quizá tengamos material con el que improvisarla (tela de paracaídas, una
manta, etc...) Un techo sobre nuestra hamaca o nuestro lecho nos protegerá de la lluvia.
El refugio con soporte de ramas en forma de A es muy indicado para protegernos de la lluvia
Plataforma con tela mosquitera
Este refugio nos aísla del suelo y nos protege de insectos. Si se le añade un techo nos protegerá
además de la lluvia. El lecho lo cubriremos con hojas de palmera u otra materia vegetal.
IV.- Qué hacer si nos perdemos
Todo aquel que se aventure a una zona remota o desconocida debe tener la precaución de
procurarse al menos una brújula y mapas de la zona. Tampoco está de más un altímetro y un
podómetro.
Hay que señalar en el mapa nuestro recorrido y relacionarlo con los accidentes geográficos más
significativos (ríos, arroyos, picos de montañas, costas, etc.). Es bueno hacerse una imagen
mental de todo ello.
El miedo es una reacción natural cuando nos perdemos, pero hay que evitar a toda costa que
degenere en pánico. Cuando alguien se da cuenta de que se ha perdido, normalmente no está
muy lejos del camino correcto, pero si comienza a dar tumbos de un lado para otro, a desplazarse
de una manera irracional, agravará su problema. La primera acción, cuando notamos que nos
hemos extraviado, debe ser sentarse y reflexionar tranquilamente buscando todos los indicios y
señales que nos ayuden a situarnos.
Cuando volvamos a movernos para buscar la ruta correcta, debemos dejar algún tipo de marca en
el terreno para asegurarnos de no dar vueltas en círculo inútilmente (filas de piedras o ramas que
indiquen nuestra dirección, cortes en ramas o troncos, etc.).
Si el terreno lo permite, podemos subir a un punto elevado desde el que se domine la zona y
buscar los accidentes geográficos más notables. Si tenemos un mapa y los localizamos en él, no
tendremos problema para situar nuestra posición, como veremos en próximos artículos. Si no
tenemos un mapa, quizá podamos identificar algún rasgo característico del terreno que hayamos
visto antes de perdernos. Si tenemos con qué, debemos dibujar un pequeño mapa de lo que
vemos.
Si sospechamos que estamos muy cerca del camino correcto, debemos buscar una roca, árbol, u
otro accidente cercano que se vea bien desde los alrededores y dar vueltas en torno a él haciendo
una espiral cada vez mayor hasta que demos con nuestro camino.
En caso de haber sufrido un accidente con un vehículo en una zona remota, debemos valorar qué
nos conviene más: esperar a los equipos de rescate al lado del vehículo, que por otra parte nos
ofrecerá refugio, o desplazarnos en busca de ayuda. Normalmente la primera opción suele ser la
más acertada, pues los equipos de salvamento verán mejor a un vehículo que a un hombre
vagando solo.
En todo caso, y aunque decidamos esperar a los equipos de rescate, debemos explorar los
alrededores en busca de recursos (agua, alimento, leña...). Sería trágico perecer de frío por
no saber que a 500 metros había un refugio de montaña.
Cuando abandonemos el refugio para explorar los alrededores debemos prestar mucha atención
al paisaje, girarnos de vez en cuando para ver cómo es en la dirección de vuelta y dejar marcas
bien visibles para poder regresar.
Aumentaremos nuestras posibilidades de rescate si preparamos señales que los equipos de
rescate puedan ver desde el cielo. Debemos tener preparadas hogueras para encenderlas al
mínimo indicio de que se acerca un avión o helicóptero. Echando hierba húmeda por encima o
incluso aceite del vehículo obtendremos una columna de humo visible en la distancia. También
podemos escribir "SOS" en el suelo con rocas o con surcos de tierra si lo hacemos en una
pradera. Estas señales deben de ser lo más grandes posible para que se vean bien desde el cielo.
Si abandonamos el vehículo para buscar ayuda por nuestra cuenta, no debemos olvidar indicar
nuestra dirección por si los equipos de rescate lo localizan.
En el caso de que nuestra situación sea extrema, no sepamos cómo orientarnos ni veamos la
posibilidad de ser rescatados, no debemos desesperar. Busquemos una fuente, un arroyo, nos
conducirá a un río cuyo curso nos llevará antes o después, a una zona habitada.
V.- Técnicas de orientación: cómo orientarse sin mapa ni brújula
Existen varios métodos que nos permiten encontrar el norte con mayor o menor precisión cuando
carecemos de brújula. Los más eficaces son, probablemente, el reloj cuando es de día y las
estrellas de noche y con el cielo despejado.
Método del reloj
Podemos valernos de un reloj de agujas y de la
posición del sol para encontrar el norte con facilidad.
Para ello debemos conocer la hora solar, que en
España y los países de su franja horaria es dos horas
menos en horario oficial de verano y una hora menos
en invierno.
En las zonas templadas del hemisferio norte, si
alineamos la aguja horaria (la pequeña) con el sol, en
la bisectriz que forma esta con la cifra "12" del reloj se
encuentra siempre el sur.
En las zonas templadas del hemisferio sur es la cifra 12 la que debe apuntar hacia el sol, y en la
bisectriz que forma con la aguja horaria, se encuentra el norte.
Por las estrellas
Por la noche, si está despejado, guiarse por las estrellas es
eficaz y sencillo.
En el hemisferio norte del planeta, la estrella polar indica
siempre el norte. Esta estrella es la última de la cola de la osa
menor y, a pesar de que en casi todas las ilustraciones se
muestra como una estrella muy brillante, su luz es tan pálida
que con frecuencia no es fácil de ver. No obstante, es sencillo
Guiarse por la Osa Mayor para localizar el punto donde se
encuentra la estrella polar. Para ello sólo tenemos que prolongar
cuatro veces la distancia que separa las dos estrellas frontales de
la Osa Mayor.
En el hemisferio sur debemos buscar la "Cruz del Sur", una
constelación con forma de rombo o cometa. Si prolongamos la
longitud de la cometa cuatro veces y media, el punto imaginario
que localicemos indicará siempre el sur.
Por el sol
La salida y la puesta del sol también son una referencia. A todos nos han enseñado que el sol sale
por el este y se pone por el oeste. Sin embargo sólo lo hace por el punto exacto en los
equinoccios, o sea, alrededor del 21 de marzo y del 23 de septiembre y si nos encontramos en
terreno llano. El resto del año y rodeados de cadenas montañosas, la referencia es sólo
aproximada.
Por la luna
La luna puede proporcionarnos también una aproximación de los puntos cardinales. Cuando está
en creciente, las puntas señalan siempre hacia el este y cuando está en menguante, hacia el
oeste. Si tienes dudas para saber cuando está de una u otra forma, piensa que la luna "miente".
Cuando tiene forma de "C" de "creciente", en realidad está menguando.
Con la sombra de un palo
Si clavamos un palo en el suelo, marcamos el extremo de la sombra, dejamos pasar quince
minutos y volvemos a marcar el nuevo extremo de la sombra, al unir estos dos puntos, la línea que
obtenemos nos indicará el este y el oeste (el primer punto el oeste y el segundo el este). Al trazar
una perpendicular tendremos el norte y el sur. Este sistema sólo nos permite tener una referencia
aproximada. Cuanto más tiempo dejemos pasar entre la primera y la segunda marca y más
próximos nos encontremos la mediodía, más aumentará su precisión.
Existe otro método más preciso, pero limitado al mediodía.
Clavamos en un terreno llano un palo que proyecte una sombra de unos
30 ó 40 cm. y marcamos el extremo de la sombra. A continuación, con un
cordón de un zapato, una rama u otro método improvisado, trazaremos
una semicircunferencia usando como radio la longitud de la sombra.
Ahora debemos esperar el movimiento del sol. La sombra se irá haciendo
más pequeña a medida que nos acercamos a las 12:00 h. Momento en
que alcanzará su menor tamaño para después volver a crecer. En el
punto en el que la sombra vuelva a alcanzar la semicircunferencia
pondremos una marca. Al unir las dos marcas trazaremos una línea oeste
(primera marca) -este (segunda marca). En la perpendicular se
encontraran el norte y el sur.
Signos naturales
Existen indicios en la naturaleza que pueden darnos pistas sobre la dirección que llevamos. No
son muy precisos, pero en circunstancias excepcionales pueden impedir que perdamos el tiempo
dando vueltas en círculo.
En el hemisferio norte los musgos crecen en las zonas más sombrías y húmedas de los troncos,
que suele corresponder a la cara norte. Si bien esto puede variar localmente a causa de un
microclima particular.
También en las montañas reciben menos sol las laderas orientadas al norte, por lo que
suelen ser más húmedas, de tonalidades más frías y retienen la nieve por más tiempo.
Los anillos de crecimiento de los árboles suelen estar más desarrollados del lado que reciben
más sol, aunque pueden darse factores que alteren este desarrollo.
VI.- El fuego I
En una situación de supervivencia en zonas frías, nuestra vida puede depender de nuestra
capacidad para encender y mantener un fuego. Sin llegar a esos extremos, podremos necesitar
fuego para secarnos, calentarnos, hacer señales a los equipos de rescate y cocinar eliminando los
posibles gérmenes y parásitos de nuestros alimentos.
También, como excursionistas, podemos sentirnos tentados a sentarnos al lado de una hoguera
bajo las estrellas. En este caso debes tener en cuenta las leyes que regulan estas prácticas en tu
país. En España, y más concretamente en Galicia, esta práctica está prohibida durante los meses
más calurosos y severamente penalizada.
En cualquier caso, no debes olvidar que un fuego es muy peligroso, debes seguir todas las
normas de seguridad:
-No hagas hogueras más grandes de lo necesario, son más difíciles de controlar y de mantener.
- Elimina las ramitas y todo material combustible en un radio de dos o tres metros alrededor del
fuego.
- No lo hagas cerca de la maleza o ramas bajas
- Ten siempre cerca un cubo u otro recipiente con agua y/o una rama frondosa para apagarlo
rápidamente si es necesario.
Siempre debemos llevar en nuestra mochila o equipaje, especialmente si vamos a atravesar zonas
inhóspitas, un mechero y/o cerillas en un recipiente impermeable (una caja de carrete fotográfico,
por ejemplo. Lleva también los rascadores) o impermeabilizadas (con esmalte de uñas o parafina).
Si así lo hacemos, nuestras posibilidades de supervivencia aumentarán y no tendremos que
preocuparnos de hacer fuego con medios improvisados.
Preparar, encender y mantener el fuego
Antes de nada debemos decidir donde lo ubicaremos, prestando atención a viento y a la
vegetación, y preparar el lugar eliminando ramas, hierbas, etc.
Es buena idea excavar un hoyo de unos 10 ó 15 cm. y rodearlo con piedras para alojar en él la
hoguera. Cuando deshagamos el campamento, taparemos las cenizas con la tierra que sacamos,
devolveremos las piedras a su sitio y dejaremos todo de manera que nadie pueda notar que
hemos estado allí. (Esta norma es bueno seguirla tanto si hacemos fuego como si no).
Hay que buscar el material combustible: ramas secas de diferentes grosores, la más menuda para
encenderlo y la más gruesa para mantenerlo. No será difícil de encontrar en zonas boscosas y con
tiempo seco. Las crecidas acumulan ramas en las orillas de los ríos y en ocasiones las convierten
en un auténtico filón. Las ramas más bajas de los árboles están, con frecuencia, secas y se
rompen con facilidad. En caso de tiempo húmedo debemos buscar en los huecos de los troncos
secos, que proporcionan madera podrida que arde bien, en zonas resguardadas al lado de rocas,
caminos, grutas. Si no ha llovido demasiado, quizá logremos madera seca simplemente
descortezando las ramas húmedas. Si no, tendremos que coger las ramas gruesas y cortarlas en
pedazos longitudinales para aprovechas las astillas secas que obtengamos. Pondremos la madera
húmeda a secar cerca del fuego.
Para prender el fuego usaremos al principio leña más fina que dispondremos en forma de
"tipi" o de "cobertizo" con ayuda de una roca o un tronco para que el aire circule bien y se
inflame rápido. Por encima de la leña fina la iremos añadiendo más gruesa. Si no
disponemos de suficiente leña fina podemos hacer astillas la más gruesa con ayuda de
nuestro cuchillo.
En la base del "tipi"( izquierda) o del "cobertizo" ( derecha) habremos puesto la "yesca", que es el
material inflamable
que encenderemos. Consistirá en hojarasca, hierba seca, ramitas resinosas de pinos, sus hojas o
agujas, su resina. La madera podrida es una buena yesca en tiempo húmedo, pues suele ser fácil
arrancar las partes externas de los troncos para alcanzar las zonas interiores secas. Algunos
frutos secos, como las nueces, poseen un aceite que les hace inflamables y arden lentamente.
Especialmente útil es la corteza de abedul cortada en tiras, pues se inflama rápido, y arde
despacio y con buena llama. Se puede, incluso, hacer una antorcha improvisada enrollando una
tira de corteza a una vara.
En los lugares donde no hay leña el hombre recurre a otro tipo de combustibles. En los desiertos
se queman los excrementos de los camellos; y en las zonas polares, la grasa de las focas y otros
animales.
bueno hasta aqu la segunda parte. si quieres una tercera parte con más información dejame un comentario D: lo mismo si quieres que hable de un tema en especial.
Dudas,sugerencias y demás....comenten