El 25 de noviembre del año 2003 en Medellín los voladores fueron confundidos con disparos. Desde las montañas en las que se interna la ciudad se escuchó el tronar de la pólvora como si un grupo armado se hubiese tomado un pueblo.
El estruendo duró varias horas. Los perros se escondieron debajo de las camas, los pájaros se salieron de los nidos, las ardillas se treparon a las copas de los árboles y los quemados comenzaron a sumarse por decenas hasta llegar a 357 en el fin de la Navidad.
El estridente festejo, se supo tiempo después.Lo que sucede es la recreación constante de La Hora Cero que dictó para el 1º de diciembre de 2003 luego de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara a órdenes de alias Don Berna que marcó con esta descarga inesperada y contundente la señal de que se iban sin irse porque marcaron como suyos los territorios de las comunas 13, 8 y 16 además de los corregimientos de Altavista, San Cristóbal y San Antonio de Prado.Barrios en los que al unísono estalló la pólvora distribuida en esas zonas entre el 25 y 30 de noviembre de ese año. El hecho de que coincida con el cumpleaños de Pablo Escobar -1º de diciembre, igual que La Alborada- son asuntos más cercanos al anecdotario que a la realidad pues difícilmente Diego Murillo Bejarano le tributaría un homenaje a su expatrón a quien activamente ayudó a matar. El aniversario de esta muerte se recuerda cada 2 de diciembre. La asociación de La Alborada con el asunto narco y paramilitar es indisoluble.
La tradición de la alborada cada 1 de diciembre se ha seguido manteniendo, pese a los controles. La Alcaldía de Medellín este año, por ejemplo, suspendió mediante el decreto 1869 la fabricación, distribución, comercialización y uso de la pólvora. Las sanciones van desde dos salarios mínimos hasta 20 millones de pesos.
Pero más allá de la norma, y por experiencias de otros años, se sabe que lo único que podría impedir que los voladores resuenen por los cielos de Medellín este año, es que un diluvio se aparezca de la nada.
El estruendo duró varias horas. Los perros se escondieron debajo de las camas, los pájaros se salieron de los nidos, las ardillas se treparon a las copas de los árboles y los quemados comenzaron a sumarse por decenas hasta llegar a 357 en el fin de la Navidad.
El estridente festejo, se supo tiempo después.Lo que sucede es la recreación constante de La Hora Cero que dictó para el 1º de diciembre de 2003 luego de la desmovilización del Bloque Cacique Nutibara a órdenes de alias Don Berna que marcó con esta descarga inesperada y contundente la señal de que se iban sin irse porque marcaron como suyos los territorios de las comunas 13, 8 y 16 además de los corregimientos de Altavista, San Cristóbal y San Antonio de Prado.Barrios en los que al unísono estalló la pólvora distribuida en esas zonas entre el 25 y 30 de noviembre de ese año. El hecho de que coincida con el cumpleaños de Pablo Escobar -1º de diciembre, igual que La Alborada- son asuntos más cercanos al anecdotario que a la realidad pues difícilmente Diego Murillo Bejarano le tributaría un homenaje a su expatrón a quien activamente ayudó a matar. El aniversario de esta muerte se recuerda cada 2 de diciembre. La asociación de La Alborada con el asunto narco y paramilitar es indisoluble.
La tradición de la alborada cada 1 de diciembre se ha seguido manteniendo, pese a los controles. La Alcaldía de Medellín este año, por ejemplo, suspendió mediante el decreto 1869 la fabricación, distribución, comercialización y uso de la pólvora. Las sanciones van desde dos salarios mínimos hasta 20 millones de pesos.
Pero más allá de la norma, y por experiencias de otros años, se sabe que lo único que podría impedir que los voladores resuenen por los cielos de Medellín este año, es que un diluvio se aparezca de la nada.