
La realidad es un sueño. Siempre estás soñando. La única diferencia entre la realidad de lo que todos llamamos soñar y la realidad tangible que experimentamos mientras estamos en estado de vigilia es la densidad. La realidad que experimentamos en el estado de vigilia es más densa. El mundo físico es mente condensada. Pero sigue siendo un sueño. Estás soñando. En todo momento estás soñando, estás en un sueño.
La realidad es un sueño. Un sueño creado por la mente. Por lo tanto, así como en los sueños, tú puedes hacer en tu realidad todo lo que quieras. La realidad es total y completamente ilimitada. Solo lleva más tiempo generar realidad condensada en la vigilia que en el sueño. Porque una vez programado en tu subconsciente todo se genera de forma automática, sin esfuerzo. Con el mismo esfuerzo que le toma a una planta crecer una vez reunidas las condiciones.
Ese es el motivo por el cual puedes cambiar tu realidad cuando quieras. Puedes de pronto ser una persona exitosa, que genera grandes ingresos, que se libera completamente a nivel económico y se vuelve rica. Una persona con una suerte inexplicable y maravillosa, con un constante cúmulo de alegrías que llegan sin parar como tsunami haciendo que la sonrisa sea nuestro estado natural. Es que todo lo que existe en la realidad se genera desde la propia mente.
Por eso para generar cualquier tipo de realidad lo único que debes hacer es programar tu subconsciente eficazmente. Tu subconsciente actúa en automático, generando la realidad que tú le has programado. Es como la parte oculta de un iceberg en comparación con tu mente consciente. Es mucho más grande y fuerte, es mucho más poderosa y menos maleable. Es mucho más confiable y está allí a tu servicio.
Se programa por dos vías sencillas. La primera es la repetición de conceptos o ideas por ejemplo una frase. No alcanza con oírla muchas veces ni con repetirla muchas veces. Si bien esto influye en cierta medida, se debe prestar atención y darle emoción y sentido. Es por eso que es necesario dedicarle un tiempo a la meditación sobre el concepto que queremos integrar en nuestra mente y cuando repitamos el concepto conscientemente usar el máximo de nuestra atención, sentimientos y sentidos: visual, cinético, auditivo, olfativo, etc.

La segunda es hacer pequeñas acciones que vayan generando un hábito positivo en la dirección de aquello que estamos buscando. Porque pequeña que sea esta acción influye en forma directa en nuestra realidad, de manera inmediata y tangible. Pero además es la forma de exteriorizar nuestro pensamiento como mostrándole a nuestra mente de qué estamos hablando. Está demostrado que una acción realizada consecutivamente durante veintiuna ocasiones genera un hábito. Por lo tanto hay que intentar que estas acciones sean lo más consecutivas que nos sea posible así como ir edificando sobre ellas complejizándolas y haciéndolas creer hasta que nos convirtamos en aquello que queremos.
