El psicólogo Mikhail Labkovsky está seguro de que la apariencia de una persona no afecta el coeficiente de la felicidad. Este hecho se demuestra en el mundo de las celebridades, donde incluso si respondes al ideal de belleza, el amor y la felicidad no están garantizados.
Observo cómo las mujeres luchan con frenesí contra los supuestos desperfectos de su apariencia. Los hombres también, a veces, luchan pero no con tanto esmero; para ellos no es tan importante ser guapo como ganar dinero.
Pero las mujeres se involucran demasiado con las dietas y las máquinas del gimnasio.
Se pinchan con inyecciones mágicas, llevan tacones que dan vértigo. Aunque eso todavía no es nada. Pero si nos acordamos de la cirugía plástica, ¡del bisturí del cirujano!, tal obsesión es similar al masoquismo, y las que lo hacen son sólo víctimas desafortunadas, dispuestas a hacer cualquier cosa con el único fin de que las amen.
Absolutamente. Sí, cualquier transformación manipulada de su apariencia, del autobronceado a la liposucción, son una demostración de inseguridad en sí misma y un paso dado en el camino hacia el narcisismo. Y este es un trastorno muy desagradable. Cuando la vida no te sonríe sin la aprobación de todos los demás, siendo la adoración el punto máximo.
Lo peor es que para las víctimas de la industria de la belleza la medida de la autoestima no es la apariencia sino la presencia o ausencia de una pareja de ciertos parámetros.
Hablando de parejas: cuanto menor es la autoestima de un hombre, más importancia le concede a la apariencia de su esposa o amante. A los que están seguros de sí mismos, casi no les importa.
En realidad, no entiendo para qué tolerar, por ejemplo, las dolorosas inyecciones de Botox, cuando la historia del mundo entero, la ciencia y la experiencia cotidiana están gritando que la apariencia (igual que las altas cualidades morales) no juegan ningún papel en el amor, la atracción, el sexo y el trato hacia nosotros por parte de los demás. Hay otra cuestión. A continuación te lo diré.
Por ejemplo, todo el mundo sabe con quién se casó y a quién adoraba John Lennon, el hombre que podía elegir a cualquier mujer del mundo. Recuerda a Yoko Ono. Tenía una apariencia muy original hasta para los gustos japoneses.
¿Y Paul McCartney y Heather Mills? Esta chica consiguió enamorar a uno de los hombres más ricos del mundo, más experimentados en la vida, y casarse con él, sin importar su condición física.
Sigamos adelante, echemos un vistazo a los esposos de Nicole Kidman, Jennifer López o a las esposas de Pierce Brosnan, Hugh Jackman o Woody Harrelson. ¿Y qué tal la última esposa de Woody Allen? No es una cuestión de belleza física.
Y ninguno de ellos es sospechosa o sospechoso de no haber tenido relaciones con simpáticos hombres o hermosas mujeres, respectivamente.
Al mismo tiempo, cuánta gente hermosa en su físico, pero muy infeliz, hay a nuestro alrededor. Y la mujer más bella (bueno, la más atractiva) de la tierra, con quien soñaba el 90% de la población masculina del planeta, cuyo retrato portaban en el bolsillo del pecho los soldados del Ejército de Estados Unidos en Vietnam, Marilyn Monroe, murió a causa de soledad y a solas consigo misma.
Y además tenía una cantidad de problemas psicológicos. Fue Marilyn la que dijo: “No estaba acostumbrada a ser feliz y por eso no consideraba la felicidad como algo imprescindible para mí“.
De ahí la pregunta: ¿quieres ser hermoso físicamente o feliz? Si es lo último, no tienes que trabajar en tu apariencia sino en tu autoestima. Quiérete a ti mismo con cualquier apariencia y entonces tu apariencia realmente podrá ser cualquiera. Es una ley de la vida.
¿Sabes?, la apariencia es una definición muy subjetiva. La apariencia no es solamente lo que tú sientes viéndote en el espejo. ”Me gusto" o “No me gusto”. Esta es la cuestión.
Sí, el amor o la falta de amor hacia uno mismo no surge de la nada, todo ello tiene su raíz en la infancia (tomen nota los padres). Si uno no aguanta cuando lo rechazan, si a priori está seguro de que tiene que caerle bien a la gente, y para eso tiene que ser bueno, por supuesto, él no tiene ni idea sobre el amor incondicional (y este es el único amor verdadero).
A él los papás no lo querían tal y como era, no por el hecho de que nació y vive en el mundo. Ellos no lo comían a besos y no le decían que era el niño más hermoso del mundo. No. Directa o indirectamente, le han transmitido una idea falsa de ser “bueno“, de donde se deduce que el amor debe ganarse e, incluso, ganarse todos los días. Y para eso...
”Voy a ser una gran ama de casa, aprenderé bien a cocinar, voy a tener una apariencia perfecta siempre y entonces alguien, seguramente, apreciará todo mi talento “humano“. Lo dice, no necesariamente en voz alta, la mayoría de las mujeres. Querida mía, nadie te amará por las pestañas de lujo, por un guiso elaborado con chuletas y por la naturaleza dócil, se ama por otras cosas. Como dice el refrán, ”las chicas buenas van al cielo y las malas donde quieran”.
Además, ¿acaso no entiendes qué antinatural te portas cuando quieres caer bien, sin más? Detrás de este comportamiento es absolutamente imposible ver cómo es la persona en realidad, pero siempre se puede capturar la tensión y percibir la insatisfacción consigo mismo.
A la gente normal todo esto la alarma y la aleja. Mientras que la confianza en uno mismo, por el contrario, atrae y no te suelta. Pero no sólo es cuestión de seguridad en uno mismo. Para que se dé el enamoramiento, el amor o la pasión, la persona tiene que engancharte. Y lo que te engancha no es la forma ideal de la nariz, el vientre plano o un cabello hermoso (a excepción de la primera vez, сon lo que se puede terminar todo).
Inconscientemente nos engancha algo relacionado con la infancia: una asociación, similitud, olor, gesto, la manera de tocar el botón, el timbre de la voz, en resumen, cualquier detalle, que recuerda a la casa natal de tus padres, y a tu padre o madre.
Esta asociación, por cierto, no necesariamente tiene que ser feliz. Y contra esto son imposibles todos los trucos, la cirugía plástica, la ropa y las virtudes físicas.
Para el amor no hay ninguna apariencia; sólo hay carácter, voluntad y fidelidad a sí mismo. Sólo eso se valora en este mundo, bienes escasos. Y sólo eso provoca interés, respeto y ganas de obtenerlo.
Y si te falta todo esto, sólo hay una salida: ser tú mismo. Desarrollar tu individualidad y cualidades personales. No aceptar compromisos. Al menos, no asfixiarte a ti mismo y no comportarte como una víctima.
Mejor es seguir tus propios deseos, sueños y aspiraciones. Cultivar tu diferencia de los demás y no cohibirte por cosas que imperan en tu personalidad.
Vale, dirá una persona poco atractiva, lo que dices es cierto, y estoy de acuerdo con cada palabra, puedo volver a leerlo mil veces más, pero eso no me dará seguridad en mí mismo.
¿Qué hago? En esto contesto que en la aceptación de uno mismo tal y como eres hay que trabajar, sin duda. Por ejemplo, procurar generarte el máximo confort psicológico, respetar tus propios deseos, dedicarte tiempo (y dinero), intentar disfrutar de los placeres de la vida, sentir su sabor, deleitarlo y saborearlo.
La tarea consiste en compensar por ti mismo la falta de amor, en llenar esos huecos que se formaron durante la infancia y la adolescencia. En poner por delante este objetivo y considerarlo una prioridad vital, no esperar hasta que te hagan feliz los demás.
Los demás aparecerán en tu vida y querrán hacerte sentir bien, justo cuando tú mismo empieces a sentir tu importancia. Tu apariencia es solamente tu autoestima.