
Durante años, este calificativo me ha molestado como una piedrecita en el zapato. Y como en mi tierra dicen que el que aguanta eso aguanta los cuernos, he venido protestando al respecto durante años con cuanta persona civilizada se puede debatir. Y gracias a la magia de las letras, hoy puedo compartir esta inquietud con ustedes.

Se entiende que el gobierno necesita usar términos que definan a las poblaciones y minorías con fines estadísticos y demás, pero no cuesta nada informarse un poquito más antes de establecer un calificativo.
Cuando decimos que alguien es ‘hispano’, nos referimos al hecho específico de que esta persona habla español. Como se diría en buen castellano, esa persona es hispano parlante. Pero, otra vez, se hace referencia al idioma y no a la etnia. Hispanoamericano significa que habla español y vive en América.
Por otra parte, latinoamericano quiere decir que vives en América y tu cultura es de origen latino. La cultura latina la heredamos de los antiguos romanos a través de los españoles, y es la base cultural de varios países de la Europa mediterránea.

Esto confunde aún más cuando tenemos que hacer alguna gestión oficial y el formulario que estamos usando pregunta la raza en vez del origen étnico. La opción generalmente es la misma para un latinoamericano: hispano. Resulta que hispano no solo es una cultura, también es un color de piel. Hasta donde puedo decir, las razas son: blanca, negra, aborigen y asiática, y en última instancia: mestiza.
El término hispano probablemente evita denominar a una persona no blanca (posiblemente latinoamericano) basado en su color de piel. Pero la raza está inexorablemente unida al color de la piel, como la etnia lo está con la cultura. Personalmente, no me provoca ninguna indignación cuando me llaman mestizo y latino.