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No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a tí

Salud Bienestar•5/28/2012
No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a tí



La ley del karma asegura que aquellos que causan violencia y sufrimiento a otros seres vivos, tienen que experimentar violencia y sufrimiento equivalentes a los ocasionados, ya sea de inmediato o en el futuro.

Cuando un ser humano innecesariamente toma la vida de otra entidad viviente, especialmente bajo condiciones de gran dolor y sufrimiento, ese acto de agresión le producirá una severa reacción kármika. Si causamos dolor o sufrimiento a otros seres vivos, tendremos que aceptar a cambio dolor y sufrimiento; tanto individual como colectivo, pues recogemos lo que sembramos, tanto en esta vida como en la próxima, ya que la naturaleza nos administra su propia justicia. Si año tras año, millares de animales son masacrados sin misericordia en enormes mataderos mecanizados, el karma negativo acumulado por todos aquellos que son partícipes es prácticamente inconmensurable.

De acuerdo a la ley del karma, todo aquel que de una u otra forma se encuentra conectado con la matanza de animales es responsable. “El Manu – Samhita” enumera siete partes culpables: quien da el permiso, la persona que mata, la que ayuda, la que vende, la que compra, la que cocina la carne y la que come.




La Biblia dice: “Lo que siembres, cosecharás”; y las sutiles leyes del karma nos informan que las cualidades negativas de la personalidad, tales como la hostilidad, crueldad, insensibilidad, arrogancia, codicia, apatía, depresión, ansiedad y envidia, entre otros; constituyen la cosecha psicológica que obtienen aquellos que han hecho del matar, directa o indirectamente, un aspecto regular de sus vidas. Cuando la conciencia humana se contamina con los efectos del karma negativo que aparecen como resultado de las acciones destructivas y dañinas, sus buenas cualidades quedan cubiertas. En cambio, cuando uno adopta una dieta vegetariana, es mucho más fácil permanecer pacífico, feliz, productivo e interesado en el bienestar de los demás. Tanto el desarrollo psicológico como emocional son esenciales para una vida progresiva, y todos nuestros pensamientos y acciones influyen en el desarrollo de nuestro carácter y personalidad.


UN EJEMPLO


LA MEDIA COBIJA





Don Roque era ya un anciano cuando murió su esposa. Durante largos años había trabajado con ahínco para sacar adelante a su familia. Su mayor deseo era ver a su hijo convertido en un hombre de bien, respetado por los demás, ya que para lograrlo dedicó su vida y su escasa fortuna. A los setenta años, Don Roque se encontraba sin fuerzas, sin esperanzas, solo y lleno de recuerdos. Esperaba que su hijo, ahora brillante profesional, le ofreciera su apoyo y comprensión, pero veía pasar los días sin que este apareciera, y decidió por primera vez en su vida pedirle un favor. Don Roque tocó la puerta de la casa donde vivía el hijo con su familia.
-¡Hola papá, qué milagro que vienes por aquí!

-Ya sabes que no me gusta molestarte, pero me siento muy solo; además estoy cansado y viejo.
-Pues a nosotros nos da mucho gusto que vengas a visitarnos, ya sabes que ésta es tu casa.
-Gracias hijo, sabía que podía contar contigo, pero temía ser un estorbo.
Entonces, ¿no te molestaría que me quedara a vivir con ustedes? ¡Me siento tan solo!.
-¿Quedarte a vivir aquí? Si... claro...pero no sé si estarías a gusto. Tu sabes, la casa es chica...mi esposa es muy especial...y luego los niños...
-Mira, hijo, si te causo muchas molestias olvídalo. No te preocupes por mi, alguien me tenderá la mano.
-No padre, no es eso. Sólo que...no se me ocurre donde podrías dormir. No puedo sacar a nadie de su cuarto, mis hijos no me lo perdonarían...o solo que no te moleste...
-¿Qué hijo?
-Dormir en el patio...
-Dormir en el patio... está bien.

El hijo de Don Roque llamó a su hijo de doce años.
-Dime papá.
-Mira, hijo, tu abuelo se quedará a vivir con nosotros. Tráele una cobija para que se tape en la noche.
-Si, con gusto...y ¿dónde va a dormir?
-En el patio, no quiere que nos incomodemos por su culpa.

Luis subió por la cobija, tomó unas tijeras y la cortó en dos. En ese momento llegó su padre.
-¿Qué haces Luis? ¿Por qué cortas la cobija de tu abuelo?
-Sabes papá estaba pensando...
-¿Pensando en qué?
-En guardar la mitad de la cobija para cuando tú seas ya viejo y vayas a vivir a mi casa.

Hasta la próxima
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