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[Cuento Propio] Lo Eterno y Lo Fugaz (2da. Parte)

Salud Bienestar3/27/2015
[Cuento Propio] Lo Eterno y Lo Fugaz (2da. Parte)


Entre los distantes sonidos que susurra la melancolía y los propios de la respiración existe un tiempo híbrido, un momento detenido en la eternidad. El aire es más denso, la vida tiene muy poco valor y carece de un significado o razón para seguir. Cada latido del corazón es un auto reproche y cada recuerdo es una nueva aguja helada que se entierra sin prisa pero sin detenerse en el alma.

Ahogan los por qué. Estremecen las palabras no reproducidas. Pesan toneladas de dolor los sueños desmoronándose a pedazos. ¿Por qué?
Esteban se encontraba sentado a medias en el sofá del living, con los ojos dirigidos a la TV donde un programa conducido por un grupo de doctores explicaba con airoso convencimiento los beneficios de establecer una nutrición basada en frutas y hortalizas.

Miraba sin mirar, no pestañeaba. No estaba encausado en la realidad. Recordaba paso a paso la última conversación con Mikaela. Buscaba y enumeraba culpables; el tiempo, las situaciones, ese fantasma de su ex pareja que tanto la había dañado en su pasado remoto y que sin embargo ella tenía tan presente, las palabras mal utilizadas, las frases emitidas en un mal momento, tornándose inconscientemente destructivas para quedar forjadas en ese lapso, a hierro caliente, para siempre.

Ya le parecía estúpida la teoría del reloj a cuerda que había formulado hace unos días, para ser más exacto, el día de la despedida. Es una incoherencia del destino tratar de descifrar cuando van a suceder las cosas, pero más aún, cuando van a dejar de suceder. Sabía que la relación en algún momento se iba a disipar como se extingue la luz de una vela, en ese final lúgubre e inevitable, pero no sabía que tan pronto.

En un instante la televisión se apagó; eran frecuentes los cortes de energía eléctrica en esta época tan calurosa del año. Buenos Aires arde y el incremento de aires acondicionados junto con la demanda diaria colapsa el servicio en las horas pico. De pronto, la ventana se sacudió al mismo tiempo que escuchaba cerrarse la puerta.
- ¡“Que cara” esta la cebolla amigo! Jajaja.
Era Lautaro; siempre con esa remera gastadísima del grupo AC / DC (banda que jamás en la vida escuchó) y con esa sonrisa que hacía pensar de que en ningún momento de su vida pudo tener siquiera un problema.
- Que hacés Lau? Acá andamos. Todo bien, por suerte - No pude ni quise disimular mi total desagrado existencial.
- ¿Que tan grave es el problema para que estés mirando una tele apagada, mientras dejás la puerta abierta para que cualquier mercenario o ladronzuelo se haga un festín con vos?-. Lautaro tenía una extraña manera de decir las cosas, pero vaya que siempre tenía razón.
- Uy! Salí a comprar unas medialunas para desayunar, de seguro no cerró bien por culpa del trapo de piso y se atascó.

- Esas cosas no suelen suceder en una mente tan previsora como la suya. ¿Estas mal por lo de Mika no? Contame.
Las fauces de mi cara comenzaban a doler y mi boca se llenaba de amargura. Literal, ¡se llenaba de un sabor amargo inexplicable!
- Si. La realidad es que me cuesta horrores despertar cada día sabiendo que ella ya no está más a mi lado, que ya no puedo contar más con ella- como si fuese poco, mi mano derecha tendió a sujetar mi pecho en la parte del corazón; no me había percatado del movimiento hasta que Lautaro elevó su ceja izquierda, como si estuviese analizándome en profundidad.

- Esteban, no estabas bien, ella no estaba bien...
- Yo no estaba bien porque ella no estaba bien - La Amargura me aplacaba.
- “Dios no juega a los dados con el universo...” ¿no lo recuerdas?
- Si, lo sé muy bien pero hoy hay cosas que no comprendo. Que me duelen. ¿Por qué no pudo suceder? ¡Si era todo perfecto! ¡Ella era perfecta! ¡Era como si la hubiese pensado toda la vida! - Mis ojos no lograron mantener la tregua y se rindieron, dando rienda suelta a un pequeño y continuo hilo de lágrimas. La situación me superó. Puse mi cara entre mis manos, era la pose que más odiaba en la vida. La pose de la derrota.

- jajaja! Es la primera vez que el universo te ve llorar. ¡No quiero que te preocupes, quiero que te ocupes! Nunca un anochecer le ganó al amanecer y nunca el dolor le ganó al amor; me tengo que ir pibe, demasiado por esta vez. A todo esto… ¿has leído la Historia de Pigmalión?

Esos desvaríos de Lautaro me causaban mucha gracia, incluso en mis momentos de trueno. Mis días de trueno, como suelo catalogar esos días que todo te parece mal y que, evidentemente, por las mismas facultades vibratorias que lanzamos al plano de la vida, nos da un poquito más de lo que estamos generando. Un muy mal día.
La charla con Lautaro me había recuperado momentáneamente de las profundidades en las que estaba sometido, sin ir más lejos, lo que ahoga no es la caída en el agua sino mantenerse sumergido en ella.
Es verdad que Mikaela había sido más que importante en mi vida, pero. Espera. ¡Es importante! ¡Y lo va a ser a lo largo de mi existencia! Con la simple salvedad de que ha decidido seguir en busca de su feliz plenitud apartada de mí.

En un abrir y cerrar de ojos volvió la energía y la TV se encendió, esta vez mostrando el pronóstico para los días venideros cubiertos de amenazantes lluvias, siestas y más y más soledad.
Me sentí reconfortado y dispuesto a realizar dos actividades.
Iría hasta la biblioteca del centro para buscar acerca de Pigmalión y su aventura, no sin antes pasar por lo de Lautaro, en agradecimiento por su nobleza.
De esta manera, cabalgué mi vieja pero tan leal bicicleta que se encontraba al fondo del garaje del edificio y me dirigí hasta la florería de Laura, que siempre tiene las rosas blancas más frescas y de paso, me hace buen precio por haber sido tan buenos compañeros en el colegio secundario.

Me adentré hasta el final de la callejuela central, atravesando ese paisaje tan desolador que rara vez cambia con el pasar de los años y allí, debajo de ese roble que brilla con ese fulgor predominante sobre los demás árboles, ubiqué su recordatorio terrenal. Cambié el agua ya verdosa del frasco que hacía de florero y deposité las flores que tanto le gustaban.
Hice una oración y me fui caminando despacio y pensativo, llevando a tiro la bicicleta. Comencé a recordar todos los momentos bellos con Mikaela que por cierto, eran la gran mayoría.

Volvía a sonreír. Sonreír es el primer paso al amor.

El amor transforma, el amor cura. Pero a veces, construye trampas mortales y termina destruyendo a la persona que decidió entregarse por completo. ¿Cómo la fuerza que mueve al mundo y mantiene a las estrellas en su lugar puede ser tan constructiva y destructiva al mismo tiempo?
Nos acostumbramos a pensar que lo que damos es igual a lo que recibimos. Pero las personas que aman esperando ser amadas a cambio pierden su tiempo.
El amor no es un intercambio, es un acto de fe.
Son las contradicciones las que hacen crecer al amor. Son los conflictos los que permiten que el amor siga a nuestro lado. La vida es demasiada corta para esconder en nuestros corazones palabras tan importantes como “Te Amo”.
Pero no esperes escuchar la misma frase de vuelta. Amamos porque necesitamos amar. Sin eso, la vida pierde todo sentido y el sol deja de brillar. Por lo tanto, incluso cuando el Amor no aparece, seguimos abiertos a su presencia. En los momentos en que la soledad parece aplastarlo todo, la única forma de resistir es seguir amando.

El mayor objetivo de la vida es amar. El Resto es Silencio.
JPM


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