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Hoy les cuento que " El que te maltrata no te ama"

Salud Bienestar4/13/2015
Mi intención era acabar la semana con una lectura motivadora y distinta, aunque algo me ha obligado a actuar de manera diferente.
Hoy les cuento que " El que te maltrata no te ama"

Voy a escribir sobre una experiencia única e inolvidable, una historia que durante la noche de ayer no me dejó descansar, ya que mi cabeza no paraba de dar vueltas y, en determinadas ocasiones, el miedo se apoderaba de mí.

derecho la mujer
Si hay algo que me gusta es el carácter que tengo, y es que ser extrovertida tiene una ventaja, te permite conocer a muchas personas y poder tener un amplio abanico de amistades ocasionales y también otras profundas y duraderas.

El destino quiso que ayer conociese a Esther y Sara, dos amigas guapas, jóvenes, alegres y con muchas cosas en común, algo que descubrí unas horas después.

. las mujeres maltratadas, un mundo desconocido para mí, delicado y doloroso desgraciadamente para las víctimas.

“Yo he vivido un infierno”. Esta frase fue el detonante para que mi cabeza estuviera durante cuatro horas alejada del mundo real. Sara comenzó a relatarme su terrible experiencia, con rabia pero con gran fortaleza. Sus ojos se llenaron de fuego cuando recordó como una de las brutales palizas que recibió provocó el parto de su pequeña, Silvia.


Siete años inmersa en un túnel sin salida. No tenía respuestas. En ese momento era una mujer sin valentía, con miedo.

La tortura tenía fecha de caducidad. Varias marcas en el cuerpo de la hija de Sara pusieron fin a una palabra que nunca se había asignado a sí misma: MALTRATO.

Empezaba una nueva lucha, un nuevo camino por descubrir y una nueva meta por alcanzar. Pero el miedo no desapareció. Esta vez no se trataba de ella sino de Esther, su mejor amiga.

En 2013 conoció al que años después se convertiría en su mayor enemigo, su pesadilla. El cosquilleo en su estómago ya no lo provocaban los nervios por una cita sino el pánico y el miedo que le producía el saber que al llegar a casa podría recibir una paliza que terminara por llevarla a un hospital o, aún peor, a un cementerio.

Agresiones diarias, quemaduras, cuatro operaciones en la nariz, un brazo o una pierna rota no fueron suficientes para salir huyendo, ella no contemplaba esa posibilidad.

Sara y la familia de Esther acuden a la Guardia Civil, temen por su vida. Ella no está, desaparece durante seis meses junto a él y la hija de ambos.

“Me enterró viva Tamara, se me bloquearon las piernas, no tenía voz, me vi muerta. Pero observaba como mi niña de cuatro años me chillaba, tenía que huir”.

Sin poder controlar su llanto y la ansiedad que le producían los recuerdos, Esther me seguía contando su terrible historia.

Una llamada a sus padres y a su amiga Sara hizo disparar las alarmas e ir en busca del maltratador junto a la Policía para proceder a su detención. Pero hay problema, Esther no quiere declarar, no admite que es maltratada.

El agresor ingresa en prisión y permanece en ella durante cinco años. Su víctima es trasladada con la pequeña a un centro de acogida. Un tratamiento psicológico y el aislamiento del mundo intentan hacerle ver su futuro junto a él; Tiene que declarar o morirá. Esther no soporta el ritmo de vida encerrada en una casa desconocida, quiere regresar a su vida, con su gente.

Su historia no acaba ahí. Esther recibe cartas que su pareja le escribe desde la cárcel, llamadas telefónicas que pretenden convencerla de que ha cambiado.

Llega el juicio y él no es finalmente condenado. Esther no declara ser maltratada, confía en él.

“Yo sabía que iba a volver a hacerle lo mismo o incluso algo peor, pero ella no me escuchaba, no me creía, estaba desesperada”, me dice Sara mirándome a los ojos emocionada.

Como su desagradable experiencia indicaba, tan solo una semana después vuelve a ser brutalmente agredida, y es tatuada en todo el cuerpo por él mismo, con su nombre, Fernando.

Un juez, la Guardia Civil y la Policía Nacional toman medidas por ella, procediendo de nuevo a la detención de su pareja y encarcelándole hasta nueva fecha de juicio: el mes de Junio.

Como muchos de vosotros estuve durante toda la tarde preguntándome… ¿Por qué?.

No pude parar de mirar sus ojos llenos de lágrimas y pánico. Nadie merece vivir esta tortura, y nadie menos que él merece disfrutar de la vida, esa que desgraciadamente le ha destrozado a Esther.

Sara, recuperada del pasado, no se ha separado de su amiga ni un instante. Ha tratado de ayudarle a salir del infierno que ella misma vivió en sus propias carnes. Y como pude percibir, no se va a rendir, luchará hasta el final, hasta que juntas lo consigan y ganen una segunda batalla.

Mis últimas palabras antes de despedirme de ellas fueron las siguientes:

Sara, felicidades por ser la mujer y amiga que eres. Esther, por favor, declara el día del juicio y acaba con esto, mereces y debes ser feliz.

Mi mensaje a todas las mujeres que estéis leyéndome en este instante es que, por favor, no os convirtáis en un objeto deseado por un psicópata. PUEDES PARARLO. La vida te trajo al mundo para descubrir un camino lleno de felicidad. No tengas miedo. Y recuerda:

NADIE TE DA PODER, EL PODER LO TOMAS TÚ.

Tú, que estás frente al ordenador, sólo una cosa:

Fin del post.


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