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Ataque de pánico (Relato real) (Edit)

Salud Bienestar•10/17/2010
Mis ataques de panico!


El no me pasa nada nos agobia. El creer que estamos libres de todo mal miente demasiado. Creo que hoy el día uno somatiza el bienestar en vez del mal.
Un año de trabajo en donde no pasamos de un resfrió, pequeño resfrió sin consecuencias que pasen mas allá de unos mocos goteando desde el naso, unas pequeñísimas gotas de liquido que valla a saber de donde salen y que lo único que consiguen a lo largo de dos o tres días es descarnarnos los agujeros de la nariz sin mas preocupaciones. Todo eso en un año, ninguna enfermedad, comportándose como un soldado romano, al que no se le permitía nada, enfermarse, cansarse, extrañar, deprimirse, nada, nada permitido…
Y un día, a las 6:30 de la mañana, media hora después del trabajo, empieza otra etapa. La peor, la etapa no esperada, la que nadie quiere.
Llegamos, y con la frescura de siempre nos acostamos, intentando conciliar el sueño, mientras el mundo alrededor despierta, se despereza, olvida que termino hace años el tiempo de la colonia, que existen los vecinos y comienza a hacer ruidos. Ruidos de autos pasando, de motos, muchas motos, escapes libres y motores en mal estado circulando, las vecinas jubiladas, mas bien de sus vidas que de sus trabajos, empiezan a los gritos de vereda a vereda a comentarse el noticiero, si, ese que vieron el ultimo atardecer. Y en la charla, a los gritos, se confunden, la edad ya no les deja recordar ni lo de anoche. Y se corrigen entre ellas, que el asalto fue en tal lado, que son tantos los muertos, que le pegaba por que ya no la quería, que es el 2 % de inflación y que dan lluvia pero no por que no duelen los huesos como deberían, y a nadie le interesa, creo que ni a ellas, por que el noticiero del mediodía se los va aclara, pero se lo tiene que gritar a esa hora, es la hora de la información informal para ellas, las señoras jubiladas. Para mi es la hora de dormir, mi hora de merecido descanso, mi hora del hartazgo.
A todo esto son ya como las siete. Un beso en la frente a mi compañera de vida para que despierte y arranque con su día. Un “dormí bien” y del otro lado un “que pases un buen día” vale mas que mil palabras a esa hora, es lo mejor que uno espera escuchar, lo único.
Pero no, no la dejo llegar ni al baño. La pequeña sensación de incomodidad, que confunda con cansancio, con el desacuerdo de horarios en mi cuerpo y en mi cabeza después de un año de horarios rotativos no es lo que sentía. Me empiezo a sentir descompuesto, he hecho esfuerzos en mi vida que me han generado cansancios que mi cuerpo no estaba acostumbrado a hacer pero nunca esto. Me pesan las piernas y los brazos, siento ganas irrefrenables de vomitar y el estomago suena como si tuviera un scalextric adentro.
Uno no se preocupa demasiado y empieza a preocuparse por lo que comió, que esa pava de mates, igual a la de todos los días, pero que puede haber caído mal, que el agua tiene algo, uno nunca sabe con el agua corriente, a veces es mas peligrosa que la de pozo, que las galletas del quiosco de enfrente estaban en mal estado, si en el quiosco el olor te mata cuando entras seguro que tienen todo vencido. Y mientras pensamos eso las sensaciones se amotinan, la supuesta descompostura empieza a ceder, pero las extremidades de golpe se llenan de un hormigueo fuerte, tan fuerte que uno se termina mirando para tratar de descubrir que son los millones de bichos que te caminan… y no hay nada, pero el hormigueo es constante, ya a esta altura uno se empieza a agitar muchísimo y se empieza a cerrar la garganta, se hace difícil respirar y la agitación viene a escalas galopantes y comienza a estremecerse el cuerpo de manera incontrolable, el tiritar se hace mas potente con el tiempo, los segundos que pasan parecen agravarlo.
La niña, muy asustada, llamando a emergencias. Y a los 5 minutos llamando de nuevo. Ya esta levantada cuando llamo la primera vez. Me trata de contener pero no hay forma, mi cuerpo tiembla con un ritmo y una fuerza que mueve unos centímetros la cama de lugar, pasan lo minutos, la ayuda no llega, a pesar que ya esta paga, en cuotas y con los meses, creo que ya hay pago miles de atenciones. Al final llegan.
Bajan tres persona de una ambulancia que llego con las sirenas, que con respeto al enfermo la apagaron cuando estacionaron, las luces azules no, esas quedaron prendidas para que los vecinos se enteraran que había un enfermo en el barrio, para que las señoras barredoras de veredas tuvieran algo bueno para comentar mas allá del noticiero. Entran los tres a casa, uno nunca sabe por que entran todos, lo normal es que arriba de la ambulancia estén un medico, un enfermero y un chofer/camillero. Uno entiende que el medico da un diagnostico, por lo tanto baja, un enfermero aplica inyecciones o medicamentos, por lo tanto baja, pero un camillero??? Baja para, llegado el caso, volver a buscar la camilla? Ir a encender la ambulancia?? (Si apago el motor y la sirena, dejo las luces para el deleite de las vecinas??). Son cosas sin respuesta, son cosas que uno no debería preguntar.
Entre el medico y la enfermera me observan de todos los angulas posibles, me toman la presión y entre los dos me toman la fiebre con un termómetro de vidrio debajo de la axila, digo entre los dos por que tanto temblaba que el termómetro ni segundo duraba en su lugar. El medico me agarraba de los hombros y la enfermera me apretaba los brazos junto al cuerpo. Así por uno 3 minutos. Es incomoda la situación, sobre todo si uno esta en bóxer, uno no puede manejar su cuerpo, hay dos personas agarrándolo y un enfermero, completamente desconocido, lo observa desde los pies de la cama con los brazos cruzados como diciendo “mira como tiembla este pelotudo”
El tiempo pasa lentamente, mas cuando uno sufre, el mercurio tardo un minuto y medio, como mucho en subir por el vidrio, para mi fueron horas, largas horas. El termómetro sale de mi axila, con el solo echo de que la enfermera le diga al medico “esta todo normal, yo no le encuentro nada”. El medico pone cara de circunspecto, se me acerca y en vos media de pregunta “tomaste alguna droga?” Y ese el punto clave, el punto justo en que uno le pegaría al medico por preguntar pelotudeces, pero el medico se aprovecha y lo goza por que uno no puede reaccionar y con lo que uno tiembla no da para decirle “si esto fuera por una sobredosis de paco estaría tirado en la vereda y no estaría llegando de laburar, como te explique hace un rato, vos sos pelotudo o te haces” y trompada a la quijada de movida. Pero los tembleques, que ya a esta altura pasan los treinta minutos y no decaen, como no decaen la sensación de cerramiento de la garganta, ni la sensación fuerte de ahogo y uno responde con un “nada” como única respuesta.
Me medican, me dan algún pastilla de calmantes sublingual, un antialérgico inyectable por mi garganta y un descanse que no ayuda en mucho.
Los días subsiguientes fueron de dos visitas a médicos, el primero que igual que las emergencias de ambulancias con sirenas, no sabia que me pasaba. El ultimo pego en el clavo. Un ataque de pánico por estrés, simplemente eso.
Recomendación: relajarme, calmar la cabeza, tratar de vivir una vida mas sana. Creo que no sabe que la vida insana, sin horarios, ya que el rotativo semanal te los quita todos, días sin almorzar o sin cenar por que los horarios no lo permiten, las vecinas y el barrio ruidoso que no se acostumbran, mi vida no permite ni la relajación ni la vida sana, pero bueno… hay que seguir…
Tres días estuve sin laburar, después volví un viernes a las cero horas, hasta las seis, tranqui, en un turno compartido, el primero después de un año y diez días, el primero acompañado.
Los días pasaron, bien, mas tranquilos, ahora me maneja la hipocondría, la pase tan mal que tengo miedo todo el tiempo. Pero no, casi llegando al mes, en el trabajo, junto a una compañera, me volvió a agarrar. Ella fue a calentar la pava y cuando volvió yo me estaba ahogando, respirando agitado. Le dije “me voy” y ella me respondió “llama a alguien, solo no te vas”. Llame a mi padre, el me vino a buscar y fui directo a emergencias medicas. Al entrar el medico me vio y le dije “tuve un ataque de pánico, creo que este es otro”, me hizo un examen de rutina y me dijo que si. Los síntomas que tuve fueron los mismos y el medicamento que me dio fue acertado nuevamente, en menos de una hora estaba completamente dormido como por doce horas. Cuando desperté sentía el cuerpo cansado a pesar de no haber llegado a temblar como la primera vez. La hipocondría subió a raudales, era muchísimo mas fuerte ahora. Este ultimo suceso fue un martes. El sábado siguiente me desperté y salí a almorzar con mi novia. Al llegar al lugar elegido me agarro como un bajón bastante grande. Le pedí que volviéramos a casa. No se todavía, creo que nunca lo sabré si fue un ataque de pánico o un bajón de presión por no haber desayunado. El miedo me quedo grabado en mi mente, los dos ataques prescriptos medicamente me asustaron demasiado.
Hoy en día temo quedarme solo, cosa que me encantaba anteriormente. Estoy mucho más sensible, algunas películas y hasta las series bobas me hacen lagrimear de vez en cuando. El resfrió que tengo me asusta muchísimo. Algunas noches tardo horas en dormirme tratando de convencer a mi cabeza que no me pasa nada.
Supongo que los ataques de pánico ya no me agarraran, voy al psicólogo y pienso hacer programación neurolingüística para que no me vuelva a suceder.
La hipocondría no se me va todavía…
El miedo sigue, es la sensación más fea que he conocido.
Podemos ver la muerte en los demás y duele, pero en un ataque de pánico uno teme morir y la muerte es la de uno…
Cada noche o amanecer, según me toque el horario del trabajo, me acuesto y trato de sentir mi reparación. No se si a todo el mundo respirar le resulta interesante…

Esto es un relato de la experiencia personal, por eso no hay fuente.
Lo que me paso lo siento como grave y por eso no quiero puntos, solo quiero apoyo de los que pasamos por lo mismo, para aprender a sobrellevarlo.
Saludos a todos
Noentraunputonick


EDIT


No doy mas, un susto grande hoy en día en un resfrió. N creo que me entiendan, ni pido que lo hagan. Cuando la cabeza hace el click ya es demasiado tarde, no hay nadie preparado. A las siete de la mañana de un lunes, habiendo vuelto de trabajar hacia un rato, me agarro de todo. “Ataque de pánico” dijo el medico dos días después. Y la cabeza que te saca de lugares donde nunca estuvo.
Ahora tengo miedo de todo. Hace días que mi “concubina” no pregunta, y no se si es que llega demasiado cansada a la noche o que se da cuenta que me da miedo acostarme. Llegar cansado a casa hoy en día es estar sufriendo. No me puedo dormir normalmente, tengo que dejar que el sueño me gane la batalla. Si me acuesto demasiado temprano mi cabeza trabaja a dos mil por hora y el sueño no llega nunca.
Salí de trabajar toda la semana gracias a los horarios rotativos a las veinticuatro o a las cero como le dicen, prefiero las veinticuatro, las cero me hacen acordar a la “la zona cero” de Ismael Serrano y a pesar que me gusta el tema la letra es demasiado triste para este momento. Al llegar el detalle, lo podrán leer en otros escritos. Cuando comencé a temblar en la cama, pedí que llamen a emergencias, ella ya había llamado. Me decía que me quede tranquilo, que todo iba a estar bien.
Pero la conozco demasiado, el susto en sus ojos no era merecido. No entiendo el esfuerzo de mártir por no llorar. Nunca voy a saber de donde desarrollo esa fuerza interior, pero fue ella la que me hizo dar cuenta que no me estaba ahogando, fue la que me dijo “todo va e estar bien, quédate tranquilo que yo te estoy cuidando”.
Todavía mi miedo a estar solo es por que no se que hubiera pasado, se que si no fuera por la tranquilidad que me impuso con sus palabras suaves no lo hubiera soportado.
Hoy duerme, yo escribo, de vez en cuando siento que se da vuelta en la cama, el ruido de las sabanas en un monoambiente se reconocen. Esta ahí, esperando que el sueño me tome para no pensar en la cama, para ocupar mi cabeza en algo.
Sigo con miedo a dormir, a acostarme, todas las noches se que ella se despierta al lado mío, que me va a salvar de lo que pase, y ahora dependo de alguien para amanecer tranquilo.
Y ahora tú, mi amor,

pequeña gran superpotencia
despiértame
y dime que las cosas va a marchar bien.
Que sembrarás de flores toda la ciudad.
Ismael Serrano – La zona cero
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