Humor de el Santiagueño que cuenta
chistes
en la Rambla de Mar del Plata con su bombo y el poncho todo podrido
Para comprarle, los turistas le imponían una condición: que les contara un chiste, y el vendedor cambiaba humor por docenas de churros. Luego, cuando se quedó sin empleo, debió cambiar la canasta de mimbre por un poncho y un bombo, con los que desde hace quince años anima las tardes en la Rambla, frente a Playa Bristol. Se convirtió en un artista callejero y ya nadie lo conoce por su nombre, sino por su apodo, que remite a su tierra natal.
En las escalinatas de la Plazoleta Almirante Brown, que funcionan como gradas, "El santiagueño" Carlos Cianferoni reúne a unas doscientas personas, tres veces al día. Y cuando las noches no son lo suficientemente cálidas para hacer el show en la playa, se ubica en alguna de las esquinas de la peatonal San Martín. Cada vez, la convocatoria es un éxito.
"Es que allá (en Santiago del Estero), como no tenemos nada que hacer, tenemos mucho tiempo para pensar", dice justificando su profesión, con su indiscutible tono provinciano. Nació en Termas de Río Hondo hace 45 años, y llegó a Mar del Plata en busca de trabajo, cuando tenía 25.
En invierno, cuando el turismo se extraña en estas costas, suele presentarse en Capital Federal, siempre en la calle, donde se encuentra con parte de su público de las temporadas de verano.
La popularidad del "santiagueño" ha ido en aumento en los últimos años, por lo que se animó a grabar un compilado con su mejor rutina de chistes , en los que se incluyen los infaltables de gallegos, de provincianos (los de tucumanos con su fama de "amigos de lo ajeno" son algunos de sus favoritos) y de políticos. Además, se presentó en programas de televisión en los que se hicieron concursos de chistes . En el primero que convocó Marcelo Tinelli llegó a la final. Por eso, cuando pase el verano, y si los números le cierran ("es duro, pero hasta ahora vengo bien", asegura), piensa en perfeccionarse.
Carlos vive de lo que recoge en la gorra, un sombrero roído un poco por el tiempo y otro poco adrede para hacer su personaje, y de lo que le deja la venta de su grabación casera.
Dice que su público se compone en su mayoría de turistas, y que son los porteños los que piden los chistes más picantes. "Conmigo no tienen problemas, porque la mayoría de los que cuento son picantes".
"Escuchá este, es de la selva. El león le dice al mono, que está trepado a un árbol:
— Monito, vení, bajá un ratito.
— Ni loco, vos me vas a comer.
— Te digo que no, bajá monito —le pide el león—.
— ¡No!, vos me querés comer.
— Está bien, bajá que yo me ato.
El león se ató y el monito bajó del árbol, tembloroso. ¿Pero por qué estás nervioso monito, si no te voy a hacer nada?
— Es que nunca me comí un leoncito. (Esta es la versión que "El santiagüeño" da para Clarín; en vivo, utiliza otros verbos...).