Las muertes de recién nacidos deben investigarse El gobierno de Zimbabue debe investigar de inmediato las muertes de bebés recién nacidos producidas en un asentamiento que creó para realojar a las personas que perdieron sus casas hace cinco años como consecuencia de su programa de desalojo forzoso masivo, ha afirmado Amnistía Internacional en un informe publicado hoy. El informe No Chance to Live, Newborn death at Hopley Settlement revela que al menos 21 recién nacidos han muerto en el asentamiento de Hopley en tan solo cinco meses, lo cual muestra una tasa muy alta de mortalidad entre los recién nacidos del asentamiento. “Cuando se los alojó en Hopley, el gobierno les prometió que vivirían en mejores condiciones, pero las cosas han ido de mal en peor”, ha dicho Michelle Kagari, directora adjunta del Programa Regional para África de Amnistía Internacional. “Muchas de las mujeres con las que hemos hablado consideran que sus mínimas posibilidades de acceso a la atención a la salud han incidido directamente en la muerte de sus bebés. Otras sospechan que murieron por frío, ya que viven en chozas hechas con plásticos.” “El gobierno debe garantizar a estas mujeres acceso a la asistencia a la salud materna y neonatal, con el fin de prevenir futuras muertes que podrían evitarse.” El gobierno de Zimbabue justificó su programa de desalojos masivos en 2005, Operación Murambatsvina, alegando que las comunidades desalojadas vivían en condiciones deplorables. Diseñaron un plan de realojamiento llamado Operación Garikai (Vida mejor) para reubicar a varios miles de víctimas del programa de desalojo, prometiéndoles un mejor acceso a los servicios. El asentamiento de Hopley, situado a unos 10 kilómetros al sur de Harare, formaba parte de dicho plan de realojamiento. “Las víctimas de la Operación Murambatsvina han quedado en el olvido para el gobierno, y cinco años después de haber perdido sus hogares y medios de vida, su situación sigue deteriorándose”, ha afirmado Michelle Kagari. Las mujeres de Hopley han dicho a Amnistía Internacional que todas eran conscientes de la importancia de la asistencia a la salud materna y neonatal, y que muchas de ellas habían recibido dicha asistencia en sus embarazos previos, antes de que el gobierno los desplazase a Hopley. Todas comentaron que querían dar a luz en un hospital o con la ayuda de una persona cualificada para la atención al parto. Muchas mujeres explicaban que no pudieron pagar los 50 dólares estadounidenses exigidos para recibir atención prenatal. Aunque estos costos son comunes para todas las mujeres embarazadas en Zimbabue, los habitantes de Hopley tienen especiales dificultades económicas para afrontar dichos gastos, ya que muchos de ellos perdieron su medio de vida durante los desalojos forzosos masivos en los que se destruyeron mercados y otros pequeños negocios. Las mujeres embarazadas de Hopley también se ven afectadas por la falta de medios de transporte en el momento de dar a luz. La clínica de maternidad más cercana está situada en Glen Norah, a unos ocho kilómetros de Hopley. El ayuntamiento de la ciudad de Harare tan solo cuenta con tres ambulancias en funcionamiento, que ofrecen servicio a una población de alrededor de dos millones de personas. Muchas ambulancias privadas y servicios de transporte no acudirían al asentamiento de Hopley por miedo a ser asaltados, especialmente por la noche. El 19 de febrero de 2010, Megan, de 40 años, dio a luz a dos gemelos prematuros en torno a las doce de la noche y no pudo ser trasladada a la clínica de maternidad. Tuvo a los dos bebés en su propia choza. Ambos murieron camino de la clínica a la mañana siguiente. Era su quinto embarazo. Le quedan cuatro niños que nacieron antes de que la familia fuese reubicada en Hopley por el gobierno. Fadzai, de 25 años, dio a luz el 26 de febrero de 2010 a una niña que murió ese mismo día. Fadzai cree que su bebé murió porque ella no pudo mantener su temperatura corporal. “Una de las causas de la alta tasa de mortalidad entre los recién nacidos en Hopley es el acceso limitado a los servicios de salud”, ha afirmado Michelle Kagari. “Si se ofreciesen intervenciones y atención a la salud básica a precios más bajos se podrían salvar las vidas de los bebés y sus madres.” Parece que las muertes de los recién nacidos en Hopley han pasado en gran medida inadvertidas para las autoridades. Un funcionario del ayuntamiento de la ciudad de Harare dijo a Amnistía Internacional que ni el ayuntamiento ni el gobierno tenían datos demográficos sobre la población de Hopley que consideraban necesarios para planificar intervenciones en materia de salud. No existen cifras oficiales públicas, pero el gobierno de Zimbabue calcula una media nacional de 29 fallecimientos de neonatos por cada 1.000 nacidos vivos. “Las autoridades de Zimbabue no han llevado un seguimiento de la situación de la salud en Hopley. Deben actuar inmediatamente para reducir la tasa de mortalidad de recién nacidos revelada por Amnistía Internacional”, ha afirmado Michelle Kagari. Amnistía Internacional pide al gobierno de Zimbabue que actúe urgentemente frente a las amenazas a la salud y las vidas de los bebés recién nacidos, mediante la puesta en marcha de inmediato de todas las medidas necesarias para garantizar a las mujeres y niñas embarazadas de Hopley y de otros asentamientos de la Operación Garikai acceso a asistencia a la salud materna y neonatal. El gobierno también debe abordar con urgencia las pésimas condiciones de vida de estas comunidades, que exponen a los recién nacidos y a las mujeres y niñas embarazadas a problemas de salud e incluso a la muerte. Es igualmente urgente y necesario establecer un sistema de vigilancia de la salud para seguir de cerca la situación general de los asentamientos de la Operación Garikai, incluido Hopley, prestando especial atención a la mortalidad y morbilidad materna, neonatal e infantil. Notas para periodistas La mayoría de las personas que ahora viven en Hopley fueron desplazadas por la fuerza a dicho asentamiento por orden del gobierno. Antes vivían en Porta Farm, un asentamiento a las afueras de Harare, adonde habían sido trasladadas por el gobierno tras los desalojos forzosos que se llevaron a cabo en el área de Harare con motivo de la Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth en 1991. Porta Fram fue destruido durante la Operación Murambatsvina a pesar de las tres órdenes judiciales que prohibían que el gobierno desalojase a la comunidad sin ofrecerle una alternativa adecuada de vivienda.Este informe se enmarca en la campaña Exige Dignidad de Amnistía Internacional, destinada a poner fin a las violaciones de derechos humanos que conducen a la pobreza global y la agravan. La campaña moviliza a personas de todo el mundo para pedir a gobiernos, empresas y demás instituciones influyentes que escuchen las voces de quienes viven en la pobreza y reconozcan y protejan sus derechos. Si desean más información, visita el sitio web: http://www.es.amnesty.org/exigedignidad/Los nombres utilizados en el presente comunicado de prensa no se corresponden con la realidad, con el fin de proteger la identidad de las mujeres.Fuente del texto: Amnistía Internacional ZIMBABUE EN CIFRAS Esperanza de vida: 48,5 añosReligiones: 45% cristianos, 1% musulmanes y 54% sincretistas (una mezcla de cristianismo y animismo)Lenguas: Inglés (único oficial), shona y ndebele (lenguas bantúes)Densidad: 29,9 habitantes/km2Analfabetismo: Hombres: 9,6%, mujeres: 20,1%.Escolarización: 12-17 años: 94,9%, tercer grado: 6,9%Principales socios comerciales para exportaciones: Suráfrica 12%, Reino Unido 11%, Alemania 8%, Japón 6% y Estados Unidos 6%. y Alemania.Principales socios comerciales para importaciones: Suráfrica 37%, Reino Unido 7%, Estados Unidos 6%, Japón 6% .Principales industrias: agricultura, cemento, tabaco, fertilizantes, hierro, minería, textiles y turismo. El 11 de marzo de 2007, la policía mató a tiros en Highfield al activista de la Asamblea Constitucional Nacional Gift Tandare cuando participaba en un acto religioso de protesta organizado por la Campaña Salvemos Zimbabue. No se llevó a cabo ninguna investigación independiente sobre el homicidio. La policía afirmó que Gift Tandare formaba parte de un grupo que había hecho caso omiso de la orden de dispersarse. Posteriormente, la policía disparó con munición real contra los asistentes al funeral del activista, e hirió a dos personas. Según informes, agentes de los servicios de seguridad del Estado se llevaron el cadáver de la funeraria local y obligaron a la familia a enterrarlo en Mt. Darwin, su pueblo natal. Carencias de alimentos En la investigación de Human Rights Watch se comprobó que el gobierno zimbabuense es el principal responsable de las graves carencias de alimentos en el país. La violencia política autorizada por el gobierno ha provocado la destrucción de graneros, de los que dependen los miles de zimbabuenses desplazados forzosamente por los simpatizantes del ZANU-PF, "veteranos de guerra" y soldados; y que dependen ahora de la ayuda alimentaria. La injerencia oficial en las operaciones de las agencias humanitarias que distribuyen esta ayuda ha agravado la crisis. La corrupción endémica dentro de organismos agrícolas oficiales como la Junta de Grano y Comercio y entre la elite política del ZANU-PF también ha provocado graves carencias de semillas y otros productos agrícolas como los fertilizantes. Muchos de las políticas agrícolas del gobierno han beneficiado a la elite partidaria del ZANU-PF. Las autoridades zimbabuenses han desviado el maíz, las semillas, el combustible y tractores baratos, subsidiados oficialmente y destinados a los agricultores locales, a los funcionarios y gobernadores locales del ZANU-PF, quienes los han revendido en el mercado negro a precios inalcanzables para la mayoría de los zimbabuenses. Y el gobierno ha hecho muy poco por atajar las prácticas corruptas que afectan al suministro de alimentos. Crisis sanitaria: Cólera Hace casi un año que las autoridades zimbabuenses están conscientes de la amenaza de una gran epidemia de cólera. En diciembre de 2007, se registraron 459 casos de cólera en dos suburbios densamente poblados de la capital, Harare, y 11 personas murieron a consecuencia de esta enfermedad y más de 300 fueron hospitalizadas en Bulawayo. El gobierno no respondió adecuadamente a los reiterados llamamientos para abordar la epidemia y garantizar que el abastecimiento de agua municipal estuviera debidamente tratado. Aunque es posible que la capacidad de respuesta a la epidemia de cólera se haya visto mermada por la falta de recursos sanitarios y financieros, los funcionarios de la salud informaron a Human Rights Watch de que el gobierno zimbabuense se negó inicialmente a reconocer el alcance de la crisis del cólera y la necesidad urgente de reaccionar. A pesar del aumento alarmante de las muertes y las infecciones por cólera, el gobierno no pidió inmediatamente ayuda internacional y se negó inicialmente a declarar la situación como una emergencia. Las deficiencias del sistema de salud de Zimbabue, en el que los ciudadanos ordinarios ya no pueden obtener atención primaria, ha agravado la epidemia de cólera. Muchos hospitales distritales y clínicas municipales de Zimbabue están cerrados o funcionan al mínimo de capacidad. El deterioro de las infraestructuras, los fallos del equipo, las carencias de medicinas y la carencia de profesionales de la medicina han contribuido al colapso del sistema de salud. "El gobierno zimbabuense es responsable de la crisis humanitaria y la desprotección de los ciudadanos frente a sus consecuencias", señaló Gagnon. "El gobierno ha violado los derechos fundamentales de los zimbabuenses a la alimentación, la salud y el agua limpia", agregó. Desde finales de octubre, el ZANU-PF ha empleado a la policía y otros organismos del Estado para detener arbitrariamente y "desaparecer" a más de 40 miembros del MDC y a activistas de derechos humanos. Las autoridades zimbabuenses han detenido a 32 miembros del MDC y activistas de derechos humanos acusados de intento de derrocar al gobierno, cargos que, según Human Rights Watch, fueron formulados por motivos políticos. La mayoría de los activistas acusados dijeron que los agentes de seguridad del Estado los habían torturado durante la detención. Las autoridades se niegan a desvelar el paradero de otros 11 miembros del MDC. Los líderes regionales han ignorado una y otra vez las violaciones de los derechos humanos contra los zimbabuenses por parte del gobierno de Mugabe y no han adoptado medidas serias para aliviar su sufrimiento, señaló Human Rights Watch. Los líderes de la SADC tampoco han adoptado ninguna medida para promover una verdadera transición democrática. Al mismo tiempo, la combinación de inestabilidad política, la epidemia de cólera y las graves carencias de alimentos han forzado a miles de zimbabuenses a huir a países vecinos. Esta migración también ha hecho que el cólera cruce la frontera de Zimbabue y se introduzca en países vecinos como Botsuana, Mozambique y Zambia. "Las urgentes necesidades humanitarias de los zimbabuenses son una consecuencia directa del régimen abusivo del ZANU-PF", señaló Gagnon. "La UA sólo puede restaurar la seguridad y el bienestar de la población de la región reconociendo abiertamente la dimensión de la crisis, dando prioridad a los derechos humanos y exigiendo cuentas a los responsables de los abusos", agregó. Zimbabue está muriendo Por Bob Herbert Si usted quiere ver el infierno en la tierra, vaya a Zimbabue, donde el loco Robert Mugabe ha llevado al país a un estado de ruina a grado tal, que el cuidado médico para la mayoría de los habitantes prácticamente ha dejado de existir. La expectativa de vida en Zimbabue es la más baja del mundo: 37 años para los varones y 34 para las mujeres. Una epidemia de cólera arde con intensidad. Algunas personas han enfermado de carbunco (ántrax) luego de comer carne en descomposición de animales que habían muerto de dicha enfermedad. El suministro de electricidad se interrumpió en la morgue de la ciudad capital de Harare, dejando que los cadáveres se pudrieran. La mayoría del mundo no le está prestando atención a la agonía de Zimbabue, en otro tiempo una nación próspera y médicamente avanzada en el sur de África, la cual está sufriendo a causa de la conmoción política y económica, así como de la brutalidad del largo y tiránico reinado de Mugabe. El descenso en los servicios de salud a lo largo del año pasado ha sido pasmoso. El mes pasado un equipo internacional de médicos que condujo una "evaluación de emergencia" sobre el estado del cuidado médico quedó azorado, al parecer, ante la catástrofe que sus integrantes presenciaron. El equipo fue patrocinado por Facultativos por los Derechos Humanos. En su informe, divulgado esta semana, los galenos dijeron: "La caída del sistema de salud de Zimbabue en el 2008 no tiene precedente, ni en escala ni en su alcance. Hospitales del sector público han estado cerrados desde noviembre del 2008. La infraestructura básica para el mantenimiento de salud pública, particularmente el agua y los servicios sanitarios, se ha deteriorado abruptamente en el clima político y económico que va empeorando". Médicos y enfermeras están intentando hacer lo que pueden bajo las circunstancias más duras en verdad: instalaciones sin agua, ni retretes que funcionen, así como prácticamente ningún medicamento o provisiones. El informe citaba las palabras del director de un hospital y misión: "Uno de los principales problemas es la pérdida de vida y deterioro fetal que estamos viendo entre pacientes de obstetricia. Llegan tan tardíamente, que los fetos ya vienen muertos. Vemos mujeres con eclampsia que han estado padeciendo ataques durante doce horas. Aquí no hay unidad de cuidados intensivos y ahora no hay cuidado intensivo en Harare. "Si tuviéramos una unidad de cuidado intensivo sabemos que de inmediato estaría repleta de pacientes con enfermedades críticas. Como están las cosas ahora, ellos sencillamente mueren". El corrupto reino de Mugabe, violento y profundamente destructivo, ha dejado a Zimbabue hecho añicos. Es una nación abrumada por la pobreza, la epidemia del VIH/Sida y la hiperinflación. Considerado en otra época "el granero" de África, Zimbabue es un país que no puede alimentar a su propio pueblo. La tasa de desempleo es superior a 80%. La desnutrición se extiende por doquier, al igual que el miedo. Una enfermera le manifestó al equipo de Facultativos por los Derechos Humanos: "Se supone que nosotros no padecemos hambre en Zimbabue. Así que aunque la veamos, no podemos reportarla". Unos cuantos meses atrás, Mugabe firmó un acuerdo para compartir el poder con un opositor político, Morgan Tsvangirai, quien superó a Mugabe en las urnas en unos comicios efectuados en marzo, mas no obtuvo la mayoría de los sufragios populares. La continuación del caos, incluidos ataques violentos por parte de seguidores de Mugabe y alegatos en el sentido de que fuerzas de Mugabe han participado en actos de tortura, ha impedido que el acuerdo entre en vigor. El amplio escepticismo que recibió la presunta voluntad de Mugabe para compartir el poder solamente aumentó cuando él despotricó, apenas el mes pasado: "Nunca, nunca, nunca me rendiré, Zimbabue es mío". En el ínterin, el cuidado de salud en Zimbabue ha caído al abismo. "Esta emergencia es tan grave que alguna entidad necesita intervenir allá y tomar el control de la atención en el sistema de salud", dijo Susannah Sirkin, subdirectora de Facultativos por los Derechos Humanos. En noviembre, el principal hospital público de referencia en Harare, el Hospital Parirenyatwa, cerró sus puertas. Después le siguió su escuela de Medicina. La pesadilla que obligó a dichos cierres era explicada en el informe: "El hospital no tenía agua corriente desde agosto del 2008. Los retretes rebosaban, al tiempo de que los pacientes y el personal no tenían un lugar para hacer sus evacuaciones, lo cual provocó que el hospital fuera inhabitable al poco tiempo. El Hospital Parirenyatwa estuvo cerrado cuatro meses en plena epidemia de cólera, discutiblemente el peor momento de todos para haber cerrado el acceso al hospital público. No obstante, resulta imposible el cuidado, tratamiento y control del cólera en unas instalaciones carentes de agua potable y retretes que funcionen". Las alas de cirugía del hospital fueron cerradas en septiembre. Un médico describió el agonizante dilema de tener niños a su cuidado cuando sabía que morirían sin la cirugía. "No tengo medicamentos para combatir el dolor", señaló, "algunos antibióticos, pero no hay enfermeras. Si yo no opero el paciente morirá. Pero si llevo a cabo la cirugía el niño también morirá". Lo que se ha documentado en el informe de Facultativos por los Derechos Humanos es evidencia de un perturbador desastre médico y de los derechos humanos que reclama un mayor reflector de atención popular, así como un mayor esfuerzo por montar una intervención humanitaria en el ámbito internacional. Algunas organizaciones están trabajando en el caso, incluidos Médicos Sin Fronteras y la Unicef, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia. Empero, Zimbabue está muriendo y hace falta mucho más. © The New York Times News Service Fuente:www.malditoinsolente.com
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