Tengo como premisa en las actividades que desarrollo el ser proactivo y no reactivo. Esto es el hacer y no el andar contestando o justificando el por qué hago lo que hago.
Será ésta, entonces, una excepción a la regla.
Varios correos y mensajes me han llegado estos días invitándome a leer un artículo escrito por el ex Director del Zoo de Buenos Aires con el título “La confusión del veganismo”.
Creo que el escrito referido es un claro ejemplo de que una mentira evidente es fácil de contrastar y suprimir. Pero un mensaje con datos manipulados, disfrazados, en forma tendenciosa o ignorante, es mucho más sencillo que sea leído sin advertir los hechos no verídicos allí expresados.
Si digo que el Papa es negro es, a todas luces, una mentira o una inexactitud fácilmente demostrable.
Si por el contrario digo que el líder del Vaticano obra en tal tema de manera de hacer que algo pase de una forma determinada, a su conveniencia, ya es sólo refutable por quienes estén dispuestos a investigar un poco más o quienes sean especialistas en este tema.
Manifiesta el autor de “La confusión del veganismo” que aun adhiriendo a esta filosofía de vida no se podrá, será inevitable, el seguir dando muerte a los animales.
¿Polémico? No. Fácilmente demostrable su inexactitud, reitero, por ignorante o malintencionada.
Pone como ejemplos que en un campo de cría de ganado se puede ver fauna y flora que no existen, que no pueden encontrarse en un cultivo de arroz. Y esto es cierto. Aunque el ejemplo es a todas luces malintencionado.
La mayoría del ganado ya no se cría “a campo”, esto es las vacas tranquilas pastando en una gran extensión de tierra. Se hace mediante el método de “feed lot”, o sea gran cantidad de animales hacinados en una mínima extensión de terreno llamado corral. Al estar amontonados, pisan constantemente un barro formado por la tierra del suelo más la gran cantidad de orín de estos animales, que no puede ser absorbida por el piso. Al ser potencialmente un lugar propicio para las infecciones de las patas de los animales que se lastiman por estar sumergidas en ese orín, el productor se ve obligado a suministrarles antibióticos. Y estos, en gran parte, van a parar al organismo de quien consume estos animales.
Compara el autor de la nota a los prados apacibles donde “vivían” las vacas con el arrozal, lugar donde se cultiva el grano menos amigable ecológicamente del mundo. El que necesita gran cantidad de agua, inundamiento provocado de zonas poco bajas, desvío y retención de ríos para optimizar la rentabilidad económica.
Si esto no es tendencioso, explíquenme de nuevo el significado de esta palabra.
En un congreso, al que fui invitado a disertar en Colombia, explicó un panelista que los veganos y vegetarianos éramos los responsables de la desforestación del planeta, pues esto se hacía para tener más espacio para cultivar la soja que consumíamos. La risa inmediata del público me demostró que no estaba, en esa oportunidad, ante gente que se tragaba cualquier cosa que le dijera cualquier “especialista”.
Para la producción de un solo kilo de carne se necesitan más de 16 kilos de granos. ¿Claro, o es necesario otro ejemplo?
Si solamente el 15 % de los granos que se producen hoy fueran consumidos directamente por la población mundial, no existiría gente sin comer. ¿Más?
7000 (si, siete mil) litros de agua son necesarios para producir 100 gramos de carne de vaca.
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) la cría de ganado produce más gases responsables del efecto invernadero que todos los autos, camiones, tractores, barcos y aviones del mundo.
En ejemplares de merluza, pescados en el Atlántico sur, se han encontrado vestigios de glifosato, herbicida utilizado para la producción de soja. Grano que se destina en su mayoría a alimentar animales para consumo.
¿Si esto no es tema del ambientalismo, qué es?
Practico y difundo el veganismo por considerarlo, y cito, “la práctica que consiste en abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal. En el sentido más estricto, es una actitud ética caracterizada por el rechazo a la explotación de otros seres sensibles como mercancía, útiles o productos de consumo”.
Lejos estoy del jainismo, práctica religiosa de la India, cuyos adeptos caminan barriendo por donde van a pisar, para no matar siquiera un insecto.
Pero más lejos me encuentro de querer hacer creer que hagas lo que hagas eres responsable de la muerte de animales.
Entiendo y ubico artículos como el de referencia, en una actitud que ya he visto en otras ocasiones.
Una persona que se enfrenta a una posible pena de prisión por evadir el pago de impuestos vocifera ser una víctima inocente, pues existen ladrones a mano armada a los que no persiguen como hacen con ella.
Ladrones. atrapados al estar asaltando increpan a los policías de por qué no van a encarcelar a los políticos que son los que más roban.
La culpa se diluye si es compartida. Si todos somos culpables.
Y yo no soy responsable de la muerte de ningún animal.
Y menos de una muerte que fue noticia en los principales diarios del mundo.
Será ésta, entonces, una excepción a la regla.
Varios correos y mensajes me han llegado estos días invitándome a leer un artículo escrito por el ex Director del Zoo de Buenos Aires con el título “La confusión del veganismo”.
Creo que el escrito referido es un claro ejemplo de que una mentira evidente es fácil de contrastar y suprimir. Pero un mensaje con datos manipulados, disfrazados, en forma tendenciosa o ignorante, es mucho más sencillo que sea leído sin advertir los hechos no verídicos allí expresados.
Si digo que el Papa es negro es, a todas luces, una mentira o una inexactitud fácilmente demostrable.
Si por el contrario digo que el líder del Vaticano obra en tal tema de manera de hacer que algo pase de una forma determinada, a su conveniencia, ya es sólo refutable por quienes estén dispuestos a investigar un poco más o quienes sean especialistas en este tema.
Manifiesta el autor de “La confusión del veganismo” que aun adhiriendo a esta filosofía de vida no se podrá, será inevitable, el seguir dando muerte a los animales.
¿Polémico? No. Fácilmente demostrable su inexactitud, reitero, por ignorante o malintencionada.
Pone como ejemplos que en un campo de cría de ganado se puede ver fauna y flora que no existen, que no pueden encontrarse en un cultivo de arroz. Y esto es cierto. Aunque el ejemplo es a todas luces malintencionado.
La mayoría del ganado ya no se cría “a campo”, esto es las vacas tranquilas pastando en una gran extensión de tierra. Se hace mediante el método de “feed lot”, o sea gran cantidad de animales hacinados en una mínima extensión de terreno llamado corral. Al estar amontonados, pisan constantemente un barro formado por la tierra del suelo más la gran cantidad de orín de estos animales, que no puede ser absorbida por el piso. Al ser potencialmente un lugar propicio para las infecciones de las patas de los animales que se lastiman por estar sumergidas en ese orín, el productor se ve obligado a suministrarles antibióticos. Y estos, en gran parte, van a parar al organismo de quien consume estos animales.
Compara el autor de la nota a los prados apacibles donde “vivían” las vacas con el arrozal, lugar donde se cultiva el grano menos amigable ecológicamente del mundo. El que necesita gran cantidad de agua, inundamiento provocado de zonas poco bajas, desvío y retención de ríos para optimizar la rentabilidad económica.
Si esto no es tendencioso, explíquenme de nuevo el significado de esta palabra.
En un congreso, al que fui invitado a disertar en Colombia, explicó un panelista que los veganos y vegetarianos éramos los responsables de la desforestación del planeta, pues esto se hacía para tener más espacio para cultivar la soja que consumíamos. La risa inmediata del público me demostró que no estaba, en esa oportunidad, ante gente que se tragaba cualquier cosa que le dijera cualquier “especialista”.
Para la producción de un solo kilo de carne se necesitan más de 16 kilos de granos. ¿Claro, o es necesario otro ejemplo?
Si solamente el 15 % de los granos que se producen hoy fueran consumidos directamente por la población mundial, no existiría gente sin comer. ¿Más?
7000 (si, siete mil) litros de agua son necesarios para producir 100 gramos de carne de vaca.
Según la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) la cría de ganado produce más gases responsables del efecto invernadero que todos los autos, camiones, tractores, barcos y aviones del mundo.
En ejemplares de merluza, pescados en el Atlántico sur, se han encontrado vestigios de glifosato, herbicida utilizado para la producción de soja. Grano que se destina en su mayoría a alimentar animales para consumo.
¿Si esto no es tema del ambientalismo, qué es?
Practico y difundo el veganismo por considerarlo, y cito, “la práctica que consiste en abstenerse del consumo o uso de productos de origen animal. En el sentido más estricto, es una actitud ética caracterizada por el rechazo a la explotación de otros seres sensibles como mercancía, útiles o productos de consumo”.
Lejos estoy del jainismo, práctica religiosa de la India, cuyos adeptos caminan barriendo por donde van a pisar, para no matar siquiera un insecto.
Pero más lejos me encuentro de querer hacer creer que hagas lo que hagas eres responsable de la muerte de animales.
Entiendo y ubico artículos como el de referencia, en una actitud que ya he visto en otras ocasiones.
Una persona que se enfrenta a una posible pena de prisión por evadir el pago de impuestos vocifera ser una víctima inocente, pues existen ladrones a mano armada a los que no persiguen como hacen con ella.
Ladrones. atrapados al estar asaltando increpan a los policías de por qué no van a encarcelar a los políticos que son los que más roban.
La culpa se diluye si es compartida. Si todos somos culpables.
Y yo no soy responsable de la muerte de ningún animal.
Y menos de una muerte que fue noticia en los principales diarios del mundo.
Eduardo Murphy