Cuentos de Terror 2
El Odio
Se dice que en ocasiones las personas llegan a desarrollar tanto odio que es lo único perdura después de su muerte, quedando impregnado en el lugar donde falleció.
Esto fue lo que le paso a Laura cuando su marido murió en casa a causa de una congestión alcohólica, sus padres la acompañaron un par de semanas, mientras ella se reponía. Les llegó el tiempo de marcharse, dejándola pasar su primera noche sola después del incidente. Por la madrugada se despertó al escuchar el sonido de la puerta abriéndose con dificultad, y un golpe en la mesa, justo como lo hacía su marido al llegar borracho todas las noches, esperaba simplemente que este subiera por las escaleras y le propinara la golpiza acostumbrada, oyó los pasos retumbar en cada uno de los escalones, acercándose cada vez más, pero al igual se alejaron para no volver más.
Su vida tomó una nueva dirección, llena de tranquilidad y alegría, decidió tener todo aquello que al marido le prohibió en vida, comenzando por una linda casa, la cual no había tenido ningún arreglo por más de 20 años. Contrató entonces un pintor, al cual recibió muy emocionada, su rostro se le iluminaba al ver tan bellos colores, derramaba sonrisas junto a una inocente plática con aquel hombre, el cual se marchó con su paleta de colores, para volver el día siguiente a comenzar con el trabajo.
Tirada en su cama, imaginando lo bella que luciría su casa después de los retoques escuchó un murmullo que le decía –coqueta, coqueta- volteaba hacia todos lados, y la desesperación la invadía porque a pesar de no poder ver a alguien la voz tomaba fuerza acusándola de seducir al pintor, incluyendo reclamos. Cuando ella reconoció la voz como la de su esposo, el papel tapiz sobre su cabecera le dio forma a un par de brazos fuertes, que la inmovilizaron en la cama, enrollándola en la sabana para reducirle la respiración mientras recibía una golpiza que la dejó medio inconsciente. Con los ojos entre abiertos, observando a su alrededor, percibía el rostro de su marido en las paredes, las cuales mostraban enormes venas saltadas, y transmitían una mirada de odio que paralizaba a la mujer.
Parecía que la casa hubiera tomado vida, transformándose en aquel hombre cruel, las puertas fueron selladas desde dentro, y aunque los padres de Laura intentaron entrar de mil maneras, incluso derrumbando una parte de la construcción, no había poder humano que pudiera lograrlo, la casa parecía tener brazos que lastimaban a cualquier trabajador que si quiera se acercara por la acera de enfrente.
Por la ventana vieron con impotencia, como la triste mujer, palidecía a falta de comida, hasta que un día simplemente se desvaneció y murió, atrapada por el odio de aquel hombre que fue su marido y se quedó en la casa para seguir celándola.
Ni siquiera pudieron sacar el cuerpo, pues la gente podía jurar que las ventanas se movían, entrecerrándose dejaban notar una expresión de enojo y desaprobación hacia cualquiera que pasara por el lugar.
El Castillo
Roberto había conseguido el trabajo de su vida, dentro de un equipo de ocho personas él era el encargado de fotografiar algunas de las construcciones arquitectónicas que necesitaban restauración, lo especial de este trabajo era que podía viajar por todo el mundo con gastos pagados, era como tener vacaciones permanentes gratis. En esta ocasión estarían en Europa visitando castillos, desde los más pequeños hasta tan enormes como no se lo imaginaba.
En su primera semana se quedaron en un pequeño edificio de más de 300 años de antigüedad, pero muy querido por los pobladores pues fue la casa de una mujer muy buena que ayudó mucho a la gente del pueblo, estaba ya muy abandonado, pues el encargado del lugar era muy mayor y no pudo conservarlo de manera debida.
El equipo tomó una habitación en el tercer piso, eran las que estaban en mejores condiciones, el cuidador también habitaba en esa planta así que era la mejor conservada. Desde la primera noche fueron advertidos de que los ruidos de la tubería y la calefacción impedían conciliar el sueno si no se estaba acostumbrado, y que debían tener mucho cuidado al caminar en la oscuridad porque constantemente se desprendían algunas partes del suelo o las paredes.
El equipo tomó una habitación en el tercer piso, eran las que estaban en mejores condiciones, el cuidador también habitaba en esa planta así que era la mejor conservada. Desde la primera noche fueron advertidos de que los ruidos de la tubería y la calefacción impedían conciliar el sueno si no se estaba acostumbrado, y que debían tener mucho cuidado al caminar en la oscuridad porque constantemente se desprendían algunas partes del suelo o las paredes.
Roberto quedó junto a la ventana, estaba sentado viendo alrededor para conocer un poco a antes de empezar a trabajar, en el patio llamaron su atención las tumbas, seis de ellas, tomando su cámara para usar el zoom que le permitiera un acercamiento, se asustó un poco al observar un pequeño movimiento de la tierra, como si algo intentara salir de ella. Volteó alrededor para darse cuenta de que todos habían dormido ya, no tenía con quien platicar lo sucedido. Así que para dormir tranquilo tuvo que ir a fuera solo para comprobar que la tierra era solida, mientras la pisaba sintió que detrás de él alguien se acercaba y volteó de inmediato, no pudo ver a nadie, pero sentía aun su presencia, sin volver la cabeza a su punto inicial sintió que sujetaban su pie, mirando hacia abajo, una mano salía de la tumba, algo cubierta de tierra se le podían ver los huesos, y tejido seco que se caía cuando Roberto la empezó a golpear con un palo, pero no lograba que lo soltara, aunque usaba todas sus fuerzas no le fue posible liberarse, el palo pareció se sujetado por alguien a su espalda, con miedo de voltear tuvo que hacerlo cuando sintió que una mano fría le tocaba las mejillas bajando hacia su cuello… solo pudo encontrarse con una figura de niebla, que se desvaneció ante sus ojos en la primera mirada.
Cayendo de rodillas frente a otra tumba pudo ver que tenía el nombre de la tan famosa dueña, que reflejándose en la lapida le dijo –Sácalos de aquí, ellos no son mi familia- el chico se levantó de un saltó y fue a despertar a todos que no creyeron lo que contaba. El decidió irse a pasar la noche al hotel, pero las puertas se cerraron en su cara, un grito invadió todo el castillo, alertando a los demás que también corrieron donde él, las paredes parecían temblar, los pocos cuadros que quedaban colgados caían al suelo rompiéndose en pedazos, y algunas manos salían de las paredes tratando de sujetar a los visitantes…
Entonces por la escalera principal se pudo ver el fantasma de la mujer que bajaba rápidamente, huyendo, asustada decía –Sácalos de aquí ellos no son mi familia- mientras apuntaba hacia los dueños de las manos que salía de las paredes, que se abalanzaron contra la mujer transparente, atravesándola con furia, causándole una expresión de dolor, que la hizo desaparecer en un grito profundo.
Bajó entonces el cuidador del castillo gritando enojado –Pero que andan haciendo ustedes muchachos, porque hay tanto ruido? Mientras todo ellos estaban parados junto a la puerta abrasándose unos a otros. Le contaron lo que pasó y el señor dijo –Es que ella jamás me lo dijo, de haberlo sabido antes habría hecho su voluntad- Los llevó al patio trasero donde ocho tumbas mas estaban bajo las ramas de los arboles, y dijo –Ellos compraron el castillo después de su muerte y fueron enterrados aquí, se decía que eran personas muy malas…- les decía el hombre mientras clavaba una pala para desenterrar los cuerpos…
Invasores
Adán estaba muy contento en su primer día de trabajo, después de haberla pasado muy mal para sacar adelante a su familia, tuvo la oportunidad de ir a trabajar a Estados Unidos, como cuidador de borregos en un rancho, el lado malo de todo esto es que estaría solo en medio de la nada acompañado solo por borregos durante seis meses, la buena por supuesto, la paga. Una persona se quedó para entrenarlo durante una semana, no había mucho que enseñar, Adán ya había pastoreado antes, solo era cuestión de que se adaptara al entorno. Lo cual también le fue sencillo, entonces su acompañante partió con su parte de los borregos a un lugar más lejano.
Liberado un poco de la presión de que alguien lo cuidara Adán se relajó un poco y salió por primera vez con sus borregos, estaba sentado bajo un árbol, cuando le pareció ver cerca de un abrevadero a una persona agachada tratando de agarrar un poco de agua. Hasta donde sabia, él debía estar solo, así que se acercó para ver de quien se trataba.
El sujeto parecía estar muy distraído buscando algo dentro del agua porque no se dio cuenta de que lo estaban observando y mucho menos caminando hacia él, hasta el punto de verlo muy de cerca y saber que no se trataba de una persona… entonces Adán tomó su rifle, pero antes de que pudiera apuntarle, aquello se levantó, volteando al parecer molesto, miro fijamente al hombre, y estiró su mano atrayendo el rifle como si fuera un potente imán, después entre sus manos lo doblo como hoja de papel y lo regresó a su dueño.
Adán algo asustado se quedó inmóvil, mientras aquel ser humanoide de más de dos metros se acercaba lentamente, caminando como si el piso lo espinara, tal vez si, pues estaba completamente denudo y sin zapatos, su piel era café claro, casi transparente, delgado, pero no se le notaban sus huesos, de nariz apenas tenía un par de huecos, en una cabeza sin orejas, pero con enormes ojos rojos que no parpadeaban como los nuestros y unas protuberancias en la cabeza.
Al llegar frente al hombre, levantando su escuálida mano con solo tres dedos flacos, lo tocó en la frente, y emitió un sonido extrañó, como el de los insectos al comer… parecía le decía algo, pero Adán no pudo entender. Entonces la criatura saltó sobre él hasta un árbol, entre el cual se perdió de la vista del hombre que apenas reaccionaba de lo sucedido. Muy concentrado en saber qué rumbo había tomado, Adán aun fijaba su vista en la copa de los arboles, y de pronto sintió que lo tocaban por detrás en uno de sus hombros…
-¿Los viste verdad?- Le dijo un viejecillo, -¿A quién?- dijo el hombre un poco desconcertado después del susto que se llevó –A los invasores hijo, los grandotes flacos-,-Si señor los vi-,-Es mejor que los dejes hacer lo que tienen que hacer, yo llevó mas de sesenta años viéndolos por aquí y jamás me han hecho daño, solo deja que se lleven unos cuantos borregos y finge que no están…
Platicando más con el viejo supo que en esas montañas era común verlos, venían por borregos, agua y cosas que recogían de los alrededores, como si fueran muestras, el viejo los veía desde niño cuando pastoreaba con su padre. Jamás habían lastimado a alguien, pero mucha gente temía, que se los llevaran algún día como lo hacían con los borregos.
El Ahorcado
Luis trabajaba de peón en el campo desde sus doce años, a sus treinta y seis apenas tenía unos ahorritos, los cuales haba reunido con toda la ilusión de tener un pedazo de tierra propio, el cual trabajar para su provecho.
Se presentó la oportunidad, un terreno de muy buen precio se había puesto a la venta en el rancho vecino, aun no tenía lo suficiente, pero el terreno era demasiado grande y bueno, así que lo habló con tres de sus compadres, todos estuvieron muy ilusionados, porque la oportunidad era única, alcanzaba para dividirlo en cuatro sin problemas y cada quien se llevaría buen pedazo sin gastar demasiado.
Quedando así de acuerdo adquirieron el terreno, lo dividieron en cuatro y rifaron las partes, a Luis le tocó la parte de la orilla, que se distinguía por tener un gran árbol, con una sombra muy agradable. Se citaron bajo aquel gran árbol para celebrar la plantación de la primera semilla de manera simbólica, José era el primero que venía por el camino, desde lejos divisó algo que parecía colgar del árbol, pensando que alguien se le había adelantado y comenzado la celebración, apresurando el trote a su caballo, se acercó solo para darse cuenta que lo que pendía del árbol era un hombre, colgado… no pudo reconocerlo, pero se dice que aparecía ahí todos los días y por más que los compadres intentaron deshacerse del árbol cortándolo de diferentes maneras, este aparecía al siguiente día sin un rasguño y con el hombre colgando en su tronco.
El cuerpo del hombre ahorcado pertenecía a un campesino, que a pesar de trabajar duro se vio lleno de deudas, empezó a sentirse triste, preocupado… su desesperación llegó al punto tal que un día frente al campo, dándose cuenta que estaba perdido, pensó haber defraudado a su familia y lo asaltó la idea de que estarían mejor sin él. Tomó la cuerda de su caballo y se colgó en el tronco del árbol.
Tiempo después, cuando algunas personas pasaban frente al árbol, miraban el fantasma ahorcado del campesino.
Quienes se atrevieron a acercarse al fantasma, escucharon sus gemidos y vieron gotear sus lágrimas.
El Caballo de Madera
Eran las vacaciones de verano que Pablo y Luis habían estado esperando, después de no verse por tres años, los primos habían planeado reunirse en el rancho de Luis. Tenían todo casi cronometrado para no perder ni un solo instante y disfrutarlo al máximo, en cuanto el chico llegó de la ciudad, salieron al campo y no volvieron hasta la hora de cenar. Fueron a dormir con muchas cosas que contar pero el tiempo no fue suficiente ya que cayeron profundamente dormidos.
Alrededor de las tres de la madrugada, se sentía un frio muy intenso en la habitación, que no disminuía aun con la ventana cerrada, así que Pablo fue en busca de otra manta. Cuando regresaba por la escalera tuvo la sensación de que alguien lo seguía, se detuvo en seco, un escalofrió intenso le invadió el cuerpo, cuando vio como se hundían los escalones de madera, y crujían como si alguien subiera por ellos. De inmediato regresó a la habitación, y encontró algo que le dio más miedo aun. Su primo estaba suspendido en el aire, profundamente dormido, con las manos y piernas colgando, como si alguien lo llevara en brazos.
Tuvo que tomar valor para correr hasta Luis pues estaba siendo llevado hasta la ventana, lo tomaba del pie con todas sus fuerzas, pero aquello que lo estaba transportando era mucho más fuerte, pues los hizo flotar a los dos, cuando por fin sus tíos acudieron en su auxilio alertados por los gritos, evitaron que fueran arrojados por la ventana. Extrañados ante el hecho, se llevaron a los dos pequeños hasta la habitación de los adultos y pasaron la noche en vela.
Al día siguiente Luis no sabía lo que había pasado, pues nunca estuvo consciente, pero los demás estaban bastante asustados. Su desayuno fue interrumpido por una ráfaga de viento que azotó la puerta y revolvió la mesa, mientras se escuchó un fuerte grito que dijo: -¡Devuélvelo es mío! – el niño fue levantado de la mesa, estrellado contra una pared cercana, sus pies no tocaban el suelo y el luchaba contra algo que le presionaba el cuello, dejándole unas manchas rojas y cortando su respiración. El padre intentaba ayudarlo, aunque no podía ver a alguien, si sentía sus brazos, que tenían al niño apretado con fuerza. No sabían cómo quitárselo de encima, solo veían al pobre niño patalear, entre tanto movimiento, un caballito de madera cayó de su bolso, de inmediato, el niño también termino en el suelo. El fuerte viento que soplaba se convirtió en un remolino, que envolvió al juguete y salió por la puerta cerrándola con suavidad al pasar.
El incidente no dio más, y fue la abuela quien lo aclaró tiempo después, contándoles la historia de un joven, que fue su vecino hacia ya mucho tiempo, que después de un accidente cuando era pequeño, su mente no creció pero si su cuerpo, alcanzaba casi los dos metros y era muy fuerte, pero lo único que hacia siempre era jugar con su caballito, cuando murió lo enterraron con él, a orillas del rio donde le gustaba tanto jugar, y Luis lo había hecho enfadar por quitarle su juguete favorito. Ante la insistencia de la abuela, los dos jóvenes con el miedo en el estomago, fueron hasta aquella tumba, a pedir disculpas.
No volvieron a tener aquella visita en casa, pero en ocasiones, se puede ver parado en el sendero a un joven alto y corpulento, que viste un overol azul, que solo desaparece cuando ofrecen algún juguete en aquella tumba.
Estas son unas Leyendas de terror que recorren el mundo, en cada lugar se presenta de manera diferente, pero lo que no hace diferencia es la razón que provoca los hechos, todos caen por tristeza o preocupación.