
Algunos expertos temen que los medicamentos con marihuana sean compartidos a personas sanas.
Todo comenzó cuando Jali tenía cuatro meses. El pequeño comenzó a tener convulsiones, sus músculos se estremecían, y aquellos episodios de epilepsia se repitieron durante años: una y otra vez, su cuerpo sufría repentinas sacudidas, a menudo varias veces al día. Para no hacerse daño, Jali llevaba un caso protector.
Sus padres vivían permanentemente preocupados y sus dos hermanos se sentían discriminados. "La enfermedad marcó nuestras vidas", dice su madre, Jael Bracha.
Ahora, Jali tiene siete años y los síntomas de la epilepsia se han esfumado. Se lo debe a un polémico medicamento considerado ilegal en muchos países del mundo: el cannabis. Tres veces al día, Jali recibe varias gotas del compuesto Tetrahydrocannabinol (THC) y Cannabidiol (CBD) y desde que lo toma, afirma su madre, no ha vuelto a tener un solo brote.
Sus padres vivían permanentemente preocupados y sus dos hermanos se sentían discriminados. "La enfermedad marcó nuestras vidas", dice su madre, Jael Bracha.
Ahora, Jali tiene siete años y los síntomas de la epilepsia se han esfumado. Se lo debe a un polémico medicamento considerado ilegal en muchos países del mundo: el cannabis. Tres veces al día, Jali recibe varias gotas del compuesto Tetrahydrocannabinol (THC) y Cannabidiol (CBD) y desde que lo toma, afirma su madre, no ha vuelto a tener un solo brote.

La madre de Jali, Jael Bracha, sostiene un recipiente con medicamento elaborado con cannabis.
En torno al uso terapéutico del cannabis hay muchos mitos mezclados con la preocupación del bienestar del paciente y los intereses económicos. Parece claro que, en las dosis adecuadas, el cannabis puede combatir el dolor y la inflamación, estimular el apetito y mejorar el estado de ánimo. Pero sus detractores sostienen que hay una carencia de investigaciones al respecto y que los riesgos son demasiado elevados.
En Israel, donde Jali reside con su familia, el uso del cannabis con fines terapéuticos está muy establecido. Según el Ministerio de Sanidad, más de 20,000 pacientes tienen licencia para comprarlo como medicina y, para muchos, es un complemento a otros fármacos tradicionales.
En Israel, donde Jali reside con su familia, el uso del cannabis con fines terapéuticos está muy establecido. Según el Ministerio de Sanidad, más de 20,000 pacientes tienen licencia para comprarlo como medicina y, para muchos, es un complemento a otros fármacos tradicionales.

Sin embargo, en Israel sólo se receta cannabis a quienes pueden demostrar que hasta ese momento la medicina convencional ha fracasado. Y es que pese a todos sus aclamados beneficios, faltan estudios relevantes que demuestren sin lugar a dudas cuáles son las consecuencias de tomarlo.
Así lo ve también el Ministerio de Sanidad. "Es cierto que muchos pacientes cuentan que les va mejor con el cannabis", señala Boaz Lev, director del Departamento de Salud. "Pero es difícil cuantificar las consecuencias objetivas del uso del cannabis". Y al mismo tiempo, existe el peligro de que los pacientes lo consuman en público, lo compartan con personas sanas o incluso lo revendan, añade.
Con todo, un estudio publicado en la revista especializada estadounidense "The Lancet" pone de manifiesto que el uso de marihuana como medicamento no fomenta su consumo en el tiempo de ocio. Los investigadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, recabaron datos de más de un millón de jóvenes de 48 estados entre 1991 y 2014 y no hallaron pruebas de que se fumara más si la marihuana era prescrita por los médicos.
Aunque las autoridades israelíes han decidido que el cannabis sea accesible a los pacientes, su postura es clara: "El cannabis es una droga", afirma Lev, "y no un medicamento".
La madre del pequeño Jali afirma que no dejará de decantarse por esa "droga", aunque a la familia le cueste 370 shekels -unos 85 euros/95 dólares- al mes. Desde que el pequeño lo toma, ha dejado de llevar casco, pues el peligro de sufrir una caída ha desaparecido. ¿Y los efectos secundarios? Jael Bracha reflexiona. "Jali se ríe mucho", dice finalmente. Algo que no le molesta en absoluto.
Así lo ve también el Ministerio de Sanidad. "Es cierto que muchos pacientes cuentan que les va mejor con el cannabis", señala Boaz Lev, director del Departamento de Salud. "Pero es difícil cuantificar las consecuencias objetivas del uso del cannabis". Y al mismo tiempo, existe el peligro de que los pacientes lo consuman en público, lo compartan con personas sanas o incluso lo revendan, añade.
Con todo, un estudio publicado en la revista especializada estadounidense "The Lancet" pone de manifiesto que el uso de marihuana como medicamento no fomenta su consumo en el tiempo de ocio. Los investigadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, recabaron datos de más de un millón de jóvenes de 48 estados entre 1991 y 2014 y no hallaron pruebas de que se fumara más si la marihuana era prescrita por los médicos.
Aunque las autoridades israelíes han decidido que el cannabis sea accesible a los pacientes, su postura es clara: "El cannabis es una droga", afirma Lev, "y no un medicamento".
La madre del pequeño Jali afirma que no dejará de decantarse por esa "droga", aunque a la familia le cueste 370 shekels -unos 85 euros/95 dólares- al mes. Desde que el pequeño lo toma, ha dejado de llevar casco, pues el peligro de sufrir una caída ha desaparecido. ¿Y los efectos secundarios? Jael Bracha reflexiona. "Jali se ríe mucho", dice finalmente. Algo que no le molesta en absoluto.