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Napoleón bonaparte buen post

Info7/17/2011
Los marinos de la Guardia de Napoleón











Napoleón había heredado cuando accedió al poder a finales de 1799 la Guardia que protegía el anterior gobierno francés, “el Directorio”; pero Napoleón fue más allá, al desarrollar plenamente dicha Guardia, dotándola de todas las ramas del ejército, pero sacando a su vez los reclutas de entre las fuerzas del ejército regular.
Dichos reclutas estarían conformados por los mejores de su clase, ya que la Guardia Imperial francesa solo se nutría de los mejores soldados del imperio francés; con el paso de los años, la Guardia creció en número, completando un cuerpo de tropas que será la envidia de toda Europa.
Entre estas fuerzas se creó el batallón de marinos de la Guardia; Napoleón tenía en mente desembarca un ejército para la conquista de Gran Bretaña, un enemigo que se estaba volviendo demasiado pesado y al que quería dominar de una vez por todas.
La unidad se creó el 17 de septiembre de 1803, para manejar los botes que transportarían al estado mayor en la proyectada invasión de Inglaterra. Estaban divididos en cinco “tripulaciones” o compañías de 5 escuadras cada una, con cinco trompetas.
En total, el batallón de marinos de la Guardia estuvo compuesto por 737 hombres, puestos inicialmente al mando del capitán Daugier.
Llevaban un aro de oro en la oreja, vestidos a lo húsar (pelliza y chacó con plumero) los Húsares de la Marina, aunque también por su uniforme, eran apodados "los húsares de a pie"; sus rangos y sueldos eran iguales a los de la caballería de la guardia, por lo que se les podía asimilar como una unidad de la “Vieja Guardia”, la élite de la Guardia imperial francesa.
Como unidad militar de élite que era, sus reclutas fueron seleccionados entre los mejores elementos de la marina francesa; los requerimientos para ingresar eran muy rigurosos, acorde con el estatus de unidad de élite:

- Gozar de una salud a toda prueba.
- Una conducta honorable.
- lealtad probada y sin tacha.
-Tener más de 25 años.
- Una altura oscilante entre 1,78m. y 1,84m.
- Haber completado tres campañas en combate.
- Y para finalizar, saber leer y escribir.

Marinos de la Guardia

Un decreto imperial del año 1804 eleva su número a 818 marineros, todos bien equipados y dotados con personal auxiliar, como un sastre, zapatero y armero.
Antes de ir a Boulogne, cumplen un período de instrucción en la localidad de Courbevoie; a finales de 1805 los preparativos del desembarco en Gran Bretaña se intensifican, Napoleón aprecia realmente a sus marinos de la Guardia, con los que mantiene esa temporada un estrecho contacto, ya que cuando Napoleón cruce el Canal de la Mancha, lo hará en una nave custodiado por dichos marinos.
Sin embargo por aquel entonces las noticias de que Austria y Rusia se alían para preparar una coalición contra Napoleón, hacen que el emperador francés cambie de planes; la coalición europea tiene prioridad sobre el desembarco en Gran Bretaña, así trasporta a una velocidad increíble al su ejército del puerto de Boulogne a los campos de Alemania, donde vence brillantemente a los ejércitos de Austria y Rusia.
La mayor parte de los marinos de la Guardia permaneció en Boulonge en espera de que más tarde Napoleón, decida realizar el desembarco en suelo inglés; pero un destacamento de ciento cincuenta marineros, bajo el mando del Comandante Roquebert, participa en la campaña alemana agregados a la infantería, participando estos en la batalla de Austerlitz.
En 1806 parece que se pospone indefinidamente el desembarco en Gran Bretaña hasta encontrar un momento propicio para ello, así que el batallón de marinos de la Guardia participa por entero en la campaña de Prusia que Napoleón realiza sobre dicho país.
Los marinos de la Guardia se distinguen particularmente en los combates en que participan, si bien es cierto que se hizo un mal uso del batallón en dichas batallas; luchan de la batalla de Jena, participan en el asedio de Danzig y en la toma de Straland.
El mariscal Lefebvre, uno de los más duros generales de Napoleón es testigo del valor de los marinos en combate y no tiene más que alabanzas sobre dicho cuerpo de combate; afirma que vio como algunos de ellos ya heridos y a pesar de su estado, atacar de firme al enemigo en un duro combate cuerpo a cuerpo hasta caer definitivamente, ¡eran soldados muy difíciles de matar!.
También los marinos de la Guardia participaron en la operación de ingeniería y montaje de un puente sobre el río Vístula (Polonia).
Pero a demás del oficio de marinos de la Guardia, la versatilidad fue una impronta en esta unidad de élite, ya que por el oficio de acompañar a Napoleón en un traslado marítimo, no solo podían resignarse a tal trabajo, por lo que tuvieron que aprender otras tareas, que quizá no concordaban con su tarea inicial, pero a las que se acoplaron disciplinadamente y con, ¡quizá!, muy buen rendimiento.


Representación de los marinos de la Guardia

Puesto en palabras de Napoleón por las múltiples disciplinas que tuvieron que aprender, decía de ellos lo siguiente:
“Según la necesidad, estos soldados-marinos se pueden utilizar en todas partes: marinos, pontoneros, artilleros, infantes…. No había trabajo en el que se encontraran operando en firme, una metamorfosis a la que se prestan con sumo éxito. "
Tras la gran victoria de Friedland obtenida por Napoleón sobre los rusos el 14 de junio de 1807, la paz entre ambos reinos se proclamó poco después; salvo con Gran Bretaña, Napoleón podía muy ufano proclamar que había vencido a los ejércitos más poderosos de Europa: Austria, Prusia Y Rusia.
También en la campaña rusa los marinos fueron utilizados en la construcción de otro puente, concretamente en Marienweder (Polonia); después de la batalla de Eylau, fueron trasladados a realizar labores de inteligencia. No puede negarse la versatilidad de estos soldados.
La paz de imponía sobre el Continente europeo salvo como comenté, sobre Gran Bretaña, pero Napoleón creía por entonces que la victoria sobre la pérfida Albión estaba cercana y que ya se ocuparía de ella más tarde, ¡había que festejar en París tan solemne triunfo!.
Y efectivamente, las unidades de la Guardia, junto con el batallón de marinos, regresaron a la capital parisina donde se les agasajó con una espléndida fiesta de bienvenida por los triunfos logrados en Europa.
Los festejos se prolongaron mucho tiempo, se multiplicaban los deseos de alagar a los bravos soldados y no tenía fin las bienvenidas y saludos a los soldados; sin embargo todo tenía su fin, y cuando acabaron los festejos, los marinos de la Guardia fueron reubicados en una nueva misión.
Concretamente hasta que hubiera una nueva campaña en la que participar, el batallón fue destinado a España ya en el año 1808; con el pretexto de conquistar Portugal, Francia firmó un tratado con España por el que se permitía paso libre a sus tropas.
La conquista se realizó con prontitud a finales del 1807, pero Francia no tenía visos de evacuar sus ejércitos de España, ¡es más!, extendieron sus fuerzas por todas partes y con el paso del tiempo habían ocupado grandes zonas de España (claro que por aquel entonces esto no era oficial y se realizaba con la aquiescencia de los reyes de España, aliados a Napoleón).
La unidad de los marinos de la Guardia entró en España y parece que fue Madrid la ciudad donde definitivamente se acantonaron; el 2 de mayo los habitantes de la capital española (al igual que otros muchos españoles en todo el país) estaban hartos de la prepotencia de las tropas francesas, las cuales se comportaban no como soldados aliados, sino como tropas que habían conquistado el país.


Marinos de la Guardia cargando en la batalla de Bailén 1808

Así que como dije, el 2 de mayo, so pretexto de que los últimos miembros de la familia real española empezaron por la mañana a ser evacuados, al llegarle el turno de partir al infante Francisco de Paula, varios españoles corrieron a impedirlo.
Los franceses al tener noticias de tal suceso acudieron con tropas de los granaderos de la Guardia para dispersar a la chusma revoltosa; lo que en un principio se realizó con facilidad, el dispersar a la muchedumbre que se había congregada en Palacio Real, se hizo con tal brutalidad que la noticia corrió como un reguero de pólvora por toda la ciudad, despertando un deseo de venganza incontenible.
Los combates fueron de una fiereza inaudita por las calles de la ciudad, si bien es cierto que jugaba en contra de los paisanos civiles, el hecho de enfrentarse a tropas perfectamente adiestradas y equipadas con armas improvisadas formadas por navaja, cuchillos y otros objetos punzantes; como mucho, escopetas de caza y pistolas de duelo, fueron las únicas armas de fuego en poder de los civiles.
El Parque de Artillería de Monteleón, con un regular pertrecho de artilleros y tropas de la milicia provincial, ofrecieron una resistencia eficaz y disciplinada en contra de la de en el resto de la ciudad, realizada con el corazón, más que con la cabeza.
En la ciudad, parte de la revuelta se trasladó al hospital de la ciudad con el objetivo de masacrar a todos los pacientes franceses militares instalados en él. Los insurrectos al llegar al hospital, ya habían roto las puertas de los accesos, cuando dos oficiales de los marineros de la Guardia intervinieron de manera decisiva.
Los tenientes Grivel y Gérodias, que estaban de servicio en el hospital y que había sido llamado al lugar del alboroto, reaccionaron con prontitud y con la colaboración de otros pacientes del hospital organizaron una defensa eficaz de la entrada del hospital.
Las armas blancas con las que contaron los franceses fueron fruto de la improvisación, ya que las armas que crearon, fueron hechas con los materiales que había a mano, pertenecientes dichos materiales a los almacenes del mismo hospital, ya que en el hospital no había armas de fuego por ser lo que era, y porque en teoría, no estaban en una zona de guerra.
Tras lograr ahogar los franceses la revuelta, estos realizaron una cumplida venganza sobre los civiles madrileños que se sospechaban habían participado en la revuelta; incluso los que eran prendidos con algún objeto punzante susceptible de ser clavado era un pretexto para ser fusilado.


Napoleón Bonaparte

El 3 de mayo los fusilamientos de madrileños se realizaron a lo largo del día; aquí los marinos de la Guardia tuvieron el sucio honor, de ser una de las unidades militares que participaron en dichos fusilamientos del 2 y 3 de mayo.
Goya los representó, con sus capas azul marino, fusilando a civiles madrileños a la luz amarilla de un pequeño farol que les permitía apuntar a los cuerpos en la oscuridad de la noche de la montaña de Príncipe Pío de Madrid.
El levantamiento del dos de mayo en Madrid fue un suceso que corrió de boca en boca por todo el país, provocando una rebelión general en todo el país que durante seis años obligó a Napoleón a mantener numerosas tropas de ocupación en el país.
Las operaciones de conquista del país habían llevado a las tropas francesas al sur de España, concretamente a la región de Andalucía; allí estaba operando uno de los generales de Napoleón, Dupont.
Este estaba junto con 24.000 hombres operando por la zona de Bailén cuando supo que una heterogénea fuerza de tropas españolas compuestas por fuerzas regulares y animosos civiles voluntarios, unos 33.000 hombres al mando del general Castaños, acudían a hacerle frente.
A pesar de la superioridad numérica del adversario, Dupont confiaba en que la mezcla de civiles y soldados podía ser batida fácilmente, al igual que había sucedió otras muchas veces en la conquista del país.
Entre las fuerzas de Dupont militaban los marinos de la Guardia; el general francés era consciente de la valía de estas fuerzas agregadas a su persona, hasta el punto de que mientras estuvo en campaña, los marinos de la Guardia fueron su escolta personal.
La batalla de Bailén se saldó con un triunfo inesperado para las fuerzas españolas, de hecho, toda la fuerza de Dupont capituló ante Castaños. La clave de la batalla fue una defensa ordenada junto con un día en que el calor llegó a ser insoportable, lo cual jugó a favor de unas tropas acostumbradas a estas temperaturas.
También el hecho de que los franceses tuvieran carestías de agua, hizo que en los momentos más álgidos de la batalla, no solo estuvieran faltos de moral, sino que estaban pasando una sed terrible.
Con los dos ejércitos estando frente a frente, Dupont tuvo la iniciativa, quizá creyendo que podía dispersar con facilidad a las tropas españolas; pero Castaños le demostró que no era un mal general.
Tras cinco horas de combates desesperados, los franceses habían sido rechazados tres veces, el calor ya por entonces llegaba a los 40º grados y los franceses lo estaban pasando francamente mal.


La Guardia Marina durante la campaña en Francia en 1814

Los españoles se beneficiaban de de que habitantes de Bailén acudían a llevarles agua a sus compatriotas, pero a los franceses nadie les llevaba nada y ya por entonces además de agotados por el combate, estaban desfallecidos por la sed que tenían.
Dupont decidió jugarse el todo por el todo atacando con la última reserva disponible que le quedaba, sus 400 marinos de la Guardia (a los cuales había dejado en retaguardia como última baza) junto con otros 2.000 hombres:
- Flanco izquierdo: restos de la 3ª Legión de las fuerzas de Pannetier.
- Centro: batallón de Marinos de la Guardia "Baste" (infantería) 412 hombres distribuidos en 5 compañías.
- Flanco derecho: restos de la 4ª Legión y tropas suizas del general Schramm (que ya han desertado en masa).
- A los lados, lo que queda de la caballería que no llega al centenar de jinetes por flanco.
Encabezando el ataque, en el centro del despliegue, se encuentra el propio Dupont junto con todo su estado mayor.
Realmente solo 300 marinos participaran en el asalto, ya que otros 100 se quedaron con 7 compañías de granaderos y dos piezas de artillería ligera cubriendo un puente llamado Rumblar, para cubrir la posible llegada de Castaños al mismo.
Los franceses avanzan bajo un terrible calor de 40 grados a la sombra y un diluvio de balas y metralla por parte de la artillería española; las columnas francesas quedaron pronto muy diezmadas y comenzaron a flaquear.
Tan solo los Marinos de la Guardia dieron muestras de firmeza, pues avanzaban impertérritos hacia los españoles, cerrando filas a pesar de la lluvia de metralla que les caía; fue entonces cuando el general Dupont recibió un balazo en la cadera y se le vio vacilar en su caballo.
Los infantes franceses se detuvieron creyendo muerto a su general y comenzaron a retirarse a una posición más segura. Los Marinos de la Guardia se vieron forzados a retroceder a su vez, para no quedarse aislados de sus compatriotas.
Los marinos de la Guardia casi llegaron a la posición de la artillería española, situándose a 50 pasos de su adversario, pero finalmente no pudieron lograr el objetivo de capturar dichos cañones.
Pero aún así el intento fue peligrosos para los marinos, ya que les situó a poca distancia de un enemigo que disparaba con metralla; con los españoles disparando a bocajarro sobre los marinos, hicieron que estos sufrieran fuertes pérdidas.


Marinos de la Guardia

Pero esto no hizo desistir a los valientes marinos, sin embargo, con Dupont herido y sus compatriotas retirándose, no tuvieron más remedido que retirarse también, o de lo contrario podían acabar copados por el adversario.
Tras el cese de hostilidades y antes de ir Dupont a reunirse con el general Castaños para acordar los términos de la rendición, los marinos de la Guardia dieron una muestra más de su valía y profesionalidad, ya que mandaron una representación al general Dupont en la que le rogaban encabezar un nuevo ataque a las posiciones enemigas, con ellos como cabeza de vanguardia.
Dupont se conmovió ante la valentía de sus “escoltas”, pero les dijo ya habían hecho suficiente, que apreciaba su patriotismo y su coraje, pero que no quería ningún tipo de más de sacrificios, ¡bastante habían aguantado en el día que combatieron!.
Tras la capitulación de los franceses en Bailén, lo que les esperaba a ellos fue un auténtico calvario; fueron llevados en buques prisión a la isla Balear de Cabrera, allí pasaron por un infierno difícil de describir.
Muchos marinos murieron en medio de privaciones, malos tratos y dejadez de las autoridades españolas por la suerte de los franceses allí prisioneros; sin embargo algunos marinos dieron pruebas de riesgo y valor, ya que una vez robaron el barco que de Mallorca llevaba alimentos a los prisioneros de Cabrera y pudieron regresar con los suyos.
Otros marinos fueron llevados a la isla de Mahón, y de ahí, a Gran Bretaña; otros marinos de la Guardia habían sido llevados a Cádiz en buques prisión, pero aquí también gracias a la audacia de un capitán llamado Grivel, aprovechando una tormenta, cortaron los cables de los dos buques prisión, los cuales a la deriva fueron a parar a las líneas francesas, eso sin perjuicio de haber sufrido el fuego de cañón de la base de Cádiz.
Los fugados entre los que figuraban marineros de la Guardia fueron recibidos como héroes por sus compatriotas; incluso oficialmente el mariscal Víctor publicó desde su sede en Chiclana de la Frontera, 1 de junio de 1810, una orden del día en el que rindió un brillante homenaje a la intrepidez del capitán Grivel, al mismo tiempo que cita el nombre de las de los marineros de la Guardia y otros soldados que habían compartido sus peligros en tan arriesgada fuga.
Al perderse íntegramente el batallón de marinos de la Guardia en Bailén (salvo una compañía que se hallaba en el depósito de la unidad como reserva), fueron sustituidos por sus componentes por miembros de los batallones navales. Pero Napoleón era consciente de la calidad de los marinos que había perdido en Bailén, y que ya nunca se recuperaría.


Navío de línea del periodo napoleónico llamado "Víctory"

Triste y furioso por lo sucedido, Napoleón llegó a exclamar: "preferiría cien hombres como los anteriores marinos, que a todos los batallones navales de ahora".
Solo una compañía de marinos que permanecía en depósito fue la que sobrevivió al desastre, ¡y claro está!, los que lograron fugarse más tarde de España.
La campaña de Austria del año 1809, vio la participación de los escasos marinos que había disponibles, en concreto 113 hombres al mando del capitán Hilvanar participaron en la misma.
Su misión fue participar en organizar un sistema de comunicación entre la isla de Lobau y el río Danubio; también estuvieron presentes en la gran batalla de Wagram, en la que Napoleón se impuso definitivamente sobre los austriacos que se habían rebelado contra su autoridad.
Por un decreto imperial que data del Palacio de Saint-Cloud, el 16 de septiembre de 1810, el cuerpo de marinos de la Guardia fue reconstituido con 1.136 hombres.
El 27 de enero 1811, una nueva organización de los marineros de la Guardia fue llevada a cabo, elevándose de cinco a seis compañías, a las que otras dos compañías fueron añadidas más tarde.
El mismo año del 1811, el almirante Gantheaume fue nombrado coronel del cuerpo de marinos de la Guardia con el capitán Mottard como segundo al mando. Algunas compañías se quedaron en España, donde fueron reconvertidas en unidades de ingenieros, las cuales aseguraron la retirada de la retaguardia del ejército del general Massena, tras su fracaso en la toma de “Torres Vedras”, fortificaciones que defendían Lisboa, objetivo de Massena.
Otras compañías de marinos de la Guardia fueron enviadas a los puertos de Brest, Toulon y Amberes, para formar el núcleo de nuevas compañías destinadas a embarcar en buques de almirantes franceses.
La 1 ª y la 5 ª compañías fueron destinadas al puerto de Toulon bajo las órdenes de los Tenientes Thanaron y Le Roy. De las mismas se crearon otras dos compañías, con las que se distribuyeron en cuatro buques franceses: “le Majestueux”, “l’Austerlitz”, “le Wagram” y “ le Commerce de Paris”.
La campaña de Rusia vio la participación de los marinos de la Guardia; en sus inicios las compañías 1º y 5º más un destacamento de marinos, todos bajo el mando del ayudante Mayor Gérodias; Mas tarde, otra fuerza de marinos integrada por las compañías 2º y 4º al mando de los tenientes Bouvier-Destouches y Bonifacio, acudieron a reforzar a sus compañeros.


Marinos de la Guardia Imperial :
- A la izquierda : Uniforme de campaña (1807)
- A la derecha : Clarín con uniforme de gala (1808)

Las bajas de los marinos en Rusia fueron elevadísimas y muy pocos volvieron para contarlo; Napoleón tuvo que crear una nueva fuera de combate, ya que del gran ejército que participó en la campaña de Rusia, más de 600.000 hombres, apenas 30.000 salieron indemnes de ella.
Para el concurso de las operaciones en la primavera-verano de 1813, los marinos de la Guardia destacaron dos compañías, donde posiblemente realizaron labores de todo tipo, acorde con la versatilidad de tales tropas.
Estas dos compañías fueron formadas por los supervivientes de Rusia a los que se unieron como refuerzo marinos destinados en España; esto hace ver que de los 1.136 hombres de 1810, las bajas no habían sido repuestas con prontitud, a lo que se unía la dispersión de tales unidades, ya que no formaban desde 1808 una unidad homogénea y unida, sino que estaban dispersos por numerosos destinos tanto en el frente como en retaguardia.
La campaña de Napoleón en Alemania culminó ese otoño con la desastrosa derrota en Leipzig los días 16-19 de octubre de 1813, Napoleón perdió todas sus posesiones en Alemania y se vio empujado a Francia.
Los marinos de la Guardia fueron testigos de la defensa del puente para que las últimas tropas francesas evacuaran la localidad de Leipzig, así como también de la prematura voladura realizada sobre dicho puente, lo cual impidió que todas las tropas fueran evacuadas de la ciudad.
Ese año de 1814 se vio Napoleón en la apurada situación de tener que defender sus fronteras naturales ante un enemigo enormemente superior en hombres y armas, el cual no había dado tiempo a Napoleón a reorganizar sus fuerzas para la defensa de Francia.
Una compañía de los marinos de la Guardia participó en tales operaciones de defensa, y la verdad es que a pesar de la derrota, se cubrió de gloria en algunos actos, lo cual fue alabado por algunos generales franceses; el Mariscal Macdonald y los generales Sebastiani, Excelmans, Compans, y todos los Oficiales Generales de la Guardia, se deshicieron en la alabanza de los servicios prestados por los marineros de la Guardia en esta campaña.
Especialmente en la batalla de Arcis-sur-Aube el 20 de marzo, la caballería de la Guardia pudo llevar a cabo una retirada frente a las fuerzas enemigas, las cuales les superaban en diez veces su tamaño, gracias a que fueron cubiertos por los marinos de la Guardia, dándoles tiempo para volver a sus propias líneas.


Marinos de la Guardia francesa en la batalla de Bailén 1808

El general polaco Krazinski proclamó solemnemente, en este caso, "fue debido a la excelente valentía de los marinos de la Guardia, que sus lanceros polacos no fueron atrapados por el enemigo."
Sin embargo a pesar de las enormes dotes que desplegó Napoleón para la defensa de Francia, la derrota fue inevitable, napoleón fue obligado a abdicar y a ser condenado al exilio a la isla de Elba.
Los marinos de la Guardia que habían sido concentrados en Fontainebleau, vivieron con resignación los tristes sucesos; con Napoleón partió un grupo de soldados leales de la Guardia (aunque todos quisieron seguirles, ¡pero no era posible!) los cuales formaron la Guardia particular de Napoleón en la isla; entre los elegidos por Napoleón para acompañarle en tan ingrato destino figuraron un oficial llamado Taillade y 21 marinos de la Guardia.
Los marinos de la Guardia siguieron prestando servicios al nuevo régimen impuesto por las potencias aliadas, Luis XVIII pasó a ocupar el trono en Francia y 14 oficiales y 336 marinos prestaron servicios al nuevo monarca.
Sin embargo Napoleón no vivió resignado en su nuevo destino, recibía noticias frecuentemente de la labor de Luis XVIII en Francia y los descontentos que agrupaba en su persona por su deficiente mandato al frente del gobierno francés.
Napoleón esperó hasta que la fruta estuviera madura y cuando lo consideró oportuno, realizó un desembarco en Francia con el objeto de retomar el poder; las primavera de 1815 volvió nuevamente a Francia y velozmente recobró el poder en el país.
Por decreto el 19 de mayo es reconstituido la Guardia de marinos, pero con unos efectivos 94 hombres entre los exiliados con Napoleón y anteriores miembros de los marinos; estos tendrán la consideración de pertenecer a la “Vieja Guardia” y agregados a la “Vieja Guardia” de la rama de artillería.
La unidad estuvo mandada por el comandante Taillade y posteriormente, aumentó sus efectivos a 150 miembros y puestos bajo el mando del general de ingenieros Haxo.
Los marinos de la Guardia parece que pasaron al servicio de su anterior jefe, ¡Napoleón!, tras la vuelta de su carismático líder al poder; el 15 de junio de 1815 marcharon desde la localidad de Beaumont a la vanguardia de la Guardia de Napoleón, para la nueva campaña en liza que estaba a punto de desarrollarse.
Tomaron posiciones en la localidad belga de Charleroi donde estuvieron un tiempo rodeados, más tarde los marinos de la Guardia estuvieron presentes en las batallas de Fleurus, Ligny y Waterloo, donde sufrieron grandes pérdidas.


Mapa del imperio napoleónico en 1812

En la acción de Charleroi, en el boletín el Boletín oficial del Ejército del día 16 de junio de 1815, se menciona la firme defensa de la localidad realizada por los marinos de la Guardia, donde se alaba este acto heroico audaz.
Tras la derrota de Waterloo, la Guardia de Napoleón tomó posiciones en París, a los marinos de la Guardia les fue confiada la defensa de una parte de la ciudad en previsión de ataques de las fuerzas aliadas.
Los marinos de la Guardia que estaban siendo reorganizados de la Escuela Militar de París, acepta la orden de defender y mantener el mayor tiempo posible el pueblo de Aubervilliers, además de las obras avanzadas que abarcaba París en ese sector.
la defensa fue obstinada por parte de los marinos, la cual quedó grabado en la memoria de los habitantes de la capital. El pueblo de Aubervilliers no se rindió hasta después de la abdicación del emperador, y fue con harto sentimiento que los marineros abandonaron el pueblo de Auberrsvilliers.
Fanatizados como estaban estos bravos soldados por la derrota inminente, habían decidido que se encerrarían en la iglesia del pueblo y la volarían, haciéndose enterrar bajo su escombros; pero el general Meunier dio la orden al Comandante Préaux a sí mismo retirarse a las líneas de defensa, y, hay que decir, la misión de paz de este Oficial General fue mal recibida por los marineros, aunque acataron la orden impuesta.
Los marinos se dirigió a continuación, más allá del río Loira, en Ch"teauroux, junto con el resto del ejército regular francés; y allí se disolvió el cuerpo de marinos, si bien su disolución oficial data del 15 de agosto de 1815, posiblemente por la dudosa lealtad de los mismos al antiguo régimen, dado que muchos apoyaron a Napoleón en su nueva toma del poder.
Y con esto se puede dar por finalizado dicho trabajo, hay muchas cosas buenas que se podían decir de la labor realizada por este prestigioso cuerpo de la Guardia Imperial napoleónica, una labor que por desgracia resultó un poco borrosa de mácula por la sucia actuación en los fusilamientos de 2 y 3 de mayo de 1808 en la ciudad de Madrid sobre ciudadanos inocentes, los cuales fueron represaliados por la sublevación de los madrileños contra la ocupación de la ciudad por las tropas francesas.
Sin embargo todos sabemos que las guerras suelen estar salpicadas de estos y otros sucesos de mayor horror, en las que incluso unidades de guerra de comportamiento ejemplar se ven implicadas en acciones o actos que no son gratos para unos soldados veteranos a los que ven la guerra como una lucha entre soldados, y no en la de fusilar inocentes civiles desarmados.
Salvando este suceso oscuro, la labor de los marinos de la Guardia en combate o en otro tipo de acciones fue ejemplar, donde la calificación de napoleón lo dice todo sobre esta prestigiosa unidad militar:

"¿Qué habríamos hecho sin ellos?, como marinos nunca actuaron indignamente y fueron los mejores soldados. Cuando la ocasión lo exigía, demostraron ser tan valiosos como marinos, que como soldados, artilleros o zapadores. No hay tarea que no pudieran realizar. "


Pierre Baste, este oficial fue uno de los hombres que lideró el batallón de marinos de la Guardia Imperial.



SIN DUDA ALGUNA, LAS BATALLAS Y CAMPAÑAS ACONTECIDAS DURANTE EL PERIODO NAPOLEÓNICO, SON UNOS DE LOS TEMAS QUE MAS ATRAEN A LOS AFICIONADOS Y ADMIRADORES DE BONAPARTE.
DESDE ESTA SECCIÓN, INTENTAREMOS DAR CUENTA DE TODAS LAS MAS REPRESENTATIVAS. SOBRE TODO BATALLAS COMO WATERLOO, TRAFALGAR, EL GOLPE DE ESTADO DE L 18 DE BRUMARIO, LOS COMBATES CON LA GUERRA DE GUERRILLAS PERO DE LA QUE MÁS HABLAREMOS SERÁ DE LA QUE QUIZÁS MÁS INFLUYENTE EN LA HISTORIA DE ESPAÑA, LA BATALLA DE BAILÉN. NAPOLEÓN CONFIÓ MUCHOS DE SUS EJÉRCITOS A GENERALES COMO DUPONT, SOULT, SAINT-CYR, VILLENEUVE...


A mediados de mayo de 1808, toda España se había alzado en armas contra los franceses. Distintas juntas dirigían la sublevación en Murcia, Aragón, Asturias, Andalucía y Galicia. La capacidad militar de estas regiones era muy variable, pero las principales fuerzas españolas se concentraban en el noroeste y en el sudoeste. Los franceses, por su parte, contaban con un gran contingente de tropas alrededor de Madrid (con líneas de comunicación que se extendían hasta Bayona), con Junot (aislado en Portugal) y con varios destacamentos en Cataluña. Por tanto, ocupaban en general el centro del país, mientras que las fuerzas de las juntas se mantenían en la periferia. No obstante, la población se oponía en todas partes a los invasores con pequeñas acciones, como atacar a grupos aislados de soldados, asaltar a los correos, interrumpir el aprovisionamiento, etc. Poco a poco, las fuerzas imperiales se dieron cuenta de que sólo controlaban las partes de la Península sometidas por sus bayonetas y de que los mensajeros y los convoyes de abastecimiento necesitaban la protección de una
gran escolta para poder llegar a su destino.
Sin embargo, una serie de noticias inexactas y la lentitud de las comunicaciones, así como el hecho de haber conseguido reprimir el levantamiento del Dos de mayo, habían hecho creer al virrey del emperador, Murat, que la oposición a la ocupación francesa se limitaba a unos cuantos brotes de insurrección aislados, fáciles de sofocar con la intervención de algunas columnas. Hasta bien entrado julio, siguió enviando partes optimistas a Francia; de ahí que, desde el principio de la campaña, Napoleón siempre estuviera mal informado sobre la verdadera naturaleza del conflicto.




la campaña de Bailen, teatro de operaciones




Para acabar con lo que creía que eran simples focos aislados de rebelión, el emperador trazó un plan que Murat puso en práctica durante la última semana de mayo. Una gran fuerza de reserva se quedaría en Madrid, mientras que el general Dupont avanzaría hacia Córdoba y Sevilla. El mariscal Moncey, con el apoyo de una columna de las tropas de Duhesme, en Cataluña, tenía que aplastar la insurrección en Valencia y Cartagena, a la vez que el mariscal Bessiéres se ocupaba de mantener las líneas de comunicación en el norte y destacaba fuerzas para dominar a los rebeldes de Santander y Zaragoza.
De acuerdo con estas instrucciones, Dupont avanzó con 13.000 hombres hasta llegar a Andújar el 5 de junio. Al comprender que el levantamiento era general, continuó hacia Córdoba, donde multitud de campesinos se estaban armando bajo el mando de don Pedro de Echavarri. Éste, que contaba con un ejército compuesto por 12.000 voluntarios civiles y 1.400 soldados regulares, más ocho cañones, se dio cuenta de que la defensa de Córdoba era de vital importancia desde el punto de vista político, Y, sin dudarlo un momento, preparó todas sus fuerzas para enfrentarse a Dupont en el puente de Alcolea, sobre el Guadalquivir.
En este primer combate de la guerra, los españoles sufrieron una gran derrota. Aunque los hombres de Dupont eran en su mayoría reclutas recién incorporados a filas, poseían una capacidad de choque muy superior a la de sus inexpertos y desorganizados oponentes. La totalidad de las fuerzas de don Pedro fueron puestas en fuga en cuestión de minutos y se dispersaron sin reagruparse para defender Córdoba. Unas cuantas balas perdidas que llegaron hasta la vanguardia de Dupont sirvieron de excusa al general imperial para rechazar la capitulación de la ciudad y urgir a sus hombres a tomarla por asalto.

Los horribles sucesos que tuvieron lugar entonces se repetirían muchas veces en los años siguientes. Los franceses irrumpieron en Córdoba sin ningún respeto hacia la vida o las propiedades de sus habitantes: saquearon la ciudad, violaron a las mujeres y mataron a docenas de civiles. En venganza, las bandas de rebeldes masacraron a los soldados franceses rezagados y de avanzada. Las atrocidades cometidas por ambos bandos estaban empezando a dar un carácter brutal a la guerra.



La batalla de Bailén

Tras entrar en Córdoba, Dupont se encontró de pronto totalmente aislado en una región plagada de rebeldes. Asaltado por las dudas, al ver que sus correos eran asesinados y no había señales de refuerzos, prefirió abandonar la ciudad y retirarse hacia el este. Pero, en vez de buscar refugio en los desfiladeros de las montarías, se quedó en las tierras llanas de] Andújar, decidido a cumplir su misión. Alarmado entonces por el avance de un ejército de 34.ooo españoles bajo el mando de] general Castaños, destacó varias columnas para salir al encuentro de la ayuda que Murat pudiera haberle enviado.

Tal como esperaba, los refuerzos ya estaban en camino, y el 27 de junio el general Vedel llegó a La Carolina con 6000 soldados de infantería y 600 de caballería. Pero Dupont no supo aprovechar las nuevas fuerzas que acababa de recibir. En vez de utilizarlas para defender su posición, desplegándolas en los pasos de las montañas a fin de mantener las comunicaciones y la línea de retirada, o de destinarlas a la ofensiva, uniéndolas a las que ya tenía para atacar inmediatamente a Castaños en las llanuras, mandó a Vedel a Bailén, mientras que él siguió inactivo en Andújar con el grueso de las tropas. Para colmo, cuando Madrid envió la división del general Gobert a fin de impedir que volviese a interrumpirse el contacto con Dupont, éste ordenó al recién llegado que reforzara la absurda posición de Andújar. Por tanto, el 7 de julio, el comandante en jefe francés tenía más de 20.000 hombres desocupados, mientras que su adversario, confundido por la inactividad del enemigo, acababa los preparativos para el asalto al otro lado del Guadalquivir.

Para llevar a cabo la ofensiva, el general Castaños dividió sus fuerzas en tres columnas. La primera, compuesta por 12.000 hombres bajo su propio mando, marcharía hacia Andújar; la segunda contaba con 8.000 soldados a las órdenes de Coupigny y tenía que dirigirse hacia Villanueva, y, por último, el general Reding se encargaría de tomar Mengíbar con unos 10.000 hombres. Convencido de que sólo había I4.000 franceses en Andújar, Castaños pensaba inmovilizarlos simulando un ataque frontal, mientras que las otras dos columnas se abalanzarían sobre la retaguardia por el este. Creía, además, que las unidades imperiales que obstaculizaban el avance de Reding y Coupigny eran pequeños destacamentos que se limitaban a guardar los flancos y no podrían impedir el attaque débordante.

Los españoles iniciaron la ofensiva contra la línea desplegada de Dupont el I4 de julio e hicieron retirarse a los pelotones franceses del río en Mengíbar. En vez de concentrarse y aprovechar la dispersión de las columnas enemigas para destruirlas, el general francés, más decidido aún a mantenerse a la defensiva al saber que el ataque de Moncey en Valencia había sido rechazado, se limitó a realizar un ligero cambio en la distribución de sus fuerzas, reforzando la posición de Vedel en Bailén con elementos de las unidades de Gobert que habían quedado en La Carolina.

Al día siguiente, Castaños intensificó el asalto, pero sus esfuerzos no sirvieron más que para poner de manifiesto el gran error que había cometido al calcular las fuerzas de Dupont. Asimismo, Reding se encontró con que su oponente era toda la división de Vedel, en vez de un pequeño destacamento encargado de proteger los flancos, y se apresuró a abandonar el combate. El ataque de Castaños, sin embargo, fue tan intenso, que el comandante en jefe francés tuvo que pedir refuerzos a Vedel. Éste, creyendo que el asalto de Reding había sido tan breve por falta de hombres, dejó sólo dos batallones en Mengíbar y marchó con el grueso de sus tropas en ayuda de Dupont durante toda la noche. Cuando el 16 de julio por la tarde llegó a Andújar descubrió que Castaños se había limitado a repetir la acción del día anterior y que las operaciones de Coupigny en Villanueva continuaban siendo meros conatos de ataque.

Sin embargo, las noticias de Mengíbar eran desastrosas. Reding había utilizado sus 10.000 hombres para dispersar a las reducidas fuerzas francesas que se quedaron allí y se encontraba ya al otro lado del Guadalquivir. El general Gobert había intentado evitar la caída de la posición enviando los pocos refuerzos de que disponía; pero, a últimas horas de la tarde, cayó mortalmente herido y sus tropas tuvieron que retroceder hacia Bailén. El flanco izquierdo francés había sido rebasado.

Una vez más, a pesar de contar con más hombres que los españoles y mejor artillería y caballería, Dupont vaciló en tomar la iniciativa. En vez de caer sobre Castaños y arrollar todo el ejército enemigo de oeste a este, volvió a dividir sus fuerzas: él trataría de retener Andújar, mientras que Vedel tenía que volver atrás con sus fatigados hombres y reagrupar todas las tropas que quedasen en el flanco izquierdo para contener a Reding.

Pero, el llegar a Bailén, Vedel descubrió horrorizado que el sucesor de Gobert, Dufour, había evacuado la cuidad para dirigirse a La Carolina, donde una columna española parecía amenazar los pasos de las montañas y, por tanto, las comunicaciones del ejército francés con Madrid. Creyendo que la fuerza hostil era la de Reding, Vedel avisó a su comandante en jefe y se apresuró a marchar con sus exhaustas tropas en ayuda de Dufour.
Al avanzar tan precipitadamente hacia el norte, sin pararse a comprobar cuál era la verdadera posición del enemigo y las fuerzas con las que contaba en realidad, Vedel ponía en peligro todo el ejército de Dupont sin advertir que estaba cometiendo un grave error que iba a tener fatales consecuencias. La columna que amenazaba La Carolina no era en absoluto la de Reding; estaba formada por varios centenares de inexpertos reclutas encargados de intimidar el flanco izquierdo francés como mejor pudieran. El general español se hallaba todavía en Mengíbar, donde había reagrupado a sus hombres tras la victoria sobre Gobert. Por consiguiente, cuando, al mediodía del 18 de julio, se encontró con Dufour, Vedel descubrió que la fuerza que amenazaba los pasos era insignificante. Poco después recibió órdenes de volver a Andújar y, con sus hombres totalmente agotados, emprendió el camino de regreso para reunirse con Dupont.

Para entonces, los españoles también estaban avanzando. Reding y sus tropas, a quienes se había unido la columna de Coupigny, habían reanudado la marcha el 17 de julio al mediodía. Convencido de que el grueso del ejército enemigo se hallaba todavía en Andújar, Castaños decidió seguir su plan original. Envió a Reding a Bailén y, por la tarde, al no encontrar ninguna resistencia, éste había ocupado la ciudad con todas sus fuerzas y estaba listo para atacar a la retaguardia de Dupont con las primeras luces del alba. Creyendo que las unidades hostiles que quedaban en el nordeste eran simples restos de las tropas derrotadas en las acciones anteriores, no advirtió el avance de Vedel con 11.000 hombres. Sin embargo, antes de que amaneciese comenzaron los combates al oeste de Bailén. El comandante en jefe francés, alarmado por la tardanza de Vedel, se había decidido por fin a retirarse de Andújar y su vanguardia había chocado con la avanzada de Reding.
En respuesta al inesperado movimiento de Dupont, Reding se apresuró a destacar 14.000 hombres y veinte cañones en una posición bastante fuerte a lo largo de las Iineas situadas al oeste de Bailén y, para mayor seguridad, destinó varias unidades a vigilar el camino que comunicaba con La Carolina. Mientras tanto, el comandante de la vanguardia de Dupont, Chabert, subestimando la potencia de las tropas que tenía ante sí, abrió fuego con su única batería y mandó 3.ooo hombres al ataque. Muy inferiores en número a sus oponentes y obligados a actuar en una zona donde convergía el fuego de ambos bandos, estos soldados fueron contenidos enseguida por los españoles y, tras una encarnizada lucha,hubieron de retirarse con considerables bajas.

En ese momento llegó Dupont y se hizo cargo de la situación. Temeroso de que Castaños cayese sobre su retaguardia en cualquier instante, procedió a enviar sus tropas al asalto poco a poco, según iban llegando al campo de batalla. No se dio cuenta de que un ataque de tales características era demasiado temerario, ya que los soldados llegaban agotados y muy desperdigados, tras haber marchado durante toda la noche por caminos abruptos y sinuosos. A pesar del valor con que actuaron todos sus hombres en una lucha propia de dragones y cuirassiers, los españoles consiguieron rechazar dos ataques más y, a las doce y treinta de la mañana, con Castaños aproximándose por detrás, Dupont se hallaba en una situación desesperada. Agrupando a sus exhaustos reclutas alrededor del único batallón de soldados aguerridos que le quedaba, se dispuso al combate en un último intento por romper la línea de Reding. Como en los asaltos anteriores, consiguió avanzar considerablemente y estuvo a punto de dispersar gran parte de las fuerzas españolas. Pero, desgraciadamente, no tenía reservas para aprovechar el avance conseguido y, tras otra enardecida lucha, tuvo que retirarse hasta el pie de las colinas. Con todas sus tropas desmoralizadas y exhausto, Dupont estaba perdido. El ruido proveniente del ataque de la vanguardia de Castaños a la columna encargada del bagaje señaló el fin de la batalla y, mientras sus soldados suizos se pasaban en masse al enemigo, se dio por vencido.

Mientras tanto, Vedel había seguido marchando lentamente hacia Bailén desde el este, hasta que una de las brigadas de Reding se interpuso en su camino. Consiguió hacer retroceder a esta fuerza, pero, al ver que había cesado el fuego, detuvo su avance en espera de instrucciones. Tras largas negociaciones, Dupont aceptó rendirse con los 8.2oo hombres que le quedaban y ordenó a Vedel que depusiese las armas. Éste capituló de inmediato e incluyó en la vergonzosa rendición a las tropas que mantenía en La Carolina y en otras posiciones más al norte.
Con esta derrota, 20.000 soldados imperiales fueron hechos prisioneros, a muchos de los cuales les hubiera resultado fácil huir. Los términos de la capitulación estipulaban que todas las tropas francesas serían embarcadas de regreso a Francia, pero sólo se hizo esto con Dupont y sus generales. De los soldados rasos, no volvieron a su patria ni siquiera la mitad.
Como cabe suponer, la derrota provocó las iras de Napoleón. «Nunca ha habido en el mundo nadie tan estúpido, tan inepto y tan cobarde», gritaba enfurecido, «los informes de Dupont dejan muy claro que todo se debió a su
inconcebible incapacidad». No obstante, independientemente de las causas que la provocaron, la derrota de Dupont en Bailén tuvo consecuencias peores. La noticia se extendió por toda la Península, e incluso por toda Europa, y, además de poner en duda la aparente invencibilidad de los franceses, fomentó la oposición a la tiranía de Napoleón.


Aunque aquí podréis encontrar muchos mapas y esquemas, os pido que visitéis, para el período comprendido entre el Congreso de Viena y la Unificación Italiana la siguiente página web donde podréis hallar una presentación “power point” bastante aceptable.














Napoleón retirándose tras la terrible Campaña de Rusia entre junio y diciembre de 1812 (el invierno llegó pronto).













Fuentes:


http://reservavoluntaria.forums.free.com/portal.html?sid=65d92d96d7c3f90e68a254cbbd8911ce.....
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