Las legiones romanas
Tras las reformas del veterano cónsul Cayo Mario, convertirse en legionario romano era el sueño de muchos que veían en el servicio en las legiones un medio para ganarse la vida y vivir aventuras durante los veinte años que duraba el servicio, para después retirarse confiando en que las campañas se hubieran dado bien y una bolsa bien repleta de denarios, un buen lote de tierras para cultivar y un par de esclavos les acompañaran en el retiro. Sin embargo, el alistamiento en las legiones, soñado por muchos, era un sueño al alcance de pocos.
Las legiones romanas profesionales, concebidas y establecidas por Cayo Mario, basaban su efectividad en la calidad de los legionarios y no en su número. Para los romanos como Mario y César eran preferibles mil legionarios adiestrados que diez mil patanes. Por ello, la selección era muy rigurosa en tiempos de paz, ya que en tiempos de guerra siempre se abría la mano un poco más.
El nuevo legionario
Un legionario romano recién alistado en la Legión Décima cuando César llegó a la Galia Cisalpina para hacer frente a la invasión helvecia en el año 58 debía haber cumplido los siguientes requisitos:
Requisitos legales:
1- Ser ciudadano romano. Sólo los ciudadanos romanos podían servir en las legiones.
2- Estar legalmente censado y tener el visto bueno de las autoridades municipales. Una especie de certificado de buena conducta que incluía avales de familiares y amigos recomendando al joven aspirante.
3- Ser soltero. Un legionario romano tenía prohibido casarse, aunque una vez alistado se solía hacer la vista gorda.
Requisitos físicos:
1- Tener entre 16 y 20 años. Las edades variaron a lo largo de los siglos.
2- Una estatura mínima de 1,70. Hay que tener en cuenta que en la Alta Edad Media la estatura media de los hombres bajó alrededor de cinco centímetros
3- No sobrepasar un determinado peso y tener una determinada masa muscular. En general se buscaba un tipo de recluta delgado pero fibroso.
4- Superar las pruebas físicas. No las conocemos pero serían prácticamente iguales que las de hoy en día, para demostrar que el aspirante a recluta era capaz de correr, saltar, etc. Además sabemos que se les hacía un reconocimiento médico completo que incluía pruebas de visión y de oído.
Si el aspirante creía reunir todos los requisitos se presentaba ante las autoridades locales de su municipio que debían certificar que había tenido un buen comportamiento y que era apto para el servicio. Entonces era enviado a la capital de su provincia donde se le hacía un primer examen físico, se certificaban sus documentos, se le hacía entrega de un stipendium o dieta consistente en unas monedas para pagar el viaje y era enviado al cuartel general de la legión a la que había sido adscritos.
Una vez en el cuartel general de la legión, que era su sede administrativa, los funcionarios militares revisaban los documentos de los aspirantes dándoles el visto bueno y se les sometía a un nuevo examen médico y a una prueba física. Si pasaban este trámite eran formalmente aceptados como reclutas y debían prestar juramento solemne de defender Roma contra todos sus enemigos y de guardar y hacer guardar las leyes de Roma. Ya eran legionarios romanos.
El centurión les informaba de que su sueldo era de 225 denarios al año y de que en los depósitos de la legión encontrarían todo su equipo: cota de malla, yelmo, espada, pugio, pila, etc. Ese equipo debían pagarlo de su bolsillo, así era difícil que lo perdieran y podían adquirir el estándar fabricado en serie para el ejército o uno más caro adquirido a artesanos especializados con bonitos adornos. De momento, y como todos estaban tiesos, adquirían el estándar, cuyo costo se descontaba de su sueldo.
El entrenamiento
Los primeros meses eran terribles. Los veteranos se reían al recordarlos, pero cuando tuvieron que pasarlos estaban muy lejos de ello. Los jóvenes que voluntariamente se habían entregado al ejército habían de ser formados, moldeados física y mentalmente para convertirse en perfectas máquinas de matar, en los mejores soldados de la Historia.
Los reclutas eran alojados en los barracones del campamento. Cada ocho legionarios formaban un contubernium o grupo que debía aprender a convivir, ya que los ocho harían vida en común como si de una familia se tratara. Cada contubernium tenía una mula que cargaba con la pesada tienda de campaña de cuero, el molino para moler trigo y las herramientas y utensilios comunes. Todo lo demás lo llevaban los legionarios a cuestas. Precisamente por eso se les apodaba "las mulas de Mario", porque cualquiera que les viera marchar creería que aquello más que soldados eran mulas. En el ejército romano había dos tipos de mulas: las que tenían cuatro patas y sólo cargaban y las que tenían dos piernas y además de cargar luchaban.
Cuando el recluta veía todo lo que tenía que llevar encima se le quedaba la cara petrificada, pero cuando le decían que tenía que cargar con todo aquello durante treinta kilómetros "como mínimo" y después cavar los fosos, levantar los terraplenes y las empalizadas y montar las tiendas del campamento de marcha, creía estar soñando. Pero no era un sueño.
Marchas y más marchas cargados con cestos llenos de piedras conseguían que los pies se endurecieran como el acero y que los músculos de las piernas doblaran su tamaño. Y además de las marchas estaban los ejercicios obligatorios como montar a caballo, natación, etc.
No es extraño que las primeras semanas el valetudinarium (hospital) del cuartel estuviera siempre lleno de reclutas quejándose de ampollas y dolores musculares, aunque lo que de verdad funcionaban en estos casos eran los remedios caseros de los veteranos que los novatos se apresuraban a aplicarse con gran alivio.
Cada día antes de salir el sol las trompetas tocaban diana y la legión se ponía en marcha. Los barracones debían quedar impecables para la inspección y tras ella, los legionarios desayunaban para después preparar su equipo e iniciar una nueva jornada de caminatas y más caminatas.
Una pausa para comer y de vuelta al trabajo a ensayar una y mil veces aquellas complicadas maniobras que convertían a una serie de manípulos en una línea de batalla infranqueable.
Tras la jornada agotadora, los legionarios se dirigían a los barracones de baño donde se bañaban y sudaban impurezas y después cenaban y se dirigían a los barracones a jugar a los dados o a escribir cartas hasta la hora de dormir.
Las primeras semanas los médicos de la legión tenían mucho trabajo, ya que tenían que "reparar" a los reclutas "dañados" por las ampollas, los calambres y las contusiones y certificar las bajas de aquellos que a pesar de sus esfuerzos no conseguían mantener el nivel y debían abandonar aún antes de que comenzara el entrenamiento con armas, el punto ansiado por todos los reclutas. Que sin embargo se llevaban una sorpresa al ver que el día fijado para el primer entrenamiento con armas se les entregaban escudos y espadas de madera maciza terriblemente pesadas.
"¡A entrenarse, reclutas!" gritaba el centurión con su voz ronca y todos comenzaban a entrenarse siguiendo las órdenes de los instructores. Primero atacaban postes de madera clavados en el suelo y de vez en cuando el curtido sarmiento de vid del centurión se clavaba en el vientre de un recluta que caía retorciéndose de dolor mientras el centurión gritaba:
-¡Lo próximo que te golpee las tripas puede ser una espada germana! ¡Protege el cuerpo con el escudo! ¡No muevas el escudo, mueve la espada!
Cuando los reclutas habían aprendido los rudimentos del ataque y la defensa contra los postes tras agotadoras jornadas, los instructores les hacían combatir por parejas intercambiándolos entre sí.
Y más agotadoras jornadas sin pausa, semanas, meses enteros hasta que por fin los legionarios eran autorizados a entrenarse con armas de verdad. Y les impresionaba, porque las de verdad pesaban la mitad que las de mentira, todo calculado para que en esos meses los brazos se acostumbraran a manejar el doble de peso que el de las armas reales que ahora parecían ligeras.
-¡Este es el gladius hispaniensis! -gritaba el centurión frente a ellos blandiendo su espada española de empuñadura de marfil y adornos dorados- ¡Una espada diabólica inventada por esos diablos de Hispania! ¡El arma que más romanos ha matado en toda nuestra historia! ¡Pero ahora somos nosotros quienes la usamos!
Y los reclutas aprendían a manejar aquella espada española corta, de doble filo y punta impresionante, y aprendían a atacar para atravesar a su adversario sin desguarnecer su cuerpo, siempre protegido por el escudo. Y así se habían convertido en auténticas máquinas de picar carne, en legionarios de Roma.
La vida del legionario
El alojamiento
Cada legión tenía su campamento fijo, pero podía pasar mucho tiempo en otros lugares. Los campamentos de marcha eran ocupados por interminables hileras de tiendas de cuero ya que era necesario montarlo y desmontarlo cada día, pero cuando la legión de disponía a pasar una temporada en un lugar determinado se construía un campamento semipermanente a base de empalizadas y barracones de madera que los legionarios procuraban hacer lo más confortables posibles.
Si la legión permanecía allí años la madera acababa pudriéndose y se levantaban barracones nuevos de ladrillo, verdaderas ciudades en miniatura con todas las comodidades posibles como baños e incluso anfiteatros, ya que alrededor de estos campamentos permanentes no tardaban en crecer verdaderas ciudades como es el caso de León y tantas otras.
El tiempo libre
Los reclutas debían hacer instrucción dos veces al día, los veteranos sólo una, por eso los veteranos disponían de más tiempo libre que ocupaban en haraganear por las calles, en jugar, en trapichear con algún barril de vino "extraviado" del depósito de la legión o en ocuparse de alguna dama necesitada...
Los legionarios profesionales tenían prohibido casarse mientras durara su servicio de veinte años, pero en las legiones acantonadas de guarnición permanente se solía hacer la vista gorda, ya que era frecuente que los legionarios, si bien no podían casarse "legalmente", se arrejuntaban creando familias estables que tras el licenciamiento se legalizaban. De esta forma, los hijos de un legionario romano y una hispana o una gala o una griega que no poseyera la nacionalidad romana, al casarse legalmente con el legionario obtenían automáticamente la ciudadanía de pleno derecho y podían así alistarse en las legiones siguiendo los pasos de sus padres. Este sistema fue uno de los que más aportó al esfuerzo romanizador.
La comida
La comida de los legionarios se acomodaba al lugar en el que prestaran servicio. Siempre había un elemento básico: el trigo, que era recibido por cada contubernium para ser preparado en panes o tortas, y después lo que diera la tierra.
Por ejemplo, en España, tierra de abundantes huertas, los legionarios romanos inventaron el famoso Gazpacho, a base de productos hortícolas aborígenes a los que tras el descubrimiento de América se añadieron otros.
El gazpacho actual a base de tomates, pepinos, pan, pimientos, cebollas, etc. todo ello bien triturado hasta convertirse en una especie de sopa espesa de color naranja es hoy uno de los platos nacionales de España y una auténtica maravilla gastronómica. Pero en sus orígenes fue un típico "plato militar a base de mezclar todo lo mezclable" que hoy sigue haciendo las delicias de los españoles en verano.
Como en España abundaba la caza, los legionarios que allí sirvieron tuvieron un menú bien surtido a base de liebres, conejos, corzos, gamos, venados, jabalíes, etc. Cada legión de guarnición se encargaba de comprar los suministros que podían encontrarse en la zona, y si se estaba en una zona gastronómicamente privilegiada entonces se comía bien.
La sanidad
El mundo romano era un "mundo limpio"... al menos teóricamente. Los acueductos, las termas, las fuentes que plagaban el Imperio dan fe de ello. Evidentemente, había zonas más saneadas que otras y zonas que parecían vertederos dentro de la misma ciudad de Roma, pero el agua corriente y la higiene personal, verdadera obsesión de los romanos, hicieron de Roma un mundo mucho más saneado que los anteriores y los posteriores.
El desarrollo tecnológico conseguido por Roma, un desarrollo que no sería alcanzado hasta las postrimerías de la Edad Media, posibilitó el avance de la medicina. Baste señalar que para tratar la peste, los médicos romanos aplicaban tratamientos de desinfección mientras que en el siglo XIV se ponían caretas para tratar de "asustar" a la enfermedad.
Sin antibióticos ni otros adelantos, la medicina romana, heredera directa de la medicina griega que es la gran medicina de la Edad Antigua, consiguió grandes logros gracias a un factor fundamental: la trasmisión de los conocimientos a través de las obras escritas. Gracias a esto las obras científicas fueron recopilándose en las bibliotecas al alcance de todos, mientras que en la Edad Media la mayoría de las obras escritas desapareció y las pocas que quedaron se salvaron gracias a que los monjes las copiaron y guardaron celosamente en los monasterios.
El Mundo Romano sirvió como grandiosa correa de trasmisión de la cultura clásica, y gracias a ello, un médico tenía a su alcance consultar obras escritas cinco siglos antes, lo que fue de enorme ayuda para tratar las dolencias, a base de experiencia.
La sanidad militar romana fue la más eficaz de la Historia.
En cada campamento permanente romano había un gran edificio, el valetudinarium u hospital, donde los médicos militares trataban las dolencias de la guarnición. Los instrumentos encontrados en las excavaciones tienen una similitud prácticamente exacta con los usados hasta hoy día, lo que indica el alto grado de perfección conseguido por la sanidad militar romana.
El salario
El ejército romano era un ejército bien pagado comparado con otros ejércitos incluso de nuestros días.
El salario de los soldados romanos en la época de la muerte de César-principios del Imperio era aproximadamente el siguiente:
Graduación
Denarios
Legionario
225
Pretoriano
500
Centurión
1.250 / 2.500
Primi Ordines
5.000
Tribunus semestris
12.500
Tribunus laticlavius
30.000 / 50.000
Tribunus angusticlavius
25.000
Praefectus castrorum
30.000
Praefectus alae
25.000 / 30.000
Tribunus cohors urbanae
50.000
Tribunus cohors praetoriae
50.000 / 75.000
Primus Pilum iterus
50.000 / 75.000
Además del salario, el legionario recibía extras como donaciones o partes de botín, premios en metálico, etc. La mitad de estos extras eran depositados obligatoriamente en la caja de la legión, en una cuenta que debía servir para pagar sus honras fúnebres en caso de muerte o para asegurarles el retiro al licenciarse.
El campamento
Uno de los apartados más sorprendentes del sistema militar romano es el campamento. Los romanos articulaban toda su estrategia en base a los campamentos fortificados que albergaban sus legiones.
Sus campamentos de invierno o en época de paz eran semipermanentes, construidos de madera y argamasa si eran campamentos eventuales o de piedra si eran campamentos permanentes.
Muchos de estos campamentos crecieron hasta convertirse en ciudades, como por ejemplo la española León.
Pero lo verdaderamente sorprendente eran los campamentos que los legionarios construían al final de cada marcha de 30 kilómetros o más. Un completo campamento fortificado que era destruido al día siguiente, antes de volver a iniciar la marcha.
Así es como los legionarios construían sus campamentos:
En primer lugar se buscaba el lugar ideal. A ser posible una gran llanura con agua cerca. En segundo lugar, un centurión experto en topografía trazaba el rectángulo perfecto (si era posible por el terreno) que habría de contener el campamento ayudado por un instrumento topográfico llamado groma (en la imagen de arriba) y marcaba con lanzas la posición de las tres avenidas principales del campamento. Ilustración por Peter Connolly.
Una parte del ejército se colocaba en línea de batalla frente a la zona por la que podría aparecer el enemigo mientras la otra mitad de los legionarios cavaban un foso (fosa) de 4 metros de ancho y tres de profundidad con forma de V. La tierra extraída del foso era apilada formando un terraplén (agger) cubierto en su parte frontal por porciones de tierra con hierba, ya que así permanecería compacto, formando así el famoso aggeret fossa. Ilustración por Peter Connolly.
Había tres tipos principales de campamentos de campaña. Ilustración por Peter Connolly.
El primero es el campamento de marcha en una zona segura, con un pequeño foso y terraplén.
El segundo es un campamento de marcha frente al enemigo. El foso y el terraplén se han agrandado.
El tercero es un campamento de asedio prolongado con murallas formadas por dos muros de piedra con el espacio interior relleno de cascotes. Este fue el tipo de campamento construido por Escipión en el asedio de Numancia, donde se destacó el joven Mario.
Una vez levantado el terraplén, los legionarios clavaban en lo alto las estacas que llevaban atándolas entre sí, formando una sólida empalizada.
A medida que eran levantadas las defensas, las unidades iban entrando en el campamento y montando las tiendas ordenadamente. Cada tienda se montaba siempre en el mismo lugar como si de una ciudad se tratara, con calles y plazas. Cada ocho legionarios tenían una tienda de cuatro plazas, ya que la mitad del ejército siempre estaba de guardia. Las tiendas se montaban dejando un espacio con el terraplén de unos 30 metros para mantenerlas alejadas de proyectiles lanzados desde el exterior. Ilustración por Peter Connolly.
Así defendían los legionarios las empalizadas llegada la ocasión. Aunque los romanos seguían al pie de la letra la máxima espartana "Que sean los hombres los que defiendan a los muros y no los muros los que defiendan a los hombres". La ventaja táctica de las legiones estaba en el combate en campo abierto, aunque estos campamentos les proporcionaban una seguridad que no conoció ningún otro ejército en campaña en la Antigüedad o en la Edad Media.
Campamento para una legión
El campamento tenía forma rectangular, con cuatro puertas.
El campamento estaba cruzado por cuatro grandes avenidas que delimitaban los espacios internos: Via Praetoria, Via Principalis yVia Quintana y Via Decumana.
Coloreados en rosa, verde y azul los tres manípulos que formaban una cohorte permiten distinguir mejor cómo se colocaban las tiendas de campaña.
Los manípulos se disponían de esta forma: las diez tiendas de cada centuria (en color marrón) formaban filas paralelas a la Vía Praetoria, que era el eje longitudinal del campamento, con la tienda del centurión (en color rojo) en el extremo.
Al fondo se cercaba un espacio para las veinte mulas del manípulo y entre las tiendas de cada centuria quedaba una espacie de patio que se utilizaba para los menesteres de los legionarios. Polibio resalta que en caso de necesidad, los legionarios podían salir del campamento o acudir a la empalizada rápidamente, ya que las salidas de los espacios de cada manípulo siempre estaban orientadas hacia una de las grandes vías, tal y como vemos en el dibujo.
Un campamento romano podía albergar una cohorte, una legión o un ejército entero, dependiendo de su tamaño. Si el campamento era montado para permanecer por tiempo indefinido se sustituían las tiendas por barracones y la empalizada de estacas por una de troncos, además se construía un Valetudinarium u hospital e instalaciones como talleres, carpinterías, herrerías, establos, etc. y se mejoraban las defensas con torres de dos o tres pisos en las esquinas y lugares estratégicos. Si el campamento a construir fuera a ser permanente toda la estructura, edificios y murallas serían de obra a base de piedra, ladrillos, argamasa, etc.
En el año 70 d.C el emperador Vespasiano desmontó el dispositivo militar romano en España. La Península Ibérica, que había resistido durante dos siglos la conquista romana, se había adaptado perfectamente a la nueva situación (los romanos decían que los españoles habían sido los primeros en ser invadidos y los últimos en ser conquistados) consiguiendo un altísimo grado de romanización.
Por toda Europa, África y Asia hay decenas y decenas de ciudades surgidas de un campamento romano. Casi todas ellas aún conservan en sus milenarios trazados las vías que marcaron su urbanismo. El legado de Roma es un legado eterno, atemporal, muchas veces invisible a nuestros ojos, pero siempre presente hasta en la forma de una calle o la ubicación de una plaza.
Armamento Legion romano gladius legionario
Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento a. El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido. Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.
El soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen. Estaba sujeto además por el vinculo del juramento.
Uno de sus principales atributos, ya que muchas veces se enfrentaban con ejércitos mayores y mejor equipados, era el de formar parte de un cuerpo sumamente disciplinado y en constante entrenamiento, tanto para poder efectuar maniobras militares en forma precisa y exacta, como la famosa tortuga o testudo, como para trabajar en obras de ingeniería militar (construcción de campamentos, murallas y fortalezas) y obras públicas (caminos, puentes y acueductos).
Se dice que los legionarios manejaban la pala y el pico tan bien como la lanza y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes guerreros.
El soldado romano era, en general, un hombre grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo.
Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio. Hacían, marchas de 8 a 32 kilómetros, con una carga de 60 libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres. Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso.
El legionario estaba generalmente armado con dos jabalinas (pilum), una pesada y otra ligera, una espada (gladius) y un puñal (pugio). Para su protección portaba un casco (cassis o galea), una armadura de anillas (lorica hamata), placas (lorica segmentata) o escamas (lorica squamata) y un escudo rectangular (scutum) que lleva una protección metálica o bloca para la posición de la mano.
Completaban su equipamiento un par de sandalias (caligae), un cinturón de guerra (baletus o cingulum militare), un pañuelo y túnica roja a modo de uniforme debajo de la armadura (focale y tunica) y una mochila (sarcina).
Cingulum
Caligae
GLADIUS
El Gladius no sólo fue la espada legionaria, también fue una espada legendaria. Se cree que es el arma que mas muertes ha causado en toda la historia.
El gladius es una espada excelente para formaciones compactas. Su cruce de hoja romboide le daba una estabilidad óptima para ser alineada con el codo y el hombro en un ángulo de 90 grados, correr el largo escudo -Scutum-, y provocar una herida perforante en el abdomen del enemigo, que en la gran mayoría de los casos si no mataba instantáneamente lo hacía posteriormente. Su tamaño, de unos 60 centímetros, la hacía ideal para esta tarea. En si la ventaja táctica de no estaba, enteramente, en la destreza personal del combatiente. Sino en la disciplina de la fila de hombres. Cuyo ataque primario consistía en protegerse de forma mutua con sus escudos y, corriendo éstos ligeramente para crear una diminuta abertura, apuñalar a sus contrincantes. Dicha estrategia los hacía no sólo mortales sino que también les otorgaba una defensa superior.
Sin embargo decir que la gladius era útil sólo en combate cerrado sería una injusticia para con tan formidable pieza bélica. Esta no sólo era útil en el ataque de perforación. Por ejemplo si ocurría un flanqueo por parte del enemigo y la estructura compacta de la cohorte se veía comprometida, la gladius servía perfectamente como una espada de lucha y corte, dándole así al legionario la oportunidad de seguir combatiendo, eficientemente, en caso de que las cosas no resultaran como el General o Centurión lo desearan.
La hoja de la gladius era su principal y más importante ventaja. Su diseño variaba dependiendo del tipo de gladius pero mantenía una línea general. Veamos sus características principales:
- De unos 60 centímetros de largo
- Hecha de hierro tratado por carbunización -como la galvanización actual pero con carbón-
- Hoja de doble filo, de cruce de hoja romboide. Esto la hacía un poco más pesada pero le daba la estabilidad necesaria para un ataque alineado con el codo
- Diseñada para perforar. Pero Además era eficiente en combate cortante
- Recta y ancha, pero esto variaba dependiendo del tipo. Algunas gladius tenían su hoja acinturada
- Punta en V alargada, esta era su principal característica de perforación. El largo de la punta le otorgaba menor superficie de contacto y por ende menor roce. Ideal para traspasar una cota de mallas o un escudo de madera.
El gladius era llevado en la cintura del lado derecho por los legionarios y a la izquierda por los centuriones.
Variantes del Gladius
De izquierda a derecha: Mainz, Fulham y dos Pompeii.
Pugio y Gladius
PUGIO
El pugio era una especie de cuchillo largo o espada corta que los legionarios romanos tomaron prestado, al igual que el gladius, de las tropas hispanas contra las que combatieron durante dos siglos. Generalmente tenía una hoja ancha y con forma de hoja, de unos 20 o 25 cms. de largo por un mínimo de 5 cms. de ancho, con un refuerzo central elevado a todo lo largo de la hoja. La espiga era ancha y plana y la empuñadura, que montaba un poco sobre el final de la hoja, estaba remachada a su través.
A partir del año 50 d.C. aparecieron modelos con la espiga redonda y una empuñadura que ya no se remachaba a través. La apariencia externa no cambió demasiado aunque algunos modelos tenían una hoja más estrecha, sin “cintura” central y casi sin refuerzo.
La empuñadura tuvo siempre una forma similar. Copiada de los puñales biglobulares hispanos, estaba construída con dos capas de cuerno o madera rodeando la espiga que a su vez estaban cubiertas por dos capas finas de metal, casi siempre hierro.
SCUTUM
Los scuta (en plural) rectangulares, que generalmente eran convexos, eran construidos principalmente a partir de tiras de madera superpuestas unas a otras y con las vetas dispuestas en direcciones opuestas, cubiertas con cuero. Esto supone que el escudo era muy resistente y, a la vez, lo suficientemente ligero (de entre 5,5 y 7,5 kg[2] ) como para ser transportado a lo largo de muy largas distancias.
Por otra parte, el revestimiento central del escudo (denominado umbo) estaba construido bien de una aleación de cobre o de hierro. Se utilizaba de forma ofensiva, siendo lo suficientemente pesado y denso como para aturdir o desplazar a un oponente, lo cual facilitaba al legionario el siguiente ataque con su gladius. Los legionarios solían avanzar de forma alterna con el scutum para luego, con el scutum ligermante alzado para bloquear al oponente, atacar con el gladius. Los bordes del escudo también se forraban de metal para mayor protección, pudiendo también ser usados de forma ofensiva.
La forma del scutum permitía las formaciones compactas de legionarios. Mediante este sistema, se superponían los escudos de forma que diesen una mayor protección contra las armas arrojadizas. De estas posibles formaciones, la más famosa es la formación en testudo, en la que los legionarios colocaban los escudos de frente y hacia arriba, consiguiendo protección también frente a proyectiles lanzados en tiro parabólico o desde lo alto (como por ejemplo flechas, o objetos lanzados desde defensores desde lo alto de las murallas).
En el siglo IV, ya con la decadencia del Imperio era extremadamente difícil rejuntar los medios, tanto económicos como profesionales, para construir armamento complejo. Razones por las que armaduras como la lorica segmentata y el scutum rectangular curvado fueron reemplazados por armamento más simple. Es así que comenzamos a ver escudos redondeados, de forma mucho más simple.
No obstante, también debemos considerar como una de las principales razones por la cual se abandonó el escudo rectangular el que a estas alturas la disciplina de los soldados, que en su mayoría eran mercenarios, era inexistente. La gran ventaja del escudo rectangular era la posibilidad de formar una pared contra el enemigo, ventaja que se perdía totalmente si los hombres no se mantenían en formación.
PILUM
El pilum pesado era un asta de madera a la que se le unía una vara metálica por medio de un remache, medía unos 120 cm., 60 la vara metálica. Así se conseguía que al clavarse en un escudo enemigo, el pilum se doblara, dejando inmanejable el escudo e impidiendo que los enemigos “devuelvan el favor” lanzando el pilum a las legiones. Los romanos también usaron alternativamente, el destemplado de la vara metálica para lograr este efecto. Además, servía para repararlos fácilmente después de cada batalla.
El pilum ligero era una jabalina de madera de mayor alcance, aunque de menor capacidad de penetración.
El pilum era lanzado desde unos 30 mts. en plena carga de la legión. La pequeña punta podía penetrar un escudo y herir al hombre que lo sujetaba, así como también podía penetrar ciertos tipos de armadura. Si se clavaba en un escudo, aunque no lo penetrase, el peso del pilum entorpecía el uso del escudo hasta el punto de inutilizarlo.
Durante al república, cada legionario cargaba con dos pila, uno ligero y otro pesado.En época imperial podemos ver ilustraciones de legionarios con un pilum o con dos, aunque al parecer eran iguales, había desaparecido la distinción entre ligeros y pesados.
LORICA SEGMENTATA
Utilizada por los legionarios Romanos desde finales del siglo I ac hasta mediados del siglo III ac, fue símbolo de la prosperidad del Imperio. Algo evidentemente notable al ver que su utilización no fue abandonada por falta de efectividad, sino por la decadencia de la economía Romana. De diseño modular y resistente, dicha armadura fue tan avanzada a su época que podemos rastrear su evolución incluso miles de años después. La armadura Italiana Anima, del siglo XVI, es su sucesora espiritual.
Sin embargo, y sorprendentemente, hoy en día el programa NATICK -el centro de estudios que implementa las últimas tecnologías de combate en los soldados Estadounidenses- se encuentra estudiando diseños futuros de armaduras corporales de estructura modular que, salvando las diferencias tecnológicas y de ingeniería, tienen de inspiracion a la lorica segmentata Romana.
Se tiene muy poca información sobre ésta armadura. Nuestras mayores fuentes son las esculturas y grabados, principalmente los de la Columna de Trajano, que nos permiten observar legiones de combatientes Romanos vistiendo ésta llamativa pieza de equipo. Sin embargo tan limitado es nuestro conocimiento que incluso desconocemos como los Romanos mismos la llamaban. La designación Lorica Segmentata nace, según creemos, en el siglo XVI y significa “armadura seccionada” haciendo referencia a sus características estructurales. Gracias a un meticuloso trabajo arqueológico hoy sabemos que sus inicios, al menos lo máximo que pudimos rastrear, datan aproximadamente del año 20 ac.
La ventaja de la lorica segmentada era su fácil desmonte. Desajustando los sujetadores internos era fácil apilar la armadura en cuatro secciones y empacarla para su transporte. De hecho se cree que éstas eran desensambladas durante la marcha de las legiones para facilitar su traslado. Su estructura principal consta de cuatro secciones: Una parte superior compuesta de dos secciones que cubrían los hombros y una parte inferior, también compuesta por dos secciones, que cubría el torso. Estas secciones, a su vez, estaban armadas, o compuestas, por bandas de hierro dobladas de tal manera que ofrecían una protección muy superior a cualquier cota de malla.
Las bandas metálicas que conformaban las diferentes secciones estaban sujetadas entre si mismas por un sistema de hebillas y tiras de cuero, algo que la convertía en una pieza extremadamente modular. Las bandas de las secciones que protegían los hombros eran situadas en posición vertical mientras que las del torso eran ubicadas horizontalmente. El cerramiento de la armadura, con respecto al cuerpo del legionario, se daba en un sistema de pliegues ubicados verticalmente uno en la parte delantera y trasera de la armadura. Los toques finales del ajuste se daban con una serie de broches, ganchos y hebillas de latón que variaban dependiendo del tipo de lorica.
Más allá de que visualmente puedan resultar aparatosas, las reconstrucciones de los reenactores -personas que se dedican fielmente a reconstruir equipos y representar eventos históricos con un gran nivel de detalle- demuestran que en realidad la lorica segmentata es una armadura mucho más flexible y cómoda de lo que parece visualmente.
CASSIS
Hay muchos tipos y variantes de cascos romanos, su diseño cambió significativamente a lo largo de la historia.
El casco imperial tipo gálico es el más popular y conocido; estaban construídos basicamente de hierro, con las protecciones para las orejas y decoraciones en latón, incluyendo pequeños rosetones decorativos en el casco y las carrilleras. Tenían un gancho destinado a fijar la cresta y a veces también una pieza rectangular en la parte superior con el mismo fin.
Todos los modelos iban acolchados por dentro, y tenían una correa que pasaba a través de una anilla sujeta a la aleta posterior, y llegaba hasta las aletas laterales donde se ataban bajo la barbilla. A finales del siglo I d.C. comienzan a aparecen algunos cascos con dos refuerzos de acero en forma de cruz como medida de protección contra las armas de los dácios (uno de lado a lado y otro de delate a atrás), este añadido en los primeros modelos es de manufactura tosca, pero posteriormente forma parte de la fabricación original.
Los centuriones llevaban en sus cascos unas crestas transversales (de oreja a oreja), sin embargo, no era común que los legionarios llevasen crestas, salvo tal vez en ocasiones especiales. Los tribunos y legados usaban penachos longitudinales.
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SALU2!
Tras las reformas del veterano cónsul Cayo Mario, convertirse en legionario romano era el sueño de muchos que veían en el servicio en las legiones un medio para ganarse la vida y vivir aventuras durante los veinte años que duraba el servicio, para después retirarse confiando en que las campañas se hubieran dado bien y una bolsa bien repleta de denarios, un buen lote de tierras para cultivar y un par de esclavos les acompañaran en el retiro. Sin embargo, el alistamiento en las legiones, soñado por muchos, era un sueño al alcance de pocos.
Las legiones romanas profesionales, concebidas y establecidas por Cayo Mario, basaban su efectividad en la calidad de los legionarios y no en su número. Para los romanos como Mario y César eran preferibles mil legionarios adiestrados que diez mil patanes. Por ello, la selección era muy rigurosa en tiempos de paz, ya que en tiempos de guerra siempre se abría la mano un poco más.
El nuevo legionario
Un legionario romano recién alistado en la Legión Décima cuando César llegó a la Galia Cisalpina para hacer frente a la invasión helvecia en el año 58 debía haber cumplido los siguientes requisitos:
Requisitos legales:
1- Ser ciudadano romano. Sólo los ciudadanos romanos podían servir en las legiones.
2- Estar legalmente censado y tener el visto bueno de las autoridades municipales. Una especie de certificado de buena conducta que incluía avales de familiares y amigos recomendando al joven aspirante.
3- Ser soltero. Un legionario romano tenía prohibido casarse, aunque una vez alistado se solía hacer la vista gorda.
Requisitos físicos:
1- Tener entre 16 y 20 años. Las edades variaron a lo largo de los siglos.
2- Una estatura mínima de 1,70. Hay que tener en cuenta que en la Alta Edad Media la estatura media de los hombres bajó alrededor de cinco centímetros
3- No sobrepasar un determinado peso y tener una determinada masa muscular. En general se buscaba un tipo de recluta delgado pero fibroso.
4- Superar las pruebas físicas. No las conocemos pero serían prácticamente iguales que las de hoy en día, para demostrar que el aspirante a recluta era capaz de correr, saltar, etc. Además sabemos que se les hacía un reconocimiento médico completo que incluía pruebas de visión y de oído.
Si el aspirante creía reunir todos los requisitos se presentaba ante las autoridades locales de su municipio que debían certificar que había tenido un buen comportamiento y que era apto para el servicio. Entonces era enviado a la capital de su provincia donde se le hacía un primer examen físico, se certificaban sus documentos, se le hacía entrega de un stipendium o dieta consistente en unas monedas para pagar el viaje y era enviado al cuartel general de la legión a la que había sido adscritos.
Una vez en el cuartel general de la legión, que era su sede administrativa, los funcionarios militares revisaban los documentos de los aspirantes dándoles el visto bueno y se les sometía a un nuevo examen médico y a una prueba física. Si pasaban este trámite eran formalmente aceptados como reclutas y debían prestar juramento solemne de defender Roma contra todos sus enemigos y de guardar y hacer guardar las leyes de Roma. Ya eran legionarios romanos.
El centurión les informaba de que su sueldo era de 225 denarios al año y de que en los depósitos de la legión encontrarían todo su equipo: cota de malla, yelmo, espada, pugio, pila, etc. Ese equipo debían pagarlo de su bolsillo, así era difícil que lo perdieran y podían adquirir el estándar fabricado en serie para el ejército o uno más caro adquirido a artesanos especializados con bonitos adornos. De momento, y como todos estaban tiesos, adquirían el estándar, cuyo costo se descontaba de su sueldo.
El entrenamiento
Los primeros meses eran terribles. Los veteranos se reían al recordarlos, pero cuando tuvieron que pasarlos estaban muy lejos de ello. Los jóvenes que voluntariamente se habían entregado al ejército habían de ser formados, moldeados física y mentalmente para convertirse en perfectas máquinas de matar, en los mejores soldados de la Historia.
Los reclutas eran alojados en los barracones del campamento. Cada ocho legionarios formaban un contubernium o grupo que debía aprender a convivir, ya que los ocho harían vida en común como si de una familia se tratara. Cada contubernium tenía una mula que cargaba con la pesada tienda de campaña de cuero, el molino para moler trigo y las herramientas y utensilios comunes. Todo lo demás lo llevaban los legionarios a cuestas. Precisamente por eso se les apodaba "las mulas de Mario", porque cualquiera que les viera marchar creería que aquello más que soldados eran mulas. En el ejército romano había dos tipos de mulas: las que tenían cuatro patas y sólo cargaban y las que tenían dos piernas y además de cargar luchaban.
Cuando el recluta veía todo lo que tenía que llevar encima se le quedaba la cara petrificada, pero cuando le decían que tenía que cargar con todo aquello durante treinta kilómetros "como mínimo" y después cavar los fosos, levantar los terraplenes y las empalizadas y montar las tiendas del campamento de marcha, creía estar soñando. Pero no era un sueño.
Marchas y más marchas cargados con cestos llenos de piedras conseguían que los pies se endurecieran como el acero y que los músculos de las piernas doblaran su tamaño. Y además de las marchas estaban los ejercicios obligatorios como montar a caballo, natación, etc.
No es extraño que las primeras semanas el valetudinarium (hospital) del cuartel estuviera siempre lleno de reclutas quejándose de ampollas y dolores musculares, aunque lo que de verdad funcionaban en estos casos eran los remedios caseros de los veteranos que los novatos se apresuraban a aplicarse con gran alivio.
Cada día antes de salir el sol las trompetas tocaban diana y la legión se ponía en marcha. Los barracones debían quedar impecables para la inspección y tras ella, los legionarios desayunaban para después preparar su equipo e iniciar una nueva jornada de caminatas y más caminatas.
Una pausa para comer y de vuelta al trabajo a ensayar una y mil veces aquellas complicadas maniobras que convertían a una serie de manípulos en una línea de batalla infranqueable.
Tras la jornada agotadora, los legionarios se dirigían a los barracones de baño donde se bañaban y sudaban impurezas y después cenaban y se dirigían a los barracones a jugar a los dados o a escribir cartas hasta la hora de dormir.
Las primeras semanas los médicos de la legión tenían mucho trabajo, ya que tenían que "reparar" a los reclutas "dañados" por las ampollas, los calambres y las contusiones y certificar las bajas de aquellos que a pesar de sus esfuerzos no conseguían mantener el nivel y debían abandonar aún antes de que comenzara el entrenamiento con armas, el punto ansiado por todos los reclutas. Que sin embargo se llevaban una sorpresa al ver que el día fijado para el primer entrenamiento con armas se les entregaban escudos y espadas de madera maciza terriblemente pesadas.
"¡A entrenarse, reclutas!" gritaba el centurión con su voz ronca y todos comenzaban a entrenarse siguiendo las órdenes de los instructores. Primero atacaban postes de madera clavados en el suelo y de vez en cuando el curtido sarmiento de vid del centurión se clavaba en el vientre de un recluta que caía retorciéndose de dolor mientras el centurión gritaba:
-¡Lo próximo que te golpee las tripas puede ser una espada germana! ¡Protege el cuerpo con el escudo! ¡No muevas el escudo, mueve la espada!
Cuando los reclutas habían aprendido los rudimentos del ataque y la defensa contra los postes tras agotadoras jornadas, los instructores les hacían combatir por parejas intercambiándolos entre sí.
Y más agotadoras jornadas sin pausa, semanas, meses enteros hasta que por fin los legionarios eran autorizados a entrenarse con armas de verdad. Y les impresionaba, porque las de verdad pesaban la mitad que las de mentira, todo calculado para que en esos meses los brazos se acostumbraran a manejar el doble de peso que el de las armas reales que ahora parecían ligeras.
-¡Este es el gladius hispaniensis! -gritaba el centurión frente a ellos blandiendo su espada española de empuñadura de marfil y adornos dorados- ¡Una espada diabólica inventada por esos diablos de Hispania! ¡El arma que más romanos ha matado en toda nuestra historia! ¡Pero ahora somos nosotros quienes la usamos!
Y los reclutas aprendían a manejar aquella espada española corta, de doble filo y punta impresionante, y aprendían a atacar para atravesar a su adversario sin desguarnecer su cuerpo, siempre protegido por el escudo. Y así se habían convertido en auténticas máquinas de picar carne, en legionarios de Roma.
La vida del legionario
El alojamiento
Cada legión tenía su campamento fijo, pero podía pasar mucho tiempo en otros lugares. Los campamentos de marcha eran ocupados por interminables hileras de tiendas de cuero ya que era necesario montarlo y desmontarlo cada día, pero cuando la legión de disponía a pasar una temporada en un lugar determinado se construía un campamento semipermanente a base de empalizadas y barracones de madera que los legionarios procuraban hacer lo más confortables posibles.
Si la legión permanecía allí años la madera acababa pudriéndose y se levantaban barracones nuevos de ladrillo, verdaderas ciudades en miniatura con todas las comodidades posibles como baños e incluso anfiteatros, ya que alrededor de estos campamentos permanentes no tardaban en crecer verdaderas ciudades como es el caso de León y tantas otras.
El tiempo libre
Los reclutas debían hacer instrucción dos veces al día, los veteranos sólo una, por eso los veteranos disponían de más tiempo libre que ocupaban en haraganear por las calles, en jugar, en trapichear con algún barril de vino "extraviado" del depósito de la legión o en ocuparse de alguna dama necesitada...
Los legionarios profesionales tenían prohibido casarse mientras durara su servicio de veinte años, pero en las legiones acantonadas de guarnición permanente se solía hacer la vista gorda, ya que era frecuente que los legionarios, si bien no podían casarse "legalmente", se arrejuntaban creando familias estables que tras el licenciamiento se legalizaban. De esta forma, los hijos de un legionario romano y una hispana o una gala o una griega que no poseyera la nacionalidad romana, al casarse legalmente con el legionario obtenían automáticamente la ciudadanía de pleno derecho y podían así alistarse en las legiones siguiendo los pasos de sus padres. Este sistema fue uno de los que más aportó al esfuerzo romanizador.
La comida
La comida de los legionarios se acomodaba al lugar en el que prestaran servicio. Siempre había un elemento básico: el trigo, que era recibido por cada contubernium para ser preparado en panes o tortas, y después lo que diera la tierra.
Por ejemplo, en España, tierra de abundantes huertas, los legionarios romanos inventaron el famoso Gazpacho, a base de productos hortícolas aborígenes a los que tras el descubrimiento de América se añadieron otros.
El gazpacho actual a base de tomates, pepinos, pan, pimientos, cebollas, etc. todo ello bien triturado hasta convertirse en una especie de sopa espesa de color naranja es hoy uno de los platos nacionales de España y una auténtica maravilla gastronómica. Pero en sus orígenes fue un típico "plato militar a base de mezclar todo lo mezclable" que hoy sigue haciendo las delicias de los españoles en verano.
Como en España abundaba la caza, los legionarios que allí sirvieron tuvieron un menú bien surtido a base de liebres, conejos, corzos, gamos, venados, jabalíes, etc. Cada legión de guarnición se encargaba de comprar los suministros que podían encontrarse en la zona, y si se estaba en una zona gastronómicamente privilegiada entonces se comía bien.
La sanidad
El mundo romano era un "mundo limpio"... al menos teóricamente. Los acueductos, las termas, las fuentes que plagaban el Imperio dan fe de ello. Evidentemente, había zonas más saneadas que otras y zonas que parecían vertederos dentro de la misma ciudad de Roma, pero el agua corriente y la higiene personal, verdadera obsesión de los romanos, hicieron de Roma un mundo mucho más saneado que los anteriores y los posteriores.
El desarrollo tecnológico conseguido por Roma, un desarrollo que no sería alcanzado hasta las postrimerías de la Edad Media, posibilitó el avance de la medicina. Baste señalar que para tratar la peste, los médicos romanos aplicaban tratamientos de desinfección mientras que en el siglo XIV se ponían caretas para tratar de "asustar" a la enfermedad.
Sin antibióticos ni otros adelantos, la medicina romana, heredera directa de la medicina griega que es la gran medicina de la Edad Antigua, consiguió grandes logros gracias a un factor fundamental: la trasmisión de los conocimientos a través de las obras escritas. Gracias a esto las obras científicas fueron recopilándose en las bibliotecas al alcance de todos, mientras que en la Edad Media la mayoría de las obras escritas desapareció y las pocas que quedaron se salvaron gracias a que los monjes las copiaron y guardaron celosamente en los monasterios.
El Mundo Romano sirvió como grandiosa correa de trasmisión de la cultura clásica, y gracias a ello, un médico tenía a su alcance consultar obras escritas cinco siglos antes, lo que fue de enorme ayuda para tratar las dolencias, a base de experiencia.
La sanidad militar romana fue la más eficaz de la Historia.
En cada campamento permanente romano había un gran edificio, el valetudinarium u hospital, donde los médicos militares trataban las dolencias de la guarnición. Los instrumentos encontrados en las excavaciones tienen una similitud prácticamente exacta con los usados hasta hoy día, lo que indica el alto grado de perfección conseguido por la sanidad militar romana.
El salario
El ejército romano era un ejército bien pagado comparado con otros ejércitos incluso de nuestros días.
El salario de los soldados romanos en la época de la muerte de César-principios del Imperio era aproximadamente el siguiente:
Graduación
Denarios
Legionario
225
Pretoriano
500
Centurión
1.250 / 2.500
Primi Ordines
5.000
Tribunus semestris
12.500
Tribunus laticlavius
30.000 / 50.000
Tribunus angusticlavius
25.000
Praefectus castrorum
30.000
Praefectus alae
25.000 / 30.000
Tribunus cohors urbanae
50.000
Tribunus cohors praetoriae
50.000 / 75.000
Primus Pilum iterus
50.000 / 75.000
Además del salario, el legionario recibía extras como donaciones o partes de botín, premios en metálico, etc. La mitad de estos extras eran depositados obligatoriamente en la caja de la legión, en una cuenta que debía servir para pagar sus honras fúnebres en caso de muerte o para asegurarles el retiro al licenciarse.
El campamento
Uno de los apartados más sorprendentes del sistema militar romano es el campamento. Los romanos articulaban toda su estrategia en base a los campamentos fortificados que albergaban sus legiones.
Sus campamentos de invierno o en época de paz eran semipermanentes, construidos de madera y argamasa si eran campamentos eventuales o de piedra si eran campamentos permanentes.
Muchos de estos campamentos crecieron hasta convertirse en ciudades, como por ejemplo la española León.
Pero lo verdaderamente sorprendente eran los campamentos que los legionarios construían al final de cada marcha de 30 kilómetros o más. Un completo campamento fortificado que era destruido al día siguiente, antes de volver a iniciar la marcha.
Así es como los legionarios construían sus campamentos:
En primer lugar se buscaba el lugar ideal. A ser posible una gran llanura con agua cerca. En segundo lugar, un centurión experto en topografía trazaba el rectángulo perfecto (si era posible por el terreno) que habría de contener el campamento ayudado por un instrumento topográfico llamado groma (en la imagen de arriba) y marcaba con lanzas la posición de las tres avenidas principales del campamento. Ilustración por Peter Connolly.
Una parte del ejército se colocaba en línea de batalla frente a la zona por la que podría aparecer el enemigo mientras la otra mitad de los legionarios cavaban un foso (fosa) de 4 metros de ancho y tres de profundidad con forma de V. La tierra extraída del foso era apilada formando un terraplén (agger) cubierto en su parte frontal por porciones de tierra con hierba, ya que así permanecería compacto, formando así el famoso aggeret fossa. Ilustración por Peter Connolly.
Había tres tipos principales de campamentos de campaña. Ilustración por Peter Connolly.
El primero es el campamento de marcha en una zona segura, con un pequeño foso y terraplén.
El segundo es un campamento de marcha frente al enemigo. El foso y el terraplén se han agrandado.
El tercero es un campamento de asedio prolongado con murallas formadas por dos muros de piedra con el espacio interior relleno de cascotes. Este fue el tipo de campamento construido por Escipión en el asedio de Numancia, donde se destacó el joven Mario.
Una vez levantado el terraplén, los legionarios clavaban en lo alto las estacas que llevaban atándolas entre sí, formando una sólida empalizada.
A medida que eran levantadas las defensas, las unidades iban entrando en el campamento y montando las tiendas ordenadamente. Cada tienda se montaba siempre en el mismo lugar como si de una ciudad se tratara, con calles y plazas. Cada ocho legionarios tenían una tienda de cuatro plazas, ya que la mitad del ejército siempre estaba de guardia. Las tiendas se montaban dejando un espacio con el terraplén de unos 30 metros para mantenerlas alejadas de proyectiles lanzados desde el exterior. Ilustración por Peter Connolly.
Así defendían los legionarios las empalizadas llegada la ocasión. Aunque los romanos seguían al pie de la letra la máxima espartana "Que sean los hombres los que defiendan a los muros y no los muros los que defiendan a los hombres". La ventaja táctica de las legiones estaba en el combate en campo abierto, aunque estos campamentos les proporcionaban una seguridad que no conoció ningún otro ejército en campaña en la Antigüedad o en la Edad Media.
Campamento para una legión
El campamento tenía forma rectangular, con cuatro puertas.
El campamento estaba cruzado por cuatro grandes avenidas que delimitaban los espacios internos: Via Praetoria, Via Principalis yVia Quintana y Via Decumana.
Coloreados en rosa, verde y azul los tres manípulos que formaban una cohorte permiten distinguir mejor cómo se colocaban las tiendas de campaña.
Los manípulos se disponían de esta forma: las diez tiendas de cada centuria (en color marrón) formaban filas paralelas a la Vía Praetoria, que era el eje longitudinal del campamento, con la tienda del centurión (en color rojo) en el extremo.
Al fondo se cercaba un espacio para las veinte mulas del manípulo y entre las tiendas de cada centuria quedaba una espacie de patio que se utilizaba para los menesteres de los legionarios. Polibio resalta que en caso de necesidad, los legionarios podían salir del campamento o acudir a la empalizada rápidamente, ya que las salidas de los espacios de cada manípulo siempre estaban orientadas hacia una de las grandes vías, tal y como vemos en el dibujo.
Un campamento romano podía albergar una cohorte, una legión o un ejército entero, dependiendo de su tamaño. Si el campamento era montado para permanecer por tiempo indefinido se sustituían las tiendas por barracones y la empalizada de estacas por una de troncos, además se construía un Valetudinarium u hospital e instalaciones como talleres, carpinterías, herrerías, establos, etc. y se mejoraban las defensas con torres de dos o tres pisos en las esquinas y lugares estratégicos. Si el campamento a construir fuera a ser permanente toda la estructura, edificios y murallas serían de obra a base de piedra, ladrillos, argamasa, etc.
En el año 70 d.C el emperador Vespasiano desmontó el dispositivo militar romano en España. La Península Ibérica, que había resistido durante dos siglos la conquista romana, se había adaptado perfectamente a la nueva situación (los romanos decían que los españoles habían sido los primeros en ser invadidos y los últimos en ser conquistados) consiguiendo un altísimo grado de romanización.
Por toda Europa, África y Asia hay decenas y decenas de ciudades surgidas de un campamento romano. Casi todas ellas aún conservan en sus milenarios trazados las vías que marcaron su urbanismo. El legado de Roma es un legado eterno, atemporal, muchas veces invisible a nuestros ojos, pero siempre presente hasta en la forma de una calle o la ubicación de una plaza.
Armamento Legion romano gladius legionario
Al entrar en la legión, juraba obedecer a su general, seguirle por dondequiera le condujese, y permanecer debajo de la bandera mientras no fuese relevado de su juramento a. El juramento lo prestaban solemnemente, en presencia del cónsul, los oficiales, tribunos y centuriones; después se daba lectura de él, a los soldados, y llamado cada uno por su apellido. Roma debió su grandeza a las cualidades excepcionales de sus primeros soldados.
El soldado romano confiaba en sus jefes, perseveraba en el esfuerzo y estaba dispuesto siempre a hacer todos los sacrificios que exigía la grandeza de su patria. Los reveses no le desanimaban, y la energía patriótica del romano fue causa de que sus enemigos lo admirasen. Estaba sujeto además por el vinculo del juramento.
Uno de sus principales atributos, ya que muchas veces se enfrentaban con ejércitos mayores y mejor equipados, era el de formar parte de un cuerpo sumamente disciplinado y en constante entrenamiento, tanto para poder efectuar maniobras militares en forma precisa y exacta, como la famosa tortuga o testudo, como para trabajar en obras de ingeniería militar (construcción de campamentos, murallas y fortalezas) y obras públicas (caminos, puentes y acueductos).
Se dice que los legionarios manejaban la pala y el pico tan bien como la lanza y la espada. Además eran tan sobrios como infatigables andadores y excelentes guerreros.
El soldado romano era, en general, un hombre grueso y robusto, que los trabajos del campo hablan endurecido al trabajo. No se admitían además en el ejército sino a hombres cuya robustez fuese probada, y el consejo de revisión que seguía al enganche, era extremadamente severo.
Los soldados romanos mostraron notable resistencia en las fatigas del servicio. Hacían, marchas de 8 a 32 kilómetros, con una carga de 60 libras romanas, casi unos 20 kilogramos. Cada hombre llevaba en marcha, además de sus armas, diversos utensilios hacha, pala, azadón, y quince días de víveres. Esta carga la llevaban en el hombro derecho, atada a una percha. Una vez llegados a la etapa, los soldados debían fortificar el lugar antes de darse al descanso.
EQUIPAMIENTO
El legionario estaba generalmente armado con dos jabalinas (pilum), una pesada y otra ligera, una espada (gladius) y un puñal (pugio). Para su protección portaba un casco (cassis o galea), una armadura de anillas (lorica hamata), placas (lorica segmentata) o escamas (lorica squamata) y un escudo rectangular (scutum) que lleva una protección metálica o bloca para la posición de la mano.
Completaban su equipamiento un par de sandalias (caligae), un cinturón de guerra (baletus o cingulum militare), un pañuelo y túnica roja a modo de uniforme debajo de la armadura (focale y tunica) y una mochila (sarcina).
Cingulum
Caligae
GLADIUS
El Gladius no sólo fue la espada legionaria, también fue una espada legendaria. Se cree que es el arma que mas muertes ha causado en toda la historia.
El gladius es una espada excelente para formaciones compactas. Su cruce de hoja romboide le daba una estabilidad óptima para ser alineada con el codo y el hombro en un ángulo de 90 grados, correr el largo escudo -Scutum-, y provocar una herida perforante en el abdomen del enemigo, que en la gran mayoría de los casos si no mataba instantáneamente lo hacía posteriormente. Su tamaño, de unos 60 centímetros, la hacía ideal para esta tarea. En si la ventaja táctica de no estaba, enteramente, en la destreza personal del combatiente. Sino en la disciplina de la fila de hombres. Cuyo ataque primario consistía en protegerse de forma mutua con sus escudos y, corriendo éstos ligeramente para crear una diminuta abertura, apuñalar a sus contrincantes. Dicha estrategia los hacía no sólo mortales sino que también les otorgaba una defensa superior.
Sin embargo decir que la gladius era útil sólo en combate cerrado sería una injusticia para con tan formidable pieza bélica. Esta no sólo era útil en el ataque de perforación. Por ejemplo si ocurría un flanqueo por parte del enemigo y la estructura compacta de la cohorte se veía comprometida, la gladius servía perfectamente como una espada de lucha y corte, dándole así al legionario la oportunidad de seguir combatiendo, eficientemente, en caso de que las cosas no resultaran como el General o Centurión lo desearan.
La hoja de la gladius era su principal y más importante ventaja. Su diseño variaba dependiendo del tipo de gladius pero mantenía una línea general. Veamos sus características principales:
- De unos 60 centímetros de largo
- Hecha de hierro tratado por carbunización -como la galvanización actual pero con carbón-
- Hoja de doble filo, de cruce de hoja romboide. Esto la hacía un poco más pesada pero le daba la estabilidad necesaria para un ataque alineado con el codo
- Diseñada para perforar. Pero Además era eficiente en combate cortante
- Recta y ancha, pero esto variaba dependiendo del tipo. Algunas gladius tenían su hoja acinturada
- Punta en V alargada, esta era su principal característica de perforación. El largo de la punta le otorgaba menor superficie de contacto y por ende menor roce. Ideal para traspasar una cota de mallas o un escudo de madera.
El gladius era llevado en la cintura del lado derecho por los legionarios y a la izquierda por los centuriones.
Variantes del Gladius
De izquierda a derecha: Mainz, Fulham y dos Pompeii.
Pugio y Gladius
PUGIO
El pugio era una especie de cuchillo largo o espada corta que los legionarios romanos tomaron prestado, al igual que el gladius, de las tropas hispanas contra las que combatieron durante dos siglos. Generalmente tenía una hoja ancha y con forma de hoja, de unos 20 o 25 cms. de largo por un mínimo de 5 cms. de ancho, con un refuerzo central elevado a todo lo largo de la hoja. La espiga era ancha y plana y la empuñadura, que montaba un poco sobre el final de la hoja, estaba remachada a su través.
A partir del año 50 d.C. aparecieron modelos con la espiga redonda y una empuñadura que ya no se remachaba a través. La apariencia externa no cambió demasiado aunque algunos modelos tenían una hoja más estrecha, sin “cintura” central y casi sin refuerzo.
La empuñadura tuvo siempre una forma similar. Copiada de los puñales biglobulares hispanos, estaba construída con dos capas de cuerno o madera rodeando la espiga que a su vez estaban cubiertas por dos capas finas de metal, casi siempre hierro.
SCUTUM
Los scuta (en plural) rectangulares, que generalmente eran convexos, eran construidos principalmente a partir de tiras de madera superpuestas unas a otras y con las vetas dispuestas en direcciones opuestas, cubiertas con cuero. Esto supone que el escudo era muy resistente y, a la vez, lo suficientemente ligero (de entre 5,5 y 7,5 kg[2] ) como para ser transportado a lo largo de muy largas distancias.
Por otra parte, el revestimiento central del escudo (denominado umbo) estaba construido bien de una aleación de cobre o de hierro. Se utilizaba de forma ofensiva, siendo lo suficientemente pesado y denso como para aturdir o desplazar a un oponente, lo cual facilitaba al legionario el siguiente ataque con su gladius. Los legionarios solían avanzar de forma alterna con el scutum para luego, con el scutum ligermante alzado para bloquear al oponente, atacar con el gladius. Los bordes del escudo también se forraban de metal para mayor protección, pudiendo también ser usados de forma ofensiva.
La forma del scutum permitía las formaciones compactas de legionarios. Mediante este sistema, se superponían los escudos de forma que diesen una mayor protección contra las armas arrojadizas. De estas posibles formaciones, la más famosa es la formación en testudo, en la que los legionarios colocaban los escudos de frente y hacia arriba, consiguiendo protección también frente a proyectiles lanzados en tiro parabólico o desde lo alto (como por ejemplo flechas, o objetos lanzados desde defensores desde lo alto de las murallas).
En el siglo IV, ya con la decadencia del Imperio era extremadamente difícil rejuntar los medios, tanto económicos como profesionales, para construir armamento complejo. Razones por las que armaduras como la lorica segmentata y el scutum rectangular curvado fueron reemplazados por armamento más simple. Es así que comenzamos a ver escudos redondeados, de forma mucho más simple.
No obstante, también debemos considerar como una de las principales razones por la cual se abandonó el escudo rectangular el que a estas alturas la disciplina de los soldados, que en su mayoría eran mercenarios, era inexistente. La gran ventaja del escudo rectangular era la posibilidad de formar una pared contra el enemigo, ventaja que se perdía totalmente si los hombres no se mantenían en formación.
PILUM
El pilum pesado era un asta de madera a la que se le unía una vara metálica por medio de un remache, medía unos 120 cm., 60 la vara metálica. Así se conseguía que al clavarse en un escudo enemigo, el pilum se doblara, dejando inmanejable el escudo e impidiendo que los enemigos “devuelvan el favor” lanzando el pilum a las legiones. Los romanos también usaron alternativamente, el destemplado de la vara metálica para lograr este efecto. Además, servía para repararlos fácilmente después de cada batalla.
El pilum ligero era una jabalina de madera de mayor alcance, aunque de menor capacidad de penetración.
El pilum era lanzado desde unos 30 mts. en plena carga de la legión. La pequeña punta podía penetrar un escudo y herir al hombre que lo sujetaba, así como también podía penetrar ciertos tipos de armadura. Si se clavaba en un escudo, aunque no lo penetrase, el peso del pilum entorpecía el uso del escudo hasta el punto de inutilizarlo.
Durante al república, cada legionario cargaba con dos pila, uno ligero y otro pesado.En época imperial podemos ver ilustraciones de legionarios con un pilum o con dos, aunque al parecer eran iguales, había desaparecido la distinción entre ligeros y pesados.
LORICA SEGMENTATA
Utilizada por los legionarios Romanos desde finales del siglo I ac hasta mediados del siglo III ac, fue símbolo de la prosperidad del Imperio. Algo evidentemente notable al ver que su utilización no fue abandonada por falta de efectividad, sino por la decadencia de la economía Romana. De diseño modular y resistente, dicha armadura fue tan avanzada a su época que podemos rastrear su evolución incluso miles de años después. La armadura Italiana Anima, del siglo XVI, es su sucesora espiritual.
Sin embargo, y sorprendentemente, hoy en día el programa NATICK -el centro de estudios que implementa las últimas tecnologías de combate en los soldados Estadounidenses- se encuentra estudiando diseños futuros de armaduras corporales de estructura modular que, salvando las diferencias tecnológicas y de ingeniería, tienen de inspiracion a la lorica segmentata Romana.
Se tiene muy poca información sobre ésta armadura. Nuestras mayores fuentes son las esculturas y grabados, principalmente los de la Columna de Trajano, que nos permiten observar legiones de combatientes Romanos vistiendo ésta llamativa pieza de equipo. Sin embargo tan limitado es nuestro conocimiento que incluso desconocemos como los Romanos mismos la llamaban. La designación Lorica Segmentata nace, según creemos, en el siglo XVI y significa “armadura seccionada” haciendo referencia a sus características estructurales. Gracias a un meticuloso trabajo arqueológico hoy sabemos que sus inicios, al menos lo máximo que pudimos rastrear, datan aproximadamente del año 20 ac.
La ventaja de la lorica segmentada era su fácil desmonte. Desajustando los sujetadores internos era fácil apilar la armadura en cuatro secciones y empacarla para su transporte. De hecho se cree que éstas eran desensambladas durante la marcha de las legiones para facilitar su traslado. Su estructura principal consta de cuatro secciones: Una parte superior compuesta de dos secciones que cubrían los hombros y una parte inferior, también compuesta por dos secciones, que cubría el torso. Estas secciones, a su vez, estaban armadas, o compuestas, por bandas de hierro dobladas de tal manera que ofrecían una protección muy superior a cualquier cota de malla.
Las bandas metálicas que conformaban las diferentes secciones estaban sujetadas entre si mismas por un sistema de hebillas y tiras de cuero, algo que la convertía en una pieza extremadamente modular. Las bandas de las secciones que protegían los hombros eran situadas en posición vertical mientras que las del torso eran ubicadas horizontalmente. El cerramiento de la armadura, con respecto al cuerpo del legionario, se daba en un sistema de pliegues ubicados verticalmente uno en la parte delantera y trasera de la armadura. Los toques finales del ajuste se daban con una serie de broches, ganchos y hebillas de latón que variaban dependiendo del tipo de lorica.
Más allá de que visualmente puedan resultar aparatosas, las reconstrucciones de los reenactores -personas que se dedican fielmente a reconstruir equipos y representar eventos históricos con un gran nivel de detalle- demuestran que en realidad la lorica segmentata es una armadura mucho más flexible y cómoda de lo que parece visualmente.
CASSIS
Hay muchos tipos y variantes de cascos romanos, su diseño cambió significativamente a lo largo de la historia.
El casco imperial tipo gálico es el más popular y conocido; estaban construídos basicamente de hierro, con las protecciones para las orejas y decoraciones en latón, incluyendo pequeños rosetones decorativos en el casco y las carrilleras. Tenían un gancho destinado a fijar la cresta y a veces también una pieza rectangular en la parte superior con el mismo fin.
Todos los modelos iban acolchados por dentro, y tenían una correa que pasaba a través de una anilla sujeta a la aleta posterior, y llegaba hasta las aletas laterales donde se ataban bajo la barbilla. A finales del siglo I d.C. comienzan a aparecen algunos cascos con dos refuerzos de acero en forma de cruz como medida de protección contra las armas de los dácios (uno de lado a lado y otro de delate a atrás), este añadido en los primeros modelos es de manufactura tosca, pero posteriormente forma parte de la fabricación original.
Los centuriones llevaban en sus cascos unas crestas transversales (de oreja a oreja), sin embargo, no era común que los legionarios llevasen crestas, salvo tal vez en ocasiones especiales. Los tribunos y legados usaban penachos longitudinales.
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