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Decile No a la pedofilia: El caso Peter Malenchini

Offtopic11/8/2013
Decile No a la pedofilia: el caso Peter Malenchini





Hace 30 años Peter Malenchini (58, separado, 4 hijos) era el profesor de dibujo favorito de los alumnos del colegio San Juan El Precursor de San Isidro. Los conquistó, con carisma y aires de rebeldía, y abusó sexualmente de algunos de ellos. Hoy, 30 años después, los que se callaron están hablando Dicen que hay otras víctimas y que podrían aparecer algunas más recientes que agreguen al escrache público -el caso explotó con una cámara oculta organizada por la promoción ´76 del colegio en el programa Código Penal- una denuncia que logre una condena en la Justicia.




Es un día cualquiera de 1970. Las familias más tradicionales de San Isidro y sus buenos autos copan el largo y el ancho de la calle Anchorena al 400. Los 60 alumnos de sexto grado del Colegio San Juan El Precursor están saliendo con destino a Córdoba. Con sus mochilas a cuestas, las bolsas de dormir y las carpas apiladas en la vereda, van y vienen con una ansiedad desesperada. Están inquietos, pero no tanto por la tardanza del micro sino por el retraso del profesor de dibujo, quien con sus 25 años y aires de rebeldía cincela en cada uno la idea de vivir la experiencia de una semana de campamento como una auténtica aventura.

De repente alguien da la señal más esperada. Un rubiecito con flequillo sobre la frente levanta el dedo índice y grita: "¡Allá viene!" Todos quedan paralizados. Las miradas siguen a un Valiant 4 color té con leche que acaba de doblar en la esquina del colegio y busca un lugar donde estacionar. Un enjambre de chicos corre hacia el auto y se arremolina a su alrededor. El motor apaga su marcha, se abre la puerta y ahí está él, el profe de dibujo, el ídolo de todo el grado: Peter Malenchini. "¿Quiénes viajan con usted, profe?", se desespera uno de los chicos. Se hace un silencio. Todos desean ser uno de los afortunados, los elegidos para viajar con él en su Valiant, para compartir su carpa. Pero Malenchini -que mueve su pelo largo, ni engominado ni escondido debajo de la camisa como lo usa en clase- ya lo tiene decidido Y con su mano toca las cabezas de los dos "elegidos". El resto de los chicos deja escapar un suspiro de desilusión. Treinta años más tarde, descubrirán que fueron los verdaderos afortunados. Los elegidos de Peter Malenchini terminarían siendo sus primeras víctimas sexuales.

Dr. Jekyll y Mr. Hyde


"Un seductor nato. Un arrollador sexual". Es lo primero que dicen los que conocen de cerca a Peter Malenchini (su nombre legal es Pedro), 58 años, profesor de dibujo y artista plástico conocido en el ambiente de la farándula local y de Punta del Este. Uno de sus hermanos, Marcos Malenchini, también es famoso: es el dueño de una importante empresa de catering y del restaurante Puerto Malenchini en Puerto Madero.


Peter nació en 1946 y estudió en las escuelas nacionales de Bellas Artes Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón. Acuarelista de profesión, su especialidad es pintar desnudos. Y esto de desnudar gente, ya sea para sus retratos o sus fantasías sexuales, parece ser un tema recurrente en la vida de Malenchini. Ya en 1964, siendo manager de Los Cables Pelados, una banda de música beat compuesta por chicos de entre 10 y 15 años a la que Lito Nebbia le componía los temas, animó a los chicos a que se mostraran desnudos tapándose con las guitarras en la tapa del primer disco. Con el tiempo dejó de lado la música para dedicarse de lleno a la pintura. Fue así como en 1966 comenzó a dictar clases de dibujo en el colegio San Juan El Precursor, donde por su perfil de rebelde y su fama como amigo de Lito Nebbia se convirtió en el profesor más popular.



Allí mismo aprovechó sus dones carismáticos para cometer algunos de los abusos de los que hoy se lo acusa. Su centro de operaciones eran los campamentos: en el momento de la organización convencía a los chicos para juntar más dinero del necesario y -dicen quienes lo acusan- "se quedaba con el sobrante".




"Elegía a 'sus' ayudantes con quienes viajaba en su auto y compartía la carpa. Se duchaba con un grupo de cinco o seis a quienes terminaba manoseando -cuentan a Para Ti los ex alumnos del San Juan-. Para mantener ocultos sus delitos leía todas las cartas de los chicos y las que no le gustaba las filtraba". Juan Bancalari cuenta su propia experiencia: "Una vez les escribí a mis padres, desde un campamento en Córdoba, contándoles que la estaba pasando mal porque los extrañaba Esa carta nunca llegó a destino". "Rompía las cartas que no lo favorecían. Yo fui testigo de eso", cuenta P., otro de sus alumnos que fue manoseado y que prefiere no dar su nombre por su alto puesto de trabajo. "También adoctrinaba a los alumnos para que cuando se confesaran sólo dijeran que habían hechos 'cosas malas' sin especificar qué, dónde ni mucho menos con quién", contó otro ex alumno. Una de las aberraciones que hoy revelan quienes participaban en los campamentos es que "si nos suponía constipados, nos ponía en fila y nos colocaba supositorios", admite no sin vergüenza otra víctima.

Finalmente en 1975 sería por una diferencia de dinero en la liquidación de uno de los campamentos que las autoridades del colegio habrían decidido echarlo.

Fue en el San Juan El Precursor donde conoció a María Dahl Rocha, que por esa época era una lindísima catequista. "Cuando lo conocí Peter era un tipo simpático, agradable, muy trabajador. Todo un buscavidas", así lo describe Ernesto Dahl Rocha, su suegro. Y continúa diciendo: "No imaginé que era abusador. María nunca se quejó de él como padre. Sé que sigue manteniendo económicamente a sus hijos". María y Peter se casaron luego de dos años de noviazgo, cuando ella tenía 19. Tuvieron cuatro hijos -Lucía (29), quien acaba de tener un bebé, Mateo (27), Guido (22) y Pedro (21)- y se separaron hace doce años. Un familiar que no quiere que se dé a conocer su nombre contó a Para Ti que cuando María supo de los escraches comentó incrédula: "Peter puede ser cualquier cosa, menos un pedófilo". Hoy María es empleada de la conocida inmobiliaria Mieres Propiedades y se gana la vida vendiendo terrenos en countries y barrios privados de la zona norte.

El arte de manipular



La popularidad de Peter como profesor en el San Juan El Precursor no fue nada comparada con la que cobró enseñando pintura en su atelier de la calle Primera Junta en San Isidro, el único que había para chicos en esa época. Poco después, su fama aumentó al convertirse en uno de los personajes vip de las temporadas en Punta del Este. Dicen que Peter tenía montado allí un negocio inmobiliario. Tenía una galería en La Barra, llamada La casa de Peter Malenchini. Allí, alquilaba las paredes a las señoras "bien" de San Isidro que habían tomado lecciones con él. "Cobraba 3.000 dólares por metro de pared, sin importar la calidad de los cuadros expuestos", disparó un habitué de las galerías de arte esteñas y aseguró: "Peter era muy habilidoso para manipular la autoestima de estas mujeres, con las cuales, en su mayoría, habría mantenido relaciones sexuales". Así alimentó su fama de mujeriego. Armaba todo un show para la temporada, con lo cual se aseguraba los 40.000 dólares que dicen que se llevaba al terminar cada verano. "Hábil en la conquista de las mujeres y de los sponsors", lo describió otro allegado al artista. Siempre supo venderse bien y fue un genio en el arte de rodearse de modelos y de gente famosa: retrató a Valeria Mazza y a María Vázquez y les dio clases de pintura a Gerardo Romano, Susana Romero y Nicole Neumann. Pero este último verano no tuvo la suerte de siempre. El 9 de enero, cuando inauguró la Galería del Mar, no obtuvo buenos dividendos ya que, alertados por los últimos escraches, muchos artistas se negaron a darle dinero para exponer sus obras. Dicen que el último vernisagge que ofreció en Punta del Este fue un fracaso: sirvió pizza cortada en trocitos y vino de damajuana. Alejandro Rainieri, artista plástico y RRPP, que lo conoce desde hace diez años, es uno de los pocos que se anima a hablar bien de él: "es un buen profesional. Cuando comencé a pintar, me recomendó algunos talleres y me asesoró muy bien. Sabe mucho de pintura y es buen profesor". Pero la mayoría no opina lo mismo. "Tenía muy buena reputación en San Isidro. Todos querían estudiar con Peter Malenchini. Sin embargo, tiempo después, muchas de mis amigas que fueron al taller coincidieron en que era un degenerado", sostiene Baby Etchecopar, quien viene denunciándolo desde hace un tiempo en su programa de radio.

El último domicilio conocido de Peter Malenchini fue su casa-atelier de Córdoba 1154, Martínez, donde todos los miércoles a la noche daba clases de pintura. La misma que después del martes en que se conoció la cámara oculta parece abandonada. Al cierre de esta edición el prontuario de Malenchini seguía creciendo. Se dio a conocer que habría otra víctima: una alumna de su atelier a quien quince años atrás, cuando ella tenía 16, habría violada.

Operativo "escrache"


Jueves 29 de julio de 2004. Juan C. Bancalari recibe a Para Ti en su consultorio odontológico de la avenida Córdoba. Casado y padre de cuatro hijos de 13, 11, 9 y 6 años, es uno de los afortunados de aquel sexto grado del San Juan El Precursor promoción '76 que no fue abusado por Peter Malenchini. Sin embargo eligió ser parte del grupo que hizo la cámara oculta que el martes pasado Código Penal puso al aire. La pantalla del televisor mostraba a Malenchini confesando de qué manera había abusado de nueve víctimas. "Hoy tenemos a la víctima número diez. Otro egresado nos escribió un mail felicitándonos por el programa y contando que el también había sido abusado por Malenchini", cuenta. Y agrega: "Poco a poco se nos está dando lo que quería Charlie". Se refiere a Carlos Alberto Gontad, quien en una reunión de egresados en 2001, después de pedir silencio reveló su peor pesadilla, aquella que había callado durante más de 30 años: que el profesor que más adoraban en sexto y séptimo grado había abusado de él a los once y a los doce años. "Sus palabras nos cayeron como una bomba. Nos quedamos todos callados y a continuación, Charlie pidió a gritos: '¡Por favor, ayúdenme! Hagámosle algo a este h. de p. No puedo verlo más caminando tranquilo por las calles de San Isidro, exponiendo sus cuadros y saliendo en las revistas como si nada'". Gontad tuvo una vida dura y un final más que anunciado en enero de 2003. Y sigue contando: "El 13 de enero de 2003, Charlie murió y dos días más tarde, un diario publicó una nota sobre Peter Malenchini. Indignado comencé a mandar mails a todos diciéndoles que creía que en honor a nuestro amigo fallecido teníamos que hacer algo". Cuando Luis María "Tupa" Belgrano, otro de los compañeros del San Juan El Precursor, recibió el mail, decidió revelar también su verdad. Escribió los detalles de cómo Malenchini había abusado de él, cerró los ojos, clickeó send y envió el mail a todos sus compañeros. La actitud de "Tupa" sirvió para que apareciera una tercera víctima. La muerte de Charlie, la nota en el diario y el mail de Tupa fueron los disparadores para que el grupo se pusiera en acción. "Decidimos hacer un escrache porque sabíamos que a nivel judicial ya no se podía hacer nada. Pasados doce años después del hecho, era un delito prescripto. Un domingo a la noche salimos a empapelar las paredes de los colegios de San Isidro con carteles alertando a la gente sobre Malenchini", cuenta. También colgaron afiches en la puerta de su atelier en San Isidro y en La Plantación, el vivero que está sobre Panamericana donde él daba clases de pintura. "Estos escraches despertaron la ira de los hijos de Malenchini, quienes nos amenazaron por teléfono y arrancaron todos los afiches. En ese momento, el grupo se dividió entre los que se animaban a seguir y los que querían abandonar el operativo. Nos llamamos 'los halcones' y 'las palomas'. Otto Kexel, Roberto Aulet, Diego Gil, Tupa Belgrano, Guillermo De Cortez y yo decidimos seguir adelante y escracharlo en Punta del Este, donde este señor tiene armado su negocio", relata Bancalari. Como sabían que el Banco Galicia era uno de los sponsors de Malenchini en Punta del Este, se encargaron de que un gerente de esa entidad bancaria se enterara de que el artista era un abusador. "¿El resultado? le quitaron el apoyo publicitario y como consecuencia de esto a Malenchini no le fue bien este último verano", aclara. Por otra parte se aliaron a Elvira Tilia Chapo, una artista plástica muy vinculada con el ambiente cultural de San Isidro que se había enterado de abusos cometidos por Malenchini en su atelier y estaba dispuesta a boicotear su actividad artística. Poco después surgió la idea de preparar una cámara oculta con la gente de Código Penal (conducido por Rolando Graña y emitido por América). Antes, en junio decidieron hacer un nuevo escrache en la galería de la Recoleta donde el artista estaba exponiendo sus obras. Esto precipitó los hechos: Malenchini pidió reunirse con los abusados para pedirles perdón. "Habíamos hecho un pacto de no agredirlo para no truncar la cámara oculta. Pero todos teníamos ganas de trompearlo. Las víctimas pagaron con sus vidas. Treinta y cinco años es mucho tiempo para cargar semejante mochila. El poder de seducción de este tipo es tremendo. El abuso de menores es un disparo al alma, es un puñal clavado, un asesinato a la inocencia", explica. El martes que se emitió el programa, todo el grupo se reunió en la casa de Juan Bancalari. Tupa miró el programa abrazado a sus dos hijas, su mujer y su hermano Juan Carlos, también abusado y hoy sacerdote, jefe de Cáritas Posadas, Misiones. Al final se pusieron a llorar y la imagen fue tan fuerte que más compañeros se animaron a hablar. "Con lágrimas en los ojos, otros se unieron a Tupa y admitieron que también habían sido víctimas de Malenchini", contó a Para Ti Otto Kexel. Y concluye: "Yo no fui abusado por casualidad. Recuerdo que Malenchini siempre me invitaba, insistía en hacerme un retrato. Sé que a los que retrataba los terminaba desnudando. No sé por qué nunca se concretó ese encuentro conmigo. Algo me decía que no tenía que ir".







Abusos en silencio durante 25 años


Los ex alumnos de un colegio católico se reunieron durante años, pero sólo después del 25º aniversario surgió la historia del profesor que había violado a varios de ellos. Organizaron escraches hasta que el docente confesó su delito ante una cámara oculta.

Por Pedro Lipcovich
Durante un cuarto de siglo, bajo las cordiales reuniones de egresados de la promoción ’76 latía un silencio: por lo menos cuatro de los alumnos habían sido abusados por un profesor cuando tenían entre 10 y 12 años. Poco antes del 25º aniversario, uno de ellos habló ante sus compañeros y enseguida fueron varios más, y también de otras promociones. Los ex alumnos se organizaron: con la metodología del “escrache”, cercaron a su antiguo profesor –actualmente un reconocido artista plástico– hasta que él mismo pidió hablar con ellos. Pero llevaron a esa reunión una cámara oculta, ante la cual el profesor confesó su delito; la escena fue difundida anteanoche por el programa de televisión Código Penal. El profesor no es ya imputable ante la ley porque los delitos que confesó ya han prescripto; a tal respecto, el asesor legal del Consejo del Niño, el Adolescente y la Familia sostuvo que “este tipo de delitos ameritaría extender los plazos de prescripción, contándolos desde que la víctima tiene edad para presentarse ante la Justicia en forma independiente”.


En la reunión con sus ex alumnos, Peter Malenchini, de 58 años, trató de argumentar que él a su vez, cuando niño, había sido abusado “con violencia” y que “nunca lo relacioné pero..., en la terapia, eso sale...”. Uno de sus alumnos-víctimas, lapidario, le contestó desde otra posición ética: “Pese a lo que vos hiciste, yo no me cogí a ningún pendejo”. Y otro agregó: “Vos decís que fue sin violencia porque no nos pegaste, pero el dominio psicológico que tenías sobre nosotros era peor”. Y otro, o el mismo: “Eras nuestro ídolo, eso es lo terrible”. “Es que yo a ustedes los adoraba”, trató de restituirse el profesor. “¿¡Hacías eso porque nos adorabas!?”, lo refutaron.
“Toda mi vida me estuve diciendo: ‘¿Por qué no grité? ¿Por qué no se la mordí, no se la corté?’ No podía por la vergüenza, por la sumisión. Y porque yo te quería”, habló la víctima.
La historia que culminó en ese diálogo extraordinario había empezado más de 30 años atrás, cuando los hombres que finalmente arrinconaron al victimario tenían 10 u 11 años y estudiaban en el colegio San Juan el Precursor, de San Isidro, donde hicieron la primaria y la secundaria. Como suele suceder, “nos reunimos cuando se cumplieron diez años de egresados; después, cuando se cumplieron 20, fuimos al campo de uno de los chicos, y para los 25 años, en 2002, planeábamos pasar juntos un fin de semana en Colonia”, contó Otto Kexel, uno de los compañeros.
Quizá la excursión a Colonia se parecía demasiado a esos campamentos que había organizado Malenchini. El hecho fue que, en la reunión preparatoria del viaje, uno de ellos –“le decíamos Charlie; poco después murió”– les dijo que necesitaba contarles algo. Lo que reveló se llama abuso sexual incluida violación.
“Empezamos a juntarnos a hablar del tema: apareció una segunda víctima, y otra; empezaron a llegar llamados telefónicos, mails.” Decidieron actuar. Pronto supieron que el delito ya había prescripto para la Justicia (ver más abajo) y decidieron propiciar la condena social del abusador. “Hace un año y medio hicimos una pegada de afiches cerca de los colegios de zona norte: San Isidro, Beccar, Punta Chica: ‘Malenchini, abusador de menores’, decían.” El colegio San Juan el Precursor, católico, es de los conocidos y caros en la zona.
La acción colectiva de los ex alumnos continuó con un método popularizado por la organización HIJOS de desaparecidos: el escrache. Lo hicieron en mayo de este año en Galería de la Recoleta, donde el ex profesor exponía sus acuarelas. Peter Malenchini es un destacado artista plástico, que desde 1972 realizó más de 30 muestras personales en la Argentina y el exterior.
“A partir de nuestros afiches, él ya se sentía perseguido porque nos empezó a llamar por teléfono; quería reunirse con nosotros –siguió contando Kexel–. Aprovechando eso, nos conectamos con la gente de CódigoPenal y elaboramos una estrategia. Decidimos grabar la reunión con una cámara oculta y él mordió el anzuelo.”
Hasta el martes pasado, cuando se emitió el programa por Canal 2, la cantidad de víctimas reconocidas llegaba a ocho, “aunque ya sabíamos que había otros, que no terminaban de reconocerlo. Después de que apareció en la tele, empezaron a llamar más”, precisó Kexel, quien no se cuenta entre los abusados. Por lo menos cuatro eran de la misma división, “pero tiene que haber más, y hay también de otras promociones”, aseguró Kexel.
En cuanto a la prescripción del delito, el asesor legal del Consejo del Niño, el Adolescente y la Familia, Gustavo Gallo, recordó que “salvo los crímenes de lesa humanidad, que son imprescriptibles, los delitos tienen un lapso de prescripción: pasados más de diez años, probar estos ilícitos suele resultar difícil o imposible; y la seguridad jurídica se considera garantizada en tanto la ley otorga un tiempo amplio para efectuar la denuncia”.
“Sin embargo –estimó Gallo–, los delitos contra la integridad sexual o las privaciones ilegítimas de la libertad, tratándose de niños, son los únicos casos que ameritarían extender los plazos de prescripción. Porque la propia índole del delito puede implicar que el chico no esté en condiciones de denunciarlo; pueden pasar años sin contarlo a nadie o contándoselo a un adulto que no le cree. Podrían contarse los plazos de la prescripción sólo desde que el denunciante ha llegado a la edad que lo pone en condiciones de presentarse ante la Justicia de manera independiente.”


Encuentran al confeso artista pedófilo Peter Malenchini viviendo con un adolescente




El renombrado pintor Pedro Víctor “Peter” Malenchini, que hace algunos años reconoció públicamente haber abusado de sus alumnos de colegio, fue demorado por la policía luego de que se descubriera que vivía en su casa de Entre Ríos con un adolescente.



El artista, de 62 años, en 2004 fue escrachado públicamente por sus ex alumnos y reconoció frente a una cámara oculta que había abusado sexualmente de varios de ellos cuando tenían entre 10 y 12 años.


En esta oportunidad, Malenchini fue encontrado en el paraje rural Quebrachitos, en el departamento entrerriano de Victoria, donde la policía halló a un adolescente en el interior de su vivienda.



Por los antecedentes del artista, un medio radial alertó a las autoridades judiciales sobre el caso, por lo que el defensor de Pobres y Menores, Marcelo Balbi, y el fiscal Alejandro Calleja, dispusieron una comisión policial para identificar a los ocupantes de la casa.



Esta madrugada, un operativo terminó con el trasladado del pintor y del joven a la Jefatura Departamental. Si bien se comprobó que el chico recientemente cumplió 18 años, no tenía documentos, aunque las pericias médicas a las que fue sometido no presentaban signos de haber sufrido un abuso sexual.


Tras declarar ante el defensor, el joven fue trasladado a la ciudad de Concepción del Uruguay, donde trabaja su madre, y trascendió que de allí se iría a vivir a Misiones con otros familiares.


Luego de algunas horas, el artista quedó libre, aunque la Policía inició una investigación para determinar la razón por la que el joven vivía con él.





Según informó el diario Uno, ningún vecino de la zona sospechaba lo que sucedía dentro de la casa pintada de color rosado y ubicada sobre la intersección de los caminos vecinales que conducen a las localidades de Hernández y Aranguren.


De todas maneras, a algunos les llamó la atención que en oportunidades, el hombre se daba a conocer con otros apellidos. Incluso, según trascendió, incursionaría en las artes ocultas o al menos se dedicaría a tirar las cartas en su propio domicilio, cita el diario entrerriano.




En 2004, el reconocido acuarelista de 62 años admitió frente a las cámaras del programa de América "Código Penal" que en su juventud cometió aberraciones sexuales con sus alumnos de 10 y 12 años del colegio San Juan El Precursor, de la localidad bonaerense de San Isidro.


Sin embargo, la Justicia no lo pudo condenar, ya que las víctimas hicieron público el delito luego de 30 años de ocurrido, cuando el lapso para que prescribiera es de 10.


Vínculos entre un cura condenado y un profesor acusado de abusos


El sacerdote Mercau dijo a la Justicia que asistió a un taller de Peter Malenchini, denunciado por ex alumnos suyos en San Isidro


Al profesor de artes plásticas Peter Malenchini y al sacerdote José Antonio Mercau los une una imputación en común: ambos fueron acusados de haber abusado sexualmente de jóvenes a los que debían cuidar.

Hasta ayer, esa acusación era la única coincidencia que se sabía que tenían el ex docente de uno de los colegios más tradicionales de San Isidro y el cura que fue condenado a 14 años de prisión por haber abusado de tres chicos de entre 12 y 17 años en situación de calle, que estaban alojados en el hogar San Juan Diego, de Tigre.

Pero en las últimas horas se conoció un dato que demostraría que el profesor denunciado por los alumnos del colegio San Juan el Precursor y el sacerdote condenado coincidieron en lugar y tiempo.

Según consta en el informe elaborado por una de las psicólogas que debió entrevistar al sacerdote para determinar si correspondía concederle el beneficio de las salidas transitorias, Mercau le dijo que había participado de un taller del artista.

Si bien Mercau no aportó detalles de cuándo participó del taller y si alguna situación vivida durante aquellas clases de pintura influyó en que años después cometiera el mismo delito por el que fue denunciado su profesor, el dato revela un punto de contacto entre dos personas que resultaron protagonistas de escándalos por haber sido acusados de abusar de chicos que tenían a su cuidado.

Malenchini nunca fue condenado. Pero Mercau, sentenciado a 14 años de prisión, todavía sigue detenido debido a que un tribunal de San Isidro rechazó el pedido que hizo su defensa para que le otorguen las salidas transitorias.

En 2004, Malenchini fue denunciado por lo menos por nueve alumnos del colegio primario en el que dictaba las clases de artes plásticas. Debido a que habían pasado más de 20 años desde aquellos abusos, la causa penal nunca se impulsó porque había prescripto. Malenchini nunca fue sentenciado. Sin embargo, sufrió el escarnio público debido a que por lo menos cuatro de las víctimas relataron en un programa de televisión cómo el profesor al que ellos admiraban se habría convertido en su abusador. Lo filmaron con una cámara oculta cuando, interpelados por ellos, reconoció los hechos.

Mercau, en cambio, fue condenado por abusar de tres chicos de la calle a los que alojaba en el hogar que tenía a su cargo.

Ayer, el Tribunal Oral N° 7 de San Isidro, integrado por los jueces María Coelho, Mónica Tisato y Eduardo Lavenia, rechazó el pedido de la defensa para que le otorguen salidas transitorias al sacerdote. Tras esta resolución, el cura deberá seguir detenido en el penal de Campana.

Al dictar el fallo, los magistrados tuvieron en cuenta los informes elaborados por una perito psiquiatra y una psicóloga de la Asesoría Pericial del Departamento Judicial San Isidro, quienes sostuvieron que el sacerdote tenía una "endeble conciencia del delito" y que se había comprobado "la persistencia del trastorno psicopatológico".

Esto significa que, según las especialistas, en los siete años que el cura lleva detenido nada cambió en su estado psicológico.

Durante la audiencia que se realizó en los tribunales de San Isidro, el abogado defensor del sacerdote remarcó la necesidad de que se le otorgaran las salidas transitorias de la cárcel debido a que se había cumplido el plazo requerido por la ley de Ejecución Penal en virtud del objetivo resocializador que tiene el cumplimiento de toda condena.

El fiscal Luis Angelini se opuso al pedido del defensor y sostuvo que "algunas conclusiones específicas de los informes psicológicos y psiquiátricos pusieron de manifiesto tendencias a la impulsividad, indicadores de conflictos, conductas impulsivas y negación".

Si bien Mercau aceptó someterse a un tratamiento psicológico, la jueza Coelho sostuvo que "el Estado tiene la potestad para neutralizar los riesgos que pudieran entorpecer el desarrollo del proceso penal".

El sacerdote se comprometió a someterse a un tratamiento para tratar de curar sus trastornos psicológicos con el fin de mejorar su situación. Después de ese tratamiento será evaluado para establecer si aquellos impulsos desaparecieron.







Colegio San Juan El Precursor, encubrio durante años a sacerdote pederasta Peter Malenchini




Argentina. La época de la primaria y la secundaria, para la enorme mayoría de la personas, se asemeja a un baúl de recuerdos hermosos y llenos de de mucha importancia en vidas, pues desde ahí, es de donde se comienza a forjar la personalidad de cada individuo y por ende, ahí se forja el ciudadano a futuro.

Pues bien, hay un grupo de personas que pueden afirmar que su niñez, no es una etapa que quisieran recordar, y por el contrario, hoy, tratan de dar a conocer el dolor y las injusticias que cometieron hacia ellos, en este caso, un profesor de artes plásticas en el colegio Sn Juan El Precursor, quien abusara de ellos en "campamentos".

Cuenta Nicolás Cassese, ex alumno de ésta institución en su libro: "El secreto de Sn Isidro", que Peter Malenchini, quien de 1966 a 1975 abusó de por lo menos de nueve niños, entre ellos de dos hermanitos, quienes durante muchos años guardaron silencio, pues del colegio-uno de los de mayor prestigio en Argentina- no se podían dar a conocer este tipo de situaciones, no se podían revelar éstas cosas, que en realidad fueron la "piñata" de este pedófilo.

Cassese, asegura, que la dirección del colegio y los fundadores, que fueron Jorge Castagnet y Jorge Casaretto, así como el obispo Oscar Justo Laguna, habían sido las personas encargadas en encubrir los actos de Malenchini, que antes de acusarlo y denunciarlo ante las autoridades, simplemente durante nueve años (1966 a 1975) callaron los hechos y para esa fecha simplemente decidieron simplemente despedirlo.

Varios de los testimonios de las personas que son egresados hoy en día, revelan que Malenchini, realizaba campamentos, en donde, metía a los jovencitos en carpas, y ahí seleccionaba, y por medio de un par de cómplices, los llevaban a donde éste se encontraba y cometía las abominaciones que hizo en ellos, durante muchos años.

Cassese, narra todo este tipo de sucesos en su libro, y asegura que lo peor que se pudo hacer fue guardar silencio. Y las autoridades religiosas cometieron el error de procurar guardar todo entre "sus garras" y cuenta a modo de testimonio, que en una reunión de egresados, unos de los alumnos abusados, Carlos Gontad, mejor conocido como Charly, en plena reunión, rompió el silencio diciendo que Malenchini, abusó de él por mucho tiempo, y de su hermano y otros ( de los que él conocía) y que los fundadores del colegio, directores y más maestros, guardaron silencio y nunca hicieron nada.

Quiero apelar a tu razonamiento...considero que eres una persona inteligente, y conoces muy bien el discernir el bien y el mal. Quisiera hacerte una pregunta: ¿Vale más el prestigio, el buen nombre y los dogmas de la religión que el bien, la salud y la integridad de un niños o de muchos niños?

Yo eso no lo creo. Los colegios católicos deben cerrar, no sabemos cuantos casos de abuso sexual exactamente se han dado, y podrían aparecer muchos más cometidos por éste pedófilo, y simplemente estamos exponiendo un caso...¿Y LOS OTROS MILLONES DE CASOS DE ABUSO COMETIDOS POR SACERDOTES CATÓLICOS Y LAS AUTORIDADES QUE LOS ENCUBREN QUE SEDAN Y HAN DADO EN TODO EL MUNDO?






En el invierno de 2004 oí hablar de los abusos de Peter Malenchini. Roy me dijo que mirara Código Penal de Rolando Graña en el canal América, un típico programa policial de la Argentina que comenzaba a recuperarse luego de la convertibilidad.
Contaron la historia de una violación de menores en uno de los colegios caros de la Argentina, nuestro San Juan el Precursor en San Isidro. Peter Malenchini, pintor y profesor de plástica, había abusado de nueve niños en el primario desde 1966 hasta que lo echaron en 1975.
Conocí a Luis María, Tupa, Belgrano, de pelo largo, camisa blanca sin corbata, pantalones de trama oscura y anteojos de marco redondo a lo Lennon. Hablaba con palabras contundentes como protegiéndose de la gravedad de lo que decía.
- En un campamento. Iba el ómnibus con los chicos y después el auto de Malenchini manejado por otro profesor. Malenchini me hizo chuparle la pija. Yo no entendía nada pero lo amaba. Era un manipulador.
- ¿Fue la única vez? -preguntó Graña.
- Fue durante tres años. Otra vez estábamos en Miramar y él cayó con la mujer. A la noche me venía a buscar. Una locura sin límites.
Al lado de Tupa está su hermano, Juan Carlos Belgrano, Juanqui, de barba entrecana y traje oscuro, un sacerdote. Él también fue abusado.
- ¿Los violó? -pregunta Graña.
- Sí, sí.

Su hermano fue más medido:
- Más allá de penetrar o no penetrar, me decía: “Cuando te confieses decí que hiciste cosas malas”.
- Contar esto te puede traer problemas siendo sacerdote - dijo Graña.
- Creo que la verdad nos hace libres - respondió Juanqui.
Un abuso sexual convertido en un secreto construido entre muchos cómplices. Los afectados deciden decir la verdad con el telón de fondo de una sociedad católica y conservadora.
Lo que estaba viendo parecía un thriller psicológico de Hollywood, pero había ocurrido en mi infancia.
Conozco a Peter Malenchini, hace años que no lo veo, pero nuestras familias eran amigas y mamá fue testigo de su casamiento. Conozco a los hijos. La más grande tiene mi edad y coincidimos en las Fiestas.
No conocía a los Belgrano, eran de mi barrio, mi colegio. Mi abuelo fue uno de los fundadores del San Juan. Allí me había recibido, lo mismo que mis tíos y mis primos. Intuí que había una historia potente, más rica que el escándalo desatado en el barrio. Yo perdía el tiempo con biografías ajenas mientras tenía un drama que me pertenecía. ¿Y si cambiaba de proyecto?
Seguí viendo Código Penal. Los hermanos Belgrano contaban el abuso, la organización de los amigos y ex compañeros que cuando se enteraron, casi treinta años después, decidieron sacarlas a la luz.
Otto Kexel un abogado que va en colectivo a Tribunales con saco oscuro y corbata, los ojos claros, la cara redonda y el gesto serio. Otto cuenta que esto arrancó cuando uno de la camada de egresados en 1976 confesó que Malenchini lo había abusado entre los diez y los doce años. Se llamaba Carlos Gontad, Charly. En una fiesta para organizar el viaje de veinticinco años de egresados a Colonia, destapó el secreto. Los compañeros comenzaron a hablar y admitieron situaciones similares. Nueve blanquearon los abusos de Malenchini cuando rondaban los once años. Los delitos habían prescripto. El programa fue la forma de honrar la memoria de Charly y hacer justicia con Malenchini.
Además del testimonio de Otto, de otros compañeros y de los hermanos Belgrano, el programa de Graña contaba con la palabra de Malenchini en una conversación telefónica. “¿Creés que yo no estoy arrepentido, que no cambié de vida desde hace treinta años, que tienen derecho a destruir mi familia, mis hijos, que son todos tipos sanos? Me quieren matar. Ya estoy muerto, Juan. Deciles que se queden contentos”, dice. El llamado fue el intento de Malenchini por detener los escraches que Otto había comenzado a hacer contra él, con marchas y carteles que lo acusaban de violador.
Malenchini admitía los abusos. En blanco y negro y con el fondo de un restaurante, la confesión se grabó con dos cámaras ocultas. Una escondida en la corbata de Juan Bancalari. La segunda, en una agenda sobre la mesa. No se ven más rostros que el de Malenchini. Y se escuchan las voces de Otto, Tupa, Banca y dos o tres más.
Malenchini era una versión derrotada de la persona que había conocido en mi niñez.
-No es fácil vivir con esto. Hubiera preferido ser un asesino del Proceso. No quiero justificarme, porque si hubiera sido ustedes le hubiera cortado la pija a Peter. Lo hubiera matado.
-Hay víctimas que no se animan a sentarse acá - responde Otto.
-Yo creo que si yo hubiera seguido haciendo eso estaría en cana. Tuve relaciones homosexuales con él y con los demás chicos, pero jamás los penetré – dijo Malenchini señalando a Tupa. - No es fácil vivir así. Es una tragedia vivida con una culpa espantosa. Me da vergüenza mi nombre. Pusieron que yo hace treinta y cinco años que abuso. No es así. Nunca más volví a hacerlo.
-Pero hubo camadas anteriores y posteriores. Juanqui es cinco años más chico que nosotros -responde Otto.
-¿A quién querés pedir perdón? -interrumpe uno.
-A Tupa, a Charly, a Juanqui y no me acuerdo más.
-[Nombre ocultado] me dijo que te hizo una paja.
-No me acuerdo de eso.
A Tupa le tocó compartir una exposición de arte con Malenchini. Antes de la inauguración soñó que le decía delante de todos lo que le había hecho. Que él lo quería, que era su ídolo y lo había traicionado. En sus palabras no hay rabia sino el dolor de un chico lastimado.
-Me cuesta estar acá. No podía ni mirarte, temblaba cuando te vi ahí.
-Y no te acercaste.
-No tuve huevos, Tupa. Me moría de ganas de acercarme, de pedirte perdón, de decirte “Tupa, hablemos”.
-Eras la persona que yo más quería, el tipo que admiraba. ¿Entendés, boludo? Y vos me venís a romper el culo. Te cagaste en todo. Y mi viejo que te salió de garante y vos venías… Me acuerdo en Miramar, que estabas casado. Viniste por el fin de semana.
-Estaba enfermo, Tupa - balbucea Malenchini.
-Estaban mis viejos, mis hermanas. Y vos venías a romperme el culo. Estaban ellos al lado, boludo - sigue Tupa.
Luego de otro corte del programa en el que habla una psicóloga, la imagen vuelve a la cámara oculta con Malenchini.
-Yo tenía nueve o diez años cuando se estaba muriendo mi viejo y mi vieja nos mandó a lo de mi abuela. Y había un tipo que abusaba de mí todas las noches con violencia, por la fuerza. Nunca relacioné lo que me había pasado con lo que yo había hecho. Pero en la terapia eso sale - explica.
-Pero yo no me cogí a ningún pendejo - responde Tupa.
-Gracias a Dios - dice Malenchini.
-Decís que fue sin violencia porque no nos pegaste, pero el abuso, el dominio psicológico sobre nosotros era peor - le reprocha.
-Toda mi vida pensé: ¿Por qué no grité? ¿Por qué no se la comí, se la mordí, se la corté? No podía, no sé, por la vergüenza, la sumisión - dice Tupa.
-¿Te acordás de las cosas que hiciste? -le pregunta Otto.
-No me acuerdo.
-Cuando abusaste de Tupa en el auto fue igual - sigue Otto.
-Tampoco me acordaba de los abusos que sufrí yo cuando era chico.
-Cuando abusabas de mí, vos me contabas que a vos también te habían abusado - dice Tupa. Es mentira que no te acordabas, porque me lo contabas.
-Era un arma que te justificaba. Me envolvías con esa historia.
-Yo ni me acuerdo de que había pasado.
-Sí, a mí me lo contaste. Yo te quería, te quería, te quería. Eras nuestro ídolo, ¿sabías? Te admiraba. Eso era lo terrible.
-Yo los adoraba a todos.
-¿Nos hacías eso porque nos adorabas?
-Yo siempre me pregunté qué sería de la vida de ustedes. Soñé que entraban a mi casa y me cagaban a trompadas. A partir de los escraches ya no soy el mismo. Estoy hecho mierda psicológicamente, profesionalmente, económicamente. No sé qué hacer. Hasta que empezaron los escraches sentía que me lo merecía.
-¿Veinte años de cana hubieran sido mejor?
-Yo creo que hubieran sido mejor.
-¿Viste los códigos de la cárcel? -le dice Otto.
-Sí, hubiera merecido que me rompieran el culo, o que me mataran.
-Si esto hubiese pasado en Mataderos vos eras una media res, pero pasó en San Isidro, donde todo se tapa: “¡Ojo que no se diga, que no se sepa!”.
-Millones de veces pensé que debía suicidarme o desaparecer. No lo hice porque estaba iniciando una vida nueva y diferente. Tengo tres hijos varones. Viví toda mi vida como un obsesivo cuidándolos como si estuviera lleno de tipos como yo.
-¿Tus hijos saben la verdad?
-No, saben lo que ustedes pusieron. Nunca me animé a decirles la verdad porque no sé cómo decírselo.
-¿Estás dispuesto a contarles a tus hijos que abusaste de chicos? -le pregunta Otto.
-No los quiero destruir más. ¿Qué voy a ganar? Si ya perdí todo. Antes de contarles a mis hijos prefiero matarme.
-¿Sos un pedófilo?
-Cuando hice esas cosas obviamente sí.
-¿Sos consciente de que te cogías pendejos de diez, once, doce años?
-Soy consciente. Pero no entiendo por qué lo hacía.
-En la camada siguiente también abusaste de pibes.
-No me acuerdo.
-Yo hablo de desnudar, de tocarnos en los campamentos, en las duchas.
-¿En qué duchas? -pregunta Malenchini.

Fuente
Nicolás Cassese
El secreto de San Isidro
Una historia real
SUDAMERICANA - 10/2013





Esto no puede continuar, esto no puede seguir, y esto debe de acabar.






















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A TODOS MIS SEGUIDORES, LES DIGO: NO ES AL PEDO..GRACIAS POR ESTAR AHÍ!



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