Otro texto propio, escrito hace un par de días en Marbella, España.
En Silencio camino, y la sombra.
De vez en cuando, muy de vez en cuando, que aunque debería agrandar achica, aleja.
De vez en cuando camino sólo por el placer de caminar, camino solo y pienso, cuándo no.
En esos momentos, cuando logro escapar de las mil tentaciones del siglo maldito que me tocó vivir, siglo demasiado divertido, demasiado entretenido, cuando se me ocurre hacer algo productivo de mi vida, es decir: caminar a ningún lugar, en esos momentos abro una puerta.
Abro una puerta que la deja entrar, primero me abstraigo del derredor, pienso demasiado, siento una pesadez oscura, como una sutil ceguera en las comisuras exteriores de los ojos.
Siento que a fuerza de hablar internamente las palabras van cediendo terreno, se amontonan graves unas sobre otras, se vuelven masa, pierden el hilo y dejan de ser historia.
En estos momentos pasa a tomar posesión de mí la sombra, sombra que es mi equivalente, pero que no soy yo, por más oxímoron que sea esto.
Y la sombra, a diferencia de mí, puede mirar alrededor, esta bola masosa de palabras que perdieron el hilo conductor dejan la rendija exacta, ese pequeño agujerito que casi no existe, pero que al acercar el ojo se descubre como el objetivo perfecto, ese que te muestra el mundo en foco, nítido y con la luz justa.
Poseído por esta vieja amiga, yo veo, va, ella ve y yo veo lo que ella ve, un mundo acechante, un mundo que es como una selva en la que te espera agazapado un gran lobo blanco, listo para saltarte a la garganta en cuanto pases, sin notarlo, por su campo de acción.
Este lobo es, sin más metáforas para ocultarlo: un milagro.
Y la sombra lo espera, levanta un poco el mentón, ofrece su latido al lobo para recibirlo desprotejida.
Muchas veces sólo camino y espero, sin que nada suceda... pero otras, otras veces sucede todo cuanto la sombra desea, o, mejor dicho: sucede lo que yo sentía que la sombra esperaba, suceden milagros.
¡qué bellezas percibí en este estado! ¡qué regalos me ofreció el universo gracias a estarlo esperando!
A saber, precencié:
- Milsetecientastreintayocho Luciérnagas.
- Cuarentaytrés Estrellas fugáces.
- Ví la mar trece veces. (cuando es milagro es mujer)
- Siete Pelícanos en fila, surfeando.
- Cinco Mujeres, de frente.
- Una Araña con su bebé comiendo a su padre muerto.
- Cuatro ojos de cóndor que me miraban diciendo: te conozco. (y mi sombra resultó ser vieja amiga de ellos)
En estos momentos, creo que mi sombra se emociona por estar cerca de su cometido, o yo me emociono y la masa vuelve a tener hilo y el agujerito se pierde y las historias continúan su camino y yo vuelvo a ser yo y dejo de ser sombra (o la sombra deja de serme), y disfruto el milagro.
Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, la sombra vuelve, y de su expectativa puedo entender que lo que esperaba no era ese milagro, no era esa maravilla, ella sigue esperando.
Creo que espera el fin del mundo.
O un amor.
¡Espero que les haya gustado! Comenten, bardeen, pregunten lo que se les cante.
Otros Aportes:
En Silencio camino, y la sombra.
De vez en cuando, muy de vez en cuando, que aunque debería agrandar achica, aleja.
De vez en cuando camino sólo por el placer de caminar, camino solo y pienso, cuándo no.
En esos momentos, cuando logro escapar de las mil tentaciones del siglo maldito que me tocó vivir, siglo demasiado divertido, demasiado entretenido, cuando se me ocurre hacer algo productivo de mi vida, es decir: caminar a ningún lugar, en esos momentos abro una puerta.
Abro una puerta que la deja entrar, primero me abstraigo del derredor, pienso demasiado, siento una pesadez oscura, como una sutil ceguera en las comisuras exteriores de los ojos.
Siento que a fuerza de hablar internamente las palabras van cediendo terreno, se amontonan graves unas sobre otras, se vuelven masa, pierden el hilo y dejan de ser historia.
En estos momentos pasa a tomar posesión de mí la sombra, sombra que es mi equivalente, pero que no soy yo, por más oxímoron que sea esto.
Y la sombra, a diferencia de mí, puede mirar alrededor, esta bola masosa de palabras que perdieron el hilo conductor dejan la rendija exacta, ese pequeño agujerito que casi no existe, pero que al acercar el ojo se descubre como el objetivo perfecto, ese que te muestra el mundo en foco, nítido y con la luz justa.
Poseído por esta vieja amiga, yo veo, va, ella ve y yo veo lo que ella ve, un mundo acechante, un mundo que es como una selva en la que te espera agazapado un gran lobo blanco, listo para saltarte a la garganta en cuanto pases, sin notarlo, por su campo de acción.
Este lobo es, sin más metáforas para ocultarlo: un milagro.
Y la sombra lo espera, levanta un poco el mentón, ofrece su latido al lobo para recibirlo desprotejida.
Muchas veces sólo camino y espero, sin que nada suceda... pero otras, otras veces sucede todo cuanto la sombra desea, o, mejor dicho: sucede lo que yo sentía que la sombra esperaba, suceden milagros.
¡qué bellezas percibí en este estado! ¡qué regalos me ofreció el universo gracias a estarlo esperando!
A saber, precencié:
- Milsetecientastreintayocho Luciérnagas.
- Cuarentaytrés Estrellas fugáces.
- Ví la mar trece veces. (cuando es milagro es mujer)
- Siete Pelícanos en fila, surfeando.
- Cinco Mujeres, de frente.
- Una Araña con su bebé comiendo a su padre muerto.
- Cuatro ojos de cóndor que me miraban diciendo: te conozco. (y mi sombra resultó ser vieja amiga de ellos)
En estos momentos, creo que mi sombra se emociona por estar cerca de su cometido, o yo me emociono y la masa vuelve a tener hilo y el agujerito se pierde y las historias continúan su camino y yo vuelvo a ser yo y dejo de ser sombra (o la sombra deja de serme), y disfruto el milagro.
Pero de vez en cuando, muy de vez en cuando, la sombra vuelve, y de su expectativa puedo entender que lo que esperaba no era ese milagro, no era esa maravilla, ella sigue esperando.
Creo que espera el fin del mundo.
O un amor.
¡Espero que les haya gustado! Comenten, bardeen, pregunten lo que se les cante.
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