En la Ciudad llegó a haber más de 1.000 buzones; en éste momento solo quedan 144 y aún se usan para mandar cartas simples.

Oxidados, corroídos, con girones de afiches y restos de pegamento Lima, los buzones pertenecen al Estado Nacional y éste tiene injerencia sobre ellos a través del Correo Argentino. Hoy, la cifra de buzones en pie es un 36% menor a la de hace ocho años, cuando había 402.
Símbolo de una época en la que el correo era el principal medio de comunicación privada a distancia, los vecinos insisten en cuidar este patrimonio para mantener viva la memoria personal y colectiva.
Están deteriorados, son víctimas del vandalismo, y muy pocos se salvan gracias a la preocupación de grupos de vecinos.
Símbolo de una época en la que el correo era el principal medio de comunicación privada a distancia, los vecinos insisten en cuidar este patrimonio para mantener viva la memoria personal y colectiva.
Están deteriorados, son víctimas del vandalismo, y muy pocos se salvan gracias a la preocupación de grupos de vecinos.

El nivel de vandalismo que sufren los buzones es alto. La Comisión Nacional de Comunicaciones lo admite y advierte que por eso, aunque funcionan para el servicio de carta simple, no garantizan que estas puedan llegar al destinatario, por lo que la Secretaría de Espacio Público de la Ciudad aclaran que no está entre sus funciones mantenerlos porque dependen del Correo y no se los considera un obstáculo ni un peligro. Sí habilitan llamados al 147 y a los CGPC para recibir denuncias si atentan contra la seguridad.

Hace 25 años, cada buzón recibía unas 400 cartas por día; hace ocho, cerca de 10; hoy son muchos los que permanecen vacíos todo el tiempo. Solitarios espectadores del paso del tiempo, los buzones van desapareciendo de la escena Porteña, en la era de las comunicaciones electrónicas y satelitales, el buzón estoico en algunos lados, todavía da pelea.
