No quiero ofender a ningun Guatemalteco que lea este post, pero es una verdad que esta estancada en nuestro pais.
Alumno del pensador francés Alain Turaine, estudió Sociología Industrial en París.
Es uno de los más altos intelectuales con que cuenta Guatemala. Para él las causas del conflicto armado interno continúan vigentes.
Algo que, dicho por él, nos hace pensar y temer por el futuro de Guatemala. Los 10 años de la revolución (1944-1954) quedaron perdidos en la historia. La caída de Árbenz y el gobierno de Carlos Castillo Armas hizo que los logros que habíamos logrado se vinieran abajo. Quedamos, así, hundidos en “la impunidad y la ignorancia”. “La llegada de la liberación fue un retroceso y la guerra contribuyó a hacer creer que el que usaba la fuerza bruta es dueño de la razón”.
Al hablar sobre las próximas votaciones su opinión nos hunde en el desconsuelo porque expresa la verdad que se vive actualmente: ya son pocos los intelectuales de su talla que sobreviven. El caos y la ignorancia dominan.
Además nos sigue gobernando la misma clase dominante que, para colmo, se opone a algo necesario para nuestro desarrollo: la reforma fiscal. Y la inteligencia de esta clase es tan mediocre que no se pone a pensar que si el país tiene la oportunidad de cambiar las reglas del juego económico, esa misma clase saldría ganando.
¿Y qué hay de la juventud? Totalmente hundida en la ignorancia: “Al no educar ni enseñar la historia, se le sirve en bandeja de plata a la derecha el olvido”. Aun en las universidades se siguen ignorando los hechos históricos que dañaron tanto a Guatemala como el conflicto armado. Y quienes pudieran consultar libros que los instruyan, prefieren esos teléfonos móviles que cada vez atentan más contra el idioma por su afán de abreviación.
No es que yo esté en contra de la moderna tecnología, pero ésta no ayuda al desarrollo del lenguaje. Ello da como resultado un pueblo ignorante porque los pocos que tienen los bienes materiales en un país en donde priva la miseria no se dan cuenta de cuán importante es la lectura. La lectura de libros, claro está.
Guzmán Böckler habla también de “la agresión del narcotráfico”. Seguramente estaría de acuerdo en que la droga debiera liberarse. Que los que tienen el dinero y la quieren comprar, pues que lo hagan. Con eso se evitaría el “narcotráfico” y los muchos crímenes que hunden al mundo.
Claro que eso depende de los EE. UU., quienes la consumen a pesar de las restricciones. Problema de países ricos y de países pobres, pienso.
Pensadores y autores como Guzmán Böckler debieran ser escuchados y leídos. Es mucho lo que pueden enseñar en esta época de crisis, como lo han sido también las épocas anteriores.
Böckler no es un simple abogado y notario, es un pensador, un intelectual, un autor que aún le puede hacer mucho bien a Guatemala, si se le consultara con mayor frecuencia en los centros de estudio, sobre todo, universitarios. Pero aquellos que le temen por su talento e ideas aún siguen vigentes; además, son los dueños de la economía del país; por lo tanto, del poder.
A Böckler le benefició en mucho haber vivido en Francia y en Chile. Dentro de sus obras escritas destaca Guatemala: una interpretación histórica social.
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