Menos de 50.000 personas en el acto de Cristina Kirchner
Derrota absoluta para el Gobierno de los Kirchner y su absurda posicion respecto a las retenciones. No alcanzaron las dadivas, pasajes ni colectivos. Si no da el numero lo inventan: Continuando el intento de engañar al pueblo argentino, según los organizadores K –sin aval de la policía ni del INDEC- hubo 150.000 ciudadanos en el acto de Cristina Fernández en Salta. Vergonzoso: Diversas fuentes aclaran que los K no alcanzaron los 50.000, todos ellos, publico fruto del clientelismo politico financiado con nuestros impuestos.
Foto | Acto del campo en Rosario: Una multitud que fue estimada en 300.000 personas se reunió alrededor del monumento a la bandera
No fue lo más importante de este domingo, sino la percepción ineludible que se confirma una pulseada que es por algo más que por una medida técnica de la economía: es una puja profundamente política, que ha venido a poner en escena el mayor cuestionamiento masivo que se le haya hecho nunca a un gobierno en este caso entre comillas "democrático" desde 1983 a la fecha.
Los dirigentes agropecuarios lo sintetizaron en el acto, fundamentalmente en la voz del presidente de la Federación Agraria, cuando dijo, sin que le temblara la voz, que “es el gobierno de los Kirchner el que obstaculiza el desarrollo” del país. Nadie, ni siquiera los dirigentes políticos de la oposición, se había atrevido a decir tanto en un acto tan masivo.
El mensaje quedó sumamente claro: el lunes hay reunión de negociación. Si en esa reunión no se pone sobre la mesa una propuesta concreta que incluya una posibilidad de acuerdo, el paro del campo seguirá. No igual al que hubo, sino profundamente distinto: estará avalado por un nuevo “Rosariazo”.
Poco pudo contrarrestar el gobierno desde el acto en Salta. No solo se vio una convocatoria reducida, sino que desfilaron las mismas caras que la ciudadanía argentina no quisiera asociar a un gobierno, sea este o cualquier otro: Hugo Moyano, Luis D’Elía. Y hasta se registró la clásica, inevitable pelea, de los camioneros de Hugo Moyano con el resto de la humanidad para ocupar un lugar cercano al escenario. Pareciera esta una imagen de poderoso contenido simbólico: tal vez en los últimos años el sindicalismo lo único que ha hecho es pujar por un lugar cercano al escenario.
El discurso de la presidenta Cristina Fernández no fue de lo mejor de su repertorio. Acotada por la indudable debilidad (y desconcierto) actual del oficialismo, no hizo más que reiterar intenciones y convocar a un cada vez más improbable pacto del Bicentenario.
Se necesitarán algunas horas para digerir la significación profunda de lo ocurrido este domingo, Día de la Patria, en Argentina. No mucho más: todo es bastante elemental, hasta ingenuo.
Hay un gobierno que pretende persistir en su propia construcción política, una construcción que se ha transformado en un castillo que no lo deja ver el horizonte. Hay un sector social y económico de la Argentina, que ha tomado (como el gremialismo en los ’80) el desafío de encabezar la oposición. Y hay, fundamentalmente, una ciudadanía que deberá buscar afanosamente los cauces para expresar su respaldo a uno u otro.
Lo que sí es seguro, es que Argentina está –otra vez- partida en dos, sin razones inmediatas para ser una sola y armónica sociedad civilizada.
Y esto, hay que decirlo, no solo es lamentable, sino también peligroso.
Derrota absoluta para el Gobierno de los Kirchner y su absurda posicion respecto a las retenciones. No alcanzaron las dadivas, pasajes ni colectivos. Si no da el numero lo inventan: Continuando el intento de engañar al pueblo argentino, según los organizadores K –sin aval de la policía ni del INDEC- hubo 150.000 ciudadanos en el acto de Cristina Fernández en Salta. Vergonzoso: Diversas fuentes aclaran que los K no alcanzaron los 50.000, todos ellos, publico fruto del clientelismo politico financiado con nuestros impuestos.
Foto | Acto del campo en Rosario: Una multitud que fue estimada en 300.000 personas se reunió alrededor del monumento a la bandera
No fue lo más importante de este domingo, sino la percepción ineludible que se confirma una pulseada que es por algo más que por una medida técnica de la economía: es una puja profundamente política, que ha venido a poner en escena el mayor cuestionamiento masivo que se le haya hecho nunca a un gobierno en este caso entre comillas "democrático" desde 1983 a la fecha.
Los dirigentes agropecuarios lo sintetizaron en el acto, fundamentalmente en la voz del presidente de la Federación Agraria, cuando dijo, sin que le temblara la voz, que “es el gobierno de los Kirchner el que obstaculiza el desarrollo” del país. Nadie, ni siquiera los dirigentes políticos de la oposición, se había atrevido a decir tanto en un acto tan masivo.
El mensaje quedó sumamente claro: el lunes hay reunión de negociación. Si en esa reunión no se pone sobre la mesa una propuesta concreta que incluya una posibilidad de acuerdo, el paro del campo seguirá. No igual al que hubo, sino profundamente distinto: estará avalado por un nuevo “Rosariazo”.
Poco pudo contrarrestar el gobierno desde el acto en Salta. No solo se vio una convocatoria reducida, sino que desfilaron las mismas caras que la ciudadanía argentina no quisiera asociar a un gobierno, sea este o cualquier otro: Hugo Moyano, Luis D’Elía. Y hasta se registró la clásica, inevitable pelea, de los camioneros de Hugo Moyano con el resto de la humanidad para ocupar un lugar cercano al escenario. Pareciera esta una imagen de poderoso contenido simbólico: tal vez en los últimos años el sindicalismo lo único que ha hecho es pujar por un lugar cercano al escenario.
El discurso de la presidenta Cristina Fernández no fue de lo mejor de su repertorio. Acotada por la indudable debilidad (y desconcierto) actual del oficialismo, no hizo más que reiterar intenciones y convocar a un cada vez más improbable pacto del Bicentenario.
Se necesitarán algunas horas para digerir la significación profunda de lo ocurrido este domingo, Día de la Patria, en Argentina. No mucho más: todo es bastante elemental, hasta ingenuo.
Hay un gobierno que pretende persistir en su propia construcción política, una construcción que se ha transformado en un castillo que no lo deja ver el horizonte. Hay un sector social y económico de la Argentina, que ha tomado (como el gremialismo en los ’80) el desafío de encabezar la oposición. Y hay, fundamentalmente, una ciudadanía que deberá buscar afanosamente los cauces para expresar su respaldo a uno u otro.
Lo que sí es seguro, es que Argentina está –otra vez- partida en dos, sin razones inmediatas para ser una sola y armónica sociedad civilizada.
Y esto, hay que decirlo, no solo es lamentable, sino también peligroso.