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10 Curiosidades y soluciones rapidas

Info9/10/2011
10 Curiosidades y soluciones rapidas

*aclaro ayer subi uno, lo elimine, lo re-edite, y lo subo de nuevo, elimine el viejo.
Bueno taringueros les traigo una info util que consegui navegando por discovery
espero que les guste!




Enfriar rapidamente tus bebidas



Desde que el hombre descubrió que se podían conservar los alimentos, comenzó a emplear su ingenio para ponerlos al frío. Como el hecho de dejarlos a la intemperie no lograba más que cebar a los animales, en algún momento el ser humano decidió salir a buscar hielo o nieve de una montaña cercana para guardarla junto con la comida. Cuando pudo lograrlo en un recipiente más o menos aislado, comenzó a llamarse nevera, nombre que el sistema ha conservado… tal y como se conserva el frío.
  
  Hoy en día existen muchas maneras de bajar la temperatura de los alimentos. La primera razón es sanitaria. A menos de 5º centígrados las peligrosas bacterias no actúan (así como a más de 60º perecen). La denominada cadena de frío se ha vuelto imperativa. 
  
  A la vez, existen infinidad de bebidas que se disfrutan más a baja temperatura, desde la cerveza a las gaseosas pasando por los jugos de frutas, hasta la simple agua potable.
  
  Toda una serie de principios de física elemental rigen el proceso del enfriado, es decir, de reducción y mantenimiento de una temperatura inferior a la del medio ambiente. De todos ellos destacamos los siguientes:
  
  - Algunos elementos son mejores conductores térmicos que otros.
  El agua es mejor conductor que el aire; y el metal mejor que la madera o el plástico.
  
  - En realidad, producir frío no es otra cosa que quitar calor. Todo lo que absorba energía del entorno, como por ejemplo la sal, será útil para ello.
  
  - Una vez logrado el frío no hay que dejarlo escapar. Para ello se emplean materiales aislantes. Dicho de otra manera, lo contrario de los conductores térmicos.




Cómo eliminar malos olores





Nuestro olfato es capaz de percibir aproximadamente diez mil olores diferentes. Pero… ¿cómo conseguimos oler? De los cuerpos odoríferos (o sea, de los que emiten algún olor, que no son pocos) se desprenden minúsculas partículas que flotan en el aire que respiramos. Al inspirar, esas moléculas alcanzan nuestra mucosa olfativa. A través de células bien diferenciadas, la mucosa recibe los estímulos químicos y los convierte en cargas eléctricas para que nuestro cerebro pueda interpretarlos. El proceso es complejo e instantáneo. Ocurre incluso antes de que seamos conscientes de la presencia de un determinado olor.

Perfumes, aromas, fragancias, son palabras reservadas a las sensaciones olfativas que nos agradan. Pero… ¿qué hacer con las que nos disgustan? Muchos aromatizadores de ambiente actúan como agentes encubridores. Dicho de otra manera, simplemente ocultan el mal olor con otro agradable más potente. Su efecto es inmediato, aunque dura poco tiempo. Si lo que causa el mal olor no es eliminado, éste regresará.

Una solución más eficiente consiste en neutralizar los olores desagradables. Para ello contamos con sofisticados productos comerciales y trucos caseros muy eficaces. Absorber, encapsular o modificar las moléculas del mal olor son los caminos más usuales a tomar. Existen sustancias, como por ejemplo el carbón activo, que naturalmente absorben los olores. Otras sustancias actúan encapsulando, es decir, encerrando una a una las partículas que huelen mal. Un recurso aún más sutil consiste en modificar las moléculas del mal olor, cambiando así su estructura y sus propiedades. Entre ellas, la de molestar a nuestras narices.



¿Se te vino la noche encima?



La capacidad que poseemos de distinguir objetos en la oscuridad se denomina “visión nocturna”, que es muy distinta a la visión diurna.

¿Por qué es así? Simplemente porque en nuestra retina existen dos tipos de células receptoras: los conos y los bastones. Los conos se relacionan con los colores y por lo tanto son útiles para ver durante el día. Los bastones, en cambio, están preparados para la visión nocturna y por ello no distinguen los colores. Tal vez por eso existe el refrán que afirma que “de noche, todos los gatos son pardos”. En los bastones se acumula el rhodopsin o rodopsina, sustancia cuyas moléculas experimentan un cambio de forma para absorber la luz. En otras palabras, se van adaptando a la escasa iluminación. Es por ello que la visión óptima de la noche en seres humanos se alcanza a los 30 minutos, momento en el que se produce la máxima acumulación de rodopsina. Los bastones, por otra parte, son insensibles a ciertas longitudes de onda, como por ejemplo la de la luz roja. Es por esta razón por la que se utiliza la luz roja para preservar la visión nocturna.

Los animales también poseen visión nocturna. Los perros y los ciervos, por ejemplo, se mueven en la noche con una seguridad que los humanos nunca tendremos. Los hermosos ojos rasgados de los gatos necesitan seis veces menos luz que los nuestros para distinguir objetos. Los sapos prefieren la oscuridad para capturar diminutos insectos. Y qué decir de los búhos y de las lechuzas: está comprobado que ven en la oscuridad diez veces mejor que el hombre.

Atento a ello, el humano ha creado multitud de artilugios para mejorar su visión durante la noche. Por lo general, basándose en un par de principios. De hecho, algunos aparatos amplifican la luz, la aumentan y la potencian. El riesgo es que inesperadamente surja una luz fuerte (por ejemplo, el flash de una cámara fotográfica) que por su amplificación lastime nuestros ojos. Actualmente este tipo de instrumentos se apagan de manera automática frente a una luz que supere determinado umbral de potencia. Otros aparatos funcionan como cámaras térmicas: detectan la radiación infrarroja y convencionalmente convierten esos rayos en los distintos colores. Resultan ideales para localizar cuerpos calientes entre el humo, las tinieblas e incluso debajo de la tierra.



 El interior del sol




Suena el despertador y sabemos que debemos comenzar un nuevo día. Seguramente tendremos muchas preocupaciones relacionadas con el trabajo, la familia y el día a día en general. Sin embargo, existen ciertos elementos sobre los cuales no se nos ocurriría poner en duda su existencia y mucho menos preocuparnos por su salud o bienestar. Es el caso del Sol. Sabemos que todos los días estará en el cosmos brillando y brindándonos su calor aunque no lo veamos.

¿Pero qué será de nosotros cuando nuestra fuente de calor se convierta finalmente en una enana blanca? Hoy, nuestro Sol es una estrella enana amarilla saludable cuya energía sustenta a casi todas las formas de vida en la Tierra a través de la fotosíntesis, y determina el clima de la Tierra y la meteorología. Pero dentro de 5.000 millones de años aproximadamente, el Sol empezará a perder su combustible, el hidrógeno, y será el principio del fin de la vida tal cual la conocemos hoy.

Llegará un día en que el exceso de energía producida por un calentamiento de sus capas hará que el Sol comience a expandirse y enfriarse a la vez, convirtiendo a la estrella en un gigante rojo. En ese momento, la temperatura de la región central podrá llegar a alcanzar los 100 millones de kelvins, para luego enfriarse y llegar a tener casi el mismo tamaño que la Tierra.

Si para ese momento nuestro planeta sigue presente y estable, ¿qué pasará con la vida terrestre que necesita de la energía del Sol para vivir? ¿Habremos desarrollado ya alguna alternativa a la energía solar? Deberemos esperar 5.000 millones de años para averiguarlo.



El secreto del frio



Casi por definición, los alimentos son perecederos. ¿Qué significa esto? Que la acción de las bacterias, levaduras y mohos los vuelve no aptos para el consumo humano. Este arriesgado proceso ocurre con bastante rapidez: días y en algunos casos horas. Actualmente existe una amplia diversidad de métodos combinados para conseguir mantener los alimentos en buen estado: ebullición, congelación, deshidratación, liofilización, envasado al vacío, adición de sustancias químicas, etcétera.

Sin embargo, no ha perdido vigencia el método más primitivo y más básico: guardar los alimentos en lugares fríos. La invención hacia 1913 de la nevera o heladera, así como su popularización pocos años después, representó un profundo y significativo cambio. Los blancos y nuevos “armatostes” redujeron poderosamente el riesgo de intoxicaciones y enfermedades, ya que a menos de 5ºC se inhibe el crecimiento microbiano durante algunos días.

Ahora bien: ¿cómo se puede lograr esta temperatura sin electricidad? La manera más obvia consiste en hacer desaparecer el calor (finalmente, el único método existente para producir frío). En ese sentido, la evaporación del agua arrastra el calor a la atmósfera. La humanidad conoce y aprovecha este principio desde tiempos inmemoriales pero en este sencillo proceso hay que tener en cuenta un factor crucial: la humedad. Así como el frío inhibe la proliferación de hongos y bacterias, la humedad la favorece.



Cómo fabricar unos anteojos 3D




Enfoquemos un objeto cualquiera, como por ejemplo un lápiz sobre el escritorio, y observémoslo alternativamente con un ojo y con el otro. ¡Parece que se mueve! La explicación es sencilla: nuestros ojos, aunque cercanos entre sí (aproximadamente 7 cm), no ven exactamente lo mismo. Cada uno de nuestros ojos distingue dos dimensiones, no tres. Entonces, ¿cómo logramos percibir el volumen de las cosas? Es nuestro cerebro el que se ocupa de integrar las dos imágenes simultáneas, creando una tercera en 3D. Sin ella, no podríamos vivir. Alimentarnos, por ejemplo, resultaría una tarea casi imposible. Todas las artes visuales, como por ejemplo la pintura, la fotografía, el cine y la TV han buscado siempre que sus soportes en dos dimensiones ofrecieran la ilusión de tres.

En 1840 y para sorpresa de sus contemporáneos, el científico británico Charles Wheatstone inventó el primer aparato que con dos fotografías en blanco y negro lograba un impresionante efecto en 3D. Desde entonces se han desarrollado múltiples variantes. La idea más exitosa es simple. Se basa en proyectar dos imágenes simultáneas y superpuestas, apenas desplazadas la una de la otra. A simple vista parece un error, lo que los impresores denominan "fuera de registro". Pero si nos colocamos unos anteojos especiales, ya no observamos este aparente error. Mediante filtros diferentes, un ojo recibe una de las dos imágenes, mientras el otro recibe la otra. Así se reproduce nuestra visión "natural": cada uno de nuestros ojos observa algo levemente distinto, el cerebro compone la imagen final y la figura bidimensional se vuelve corpórea para nosotros. La técnica de descomposición de la imagen en dos superpuestas, así como las características de los anteojos, cada vez más sofisticados, ha evolucionado enormemente. Sin embargo, el principio general en el que se basan sigue siendo el mismo. 



Teletransportación



Es la fantasía más recurrente de las películas de ciencia ficción y un anhelo para los científicos. Pero pensemos por un segundo, ¿qué pasaría si la teletransportación se convirtiera en una realidad?

En primer lugar, varios de los conflictos de tráfico existentes disminuirían junto con muchos de los problemas de contaminación asociados. Y ello sin mencionar al petróleo, hoy en día la energía más utilizada para trasladarnos de un lugar a otro.

Por otro lado, empezaríamos a tener más tiempo libre para disfrutar. Hagamos un simple recuento. Si tardamos un promedio de 45 minutos en trasladarnos de nuestra casa al lugar del trabajo, quiere decir que en un mes hemos utilizado 30 horas aproximadamente para viajar y 15 días completos en un año. Con la teletransportación tan sólo usaríamos unos cuantos segundos de nuestro tiempo.

Pero pensemos también en los problemas a los que podríamos enfrentarnos. Desde la teletransportación incompleta, pasando por un resultado escalado o deformado, hasta la posible inclusión de una molécula ajena que se fusionara con las nuestras.

Sin embargo, estas fantasías únicamente se hacen realidad en el cine. Hasta la fecha lo que efectivamente se ha logrado es transportar fotones, algunosátomos de calcio y berilio e información. La teletransportación humana y su consecuente desmaterialización en la actualidad todavía es un mito.

Debido a que el cuerpo humano está formado por millones de átomos, la idea de evaporarnos y aparecer al instante en otro lugar por lo pronto quedará como eso: una simple idea.




El Rayo




El Rayo
Temido y adorado en los primeros atisbos de civilización, el rayo es aún una fuente de fascinación para la humanidad. A estas alturas, claro, el entendimiento científico que tenemos de él lo ha despojado en la práctica de su carácter místico. Sin embargo, dentro de la ficción, su enorme poder lo coloca en un papel privilegiado.

La mejor muestra del protagonismo del rayo en la ficción está posiblemente en el caso del dr. Frankenstein. Este científico utiliza el poder de uno de ellos para infundir vida a su creación, dando origen al monstruo homónimo y a uno de los clichés de "científico loco" más utilizados: revivir organismos inanimados a través de corriente eléctrica. Otro ejemplo clásico de la unión entre ficción y rayos se encuentra en la primera parte de la saga "Volver al Futuro". En este caso lo resaltante no sólo es la potencia del rayo (necesaria para echar a andar el auto/máquina del tiempo) sino el hecho de saber dónde va a caer. Los rayos, además de poderosos son impredecibles y hasta ahora no se cuenta con un sistema que logre determinar con exactitud dónde va a caer un rayo. Lo que sí se puede calcular de forma casera y aproximada es la distancia a la que un rayo cae. Para esto es necesario contar (desde cero) los segundos entre el relámpago (luz) y el trueno (sonido) y dividir el resultado entre tres. El resultado obtenido indicará, de forma aproximada el número de kilómetros al que ha caído el rayo.

Descubre a través de esta experiencia otras de las particularidades de esta increíble fuerza de la naturaleza y sigue asombrándote con el mundo que te rodea. 



El huevo y la gallina



El huevo o la gallina
La expresión "¿Qué fue primero: el huevo o la gallina?" no es una frase moderna, sino un dilema filosófico mucho más antiguo de lo que la mayoría cree. Todos sabemos que es la gallina la que pone el huevo, y a su vez, el huevo el que engendra la gallina. Pero si entendemos la expresión como un círculo vicioso, nos servirá como disparador de planteos existenciales. ¿Puede existir A antes de B, si A depende de B para existir?

A lo largo de la historia, numerosos filósofos han desarrollado sistemas teóricos a partir del binomio huevo-gallina. Ya Aristóteles (384 a.C.- 322 a.C.) reflexionaba sobre el tema; él concluyó que tanto el huevo como la gallina habían existido desde siempre.

Para los creacionistas, Dios creó a las aves junto con el resto de los animales. Por lo tanto, la gallina habría sido la primera en existir. Existen otras corrientes teológicas más cercanas a la ciencia, como la evolución teísta. Ésta plantea que Dios pudo haber creado las gallinas mediante evolución, a partir de huevos.

Sin embargo, el análisis del dilema "¿Huevo o gallina?" no es exclusivo de la filosofía o de la teología; ni siquiera de la biología. Este tipo de planteos suelen hacerse extensivos a la aplicación de soluciones para problemas macroeconómicos. Por ejemplo, si la población teme una caída en la economía, ahorra. Al gastar menos, la demanda se reduce, y la oferta aumenta. Esto conduce a una caída en la economía.

En conclusión, la cuestión del huevo y la gallina es un problema mucho más grande de lo que cualquier granjero creería. 



Los Virus




La palabra "virus" proviene del latín "virus", que a grandes rasgos significa veneno. Esta definición bastante poética resulta también muy certera. Tanto para las máquinas como para las formas de vida, los virus pueden llegar a ser letales. 

Resulta obvio que un virus troyano infectando el disco duro de tu computadora es totalmente distinto al virus de la viruela. Pero si en realidad son tan diferentes... ¿por qué comparten el nombre? Para empezar, porque su forma de operar es muy similar. En el caso de los virus biológicos, la técnica de "conquista" consiste en replicarse, convertirse en millones de copias de sí mismo. Pero ¡claro! para lograrlo primero tienen que alojarse en algo, corromperlo y utilizarlo como base de operaciones. Los virus informáticos, sin embargo, han sido creados a imagen y semejanza de los "originales" pero no sólo para replicarse dañando un sistema. También pueden robar o secuestrar información e intentar esparcirse a otras computadoras, entre otras cosas. Mientras en los humanos las células sirven de anfitrión a los virus, en las computadoras los virus funcionan como programas encubiertos que se alojan en el sistema. 



Bueno eso fue todo espero que les haya gustado
No se si esta posteado pero si no lo aporto entonces..



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