Tras su receta secreta se esconde uno de los mayores casos de sufrimiento animal del mundo, según World Animal Protection
¿Estás comiendo un animal que ha pasado su vida sufriendo? Cuando se trata de pollo del Kentucky Fried Chicken (KFC), es muy probable que la respuesta sea que sí.
O eso dicen desde la World Animal Protection (WAP), que está recogiendo firmas para que KFC mejore las condiciones en las que se crían sus pollos.
Piden a la emprea del Colonel Sanders que las aves que sirven por kilos en sus establecimeintos puedan crecer a su ritmo natural y con un espacio suficiente, bien iluminado, en el que puedan comportarse como pollos y no como máquinas de producir carne.
Porque a pesar de que tanto KFC como otras granjas cumplen con la legislación vigente, esta no garantiza el bienestar de los animales. De hecho, la cadena de comida rápida es la segunda peor empresa en lo concerniente a bienestar animal según el Business Benchmark on Farm Animal Welfare.
Y en gran parte, todo esto sucede porque el sufrimiento y las malas condiciones de los pollos pasan desapercibidas para la ley y los consumidores. Desde la WAP quieren visibilizar esta problemática. Porque según las cifras, la industria avícola es la mayor causante del sufrimiento animal del mundo.
En su informe, la organización ha recogido datos y testimonios estremecedores.
Los animales sobreviven amontonados y en los peores casos, enjaulados. Parece exagerado, pero la WAP afirma que el pollo que ha sido criado industrialmente, tendrá más espacio que en toda su vida una vez se esté asando en el horno.
Porque cuanto menos se muevan los pollos, más rápido van a engordar. Sin espacio para caminar, un pollo está listo para sacrificar cuando sólo pasan 6 semanas, aunque sea la mitad de tiempo necesario para alcanzar su madurez. Ese engorde forzado lleva a una imagen desgarradora: los polluelos están tan gordos y tienen tan poca fuerza que se quedan tumbados en el suelo sin poder levantarse.
Pero ni el suelo ofrece descanso. Es usual que estén plagados de excrementos y hasta de cadáveres de pollos y cuerpos enfermos en algunos de los sitios estudiados. Todo ello genera un torrente de bacterias y gases que atacan los ojos, los pulmones y la piel de los animales y los deja enfermos, sin plumas y en carne viva.
Además, los testimonios afirman que las aves díficilmente puedan dormir: el ruido de los ventiladores artificiales es insoportable y se combina con el piar desesperado, un calor que asfixia y la falta de luz natural para dar una escena horripilante donde manda el cánon más cruel de la efectividad.
A pesar de todo, desde 1996 el hambre por el pollo no ha dejado de crecer. Es la carne más consumida en todo el mundo (60 billones frente al segundo lugar del billón y medio de la carne de cerdo) y así la industria llega cada vez más lejos para cumplir con la demanda.
Las soluciones que propone la WAP pasan, en primer lugar, por llamar la atención a los consumidores, que en su mayoría desconocen el origen y el tipo de cría de la carne que comen. Esto solamente se consigue exigiendo una legislación que no solamente tenga en cuenta el producto final, sino que vele por la vida de los animales mientras se crían.
Para hacerlo posible, han señalado a grandes empresas como McDonald’s, Burger King, Pizza Hut, Starbucks y Subway, porque su poder puede ejercer mucha presión para lorgar el cambio. Asimismo, han puesto en alerta a instituciones como la Organización Mundial para la Salud Animal, para que establezca un código de buenas prácticas mucho más exigente.
¿Estás comiendo un animal que ha pasado su vida sufriendo? Cuando se trata de pollo del Kentucky Fried Chicken (KFC), es muy probable que la respuesta sea que sí.
O eso dicen desde la World Animal Protection (WAP), que está recogiendo firmas para que KFC mejore las condiciones en las que se crían sus pollos.
Piden a la emprea del Colonel Sanders que las aves que sirven por kilos en sus establecimeintos puedan crecer a su ritmo natural y con un espacio suficiente, bien iluminado, en el que puedan comportarse como pollos y no como máquinas de producir carne.
Porque a pesar de que tanto KFC como otras granjas cumplen con la legislación vigente, esta no garantiza el bienestar de los animales. De hecho, la cadena de comida rápida es la segunda peor empresa en lo concerniente a bienestar animal según el Business Benchmark on Farm Animal Welfare.
Y en gran parte, todo esto sucede porque el sufrimiento y las malas condiciones de los pollos pasan desapercibidas para la ley y los consumidores. Desde la WAP quieren visibilizar esta problemática. Porque según las cifras, la industria avícola es la mayor causante del sufrimiento animal del mundo.
En su informe, la organización ha recogido datos y testimonios estremecedores.
Los animales sobreviven amontonados y en los peores casos, enjaulados. Parece exagerado, pero la WAP afirma que el pollo que ha sido criado industrialmente, tendrá más espacio que en toda su vida una vez se esté asando en el horno.
Porque cuanto menos se muevan los pollos, más rápido van a engordar. Sin espacio para caminar, un pollo está listo para sacrificar cuando sólo pasan 6 semanas, aunque sea la mitad de tiempo necesario para alcanzar su madurez. Ese engorde forzado lleva a una imagen desgarradora: los polluelos están tan gordos y tienen tan poca fuerza que se quedan tumbados en el suelo sin poder levantarse.
Pero ni el suelo ofrece descanso. Es usual que estén plagados de excrementos y hasta de cadáveres de pollos y cuerpos enfermos en algunos de los sitios estudiados. Todo ello genera un torrente de bacterias y gases que atacan los ojos, los pulmones y la piel de los animales y los deja enfermos, sin plumas y en carne viva.
Además, los testimonios afirman que las aves díficilmente puedan dormir: el ruido de los ventiladores artificiales es insoportable y se combina con el piar desesperado, un calor que asfixia y la falta de luz natural para dar una escena horripilante donde manda el cánon más cruel de la efectividad.
A pesar de todo, desde 1996 el hambre por el pollo no ha dejado de crecer. Es la carne más consumida en todo el mundo (60 billones frente al segundo lugar del billón y medio de la carne de cerdo) y así la industria llega cada vez más lejos para cumplir con la demanda.
Las soluciones que propone la WAP pasan, en primer lugar, por llamar la atención a los consumidores, que en su mayoría desconocen el origen y el tipo de cría de la carne que comen. Esto solamente se consigue exigiendo una legislación que no solamente tenga en cuenta el producto final, sino que vele por la vida de los animales mientras se crían.
Para hacerlo posible, han señalado a grandes empresas como McDonald’s, Burger King, Pizza Hut, Starbucks y Subway, porque su poder puede ejercer mucha presión para lorgar el cambio. Asimismo, han puesto en alerta a instituciones como la Organización Mundial para la Salud Animal, para que establezca un código de buenas prácticas mucho más exigente.