La gran mayoría no tiene la capacidad de pensar la realidad social por cuenta propia.
Pero lo cierto es, como habíamos supuesto, que solo una minoría es capaz de recibir información, procesarla críticamente y, mediante el buen sentido, llegar a conclusiones propias.
La mayoría simplemente sigue el sentido común y necesita que los medios le digan explícitamente “esto está bien” y “esto está mal” en cada tema, o no sabría qué opinar sobre ello.
Esos individuos a lo mejor son muy buenos profesionales, técnicos, saben mucho y son muy capaces en lo suyo; no es una cuestión de falta de inteligencia, es incapacidad de pensar en el grupo más allá de su núcleo familiar.
Si esto no fuera así, ¿cómo sería posible el actual escenario? En tan solo seis meses, el gobierno neoliberal destruyó derechos a las mayorías, ajustó, despidió masivamente, hizo tarifazos, hizo crecer la miseria y la pobreza, trajo el hambre de vuelta a los hogares, reprimió, vendió la soberanía y liquidó el mercado interno y, para colmo, está hundido en denuncias de corrupción que pesan sobre el mismo jefe.
Ante todo eso, ¿cómo es posible tanta pasividad? ¿Por qué seguimos con el “hay que darle tiempo”, “dejen gobernar” y “ya llega el segundo semestre”?
Porque los medios ahora informan, es cierto, pero no dicen explícitamente “esto está mal” o “esto está bien”, y la mayoría no sabe, por lo tanto, si bancar al gobierno de Macri o si salir a cortar rutas. La pasividad es la indecisión: no saben qué hacer porque no están acostumbrados a pensar por cuenta propia estos asuntos de organización social y, si los medios no dan el veredicto, no saben qué hacer.
Esto es así acá, en la China, en Suiza y hasta en el Congo Belga, si quieren. La mayoría no se ocupa de la organización del grupo, la delega en otros.
Mientras esa mayoría siga siendo informada exclusivamente por medios de comunicación privados, concentrados y monopólicos, triunfarán siempre los intereses del poder fáctico, que es privado, concentrado y monopólico. Y siempre triunfará en detrimento de las mayorías. Si quiere sobrevivir, la democracia necesita socializar los medios de comunicación.
Pero lo cierto es, como habíamos supuesto, que solo una minoría es capaz de recibir información, procesarla críticamente y, mediante el buen sentido, llegar a conclusiones propias.
La mayoría simplemente sigue el sentido común y necesita que los medios le digan explícitamente “esto está bien” y “esto está mal” en cada tema, o no sabría qué opinar sobre ello.
Esos individuos a lo mejor son muy buenos profesionales, técnicos, saben mucho y son muy capaces en lo suyo; no es una cuestión de falta de inteligencia, es incapacidad de pensar en el grupo más allá de su núcleo familiar.
Si esto no fuera así, ¿cómo sería posible el actual escenario? En tan solo seis meses, el gobierno neoliberal destruyó derechos a las mayorías, ajustó, despidió masivamente, hizo tarifazos, hizo crecer la miseria y la pobreza, trajo el hambre de vuelta a los hogares, reprimió, vendió la soberanía y liquidó el mercado interno y, para colmo, está hundido en denuncias de corrupción que pesan sobre el mismo jefe.
Ante todo eso, ¿cómo es posible tanta pasividad? ¿Por qué seguimos con el “hay que darle tiempo”, “dejen gobernar” y “ya llega el segundo semestre”?
Porque los medios ahora informan, es cierto, pero no dicen explícitamente “esto está mal” o “esto está bien”, y la mayoría no sabe, por lo tanto, si bancar al gobierno de Macri o si salir a cortar rutas. La pasividad es la indecisión: no saben qué hacer porque no están acostumbrados a pensar por cuenta propia estos asuntos de organización social y, si los medios no dan el veredicto, no saben qué hacer.
Esto es así acá, en la China, en Suiza y hasta en el Congo Belga, si quieren. La mayoría no se ocupa de la organización del grupo, la delega en otros.
Mientras esa mayoría siga siendo informada exclusivamente por medios de comunicación privados, concentrados y monopólicos, triunfarán siempre los intereses del poder fáctico, que es privado, concentrado y monopólico. Y siempre triunfará en detrimento de las mayorías. Si quiere sobrevivir, la democracia necesita socializar los medios de comunicación.